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Teatro Frastricida Presenta

El atravesado

Monólogo de Andrés Caicedo

Noviembre 28 de 2013

“El atravesado” de Andrés Caicedo por Edwin Alcides García

Edwin Alcides García como El atravesado

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Edwin Alcides García, director, único actor y director del Teatro Frastricida, fue estudiante desertor de la Escuela de Teatro de la Universidad de Antioquia, luego pasó por el Teatro Matacandelas una larga temporada y ahora se lanza como actor solitario dispuesto a la trashumancia, al rebusque y al suceso inesperado. Con este monólogo tal vez quiere hacer eco de las mismas palabras de “El atravesado”: “De ahora en adelante solo como los cuervos”. Que le vaya bien y ¡adiós, Betulio! Entre los montajes en los que ha participado se encuentran obras para adultos como “Los ciegos” de Maurice Maeterlink, “La chica que quería ser Dios” de Sylvia Plath, “Medea” de Séneca, “Los diplomas” de Andrés Caicedo y “Juegos Nocturnos 2” de Alfred Jarry, además de montajes infantiles como “Música, teatro y títeres”, “Pinocho”, “Hechizerías” y “Chorrillo siete vueltas”, todos con el Colectivo Teatral Matacandelas.

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Pero en Andrés todavía estaba ese espíritu de que la juventud iba a cambiar las cosas, no tanto las ideas políticas, sino el gesto generacional, que iba a cambiar el mundo, y sus actitudes fueron básicamente concomitantes con esa idea, y su suicidio es precisamente no querer ser maduro, o sea, morir con las ideas vigentes, y no lo que nos está tocando a nosotros ver, que todas las ideas de Mayo del 68 se volaron y sin embargo a nosotros nos ha tocado vivir otro mundo que ya está distante con esas ideas. El momento libertario que vivió el mundo, que vivimos la juventud con Mayo del 68 es algo inolvidable, es un poema que no se puede olvidar y Andrés muy sabiamente se fue con el poema y no con el borrón del poema que nos ha tocado a nosotros.

Carlos Mayolo

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El atravesado constituye la primera publicación en forma de libro de Andrés Caicedo y se inscribe de paso también en el primer relato de literatura urbana en Colombia. Aquí aparece un bosquejo contundente de lo que va a ser toda la escritura de Andrés Caicedo, sus estrechas obsesiones. En la obra emerge una juventud desprendida de lo rural, habitante del cemento y del asfalto, rueda suelta en la confusión citadina que se agrupa para el desorden, la fiesta, la pelea y el bataneo. Cualquier cosa que esté en contradicción con el mundo formal de los adultos.

El protagonista es una rueda suelta que se magnetiza por los colores vivos y la refriega, ataca con todas sus proteínas adolescentes y se defiende rabioso contra lo establecido. Lo maravilloso y lo poético (lo fundamental en Andrés Caicedo es la poesía) es que este anónimo camorrero por medio de los golpes y del sufrimiento va aprendiendo a adquirir una conciencia sobre el contexto que habita.

Cristóbal Peláez González

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La ultima vez que lo vi tenia un pie sobre una tumba señalada por una cruz de madera y él me dijo en sueños: “Los muertos siempre hemos estado entre los vivos”. Y yo quedé como frikiao por eso.

Yo creo que algún día voy a ir por la calle y me lo voy a encontrar.

Después de esos sueños he quedado con la fascinación un poco de que la mayoría de la gente que uno ve por la calle son muertos, puede ser la mitad de la gente que uno ve y que uno no se da cuenta de que esa gente ya esta muerta.

Y que un día de estos uno va a ir por ahí y voltea una esquina y va a estar Andrés cagao de la risa, y a mí me va a dar como pena porque de todas maneras uno ya está más viejo que él, porque Andrés solamente llegó a tener hasta 25 años y uno ya siguió derecho y... qué vergüenza por eso... y... no sé... él va a seguir ahí... siempre tan joven... aunque tan triste.

Óscar Campo

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“El atravesado” de Andrés Caicedo por Edwin Alcides García

Andrés Caicedo

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Andrés Caicedo

Nació en Cali en 1951. Alguna vez dijo que vivir más allá de los 25 años era una vergüenza. Y lo cumplió: se murió a los 25 años de edad. La producción intelectual de Andrés Caicedo empezó desde los 10 años. A finales de los sesenta se conocieron sus primeras piezas dramáticas: La piel del otro héroe y Recibiendo al nuevo alumno. Al mismo tiempo montó piezas como La noche de los asesinos, de José Triana, y Las sillas, de Eugenio Ionesco; también adaptó al teatro Moby Dick, la novela de Hermann Melville. Mientras tanto, empezaban a aparecer sus primeros cuentos en los suplementos dominicales de los periódicos de Cali. En 1972 intentó llevar al cine su guión Angelita y Miguel Ángel, en codirección con CarIos Mayolo. Consignó su experiencia como espectador de cine en artículos de prensa aparecidos en El Diario de Occidente y El Pueblo, de Cali, y después comenzó a publicar la revista Ojo al Cine que, con cinco números, se convertiría en 1974 en la revista especializada más importante del país. En 1969 Caicedo escribió siete versiones del cuento Los dientes de Caperucita, ganador del segundo premio del Concurso Latinoamericano de la Revista Imagen de Caracas.

El relato El tiempo de la ciénaga fue laureado en 1972 en el concurso Universidad Externado de Colombia de Bogotá. En 1974 viajó a Estados Unidos con cuatro guiones de largometraje escritos por él y dispuesto a vendérselos a Roger Corman, director que admiraba profundamente. Sin embargo, aunque traducidos por su hermana, los guiones nunca llegaron a manos de Corman. En Estados Unidos Caicedo se dedicó a ver cine, comenzó a escribir ¡Que viva la música!, inició un diario que pretendía convertir en novela (Pronto: Memorias de una cinesífilis), y profundizó su afición por la música (blues y rock, especialmente los Rolling Stones). Regresó a Colombia y en 1975, con el patrocinio de su madre, publicó el relato El atravesado. Siguió escribiendo compulsivamente y entregó a Colcultura la versión final de ¡Que viva la música! para su publicación. Alcanzó a recibir un ejemplar de la novela antes de suicidarse en la tarde del 4 de marzo de 1977.

La obra de Caicedo contiene sutilmente pero de manera rotunda una crítica de las condiciones sociales y políticas de su época. Una lectura “a vuelo de pichón” nos revela una literatura pintoresca, fragmentada, barnizada por el modernismo del lenguaje coloquial urbano y apretada por la cotidianidad, pero esta narrativa va más allá y nos pone frente a una descripción y a un enfoque de lo que es la sociedad colombiana en la época bautizada como período de la “pos violencia” (pos violencia: como si alguna vez hubiéramos dejado de matarnos: desarraigo, nihilismo, carencia de identidad, desgobierno).

Andrés Caicedo se ha convertido en el autor colombiano más frecuentado en la escena nacional. Su obra abarca ocho dramaturgias, varias novelas y un buen volumen de relatos que son objeto de innumerables ejercicios dramáticos en escuelas y grupos teatrales. Su generación no tuvo la distancia suficiente para entender su genialidad, pero es justamente la generación actual la que lo ha convertido en un icono.

Colectivo Teatral Matacandelas

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“El Atravesado” de Andrés Caicedo por Edwin Alcides García

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