Boletín semanal con la obra de Fernando González Ochoa
Santander (1940) — Vigésima tercera entrega
Santander
A la juventud americana.
El partido de Torres se reanima con la llegada de Bolívar. Sometiendo a Santafé, los planes de éste quedarían asegurados. ¿Por qué no vencer su repugnancia por las luchas civiles? El Libertador se somete a la necesidad. Ataque y toma de Santafé...
Pero ¿no está el padre Omaña en la catedral? Excomunión de Bolívar; calumnias. Para defender la capital, se arma a los españoles.
“Yo, ciudadano presidente (se dirige a Manuel Bernardo Álvarez, presidente de Cundinamarca), me contemplo degradado a la esfera de nuestros tiranos cuando veo las huestes vencedoras de tantos monstruos, venir a manchar el brillo de sus armas invictas con la sangre de una ciudad hermana...”. “Santafé será respetada por mí y por mis armas mientras me quede un solo rayo de esperanza de que pueda entrar por la razón”.
¿Qué dice de la toma de Santafé el cronista Caballero? Ahí veremos el odio creado ya contra los venezolanos.
Los años de 1826 a 1828 están latentes en este de 1815.
“Noviembre 29. —Se echó bando, que el Congreso declaraba guerra otra vez contra Cundinamarca, y que todo hombre al oír tocar generala se presentase en la plaza con las armas que tuviese o sin ellas; y se despacharon postas a toda la provincia. ¡Bien hecho! Si el Señor Nariño no los hubiese largado con tanta nobleza, no se atrevieran ahora a volver a amenazar. Si el señor Nariño hubiera siquiera quitado un par de cabezas de estos, no pretendieran perdernos, perderse ellos mismos y perder todo el Reino: pues, señor, amenazados por el sur, que el Montes de Quito ha intimado rendición; Caracas y toda Venezuela perdidas y el enemigo tanteando nuestra conducta, para decir: Allá voy. ¡Oh Congreso! ¡Qué mal te portas! ¡Qué mal piensas! ¡Guerras civiles cuando el enemigo está a la puerta! ¿Y por qué? ¿Por qué quieres ser soberano y déspota? ¿Por qué quieres mandar en la capital de Santafé? ¿Por qué quieres sus aduanas, sus tesoros y Casa de Moneda? ¿Por qué quieres sacrificarnos con tus armas, con las nuestras y después con las de los godos? ¡Ah revolución, ah Patria, ah Libertad, qué caro vas costando!”.
“Noviembre 30. —En este día llegó la noticia de que Bolívar atacaba a Santafé. Buen provecho le haga, pero yo no me desdigo. Vengan enemigos, que teniendo a María Santísima y a Jesús de nuestra parte, no hay que tener cuidado, aunque nos estrechen hasta lo sumo”.
“Diciembre 1°. —Se tocó la generala y se comenzó a alborotar la gente”.
“Diciembre 2. —Mandó oficio Bolívar para que se entregase la Provincia, plata y gente, para la reconquista de Caracas, y que entrásemos en federación o entraría a sangre y fuego”.
“Diciembre 3. —Se echaron dos bandos: el uno que se iluminase toda la ciudad todas las noches; y el otro, que de todo hombre sospechoso se diese cuenta. Este día se comenzaron las trincheras”.
“Diciembre 4. —Se tocó la segunda generala; fue el día de mayor aprieto, porque dijeron que estaban las tropas enemigas en Torca. Al instante se juntó muchísima gente; en las trincheras se trabajó admirablemente, trabajando en ellas los padres de San Diego y San Francisco, que confundía ver a los sacerdotes con sus parihuelas, cargando tierra y cespedón, y lo mismo las mujeres (y aun las más señoras y decentes), las unas con camisón y las otras con sayas de seda: cargaban tierra, trabajaban como el más esforzado hombre, infundiendo ánimo y valor a los cobardes.
La causa de este valor y energía son las noticias que daban de que Bolívar venía saqueando los pueblos, estropeando a los sacerdotes, como que decían que había colgado de las manos al cura de Chocontá, porque no le daba dinero, y lo mismo había hecho con otros tantos, robando las alhajas de las iglesias, y varias crueldades y atrocidades. Ello puede ser, pero yo no lo creo; si fuera español, creería eso y mucho más; pero americano, lo dudo. Lo cierto es que para que las tropas se vigoricen y animen a entrar en un fuerte ataque, se riegan tales voces de que el contrario viene contra la religión, y lo mismo hace el otro allá. Esto lo digo porque he leído varias historias y he visto las intrigas y lo que se desacreditan los enemigos unos a otros”.
“Diciembre 6. —No quedó español que no cogiese las armas, por viejo o por inválido que estuviese; de los pudientes formaron un escuadrón de caballería famoso y bien armado. Al ver yo el entusiasmo de estos, se me metió que Bolívar venía contra ellos, porque ¿cómo se arman ahora con tanto ardor a la defensa, y cuando vino Baraya no lo hicieron?
Supimos que habían llegado las tropas a Chía y Puente del Común. Por Chía o por Cajicá toparon a Lorita, un español médico, y lo mataron; saquearon la casa de Marroquín, otro español pudiente, en la hacienda de la Yerbabuena, delante del Común.
¿Quién sabe? Desde el domingo que se tocó la segunda generala, no largó ninguno las armas. Hay ganas de pelear. ¡Quién sabe cómo saldremos!”.
“Diciembre 7. —Hoy sucedió que estando la caballería o compañía de españoles con otros varios de su devoción, en la plaza, prevenidos todos con armas de fuego, se le fue un tiro a Hurtado, criollo, y mató un caballo de uno de los sujetos que estaban montados, que del tiro cayó muerto, pero al jinete no le sucedió nada”.
“Diciembre 8. —Se veló una imagen que tengo de Nuestra Señora de la Concepción, muy linda, de bulto, en la Capilla del Sagrario, todo el día hasta las 7 de la noche, y desde las 6 de la mañana hubo misas hasta las 12”.
“Diciembre 10. —A la una del día se rompió el fuego: dentraron y se apoderaron de todo el barrio de Santa Bárbara. Los nuestros pelearon con ferocidad...”.
“Diciembre 11. —Día domingo. Se volvió a romper el fuego a las cinco y media de la mañana. No cesó hasta las 7 de la noche. Por cuantas calles tiene la ciudad se hizo fuego y fue muy rara la cuadra en que no quedasen enemigos muertos. Hubo esquina (obsérvese la delectación de Caballero), que fue la de abajo de Palacio, que en un solo montón había 17 cadáveres, y así había regados por todas las calles. ¡Asombraba la mortandad! Creo que pasarían de 300 oficiales no más. Murieron 11 de nuestra parte.
Los caraqueños mataron a sablazos a los chapetones que cogieron en la fuerza del ataque: dos por Belén; el uno era un tal don Vicente Vidal, sobrestante de la Catedral, y otro que lo acompañaba; por la Gallera mataron a Quintana, que había sido Fiscal Real; por Las Nieves, a Balboa; a otros, por la calle del Arco.
Ahora pregunto yo: ¿Y la compañía de españoles y regentistas, tan formidable y preparada con tantas armas, que parecía que con ellos solos bastaba para vencer y triunfar de los enemigos, qué se hizo?
Lo cierto es que yo no los volví a ver más, ni ellos entraron en acción. Lo cierto fue que se escondieron todos y nos dejaron a nosotros metidos en la grande. Hicieron lo que el capitán Araña, que embarcaba la gente y él se quedaba en tierra”.
“Diciembre 12. —Estábamos todos en la plaza esperando la orden para volver a embestir, pero parlamentaron el señor Presidente y el general Bolívar, y fueron de parecer que se hiciesen paces y se le entregasen las armas y la ciudad al General, lo que se ejecutó a las 9 de la mañana...”.
“Enero 7 de 1815. —Se hizo el funeral por los caraqueños que murieron en el ataque. Estuvo la función muy deslucida, porque los concurrentes eran, los más, caraqueños y socorreños. Predicó el sermón un clérigo llamado Blanco, capellán de Bolívar, y la mayor parte del sermón fue de las victorias que había ganado su General, nombrándolas y adornándolas con muchas mentiras. A nosotros nos trató de verdugos, crueles, enemigos de la Patria, y deseaba devorarnos entre sus manos. ¡A tanto ha llegado el encono de estos provincianos! Se lamentó mucho con la muerte de los oficiales venezolanos, y su sentimiento se le manifestaba en sus lágrimas y el mucho encono contra nosotros...”.
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“Diciembre 21. —El General Bolívar salió a recibir al Congreso, que viene a instalarse aquí; salió con 130 hombres de caballería, bien uniformados (con todo lo que habían robado sus tropas a esta infeliz ciudad)”.
“Diciembre 23. —Se fue el general Bolívar para Cartagena, enviado contra Santa Marta... Por su causa se perdió después Mompós, Cartagena y todo el Reino. Esto sucedió por un hombre mal considerado, y así perdió a toda Venezuela, su patria”.
En estos apuntes de Caballero vemos el odio, desde la conspiración de La Grita, contra los venezolanos. Nueva Granada, repetimos, era realista; apenas quería gobernar en nombre del rey Fernando. Le repugnaba la energía.
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Fuente:
Santander. Medellín, Bedout, 15 de mayo de 1971, p.p. 1 - 112. Número total de páginas: 184.
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