Boletín semanal con la obra de Fernando González Ochoa
Salomé (1934) — Decimoséptima y última entrega
Salomé
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Abril 8
Otro día de lluvia y van tres. ¡Cuán tristes! Ya me acuerdo que siempre, en todas las latitudes, he sufrido cuando el tiempo es húmedo y la atmósfera pesada.
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No tengo ninguna idea, absolutamente ninguna.
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Acabo de recibir carta del 6 en que me dicen que ese día no habían llegado las pruebas, también el proyecto de contrato, en el cual pescan para su costal: a mí me dan el veinticinco por ciento del producto neto y el diez por ciento de ellos se lo llevan del producto bruto, en mis ventas. Somos todos pedazos de carne animada. En ninguna parte hay facilidad para vivir. A las muchachas les persiguen sus cosas, como gatos terriblemente ansiosos y egoístas y al que tiene un chimbo lo persiguen igualmente.
Al que tiene unos francos, unas pesetas o liras es como la muchacha que tiene una virginidad. ¡Tan halagüeños todos, tan simpáticos, y apenas cogen lo que tenemos, huyen como el perro con el jamón entre los dientes!
Éste es un día completamente áspero, frío, pesado.
Voy a contestar un poco ásperamente a estos de la “Juventud”.
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Desde ayer ni una sola idea noble me sostiene contra mi baja naturaleza. Únicamente que no gastaré mi dinero.
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Con Nicolaides en carreras perdí diez francos. Conversaciones tristes entre Margarita y la señora Nicolaides: que los suegros Nicolaides le robaron todo y que ahora se les arrimaron y tiene que cocinar para ellos, platos especiales, y para la suegra, una hiena-judío-turca-búlgara, etc. ¿Qué será esa vieja? Tiene cara de marsupial. ¡Una mártir, una santa, esta señora del Ecuador! Ennoblece a América ¡Los griegos! ¡Los franceses! ¡Los alemanes! Son los azotes de la humanidad.
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Necesito una idea que me sostenga el alma.
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Qué triste. Acaba de iluminar el sol pálido del poniente el castillo de Bonneveine por entre nubes y lluvia. Estoy al lado de la radio. Anoche se adelantó en una hora el reloj. Son las siete y el sol se pone apenas. Monsieur Pergola improvisa su música (!!) en la radio. Estoy abandonado del calor de Dios. ¡No me dejes solo, Señor, que sin ti nada seré!
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—Le papotage de Monsieur George Lion. La sortie d´un atelier a Paris.
C´est sur le goût de françaises —Le chic est de Paris— (!!!) Según él no hay elegancia sino en París.
Dios de los ejércitos, que pase éste mi anonadamiento sin que me hayas dejado de tu mano.
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9 Abril
¡Miserable casa de la desconfianza! Día lluvioso, terriblemente frío.
Salomé durmió fuera. Anda con su amante, muy excitada, lo araña.
Pero no hay ánimos para nada. Ésta es la casa de la desconfianza.
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Somos hijos de las plantas, de ellas y por ellas vivimos. Así es que tenemos que aceptar estas lluvias de abril que remojan la tierra para que renazcan las yerbas y revienten, también, los huevos de los animales.
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Parece que Dios me quiera librar de mis penas de estos días.
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La muchacha de frente abombada de los wagons-lit me dijo: Je ne pu pas te faire monsieur; pour ce soir sûrement. Eso, luego de hacerme esperar durante una hora. Entonces me quejé al director y el coupe-file produjo efecto. La riñó y me pasaron a otro empleado. Estoy feliz, feliz, feliz... Son demasiados disgustos y por fin comprendí que en Francia no valen sino los coupe-file.
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Bajo los plátanos. La cagaron a causa de mi coupe-file. ¡Pero no crean! Es satisfacción aparente la que me dieron. En el fondo ese director se burla de mí. Los europeos carecen en absoluto del sentido humano: porque viven estrechos en ciudades, sin comunidad con la naturaleza y sus seres. No tienen relaciones con árboles, pájaros, fieras, ríos y montes, llanuras y montañas. Sus pinos son corrupción; sus jardines zoológicos son como los regimientos de negritos senegaleses. Estos dos niños que pasan en sus carros arrastrados por niñeras alemanas son futuros mutilados de guerra, futuros hombres de propina o de sindicatos. Al frente pasa un mutilado de guerra en su carro; luego uno de uniforme, con un carrito. Luego un viejo con su moza, discutiendo ásperamente. Unas rameras; unas demoiselles con los labios pintados y las cejas como pinceladas. Automóviles en que van el crimen y el estupro. Ahora, en bicicleta, todos ellos sindicados y pensando cómo ganar para vivir, para criar los hijos. Unos jóvenes con caras de criminales, corbatas rojas y el abrigo de primavera colgando del antebrazo apoyado en la cadera. Policías gordos, satisfechos, sindicados también —el que no tenga recursos aquí, se murió ya, ya—.
Lo peor son las mujeres de perro. ¿Esto es civilización? ¿Éstos son los que colonizan?
Una compañía de soldados negros; con ametralladoras, etc. Los están civilizando.
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Las hojillas de las plantas tienen ya unos dos centímetros, y ya se ven como un reguero de frutas y ya comienzan a sombrear.
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Abril 10
Hoy dizque guillotinaban a Sarret a las cinco y media en Aix en Provence.
Invoco al Señor de los ejércitos que me libre de todo mal.
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Senda oscura. —Desde hace cuatro días se ha oscurecido mi alma. La cuestión ahora es no pensar sino en el bien—. ¡Adelante siempre! Día oscuro y triste. Voy a desprenderme de cinco mil francos en sacrificio a la generosidad, pero no si es la tacañería lo que me tiene anonadado.
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Abril 11
La casa se convirtió en infierno. —Aquí termino mi diario de la primavera—.
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Fuente:
Salomé / El remordimiento. Medellín, Fondo Editorial Universidad EAFIT, 2008, p.p. 149 - 155. Número total de páginas (Salomé): 155.
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“Salomé” - Ilustración por Daniel Gómez Henao
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