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Presentación

Hasta la última uva

Abril 13 de 2012

“Hasta la última uva” de Mariana Kruk

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Con la presentación especial de Alejo García y Pala

Mariana Kruk nació en el otoño de 1983 en Quilmes, Argentina. Escribe poesía desde que tiene uso de razón. En el período de 2005 a 2008 concibió poemas de amor que regaló a 72 hombres distintos en una notable muestra de altruismo. Todos le fueron devueltos por diversas razones, entre las que se destacan, lisa y llanamente, la ineptitud de los empleados del correo argentino, la miopía de los destinatarios y los amores no correspondidos. Con todos ellos y ante el temor de que se confundieran en el torbellino de nuevos desamores apilados en su escritorio, decidió recogerlos en un libro. También ha publicado “Peras al olmo” (en coautoría con Sabrina Domínguez, 2005) y “De la galera y más adentro” (2006). Actualmente prepara “Migas”.

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He sabido que días atrás estuvo reunida la monstruosa hermandad que rige desde las sombras a la humanidad. Después de jactarse cada uno de los integrantes de las bellezas de cuya extinción habían sido artífices, y de los olvidos que habían propiciado, comenzaron a beber y a festejar, y se apresuraron a redactar la sentencia de muerte de la poesía. Llevaba décadas agonizando, cada vez más recluida, cada vez más avergonzada; y por fin, ahora inequívocamente, había perecido.

He sabido, me ha contado una dama, que en el clímax del ritual que habría de poner sentencia final a los discurrientes cauces de la poesía, apareció desde las sombras una tímida criatura, que extendió la mano claroscura y dejó entrever un libro cuyo título pregonaba:

“Hasta la última uva”.

Y los monstruos de la hermandad, una vez más, ardieron. Hasta la próxima oportunidad.

Nicolás M. Poulsen

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Mariana Kruk

Mariana Kruk

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Tres poemas de Mariana Kruk

Cómo van a existir las canciones ahora
que mi corazón te envía coordenadas
y vos, ausencia tras ausencia,
prendés fuego a mi planisferio.

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Que nadie pregunte ni insinúe,
que no llamen ni lamenten
que no inventen fiestas para despejar,
que no hagan ruido ni aconsejen.
No quiero manos en mi hombro
miradas de preocupación,
ni gestos gritando “Yo te lo dije”
porque yo también lo sabía.
De verdad quiero estar sola
quedarme ciega, sorda, amnésica
y morir la primavera entera.

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Todavía no se sí el dios de las esquinas
nos bendijo o nos maldijo aquel día.
Todavía no aprendí a cerrar los ojos
y no verte iluminado, endemoniado,
bebiéndome, muriéndome, naciéndome.
Todavía deambulaba una canción por el balcón,
una risa, un beso y este eco tan macabro.
Todavía no me atrevo a pronunciarte,
a verte, espejo roto, reflejo de mis restos.
Todavía salpica el recuerdo,
la estúpida ingenuidad de lo intacto.

Todavía todo es epitafio.

Fuente:

Kruk, Mariana. Hasta la última uva. Colectivo Editorial Otro Contar, Buenos Aires, 2011.

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Colectivo Editorial Otrocontar

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