Corporación Otraparte

Presentación

Pasos

Julio 19 de 2012

“Pasos” de Carlos Vásquez Tamayo

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Carlos Vásquez Tamayo (Medellín, 1953) es poeta, ensayista, traductor y profesor universitario. Obtuvo la licenciatura en Filosofía y Letras de la Universidad Pontificia Bolivariana y el doctorado en Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía “Anónimos” (Lealon, 1990), “El jardín de la sonámbula” (Casa de Poesía Fernando Mejía Mejía, 1994), “El oscuro alimento” (Bolsillo Roto, 1994), “Agua tu sed” (Universidad de Antioquia, 2001), “Desnúdame de mí” (Universidad Eafit, 2002), “Hilos de voz” (El tambor arlequín, 2004), “Aunque no te siga” (Tragaluz, 2008), “Cuaderno” (Tragaluz, 2009), “El oscuro alimento - Poemas ilustrados” (Tragaluz, 2009), “Días” (Común Presencia, 2011) y “Pasos” (Tragaluz, 2012); así como los ensayos “Eclipse de Sol sobre Bataille” (Bolsillo Roto, 1990), “El arte jovial: la duplicidad apolíneo-dionisíaco en el nacimiento de la tragedia de Nietzsche” (Universidad de Antioquia, 2000), “Método de dramatización - Acerca del tratado primero de ‘Genealogía de la moral’” (Universidad de Antioquia, 2005) y “La nada luminosa - Fernando Pessoa, un poeta de la naturaleza” (Universidad Eafit, 2009). Ha traducido poetas y ensayistas franceses y portugueses. Actualmente es profesor del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia.

Presentación del autor
por Jorge Caraballo Cordovez

Tragaluz Editores

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La colección Cardumen será como una multitud de libros que, si bien no se reúnen alrededor de un mismo género, tendrán en común la calidad de su escritura. Hoy poesía, mañana cuento, o tal vez novela corta. Serán libros intonsos*, que el lector irá poco a poco descubriendo, rasgando sus hojas. Serán libros primeros, inéditos. Sin prólogos, sin posfacios, sin explicaciones. Textos que se muestran desnudos. // * Los libros intonsos están compuestos por hojas plegadas que se cortan manualmente mediante el uso de un abrecartas o cuchilla. Son libros propios de ediciones antiguas donde predomina el acabado rústico.

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Este libro se destaca en la obra poética de Carlos Vásquez por su transparencia, por la capacidad que tiene para conversar con el otro, por la lucidez de su imaginación. ¿Qué pasaría si los que se aman durmieran siempre a tiempos distintos, o si miráramos un árbol hasta que fuera el último? ¿Que cada cosa que tocáramos se volviera líquida, o que las palabras se cambiaran por otras? Mundos así son los que explora el poeta con el deseo de que otros lo acompañen a explorar la realidad y a recrearla en cada verso. Nos parece que los poemas de este libro son una excelente manera para acercarse a la obra de Vásquez, madura y profunda, y que cada vez ocupa un lugar más importante en la poesía colombiana.

Los Editores

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Carlos Vásquez

Carlos Vásquez

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Poemas de
Carlos Vásquez

Animales

En qué animal quieres que me convierta.
Dime qué hierba masticaré,
en qué bosque de ojos fieros.
Y si quieres que ruja te acecharé,
no habrá ya luna que suavice mi cólera.
Tu secreto animal deambulando en la arena.
Me dejaré rozar por tu sombra.
Y en sigilo será mi ardor y zarpazo.
Me quedaré dormido a tus pies.
Y me acariciarás,
me darás el pan que te sobra.
Mi pupila te alumbrará,
mi garra te hará sentir que estoy cerca.
Déjame ser el animal que respiras,
el solitario gemido que nos despierta.

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Un rostro

Un rostro que no es mío se me adhirió,
adoptó agudo todos mis gestos.
¿Cuál de los dos resiste más la contienda?
Un rostro que no enciendo
vive conmigo.
Pido a mis dedos graben mis señas dentro.
Es un rostro huidizo,
una delgada seda sin emoción.
¿He de quedarme siempre bajo su yugo?
¿Podré seguir fingiendo que abajo existo?
Para reconocerme
tengo el tiempo conmigo.
Pero un rostro prendido
aprieta los minutos rasga el momento.
Estoy endureciendo en rostro extranjero.
¿Podré acaso seguir si no lo retiro?
Hay un rostro impalpable pegado al mío.

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Transparencia

Al que miré me dejó ver al otro lado
No lo buscaba donde el cuerpo anochece
Se abría al aire, música de su aliento
No era volverse todas las cosas
Más bien hacerse transparente con ellas
Al que miré dejé que me viera
El movimiento acompasado, su ritmo impasible
Gocé la sombra de ser ya cualquiera
Dejé de ser un peso en persona
Desplazarse cierto sin pena
Mullida hierba de estar tumbados juntos
Dulzura de los siempre despiertos

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Ciudad

No hay luz aquí,
esta ciudad no existe.
Si alguien la imaginó,
¿qué pueden los hombres pedirle?
¿Acaso pregonar que están solos?
Y si uno se acerca,
si la sigue sin ilusión ni espejismo,
sabe que esta ciudad no respira.
Esta ciudad está muerta sin muertos.
No hay caminos que permitan salir.
Es un nudo apretado,
un puño que es un grito sin hombre.
Un muro desvaído remando en la niebla.

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Llamado

No te olvides de mí.
Hay días en que abro la ventana
y te busco en la niebla.
Lluvia de este día en que no llueve.
Pregunto por ti en todas las puertas
y nadie sabe nada.
La tristeza gotea en el silencio.

Fuente:

Vásquez Tamayo, Carlos. Pasos. Tragaluz Editores, marzo de 2012.

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