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De otra parte - Casa Museo Otraparte

Por Miguel Ángel Álvarez Areces

Nos complace inaugurar, en este número de Ábaco, la sección “De otra parte”, cuyo propósito es la difusión de proyectos culturales surgidos en diferentes regiones del mundo, nacidas de iniciativas de la propia sociedad civil como expresión de voluntades individuales y colectivas, que aportan elementos de originalidad, esfuerzo y creatividad. Se trata de fomentar y divulgar espacios de encuentro, traspasando fronteras y colaborando con la ampliación de saberes respecto de propuestas participativas singulares.

En esta ocasión, presentamos a nuestros lectores el proyecto cultural de “Otraparte”, cuyo nombre nos ha servido para designar el nuevo apartado temático de la revista. La iniciativa tiene lugar en la ciudad colombiana de Envigado, en Medellín —un ejemplo de transformación y renovación urbana en los últimos años—.

La imagen de Medellín, capital del departamento de Antioquia, una de las zonas más industriales y dinámicas de Colombia, arrastra para buena parte del mundo connotaciones negativas, afectada por hechos o imágenes de violencia e inseguridad, afortunadamente en vías de superación. No es ajena a esta mejoría la nueva situación en un país que intenta encontrar vías de encuentro, negociación y solución de sus problemas, así como la implementación de políticas culturales y sociales por parte del Ayuntamiento local, junto al ingente y loable esfuerzo de la población.

En estos últimos cuatro años, el lema de los gestores municipales, “Medellín, la más educada”, se traslada a la apuesta por la cultura, con la creación de bibliotecas, centros educativos y equipamientos sociales y cívicos. Pero el esfuerzo no es sólo gubernamental: también desde la base, desde esa población paisa —como llaman a los vecinos de Medellín y Antioquia—, han surgido variadas e interesantes experiencias. En este caso, damos a conocer la de la casa de escritores vinculada a la obra del intelectual Fernando González Ochoa, filósofo y escritor colombiano relacionado con España, donde fue cónsul en Bilbao entre 1953 y 1957, tras haber desempeñado idéntica función en otras ciudades europeas, como Rotterdam y Génova; un polígrafo cuya originalidad llevó a Jean Paul Sartre y Thornton Wilder a nominarlo para el Premio Nobel de Literatura. A pesar del reconocimiento del que gozó, su difusión no es amplia en España y el resto de Europa. El predio donde vivió en los entremedios del siglo XX —anteriormente llamado “La huerta del alemán”— recibió de manos del maestro González un nombre peculiar: “La casa de Otraparte”. En la actualidad se fragua allí una verdadera factoría cultural, donde un entusiasta grupo de personas trabaja, día a día, en un proceso de participación y creatividad merecedor de gran aprecio ciudadano.

Fue una tarde de un día del mes de noviembre —tras una cita en este lugar de nombre curioso—, cuando por primera vez ojeé escritos de Fernando González, mientras atendía a las amenas descripciones que Sergio me ofrecía acerca del escritor y de Otraparte, esa casa con sus escenarios conservados y vívidos, con un jardín repleto de especies arbóreas desconocidas para mí, ese ambiente que permite recrear un sinfín de imágenes, nostalgias, recuerdos y ahora proyectos relatados con vehemencia y pasión por los impulsores de una singular iniciativa. Una casa de escritor convertida en centro cultural del que emanan múltiples actividades, sueños y realidades para este Envigado, tan sencillo, querido y sorprendente. Un ejemplo más de cómo la decisión de los hombres y las mujeres puede hacer cambiar la percepción distorsionada de los impactos mediáticos negativos en torno a un arquetipo, el que representó en los años noventa la historia de Medellín y Colombia: Pablo Escobar, la violencia, miserias y secuelas de los estertores de un mundo de crimen, droga, corrupción. Aquello que fue, o pudo ser, ofrece hoy, años después, una vivencia bien distinta: un país, un paisaje y un paisanaje, donde la sencillez, la amabilidad, la curiosidad e inquietud cultural, las ambiciones y anhelos de un futuro prometedor concitan muchas historias con historia. Una de ellas se cristaliza en la Casa Museo Otraparte, este lugar tan especial de Envigado, en plena carretera 43 A, junto a la 27 A Sur, denominada, no por casualidad, Avenida Fernando González.

Gustavo y Sergio Restrepo departieron amablemente conmigo al calor de la degustación de un tinto, ese excelente café colombiano con una denominación que a veces confunde a los españoles, quienes, ante la invitación a beber un tintico, esperamos un vino rojo, evocador de un rioja o un somontano, antes de asombrarnos frente a la taza que, ofrecida con hospitalidad y alegría, lleva a la boca una bebida tan sabrosa y culturalmente tan potente —el café colombiano, especialmente suave, oloroso—. Un manjar que nos anima a seguir deleitándonos con las continuas explicaciones sobre sus proyectos y vicisitudes en el centro cultural, y, en paralelo, sobre la historia de Fernando González, el filósofo y escritor sorpresivo e inclasificable, tan mágico como el propio entorno donde vivió y donde hoy confluyen y se recrean sus sueños.

La Corporación Fernando González – Otraparte fue creada el 10 de abril de 2002 por 57 miembros, a través de la iniciativa de Simón González Restrepo, hijo menor del maestro y ex gobernante de las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Los objetivos principales de la entidad son “difundir y preservar el legado espiritual y filosófico del maestro Fernando González Ochoa, convertir la Casa Museo Otraparte en un centro cultural con proyección internacional y preservar el área como parque y jardín para beneficio de la comunidad y la protección del medio ambiente”.

Lo que se plantea en Otraparte es “la búsqueda de respuesta a la urgencia de un pueblo (Latinoamérica, Colombia, Antioquia, Envigado) por mantener vivo el acicate hacia la superación de sus propias miserias, hacia el afloramiento de sus inmensas posibilidades”. “Porque en Otraparte debe estar encendida, en silenciosa iluminación, una llama que es de todos, porque es del pueblo, necesitado hoy más que nunca de luz en la oscuridad”.

Pero ¿quién fue verdaderamente Fernando González? ¿Cuál es el motivo de ese aprecio y de la intención de continuar hoy su obra y enaltecer su figura, que traspasa los ámbitos locales de Envigado o de Colombia para convertirse en centro de atención de muchos intelectuales americanos, manteniendo en su casa-museo un foco de una actividad cultural tan intensa? Quizás el nicaragüense Ernesto Cardenal nos dé las claves para aproximarnos a su figura, cuando lo califica como “escritor inclasificable, místico, novelista, filósofo, poeta, ensayista, humorista, teólogo, anarquista, malhablado, beato y a la vez irreverente, sensual y casto… ¿Qué más? Un escritor originalísimo, como no hay otro en América Latina ni en ninguna otra parte que yo sepa”.

Entre sus obras destacan: Los negroides, Don Mirócletes, Viaje a pie, El remordimiento, Mi Simón Bolívar, El Hermafrodita dormido, o sus “Arengas Políticas”, expresión de su corta actuación política ligada a la formación una idea de izquierda nacional colombiana —LAIN—, en 1935, aventura recorrida junto a intelectuales antioqueños como el artista y maestro Pedro Nel Gómez, Luis de Greiff Bravo, Diego Luis Córdoba o Ricardo Piedrahíta, entre otros intelectuales y políticos en ciernes.

El Café de Otraparte es un lugar realmente mágico; aparte de constituir un elemento fundamental para la propia financiación de la casa museo, ofrece en su Menú-Carta la posibilidad de degustar metafísicos helados y cócteles con iridiscentes combinaciones, que traen en sus denominaciones citas de la abundante obra literaria de Fernando González; de este modo podemos degustar, por precios asequibles, los cafés fríos de “Martina la Velera”, “Don Benjamín” o “Padre Elías”, o bien los cafés calientes de la “Señorita Taylor”, “Don Mirócletes” o de “Manjarrés”, y ni qué hablar ya de los voluptuosos combinados de “Salomé”, “Remordimiento” o “Viaje a pie”: una verdadera lujuria que acompaña el encanto de lugar, rodeado de una vegetación sugerente, y cuyos sabrosos efluvios provocan consecuencias iniciáticas, estimulando, sin duda, tanto la creatividad de las manifestaciones culturales como sus efectos lúdicos.

Parafraseando a Manuel Guzmán Hennessey puede quedar más claro lo que significa Otraparte: una noción de libertad, espacio íntimo para el cultivo de aquello que los griegos llamaron calogaitía: lo bello, lo bueno y lo inteligente.

Es impresionante la actividad cultural en la Casa Museo Otraparte, desde el boletín electrónico editado periódicamente, pasando por literatura, ciencia, teatro, lecturas en el café, recitales poéticos, seminarios y talleres como aquel con el que coincidimos en nuestra visita, el de Zaratrusta II, música, el cine —que ocupa un espacio importante—; sólo hace falta ver la decoración profusa de casa, jardín y café, con antiguas máquinas de cinematógrafo, que incitan al fórum de continuos ciclos de películas de directores clásicos y modernos.

Otraparte (www.otraparte.org) es una corporación sin ánimo de lucro, privada y con limitados apoyos públicos y de particulares, que van desde la Alcaldía municipal de Envigado a la Fundación Éxito, el vivero La Campiña o el Teatro Matacandelas. Actualmente [el Municipio de Envigado] ha comprado un espacio verde contiguo, con parque de ceibas y otros árboles sugerentes, lo que marca un punto de inflexión para el futuro de este bonito proyecto. Cada vez son más las personas que disfrutan, conviven y comparten las tertulias de Otraparte: un proyecto de proyectos, sobre todo de entusiasmo, ilusiones y de acciones que vislumbran un futuro prometedor para ese nuevo Medellín que, construyéndose, se sueña.

Fuente:

Revista Ábaco, 2ª época, número 52 - 53, España, 2007, sección De otra parte.

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