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Presentación

Un viaje a las nieves perpetuas

(El mundo inscrito)

Marzo 29 de 2012

“Un viaje a las nieves perpetuas (El mundo inscrito)” de Mario Melguizo Bermúdez

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Mario Melguizo Bermúdez (Medellín) es médico especializado en Cirugía General. Realizó sus estudios de primaria y bachillerato en el Colegio Fray Rafael de la Serna, los superiores en la Universidad de Antioquia y los de especialización en el Hospital Universitario San Vicente de Paúl (U. de A.). Es cirujano del Hospital Pablo Tobón Uribe y profesor de Cirugía y de Historia de la Medicina en la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Bolivariana. Ha desempeñado los cargos de Jefe de Cirugía del Hospital Pablo Tobón Uribe y Jefe de la Oficina de Postgrados de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Bolivariana, institución que lo nombró Profesor Titular de Cirugía, Profesor Distinguido y Profesor Emérito.

Fue editor de la Revista Medicina UPB durante más de 25 años y en la actualidad es su Editor Emérito. Es miembro fundador de la Sociedad Antioqueña de Historia de la Medicina, miembro de número de la Academia de Medicina de Medellín y forma parte de la Junta Directiva de la Asociación de Endoscopistas de Antioquia (ASENDA), de la cual es miembro fundador. Ha publicado los cuentos infantiles “Quintín” (1987, 1990, 1998), “El bolsillo de los sueños” (1994), “De viaje por la Luna” (2003), “Un chapuzón en el mar” (2008) y “Un viaje a la nieves perpetuas (El mundo inscrito)” (2011). Otras publicaciones suyas son “Conversaciones con la música” (2001, 2008), el manual académico “Cómo escribir un artículo científico” (2007) y la novela “Un encuentro con el general Córdova” (2012).

Una experiencia audiovisual con ilustraciones de Fabián Machado
y la participación especial del cantautor colombiano Pala
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Presentación del autor y su obra por el doctor Ramón Córdoba

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Esta aventura es la cuarta de un personaje que creé hace unos 20 años: Quintín, quien con sus hermanos Luisa y Pedro realizan viajes increíbles. Por ejemplo, en la primera aventura (primer libro), Quintín viajó solo lanzado por una catapulta en una piedra, luego de que su padre (profesor de química y física) ideó la manera de reducirlo de tamaño. Visitó el mundo del subfondo y el mundo paralelo donde vivió circunstancias interesantes. Conoció los árboles que caminan. Se publicaron tres ediciones, una de ellas por Susaeta Editores.

La segunda aventura (segundo libro) fue un viaje a la Luna, donde pudieron conocer los pájaros eco, los gigantes de pies redondos, culpables de los hoyos de diferentes tamaños que hay en su superficie, las minas de colores y los enanos que las cuidan. Además visitaron el mundo repetido.

La tercera aventura (tercer libro) es un chapuzón en el mar, donde viven diversas aventuras con peces que antes eran niños pero un maleficio los había transformado en pececillos.

La cuarta aventura (cuarto y actual libro, motivo de este lanzamiento) es una escalada al pico Simón Bolívar de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde, cerca de la cima, entran por una cueva-túnel que los lleva a mundos prehistóricos y, en este nuevo y distinto mundo, en la misma, pero pretérita Sierra Nevada, se reintroducen por la misma cueva-túnel y se encuentran con aves prehistóricas, con las cuales entablan una curiosa amistad. En todas las aventuras los animales son parlantes y el valor de la amistad es preponderante.

Mario Melguizo Bermúdez

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Mario Melguizo Bermúdez

Mario Melguizo Bermúdez

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Un viaje a las nieves perpetuas

(El mundo inscrito)

—Capítulo I—

Quintín, Luisa y Pedrito se encontraban planeando su próxima aventura, desde luego con la asesoría de su padre, profesor de Química y Física del liceo de su pueblo y cuya imaginación desbordaba todos los límites. No había detalle que no previera y siempre proveía a sus hijos de todos los elementos necesarios para superar las dificultades que se les presentaran. Conocía los riesgos de toda aventura y había diseñado una cartilla de supervivencia en la cual había consignado las soluciones a todos los problemas , o mejor, a casi todos. De todas maneras sus hijos estaban entrenados para defenderse por sí solos y aplicar e imaginar en un instante las medidas necesarias para salir avantes ante las dificultades.

Su padre había proyectado esta vez para sus hijos una escalada andinista. Escalarían y llegarían hasta la cima del pico Simón Bolívar de la Sierra Nevada de Santa Marta, un macizo aislado al margen de los Andes ubicado en las proximidades de la costa Caribe de Colombia. Es la formación montañosa litoral más alta del mundo, la cual se eleva abruptamente desde las costas del Mar Caribe hasta alcanzar una altura de 5.775 metros en sus picos nevados, el Simón Bolívar y el  Cristóbal Colón, gemelos, lo cual quiere decir que tienen la misma altura, y por lo tanto ambos son las montañas más altas de Colombia. La Sierra Nevada de Santa Marta es una masa bastante quebrada en su geografía, constituida por rocas ígneas que datan de más de 160 millones de años. El macizo central es aún más antiguo y está conformado por rocas graníticas.

Estaban muy bien equipados con todos los elementos necesarios para el andinismo y les había empacado en una bolsa aparte el pañuelillo para disminuir su tamaño y las pastillas para poder respirar bajo el agua y en atmósferas enrarecidas como la de la Luna y debajo del agua. Ya dijimos arriba, que su padre, Julián, era profesor en el Liceo de su pueblo y enseñaba Química y Física. Fue en el Laboratorio de Química donde investigó sobre el pañuelillo que modifica el tamaño de las personas. Se trataba de un trapito cuadrado, del tamaño de una estampilla de correos, rojo por un lado y verde por el otro. La sustancia que impregna el pañuelillo actúa al poner este en contacto con el cabello. Si lo colocas sobre el lado verde en tu cabeza, a los pocos segundos tendrás la altura de un jeme. El lado rojo, servirá para recuperar tu tamaño. Esto es importante que lo sepan los nuevos lectores, pues hace parte de otras aventuras vividas por nuestros amigos, en las cuales, estos elementos de supervivencia, ideados por su padre, jugaron y seguirán jugando un papel muy importante en sus nuevas aventuras y vivencias.

Y les empacó también el último de sus inventos: un equipo de traducción instantánea, con su audífono, su micrófono y su amplificador.

—Papá, y ¿cómo funciona esto?— preguntó Luisita.

—Muy fácil hija. Te explicaré. En la Sierra Nevada de Santa Marta hay grupos indígenas que nunca han bajado al valle ni al mar, e inclusive ni el mundo civilizado sabe que existen...

—¿Y eso que tiene que ver con mi pregunta? —interrumpió Luisita.

—Ten paciencia hija... Te estoy explicando... Es que no me dejaste terminar...

—Perdona papito.

—Bien. Estos grupos indígenas no hablan español sino un dialecto que ustedes no entenderían. Por eso he inventado este aparatico. Al ponérselos, entenderán inmediatamente, sea cual sea la lengua o sea cual sea el dialecto, pues tiene un “chip” traductor universal. Es decir no sólo traduce toda lengua o dialecto aquí en la tierra sino de cualquier mundo habitado del universo. Si hubiera venusinos, sería igual de fácil comunicarse con ellos.

—Entiendo papá—replicó la niña; y agregó:

—Pero tengo una inquietud.

—¿Cuál?—preguntó el padre.

—Para nosotros hablarles ¿cómo haremos para que nos entiendan?—preguntó de nuevo Luisita, con su acostumbrada chispa adelantada.

—¿Ya observaron bien el “traductor”?—preguntó el padre balanceándolo entre sus manos.

—Sí—contestaron en coro los niños.

—No creo —afirmó el papá mientras hacía una mueca burlona.

—¿Por qué no crees?

—Pues porque si lo hubieran observado bien no hubieran hecho esa tonta pregunta—canturreó el papá con sorna.

—Explícanos pues y no te burles más de nosotros.

—Les decía que si hubieran observado bien se habrían dado cuenta de que mi “traductor” tiene, además del audífono, un pequeño micrófono también traductor, pero a la inversa del audífono y sirve para que cuando ustedes hablen en español, los interlocutores puedan entender lo que ustedes digan.

—Muy ingenioso papito, pero si nosotros hablamos ellos no nos entenderán, pues no tienen audífonos—concluyó Luisita, creyendo encontrar un defecto en el “traductor” inventado por su padre.

—Es cierto. Primero deben hablar los otros, para que así el “traductor” se “sincronice” a la lengua o dialecto de ellos.

—Y entonces...

—Cuando alguien te hable en otra lengua, el audífono y el micrófono incluido captarán las señales verbales y las traducirá y tú las escucharás en tu idioma y al tú contestar, el micrófono traducirá tus palabras a la lengua de ellos. Y para que ellos puedan escucharlas, le coloqué, al reverso del micrófono, éste pequeño amplificador—dijo el padre señalándolo.

—¡Muy especial!—exclamó Pedrito.

Fuente:

Melguizo Bermúdez, Mario. Un viaje a las nieves perpetuas (El mundo inscrito). Medellín, 2011.

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