Correspondencia

Fernando González
Carlos E. Restrepo

1922 – 1934

De los Editores

Este libro recoge la correspondencia entre Carlos E. Restrepo y Fernando González, su yerno, que se encuentra en el archivo Carlos E. Restrepo, de la Universidad de Antioquia. Se consideró importante incluir tres misivas dirigidas a Fernando González por distintos personajes.

Las respuestas de Carlos E. Restrepo a algunas cartas de Fernando González, se encuentran en la segunda parte de este libro.

La transcripción estuvo a cargo de los profesores del Departamento de Historia de la Universidad de Antioquia, Fernando Correa y Consuelo Puerta; de los historiadores de la Universidad de Antioquia Gloria Bonilla, Álvaro Casas, Aníbal Ospina, Giovanny Restrepo, Juan Carlos Vélez, Juan Felipe Córdoba y Sergio Arroyave y, de los estudiantes de la Universidad de Antioquia Silvia Ruíz, Claribel Daza y Oliva Caro. Por la Sección de Documentación de la Biblioteca Central de la Universidad de Antioquia, Conchita Bernal de Acosta y María Victoria Álvarez. Las notas del editor fueron realizadas por la historiadora Adriana María Alzate.

Este proyecto fue financiado por el Banco de la República.

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DE: FERNANDO GONZÁLEZ

A: CARLOS E. RESTREPO

Medellín, enero 18 de 1922

Señor doctor
Carlos E. Restrepo
S. M.

Respetado doctor:

Suplico a usted que me conceda el honor de una entrevista, cuando y donde usted lo estime conveniente.

Reciba mi agradecimiento por este favor

R y S.S

Fernando González

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Enero 24 de 1922

Al doctor
Carlos Restrepo

Señor doctor:

La pasión partidista en todo este Caldas es algo aterrador y primitivo. El gobernador y todos los empleados administrativos han publicado cartelones en las esquinas, en los cuales dicen que están resueltos a sacrificar sus vidas por el triunfo del general Ospina (1).

Siento una inmensa alegría al pensar que usted no bajó de su altura para entrar en esa riña de gallos. Como diría “Asturiano”, en el arca de Noé se conservó la semilla del futuro.

Lo hermoso y admirable es que usted haya permanecido fiel a su obra en este terremoto. Sólo usted no era del barro. A los demás se los está llevando la primera tormenta fuerte.

Los telegramas en que le piden que entre en la lucha, pueden traducirse así: “Maestro: reniegue de su vida y de su obra de cincuenta años”.

Perdone, señor doctor, el que no haya podido contenerme para manifestarle mi admiración por la altura y dureza del espíritu.

Deseo que su salud se conserve siempre buena, y reciba mis respetos para usted y su familia.

Fernando González

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Manizales, enero 30 de 1922

Al señor doctor
Don Carlos E. Restrepo
Medellín

Respetado doctor:

Le envío esas hojitas para que usted vea como se cumple lo que usted decía en su último manifiesto político:

“Para ser honrado urge ser conservador” dice una de esas hojitas.

Aquilino (2) pidió perdón ayer a los conservadores, en un discurso y les dijo que sólo con ellos se vive en libertad; que vuelve a ellos.

Pido para usted mucha felicidad, así como para doña Isabel (3) y todos los de su casa.

Fernando González

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Manizales, agosto 29 de 1922

Señor doctor
Carlos E. Restrepo

Dear father (4):

Pues pronto le llevaremos el nieto mayor: hace días que deseaba darle esta noticia —Margarita (5) estuvo cinco días enferma, pero ya está mejor que siempre. No hay tal apendicitis; no siente ni el más mínimo malestar. Ella dice que usted lo querrá (al futuro) más que a todos porque ella dice que se parece a usted —Estamos más felices que siempre. “Tiene que salir como papá, pues si resulta (ilegible) como tú, lo mato”. Frase de Margarita.

Aquí ha gustado mucho el ministerio. Los liberales comienzan ya a ser republicanos. Esto me confirma la idea de que la Ley de representación proporcional de los partidos es la base del progreso en Colombia –Me admiro al leer su opinión respecto de la actitud de Herrera (6) al ver que eso mismo me había dicho Margarita. Ella comentó así: “Es que yo tengo la política en la sangre”.

Hoy dicen que nombraron gobernador de Antioquia a don Manuel María Escobar (7). Me parece el mejor nombramiento. Creo que para ser Gobernador se necesita únicamente ser honrado, caballero y buen negociante.

En fin, Petronilo (8) va muy bien hasta ahora. ¿No le parece? ¡Claro que lo difícil es acabar! Pedro Nel no acaba, todo lo deja comenzado.

Reciba mi cariño

Fernando González

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Manizales, noviembre 14 de 1922

Señor doctor
Carlos E. Restrepo

Querido doctor:

Aquí se habla únicamente del empréstito de los cien millones (9), antiguo proyecto de Reyes (10), con sus autorizaciones extraordinarias y todo.

Los que más entienden de esto en esta tierra opinan como usted y en ese sentido se dirigieron, en telegrama, al Legislativo. El Tiempo dice que ese dinero no se traerá sino a poquitos, a medida que se vaya necesitando. Yo no entiendo esto, pues creo que nadie se presentará a suministrar cien millones para que se los vayan pidiendo a medida que al cliente le dé la gana. Además, los intereses siempre habrá que pagarlos desde que se termine el contrato. No sé si éstas mis ideas sena justas. Don Carlos Pinzón dice que el construir tanto “ferro” faltarán brazos para la industria del café; que tanto dinero perturbará el cambio y perjudicará así el comercio.

Para su busto está contratado Cano (11), el cual dizque tiene que ir a estudiar su obra a Medellín, mirándolo a usted. Así es, pues, que tendré el placer de verlo posar para la inmortalidad del bronce. Tiene reunidos ya quinientos pesos y el busto vale mil quinientos.

Estamos muy bien y contentísimos con la nouvelle de la ville giature (12). Saldremos inmediatamente que comience a oír hablar de vacaciones.

Mil recuerdos para doña Isabel y para los hermanos y usted reciba el cariño de su hijo

Fernando

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Manizales, noviembre 21 de 1922

Señor doctor
Carlos E. Restrepo
Medellín

Querido doctor:

Aquí muy bien y con gran deseo de ir a veros; estos días hemos estado muy ocupados en arreglo de viaje y en proyectos para diciembre.

El busto se convirtió en idea nacional. De todas partes telegrafían para ofrecer dinero.

Margarita sigue muy bien. Ahora la dejé en la casa escribiéndoles a ustedes.

Juan Pinzón está ahora de jefe del liberalismo caldense, que se compone de obreros que tienen aun la inocencia de creer que liberalismo y socialismo son compatibles y de los enemigos de la familia Gutiérrez (13).

Porque Manizales es una ciudad curiosa, en donde hay caciques por el tipo y por el alma.

Estoy convencido ya de que Colombia es, o ha llegado a ser, un pueblo muy inferior. Manga que tiene mucho alambrado es porque tiene vacas ladronas. Así Colombia dizque es muy legalista y la patria del hombre de las leyes & y [sic] yo creo que tanta ley es porque no hay sino ladrones. En Caldas no hay un solo hombre, por ejemplo. Don Mario Arana (14), de quien me parece me dijo usted que tenía alma blanca como la cabeza, es el único pero está viejo y es fanático.

Perdone este discurso mal humorado, pero hoy estoy enojado porque en el Tribunal (15) se aprobó un telegrama para el nuevo Obispo, en el cual le dicen que el poder judicial le ofrece su adhesión.

Dije que firmaba todo menos la adhesión. Lo único que nos quedaba eran jueces y ya se venden para o por el sueldo.

Mil recuerdos a doña Isabel y a los muchachos. Reciba el cariño de su hijo.

Fernando González

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Manizales, diciembre 4 de 1922

Querido doctor:

Leí su artículo acerca de la paz. Me pareció admirable. Dadas las mismas causas habrá las mismas guerras. El instinto de la paz se hereda y no se improvisa. La libertad electoral, la de conciencia, la de la prensa, & [sic] son válvulas de escape y condiciones sine qua non de la paz. Qué palabras estas tan diferentes a las de nuestro general de reclutas. Yo soy determinista y por eso me encantó su artículo.

Aquello de que usted no cree mucho en nuestra paz porque aun los europeos, con siglos de disciplina, tienen muy cerca al antique animal (16) de que habló Baudelaire, me gustó como todo lo que escribe usted, siempre sereno, siempre alejado de los detalles de la pasión.

El asunto o affaire de Alfonso (17) no es otra cosa que venganza de Pompilio (18) el general a quien graduara Marín en las vecinas y blancas cordilleras de doctor en Derecho, pues dicho general aprendió muy bien el título del Código Civil acerca de permuta o cambio, cambiando mulas por peltrecho. Pompilio es muy manual, decía el gran Marin. Pero Clodomiro Ramírez (19) quien me dijo que con Alfonso se estaba cometiendo una bellaquería, nos dañó la cosa con el informe al ministro de Gobierno, en el cual no pudo olvidar que es paisano de los Gutiérrez. Ahora me explico el por qué Clodomiro se conferencia al lado del Benedicto.

Resultó que se jalaron Alfonso y otro con un bogotanito emparentonado con la familia del cacique y el bogotanito dijo al pié de las rejas del Alemán: “Qué chuzco sonará esto”. Tiró una piedra. Todo esto lo confesó el tal bogotano. Pues lo absolvieron y cargaron con Alfonso, quien días antes le había comunicado a El Tiempo, que Daniel Gutiérrez (20) había dilapidado cuarenta mil pesos en una locomotora inservible. Total, que lo metieron, como decimos en Envigado, y que yo no lo he podido sacar por culpa del ex premier Clovis. Este cree que ser republicano consiste en darle la razón a todos. Yo le dije que justicia no había a medias; que un acto era justo o injusto.

Con lo del saludo del Obispo me han felicitado mucho, y los godos están furiosos. Si se enojan lo más que pueden hacer es enviar a Bogotá mi partida de bautismo, como lo hicieron el año pasado.

Tengo deseo de que lo hagan para ver su soy capaz o no de volar.

Me dijo Rivas que habían dado tanto dinero para el busto de Carlos E. Restrepo que estaban pensando más bien en una estatua. De todos modos, ya está contratada la obra con Cano y usted no podrá evitarlo.

El general Ospina y su ministro no me gustan. Cada día me parecen más malos gobernantes. Tienen los bigotes y el alma de Reyes, pero sin esa gran voluntad de éste. Siempre he creído que Ospina es un hombre que se queda comenzado en todo, hasta en las trampas.

Mil saludes a doña Isabel y a los muchachos. Reciba un cariño de su hijo.

Fernando

P. S. Salimos el 16. Sergio, la caballería de Margarita, opina que se demora seis días. Lo esperamos en Campanas, sin remedio.

Mil abrazos

Vale Fernando

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Para el doctor Restrepo y para doña Isabel

Enero 30 de 1923

Querido papás: llegué muy bien. No sufrí en el camino sino la angustia de no estar con Margarita. Todos ustedes me hacen muchísima falta. Recuerdo con nostalgia las reuniones de la noche en el corredor.

Aquí no encontré ninguna novedad. Apenas anoche llegué y por eso no les envío crónica, pues desde por la mañana me vine a la oficina a firmar unos negocios urgentes y a escribir para Margarita.

Les agradezco mucho lo contentos que nos hicieron vivir ese mes de veraneo y deseo que termine la temporada con toda la felicidad que sea posible.

Aquí me amaño únicamente porque vivió Margarita y porque es la ciudad en donde han sabido agradecer al doctor Restrepo, pero mi corazón y mi vida están en ese Medellín y en sus campos.

Muchos recueros para todos y reciban mi cariño ustedes.

Fernando

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Manizales, febrero 6 de 1923

Querido doctor y padre: recibí su carta del treinta del pasado mes e inmediatamente fui donde Rivas a darle el recado.

Encontré a Rivas dientiquebrado, pues los hijos y sobrinos del Gobernador lo atacaron en cuadrilla y por detrás, le dieron una pela furibunda. Como los jefes de policía no investigaron ese delito (lesión levisima) hice que el Tribunal diera principio al sumario.

Lo del busto está arreglado y el dinero sobra. Todos los días reciben cuotas de gentes de los pueblos. Me alegra y enorgullece mucho ver que a usted le pagan en buen moneda de admiración el tiempo que de verdadera democracia hizo vivir a este país de mediocres y preparados para la tiranía.

Me ha parecido que Pedro Nel Ospina sí es un mediocre, pues sólo se ha distinguido en la Presidencia como buen detective. Ha descubierto ya dos delitos: el de la placa del puente y el de las estampillas.

La separación de Margarita no he podido dejar de considerarla como un accidente, pues ella es todo en mi vida.

Va todo mi cariño para doña Isabel y para los cuñados y usted reciba el amor y respeto de su hijo

Fernando

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Manizales, febrero 13 de 1923

Señor doctor
Carlos E. Restrepo
Medellín

Mil saludes. Le suplico que lea los periódicos de Manizales, los de esta semana, para que se entere de la pelotera que han armado el Gobernador y los demás Gutiérrez, porque el Tribunal, a propuesta mía, resolvió iniciar la investigación del ataque que le hicieron a Rivas tres de los Gutiérrez, en el cual, le rompieron un diente incisivo a Rivas.

Pasó lo siguiente: Rivas denunció el hecho en las columnas de El Diario (21) y ni por eso se movieron las autoridades de Policía. Como la lesión es leve, pues es más grave que cortarle el pelo a una mujer, ejemplo éste que trae el Código Penal como de lesión levísima, el procedimiento es de oficio (22).

Considerando el Tribunal que el negocio era grave, pues con el hecho se daba principio al establecimiento de la Ley del foste, predicada por los godos, dictó por unanimidad un acuerdo en que se comisionaba a un magistrado para dar principio al sumario.

Todos los periódicos conservadores se vinieron contra el Tribunal, pero sobre todo contra mí. El Gobernador ha publicado hojas sueltas en las que nos insulta.

El Acuerdo 510 está publicado en El Diario, 6, y siento cierta dulzura porque es obra mía. Siempre he creído que los Ochoa participamos de la teoría platónica: ver castigado al enemigo es placer de dioses. Esto es lo único malo que le veo al asunto.

Pero conste que en verdad no lo hice en venganza.

Reciba mi cariño para usted y para todos en la casa

Su hijo Fernando

P. S. El Acuerdo 510 está en la editorial en El Diario.

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Manizales, febrero 20 de 1923

Señor doctor
Carlos E. Restrepo
Medellín

Querido doctor Restrepo:

Le envío ese soneto de Hugo Corela. Es un soneto firme.

Margarita, que ustedes la contemplan mucho. Mil gracias.

Aquí ocurre que las mujeres quieren ir a la iglesia de sombrero y que los curas no lo quieren. Esto se llama “La eterna lucha por la libertad del pensamiento”, es decir la libertad de ponerse cada cual lo que se le antoje en la cabeza. Los curitas, los de aquí, no se parecen a mi bisabuelo político, han insultado a varias señoras que han ido hermosamente tocadas, como dicen los periódicos elegantes de aquí. La jefe de las revolucionarias del sombrero, Mercedes Palacio de Hoyos, hermana de Gil Blas, en un discurso al Obispo habló de su frase “la libertad de los libres”... Mire como se metieron en esta pelotera y cómo hasta en las mujeres entran las ideas republicanas.

Yo creía que en las mujeres entraba todo, menos la tolerancia.

Mulier taceat in Eclesia (23). Así dijo el gran fanático de Tarso (24), el gran convertido de Damasco. Pues se equivocó.

Esta manizaleñitas, pequeñas y de cría, y mansas como las vacas del mismo nombre que usted tiene en La Soledad (25), resultaron unas fregadas.

Este pequeño hecho lo creo muy significativo: ya la mujer se enfrenta al cura; ergo, terminar muy pronto la hegemonía clerical. Esta sorites (26) es irrefutable: la mujer manda el hombre; el hombre gobierna; el cura manda la mujer; ergo, el cura gobierna. Yo lo que aprendí en siete años de estudiar con los colegas del padre Juan fue hacer de estas sorites.

Y lo peor es que de ese colegio sale uno creyendo que con esos rosarios de argumentos puede salvar el mundo.

Y reciba todo mi cariño para usted, doña Isabel y todos en la casa

Fernando González

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Medellín, septiembre 24 de 1930

Doctor
Carlos E. Restrepo
Bogotá

Ilustre suegro muy recordado: sentimos mucho la muerte del doctor Araújo (27), por ser muy buen ciudadano y por ser amigo suyo. Él fue muy útil a Alfonso, mi hermano, durante un tiempo en que éste estuvo en Bogotá en una oposición a oficinas de propaganda en Europa.

62 años no es mucho para usted. Por ejemplo, el Papa Pedro de Luna, a los 84 años, habló durante siete horas de teología y corchó a todos los teologuelos de Europa; creo que allí no estaba el padre Sierra (28).

Los niños han gozado con su carta y Ramiro (29) no la suelta: dice que usted le traerá un galápago y una [ilegible].

Respecto al gran Santander, he leído mucho su correspondencia y cada vez me parece más perverso. ¡La intención, doctor, la intención es lo que vale para nosotros los jesuítas!

(Permítame que tome ese título, pues ocho años comí arroz y formé silogismos en San Ignacio, y me confesé mil veces con Ignacios de todos los países).

Respecto del Gobierno yo sigo la costumbre de Suramérica: es malo mientras no haga parte de él. Esa es la posición más lógica en un pueblo de liberales y conservadores.

Aquí va muy bien la cosa pública: dos liberales y dos conservadores. Esto para uno y eso para ellos. Todos están contentos, menos los que no han nombrado.

Lo que sí no hay que dudar es que don Camilo es más bruto que don Antonio González*. Este telegrama del padre Gómez (30), etc., es como el de Pedro Berrío, un italiano, a los expertos en Penitenciarias, ¿Recuerda? Don Camilo sí tiene una [ilegible] suprema.

Abrazos a doña Isabel

Afectísimo

Fernando González

* El mayordomo de los Escobares

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Octubre 4 de 1930

Doctor
Carlos E. Restrepo
Bogotá

Querido doctor: ayer me llegó ese libro que le despaché desde ayer.

Anoche lo leí y estoy aterrado con el error con que salió Cónyugue por cónyuge. Así se burla la vida de nuestra vanidad; precisamente en la palabra que aquí usamos más, tratando a los buenos cónyuges que venden los buenos de los cónyuges. ¡Maldita sea!

Con ese error no pude dormir anoche. ¡Qué cantidad de vanidad! A los ejemplares que lleguen aquí los corregiré a mano.

Pero el suyo y otros dos y los que han vendido en Manizales, tienen ese espanto.

Madrugué a quejarme a usted para curarme algo de esta obsesión del Cónyugue. Creo que hasta no voy a poder ver nada que se parezca a Cónyugue, incluso Margarita. ¡Maldita sea!

Moraleja: que todos hasta los más humildes tenemos muchas tristezas tan grandes como las del premier con las intrigas por empleos y con la ruina del país.

Nos hacen mucha falta usted y doña Isabel para ir por la noche a conversar. Véngase pronto “que ya están muy gordos” como dice Pilar (31) y Ramiro.

Aquí hay mucha pobreza, de tal modo que parece que es el desastre definitivo: la casa de los Escobares Borrero no tuvo postor en $15.000. De $50.000 va en $15.000.

El gobierno departamental parece muy bueno. Mis felicitaciones por su campaña para que estos patojos de jueces trabajen. El único que medio trabaja es el que lo abraza.

Fernando González

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Medellín, octubre 16 de 1930

Doctor
Carlos E. Restrepo
Bogotá

Querido suegro:

Hoy recibí su telegrama acerca de Carlos Uribe W. Y del registro de propiedad literaria. Mil gracias.

Perdone que Alfonso lo moleste a usted tanto. Eso ha sido sin consultarme. No hay hombre que se mueva tanto. Nació para propagandista y gozón. Estudié el asunto y aquí puede hacerse la cosa y ya la estoy haciendo. Basta un memorial, petición al Secretario de Instrucción Pública, con tres ejemplares firmados, y viene la patente, que lleva un timbre de $5. Eso es lo doloroso.

Ya se agotó Viaje a pie (32) y hay pedido de 300 ejemplares. El Bolívar, o Lucas, (33) se agotó aquí en una hora y hay mucho pedido. Mañana me llegarán 300 ejemplares. Siempre le ganaré $2.000 con qué pagar la quiebra del café, la quiebra que me hizo renunciar a la secretaría de las ilustres minas que abarcan el curso del Cauca, y las de diamantes.

Ese Nieto Caballero (34) escribió un artículo muy bueno sobre mi libro, pero defiende a Santander con argumentos pobres.

Dice que también Bolívar fusiló a Piar. Pues eso es comparar dos homicidios como si fueran dos naranjas. El homicidio es género y las especies se determinan por la motivación. Nieto ignora la ciencia moral, la motivación.

-Bolívar mató a un compatriota

-Santander a un vencido

-Bolívar lloró al hacerlo

-Santander bailó y asistió

-El primero dictó una proclama bella

-El segundo pidió cartas para cubrirse

El primero fue por un gran fin, y el otro por alegrar a Santa Fé.

Yo creo que Colombia será perversa mientras no haga justicia y mientras se jacte de Santander. ¡Cómo estoy de entusiasmado!

¡Parece que me importa mucho!

Perdone mi intriga por Carlos Uribe W. Ya con su recomendación puede ir encargando el vestido de Secretario. Él está muy agradecido. Es muy buen organizador, metódico, terco y suple con esas dos virtudes la falta de inteligencia brillante.

Nadie más metódico, caballero, terco en sus empresas. Creo que no lo hará quedar mal.

Yo sentí mucho que a usted le llegara una carta mía de intriga, porque siempre he creído que un yerno debe respetar más que ninguno la posición del suegro. Muchos me hablan para intrigar con usted y resistí hasta ahora. Pero ésta no estaba mal del todo.

Margarita estuvo un día enferma, como envenenada. Alberto Bernal dice que es el apéndice y ella no se deja operar. Alberto dice que se haga ver de otro médico, y nada!

Los niños gordos. Alvaro (35) sabe las capitales, mares interiores, golfos etc., y sumar, multiplicar y dividir. Ramiro (36) contesta así:

¿Cuánto son uno más uno?

¡Cinco! ¿Verdad?

Mil recuerdos a doña Isabel y a la Familia de Félix

A doña Isabel que hace mucha falta para conversar mística.

Que si no vuelve pronto me daño. Reciba el amor de toda la casa.

Fernando González

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Medellín, enero 21 de 1931

Al doctor
Carlos E. Restrepo
Bogotá

Querido doctor Restrepo

¡Siquiera nos vinimos a su casa! Pasé dos meses de intensa crisis, desconsuelo en Santa Elena, en casa de Carlota Molina. Yo atribuyo eso a las formaciones mentales que hay en esa casa, de Adolfo Molina. Así pues me servirá de alivio vivir en su casa, que tiene formaciones mentales notables.

La cuidaremos mucho para que la encuentre igual.

Hoy comencé trabajos. Ser juez es como llevar un atado de dos arrobas por la pendiente del Arma a Aguadas. Hace como ocho décadas que no pagan. Sin plata hay revolución. No se lleven para Bogotá la platica, ¡por Dios!.

Hoy iré donde el ilustre Domingo Ochoa o donde el patojo Marceliano Londoño a vender, por primera vez, las nóminas.

Los niños gordos. Medellín, una miseria, sin arte, sin vida ni nada. Leen a Emilio Jaramillo (37). El economista es Emilio Quevedo (38); el político, Jaramillo; el padre Sierra confiesa a las mujeres. Ya Castro (39) tiene teta, rector de la Escuela de Medicina. Desde aquí tercer piso del Palacio Nacional [sic] veo las nubes de la formaciones mentales; todas son de Adolfo Molina.

En fin, muchas gracias por el ofrecimiento de la noble casa.

Muchos respetos a doña Isabel y reciba el cariño de su yerno

Fernando González

P. S. Acaba de llegar José Manuel Mora Vásquez (40) y me dio este telegrama: “Maracaibo 19 de enero. Mora Vásquez. Trata con Fernando González sobre venta de Mi Simón Bolívar. Toda Venezuela garantizando mínimo seis mil ejemplares (6.000). Si no alcanza la edición con el derecho para hacer aquí una segunda por mi cuenta.

Motivo gran importancia dada de libro. Intervención valores literarios como Vallenito Lanz en polémica, háceme esperar buenos resultados. Negocio que debes tratar Colombia discreción para obtener buenas condiciones. Urge pronta respuesta telegráfica.

Saludos.

F. G. Medina

Aquí no quedan sino unos 400 ejemplares.

¿Qué me aconseja?

Perdone.

F.G.

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Medellín, junio 20 de 1931

Al doctor
Carlos E. Restrepo
Bogotá

Muy respetado doctor Restrepo:

Ayer recibí su carta del 16 y me alegró mucho: 1º. Por la forma noble de esos ofrecimientos; una forma tan discreta y noble!, y 2º. porque se me apareció París: “Yo no moriré sin ir a ver a Aristides Briand (41), a los seres de alma grande, a los grandes artistas, que tiene Europa”. Así pensé ahí mismo. Después me calmé al recordar que me están repitiendo las convulsiones del lado derecho del cuerpo, y que quizá ya sea tarde.

He pensado que tenemos que llevar cuatro hijos expresos y uno tácito y una carguera. Alfonso, mi hermano, me dice que me ayudará algo para el viaje. ¿Cuánto será lo de viáticos?

Voy a pensar diez días. Sí; eso es lo racional.

Esos son los pensamientos que he tenido desde ayer. Nada decidido casi. Margarita gozó mucho y dice que París siempre que sea seguro lo de Génova al principio del año 32; que podemos alcanzarnos algo en París y que lo recuperaremos en la bella Italia.

A Alfonso le conté por teléfono, porque es perito en vida por allá, y opina de París.

Por ahora, en París, con $200 tendría que ayudarme Alfonso a cuenta de libros futuros y de venta de los ya editados. Pero con el sueldo de Génova, $350 al año venidero, ya sería gran cosa. Alfonso es muy bueno con migo y muy útil para mis inhibiciones psíquicas (por supuesto que lo que me presta lo saca de los libros, menos la edición de Viaje a Pie que me la regaló), y he pensado también que si no es absurdo se podría nombrar a Alfonso secretario en Génova y así viviríamos muy bien, sería la cosa perfecta para mi carácter y mi habitat. Él es el mejor organizador que conozco. De modo que es un bien para la Nación y para nosotros, Margarita y yo.

Le cuento todo esto que pienso para corresponder con mi veracidad a la forma tan noble con que usted me escribe; lo que más me emocionó fue no comentar la mocha del juez Lucas de Ochoa. Francamente la forma de su carta es lo que más me alegró; ella comprueba una tesis de Ignacio Duque (42), de que la forma es sustancial. Este magistrado comprueba su tesis con la Hostia.

Yo creo conocerlo a usted un poco y sé cuánto sufre al hacer algo porque le den oficios oficiales a parientes. Esa idea también me runrunea en la cabeza. ¿Seré yo de los que lo hagan sufrir en este sentido? Eso me pregunto y esta mañana, a las 4 desperté gozando y sufriendo y me dije: non possumus (43).

En fin, en diez días resuelvo y aviso. Hágame el favor de escribirme lo que piense de esto que le digo.

La nobleza del alma del doctor Olaya (44) también me tiene abrumado. ¿Qué puede importarle a él Fernando González? Me tiró psíquicamente. Yo creía que a un admirador de Juan Vicente, el de Orinoco (45), no lo nombraban ni para Juez de Circuito de Medellín.

Muchos recuerdos para doña Isabel y cuñados. Reciba muchos agradecimientos por el sacrificio que esto es para usted dada su constitución moral.

Fernando González

P. S. En todo caso creo que acepto una de esas cosas. A las tres horas: me gusta París, asegurando Génova y secretario Alfonso. Pero espero sus opiniones y consejos.

Abrazos Fernando

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Génova, febrero 27 de 1932

Querido doctor Restrepo:

Me ha hecho mucha falta callejear; usted es hombre joven por excelencia y juntos, yo a su lado, aprenderíamos a hablar italiano gia, gia (Cómo vé por los gia, gia, se me están confundiendo las lenguas, como Vicentico).

Pues repito que me hace una falta inmensa, y doña Isabel y las niñas también, hasta el punto de estar creyendo que las debemos llevar a París: este párrafo es para doña Isabel.

La pensión es mala; el excusado sigue sin agua.

He seguido el principio de no obligarme: me fui a ver apartamentos y encontré una ganga en Via Piave, apartamento al lado del mar, barrio aristocrático, como trece piezas, amoblado muy bellamente, de una señora comerciante toscana que acaba de quebrar. 700 liras al mes por un año. Esto es una fortuna. Lo entregará el jueves.

García quiso obligarme a tomar el apartamento que tiene a 1.065 liras y venderme los muebles en 350. Lo traté culta pero enérgicamente, según aconsejaba Mirócletes. Al fin resolví que continúo únicamente con las cinco piezas del consulado y que pago quinientas liras mensuales. Le dije que al irse debía entregarme el dinero para el pago del resto del apartamento hasta octubre, en que termina el contrato. En esto quedamos. Total que con liras 1.200 quedo perfectamente instalado. El 1º. de marzo recibo el consulado. Hay muebles del Gobierno. La casa donde iremos es bellísima, nueva, con muebles muy finos, de lujo, colchones, almohadas, utensilios de cocina y de comedor, excusado, baño, jardín grande, etc.

Su consejo de no obligarme sino pian, piano da resultados. Creo, pues, que el jueves estaremos listos y tranquilos. Porque en la Pensione Rolandine siamo matti, quasi matti: (46) los niños llora que llora y gritan y rompen cosas. Es para volverse a saludar a Gallito en Medellín.

La cuenta es: $300 en que dejarán este sueldo. $100 para los Segas -$60 para apartamentos -$7,50 para niñera y otros tantos para una tutto fare. Toral $175. Restan $135 para comer, vestir, etc.

Este consulado es de los más importantes, el único que pagan en Italia, y es el único consulado general en donde no dan para secretario o canciller. Pero si se pide una partida para ellos, nombran a uno de Bogotá, y los Segas sirven de verdad. Lo mejor que pudiera hacerse era darme cien pesos más para gastos. Yo voy a escribir al doctor Olaya y lo que usted pueda hacer, pero sin molestarse. Me daría pena que usted usara su influencia en esto.

Cablegrafié a Requeta y no ha contestado.

Creo que a Pilar la pondremos en el Sacro Cuore. Para los otros es ir pensando.

Recibí dos cartas suyas. Gracias. El lunes averiguaré por el bulto de café y si estuviere, lo haremos seguir a Roma, pues aquí no lo entregan. Hoy sábado no hay trabajo.

Salgo cada rato a ver cosas y rincones. Me hace falta usted. Cómo admiro esa desfachatez suya para tratar las cosas de la vida. Los momentos buenos fueron en Righi (47) y en donde compramos la liquorera (Sigo confundiendo lo idiomas).

Mil y mil abrazos. Aquí les tenemos un cuarto bello. Vengan pronto. Yo iré a la primera oportunidad. Mil abrazos para usted y todos.

Fernando González

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Martes, 1 de marzo de 1932

Querido suegro, doctor

Carlosé Restrepo

Aventuras de un envigadeño con cinco hijos en Génova.

La vieja toscana se corrió del negocio de la casa. No quiso recibir la caparra, y el lunes que fue a verla, encontré que había acostado a la vieja mamá, y así se escapó. Ayer fuimos Margarita, la niñera, Simón y una señora coja a Rapallo, media hora de tren, a ver un apartamento; pero resulta que olía mal.

Hoy vine y se me hizo tradición del consulado y arreglé con García el apartamento a 865 liras al mes; él lo tenía a mil sesenta y cinco liras; así que perderá doscientas liras mensuales. El contrato está hasta septiembre. En estos meses veremos de buscar otro mejor; el viernes lo entregará.

Los Segas trabajan bien efectivamente.

Aquí está nevando hoy y el domingo pasado también. Hace un frío del diablo. La pensión no puede ser más infernal. Callejear es lo único agradable; sentirse perdido en medio de tanta gente.

Ya escribí al Ministerio de Relaciones, al Cónsul en Londres, y firmé tres cartas y un pasaporte. Qué vueltas tuvo que hacer usted con lo del sueldo en viaje. Nosotros enviamos la cuenta a Londres con dos copias de la diligencia de posesión. ¿Hay algo más?

De Venezuela no me han contestado. Los muebles se los compré a García en 325 pesos; gastaremos en lo que haga falta unos cien. Queda mi capital en mil doscientos dólares y tres mil en Medellín; pero allá debo mil. Tengo pues tres mil pesos y el sueldo.

Margarita no ha salido casi; está un poco triste con tanta dificultad para todo; los niños no pueden gozar en ese encierro de la pensión. Yo gozo por ahí diez minutos al día; me la paso buscando métodos para ser feliz. Hoy envié un aviso al secolo XLX en solicitud de una cuoca a tutto fare (48).

He encontrado lugares deliciosos para beber café o cognac; pequeños paraísos que me hacen creer que cuando todo el hogar marcha bien, seré feliz. Usted continúa haciéndome mucha falta. No olvide escribirnos con frecuencia.

Desde el lunes estamos averiguando por el café; pero nos hacen falta los datos del vapor en que llegó, la fecha probable, la marca del bulto, el peso. Pero ahora se fue Leonidas Sega, el canciller, a seguir en la busca del café. Inmediatamente que haya resultado se lo comunicaré.

Los cigarrillos son muy caros. No olvide pedir bastantes Pielroja por mi cuenta cuando haga el pedido para usted. Nosotros no podemos introducir. Necesito unos trescientos paquetes.

Apenas estemos instalados iré para llevarles la hija y los nietos y para que salgamos por Roma. Me hace falta callejear con usted. Es necesidad que siento como la de beber café colombiano.

No descuido el café; desde el lunes está el canciller en la Aduana.

Reciba mil abrazos para todos.

Fernando González

* * *

Génova, marzo 8 de 1932

Doctor
Carlos E. Restrepo
Génova

Querido doctor:

Nada sucede ni bueno ni malo; la noticia del atentado contra el general Gómez (49) me tuvo triste estos días, pues lo quiero de verdad y me parece un hombre excepcional; sólo al saber que lo habían herido gravemente supe que lo quiero de verdad; Alfonso me cablegrafió así: “general Gómez gravísimo” pero el Cónsul venezolano dice hoy en los periódicos que tal cosa es falsa.

En Venezuela todos son bandidos; el único hombre de mérito y defectos sobresalientes es Gómez; los que lo rodean son inmundicias humanas; pero usted no encuentra en Venezuela sino eso; le imputo los males a Venezuela y no a Gómez. Hasta creo que el mismo Requena es el más interesado en asesinarlo. Si algún día lo asesinan acuérdese de mí que es Requena. Por ejemplo, Blanco Fombona (50) fue uno de los hombres más malos de Castro (51) y le debe mucho al general Gómez.

Cuando fui a ese país, me entristecí mucho por que sentí la misma antipatía de Santander por los venezolanos: mulatos pretenciosos, vulgares, impertinentes y guapos. Qué opina si tendré razón para estar preocupado al descubrir que la antipatía por los venezolanos era un hecho inexplicable psíquicamente y que Santander... se vio obligado a aborrecer a los bolívares. Y Gómez es colombiano; su padre era de a dos pasos de la línea fronteriza y su madre de Cúcuta. Todo ese viejo es colombiano. Pero estoy cantando la palinodia...

Margarita saldrá el 18 de los corrientes a las diez; le pondremos telegrama para la encuentren; va con la niñera, y con los dos chiquitos, que son unas migajas enormemente gordas.

Álvaro escribió del colegio una carta varonil y concisa que tiene encantado. Ramiro no piensa sino en fusiles, vestidos de general, esgrima y las guerras de papá Cote. Pregunta: “¿Cómo fue que ganó la guerra papá Cote?” Todos sus admiradores lo son del hombre de pensamiento y del estadista, pero el nieto no lo admira sino como guerrero; y como usted no ha cuidado de su gloria militar, me resulta difícil el asunto con Ramiro.

A Pilar la encontramos transformada; habla paso, se sonríe como monja y le pregunté si ya daban papel y se puso colorada. Dijo: “Sáquenme ya que ya prevé colegio”. Yo no creo que ésta aguante ni que aguantemos sin ella, pensando en que está sola, etc.

Ninguna noticia: parece a ratos que Colombia mejora.

Anoche fuimos a ver a Josefina Baker. Una negra con nalgas poderosas; el que tuviera el cerebro tan desarrollado como tiene las nalgas esta negra, etc. A mí no me gustó, pero Margarita si quedó descrestada.

Recuerdos a doña Isabel y niñas. Aquí hace desde ayer un tiempo parecido un poco a los días de diciembre en el tibio valle de Aburrá. ¡Nada es como el Medellín!

Mil abrazos

Fernando González

* * *

Génova, marzo 26 de 1932

Querido doctor Restrepo:

Hemos acompañado mucho a doña Isabel en la muerte de doña Victoriana.

No hemos recibido cartas de Colombia. Por la Revista del Banco de la República y por las comunicaciones del Ministerio de Relaciones he sabido que hay movimiento comercial mayor que el año pasado. Lo que me pareció muy importante para revolver la crisis fue el decreto de moratoria interna y de rebaja de intereses; me parece que eso es muy justo, pues lo que se recibió prestado no vale hoy ni la mitad de la cifra, y es muy nuevo, pero nueva y excepcional es la crisis.

Lo que si no me puedo tragar nunca son los técnico yanquis; ahora he estado estudiando el Código de Aduanas, y es lo más mal redactado que pueda imaginarse; hay artículos enteros que no tienen sentido.

Los niños salieron a vacaciones; estaban tan contentos que ni gana tenían de salir; es hasta admirable que en ocho días hayan engordado y aprendido tanto; parecen hombres de verdad; ya Ramiro no dice mañana sino domani. Me pareció curioso el modo como aprenden los niños los idiomas: uno aprende traduciendo: domani es mañana; mientras que ellos cogen las palabras directamente; no la relacionan con su equivalente en el idioma materno. Así pues, ha resultado que los niños están mejor en el colegio que aquí; pues los queremos demasiado; es otra cosa que he aprendido, de que nada es tan perjudicial como el amor irracional de los padres; y uno es incapaz de no quererlos hasta irracionalmente.

Creo que Margarita irá muy pronto a visitarlos y luego iré yo a estarme con ustedes ocho días, y nos vendremos ella y yo juntos; Pilar entrará el martes al colegio; Margarita irá con la carguera y los dos ilustres llorones; yo me quedo para ir a visitar los niños y para despachar buques y cartas.

Ayer me llegó el exequatur. Gracias.

Reciba para usted y para todos el amor de sus hijos.

Fernando González

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Génova, marzo 30 de 1932

Doctor don
Carlos E. Restrepo
Roma

Querido suegro: Vicente y los niños gozaron mucho juntos, y nosotros con él; le conversé mucho acerca de aprender algo nuevo y práctico para llevar a Colombia y a él le gustó mucho la cosa; pero apenas se pone uno a pensar en el asunto determinado para aprender, se atranca. Me pareció muy grande y robusto Vicente.

Ya los niños están en el colegio; Pilar se fue ayer donde las Dorotee y la dejé llorando, pero hoy fuimos y ya no se cambia por nadie; es el modelo del salvaje: apenas entramos nos dijo con su voz fuerte: “Esta vieja –señalando a una hermana –es la que nos cuida en el dormitorio; pero aquí no dan papel para limpiarse; se tiene uno que quedar poposiada”.

Después dijo: “Esa vieja no me dejó dormir anoche, despertándome para hacer pipí”. Luego le estiró a la madre el paquete de galletas que le llevamos y le dijo: “Lléveme esto a mi puesto”.

Es una salvaje completa, con toda la herencia paterna y materna.

Yo me veo retratado en su sentimentalismo y cambios constantes de carácter, y veo a Margarita en su volubilidad imaginativa. Es un ser curioso.

Lo que sí es admirable son los niños: dos hombrecitos llenos de inteligencia, de reflexión [sic] y de control sobre sí mismos; estoy feliz con ellos. Creo que serán álguienes.

Hemos estado despachando la mercancía que sale el 1º. en el Colombo; ya sé hacer todo; me he propuesto hacer todos los actos que se ejecutan en un consulado, por disciplina y para poder ser el gallo; aquí todos habían sido unos pobres capitidiminuidos (52).

Recibí carta de papá: dice que todo igual; que murió el padre de los Vélez Q. No sé quién sería; que Sacramento Ceballos (53) está mal del corazón. No más.

Margarita tiene viaje para el 20 de abril; yo iré por ella y me quedaré allá ocho días.

Requena no contestaba los cables. Entonces le puse uno a Gómez, diciéndole que iría a hablar con él acerca de mi oscuro asunto. Lo contestó –claro que Requena, falsificando la firma –diciendo que a Requena comisionaba para arreglar el asunto. Al otro día recibí cable de Requena es que me dice que no me vaya; que no hay oscuridad; que me escribe y que espera carta. Le contesté que iría a hablar con Gómez. Estoy esperando la contestación. Ese tipo se robó el dinero. Hice visar el pasaporte por el Cónsul venezolano. Requena está temeroso de mi viaje, pero no quiere desprenderse de los que se robó. El cónsul venezolano vino en son de visitarme, pero comprendí que era para saber si me iba. ¡Qué enredos! Pero tengo la plena prueba inicial de que Requena se robó una gran suma que me envió Gómez. Y no hay modo de comunicarse con éste, pues Requena lo tiene en círculo de hierro. Si no se aclara el asunto iré a Venezuela, en realidad. Como le decía, Gómez es bueno y patriota; lo malo es Venezuela; corrompida desde Páez (54).

¿Qué me aconseja? ¿Cómo hiciera para mover a Requena a la restitución? Su único hilo es el temor. ¿Cómo lo atemorizo hasta hacerlo entregar la plata?

Reciba un abrazo de

Fernando González

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Génova, abril 20 de 1932

Doctor don
Carlos E. Restrepo
Roma

Querido doctor:

Nada ocurre por aquí es esta soledad. De las noticias de Colombia se sabe que la Asamblea de Asambleas resolvió recomendar la moratoria departamental para deudas externas, depositando las cuotas en bancos agrícolas; la de Cundinamarca ya la decretó. También resulta que en el segundo semestre de 1931 se importaron alimentos por millón y medio de pesos, contra tres millones del semestre anterior. El café Medellín subió cincuenta centavos por arroba en abril. Todo esto me parece muy bueno. El barril de petróleo, en Mamonal, subió como veinte centavos.

Génova es anterior a Judea y los genoveses son mucho más negociantes, sucios y jodidos que los judios. A priori se puede resolver la controversia acerca del origen de Colón, a favor de Génova: éste avariento que se robó el premio señalado para el que primero viera tierra, ERA GENOVÉS. El dialecto que hablan aquí es arrastrado y el plato favorito es “TRIPA”, una especie de mondongo sin caldo, que huele a “matrimonio descobijado”.

Así pues, ahora que estoy solo, vivo dedicado al estudio de esta gente; todo almuerzo lo hago en restaurante distinto. Pero Génova no tiene nada de arte: aquí no hay fábricas; todo es de Milán. Aquí no hay sino “tripa” y las mujeres tienen torcidos los tacones. ¡Vea a los Segas! Usan los lápices hasta que se parecen a cabos de tabaco de vieja y sabe lo más curioso: por la via XX de septiembre ve usted como cien tipos sucios que van recogiendo los cabos de cigarrillo y metiéndolos al bolsillo. Lo malo no es que haya quien recoja colillas, sino que es una profesión. En Colombia por los menos no hay recogecabos; allá no pasamos de don Carlos Vásquez y don Jesús López.

Estoy algo hastiado de esta vida monótona de cónsul, aquí donde no hay algo bueno para hacer; pero la comida hay que ganarla y sobre todo los niños van muy bien: ya escriben italiano; Ramiro es el primero de la clase; he sentido por primera vez el orgullo paterno al recibir noticia: Giá sa leggere, e anche scrivere; é el primo della classe (55). Esto lo decía el institutor. Yo creía que Álvaro era superior; pero resulta que Ramiro tiene mucho pundonor.

Por mi parte, nada bueno hago; tengo vergüenza de no dedicarme a algo bueno y que sea gracia.

Perdone tanta carajada y reciba el amor de

Fernando González

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Génova, mayo 10 de 1932

Doctor
Carlos E. Restrepo
Roma

Querido doctor Restrepo:

En estos días iré a visitarlos. Según me cuenta mi papá, la situación en Colombia es terrible; me dice que una vaca vale diez pesos; un becerro, un peso; diez centavos el kilo de carne; tres pesos la arroba de carne de marrano; que una casa que costó quince mil pesos y que el banco recibió por lo que había prestado en ella, la vendió tal banco en dos mil quinientos. Etc.

He estado estudiando esta forma corporativa del trabajo y al mismo tiempo me paso horas en el puerto conversando con obreros. Para mí tengo que la sociedad se hizo para el individuo y no viceversa; de toda mi formación mental salen protestas contra cualquier forma de socialismo; ¿acaso el fin no es el hombre, el fin de todas formas? Y ¿qué es el hombre en estas sociedades estatistas? Un ladrillo de la catedral del padre Marulanda. Yo no puedo olvidar lo que me enseñó la Hermana Belén, que Dios creó el cielo, la luz, etc. y por último al Rey de la creación. Ahí me tiene, que ayer y anteayer fue la FIERA DEL LIBRO, y qué libro. ¿Qué espíritu ha dado Italia en estos tiempos? Marconi va como un perrillo a abrir sesiones de la Academia a que asiste el Duce (56), con le sue idee lunghimiranti (57). ¡Esto da asco doctor! El bien mayor del hombre es el de la libertad de pensamiento, de equivocarse en el camino de la vida hacia Dios. En fin, somos imágenes divinas y por eso nadie puede dominar al hombre. Creo, y perdone este discurso de estudiante de Derecho, que es mayor delito dominar al hombre que asesinarlo físicamente.

“Nos obligan a pertenecer al partido”; eso dicen los obreros. Si no, nada de trabajo.

Máquinas, prostitución y miseria es lo que produce esta forma de trabajo en que la finalidad se coloca en el producto y no en el hombre mismo.

Lo más admirable de la vida suya es la constancia en la predicación de la libertad. Por mi parte mis ideas se están completando; las he corregido.

La caja de aguardiente era para Robledo; de la envié; parece que sea de Bolívar; yo pagué aquí algunos gastos y le escribí que me los cubriría con tragos y me contestó asintiendo a tal forma de extinción de las obligaciones.

Tengo mucho deseo de verlos; mil recuerdos para doña Isabel y las niñas. Margarita me escribe que está feliz allá, mil gracias por las atenciones para con ella y los niños. Me está resultando que ustedes son unos grandes suegros, pero si el ganado sigue bajando, cuando volvamos a Colombia y nosotros tengamos otro hijo, no va a poder darme vaca; a propósito, me debe la vaca de Fernando y la de Simón; puede escribir a la finca al respecto; ¿no le parece?

Me rebajaron veinte pesos y no me han pagado sino la mitad del sueldo de abril; guárdeme un pedazo de la ruana del Padre Juan María. Suyo.

Fernando

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Génova, mayo 31 de 1932

Señor doctor
Don Carlos E. Restrepo
Roma

Querido doctor: nos fue bien en el viaje; se nos hizo corto porque venían ahí una señora greco-turca, de Constantinopla, con el marido, hijo de Matilde Sarao; la señora es uno de esos seres bellos de alma y cuerpo, tan raros; porque creo, y perdona la pedante filosofada, defecto suramericano, que la belleza abunda en los reinos vegetal y mineral y en el animal menos en el departamento del hombre.

Era una mujer joven de alma y cuerpo. Margarita se encantó y yo también; nos hicimos muy amigos y quedamos de ir a Roma a verlos y ellos venir a Génova a visitarnos. Porque indudablemente no hay cosa más soberbia que la juventud, aunque no se bañe; por ejemplo Fernandito es bello aun cuando vaya con el popó cargado en los calzones. Pues esto de la juventud es muy importante; fíjese que el Moisés no tiene mejillas y cuerpo sino treinta años, y a pesar de que la barba es muy larga, no tiene más de treinta. Eso es lo que lo hace triunfar a usted, la juventud, a pesar de sus sesenta y tres. Somos, doctor, perfectos jóvenes, y creo que con otro viaje a Roma paseando con usted por aquellos soleados viñedos de los Castelli y de Montefiasconi, mi juventud se perfeccionará. El que no tiene remedio, aunque le echaran los tres barriles de Est. Est. Est. que se bebe el difunto aquel alemán, el que no tiene ni jota de juventud aunque se bañe y se unte y se peine, es el gran OU LE RE. ¡Qué tipo tan viejo y tan inteligente!

Ayer fuimos a Nervi. Esa ribera es bella como el diablo; si viera qué rincones, qué escollos y qué nidos de verdura.

Aquí también hay belleza, pero no hay la compañía de ustedes, y el vino no sabe bueno sino en su compañía; aquí se vanea.

Margarita está muy enguayabada; la contemplaron tanto que ya no se amaña; lo mismo Fernando y Simón. Pilar resolvió no hablar sino italiano y lo que no sabe lo inventa: la carta es carta y no papel; descansaré; esperaré. Lo curioso es que italianiza bien el español. Álvaro está serio, hecho un hombre; creo que va a ser alguna cosa. Ramiro siempre guerrero, calígrafo, peleador, pelotista etc.

Les repito a usted a doña Isabel y a todos, mis agradecimientos por la temporada tan agradable que nos dieron en Roma.

Fernando

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Génova, junio 11 de 1932

Querido doctor Restrepo:

Hace días que no me siento alegre, pues me creía muy joven, y al salir los niños a vacaciones y juntarse en este apartamento cinco hijos, me vi y comprendí [lo de] “más retoñado que la cañabrava”; cuánta razón tenía don Nicanor, y cuán bella era su frase de que el viejo goza y busca el no hacer, mientras que el joven busca qué hacer.

Por ejemplo, en este momento se quedó aquí Fernandito (58), mientras los otros andan con Margarita en el comercio, y el tal Fernandito está tocando la máquina; y vea como me hizo escribir hacer con mayúsculas; entre él y este olvidarse del español me hacen escribir mientras en vez de mientras.

Pienso llevar a los niños a saludarlo, el lunes, o martes o miércoles, pues Margarita está medio loca.

He tenido mucho qué hacer; hoy conté las firmas que di para el vapor que sale el catorce y son ochocientas sesenta y cuatro. El gran Re me tiene fregado con los cónsules de Milán y de Turín; semanalmente me escribe para preguntarme qué he resuelto; y como él lo que desea es que en Bogotá lo crean un trabajador inmenso, voy a escribir una carta al ministro de Relaciones Exteriores en que contaré que es un hombre muy activo y gran francesista, para remitirle copia a él. ¡Cómo irá a gozar!

Álvaro no quiere ponerse los vestido de calzón corto dizque porque ya tiene pelos en las piernas; Ramiro, al preguntarle qué iba a estudiar, si medicina, ingeniería, o qué, respondió que aeroplania. Pilar estaba ahora bordando y le dijo a Margarita: non mi piace lavorare enchima de la cama (59). Es el italiano más bello del mundo, ese enchima es casi la mitad de la frase de OU LE RE.

De suerte que muy pronto tendré el placer de presentarme allá con el aeroplanista, el filósofo peludo y la profesora de italiano; preparen los oídos para no enloquecerse con la bulla. Para mí solo pido, como el gran Berceo (60), un traguito de bon vino colombiano, siempre que aun le dure.

Para doña Isabel mil recuerdos, lo mismo que para los cuñados y usted, doctor, reciba el afecto de

Fernando González

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Agosto 1º. de 1932

Al doctor
Carlos E. Restrepo
Roma

Querido doctor: me acabe de llegar su carta de Siena con la noticia de que no seré persona grata, o de que no lo soy; que el Gobierno de Italia cancela mi exequatur y que el doctor Olaya me envía a la bella Francia.

Ni sospechaba. Apenas leída, me dice Margarita que los Segas estuvieron todo un día, durante mi estada en Roma, encerrados en mi despacho, con puertas y ventanas idem, en compañía de un señor. En un cajón se hallaron manuscritos de un librito en que describo a Italia, las venus, etc. etc. Los Segas me han visto dedicados días enteros a escribir. Les rebajé el sueldo, les apreté, canté como un pollo que comienza a ponerse ronco, pues jamás he sabido cantar como gallo viejo... Y después de la víspera de mi ida a Roma, día en que les hablé duro, han estado muy atentos, pero percibía yo el puñal detrás de la sonrisa. ¡Ahí me tiene la puñalada!

Hay muchos indicios para creer esto. También escribo a Alfonso cartas largas, con descripciones dignas de la cancelación, aquí se entiende. Pero no creo que las hayan abierto; ¿cuál de los dos será el motivo? Me inclino a creer que ambos; que denunciado, han procedido a retener mi correspondencia.

Las cartas mías para Margarita las abrían los Segas según dice: “¡Te juro que llegaban abiertas!”

¿Me vengo? ¿Los arrojo ahora a las nueve, cuando lleguen? Este es mi problema en el momento en que le escribo. Pero creo que agravaré mi situación; quizá reciba orden de dejar el consulado con ellos, y entonces tendría vergüenza de tener que llamarlos.

La vergüenza no tiene razón; si me quedara aquí los echaría, porque son perjudiciales. A mí lejos no podrán hacerme daño; informaré al cónsul venidero, para que él resuelva. Además, si los echo ahora, y es verdad que me denunciaron, acabarían de ensuciarse en la plana. Yo por mí no: pero por la familia, tengo que bregar porque no nos jodan mucho a la salida.

Me entristece por irme del lado de usted a quien venero; la única persona a quien quiero intelectualmente es a usted por su carácter moral.

Me da vergüenza, además, el que el doctor Olaya me trate tan dulcemente porque soy yerno suyo. Pero en esta pobreza hay que dejarse proteger; en Marsella bregaré por quitármele de encima, pues yo sé muy bien que el doctor Olaya no nombra a Fernando González sino al yerno de usted.

Se pierde plata y de pierde estar a su lado, pero se gana en libertad, en la selvática libertad que yo necesito para predicar a favor de las dictaduras.

Le informo que con nadie he hablado una palabra acerca de Italia; que no tengo ni un amigo. Es seguro que los Segas me leyeron y denunciaron. ¡Y pensar que yo escribí acerca de ellos y que dije que eran inmejorables, y que le dieran al viejo la medalla esa! ¡Qué bellacos! No me vengaré decididamente, últimamente he cogido como norma de conducta, hacer lo contrario de aquello que me indica la gana.

Siempre estoy algo preocupado. Acaba de entrar el Sega joven y vino sonreído a saludarme y sentí un complejo psíquico nuevo, resumido en una especie de angustia y cansancio, como si hubiera ido en un segundo, a pie, a Manizales, por la falda de las coles.

Mil recuerdos para usted y para doña Isabel y todos

Fernando González

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Agosto 1º. de 1932

Al doctor
Carlos E. Restrepo
Roma

Muy estimado doctor: esta mañana le escribí inmediatamente que leí su carta de Siena. Luego he meditado más en la pelotera. Si no tengo conocidos siquiera; si no he hablado con nadie; si nada he publicado ni dicho de viva voz... ¡Tiene que ser cosa de los Segas!

Gazzera, el que está de ministro en Colombia, le debe a Sega muchos servicios que le prestó hace dos meses, cuando salió para allá.

Desde hace dos meses, cuando le dije al viejo: “Ya lo dije, y yo soy el cónsul”, los dos italianos están sonreídos.

Abrieron mis cartas para Colombia, porque los Segas me denunciaron. No hay más remedio. O bien, dada mi poca importancia italiana, Gazzera amenazó con eso para que me quitaran y para que viniera un cónsul que les pague bien a los italianos, o para que dejen a éstos el empleo. Sería muy interesante que el doctor Robledo pudiera averiguar si es verdad que pidieron mi cambio.

¿No sería cosa de Gazzera, una maquiavelada?

En todo caso, me fregaron, porque resulta que el consulado de Marsella es ad honorem, dizque con cien pesos de gastos.

¡Peor son los viáticos! Lo que yo decía a Ou Le Re, que yo nunca renunciaba sino que siempre me mochaban. Es como una predestinación a las mochas; desde que un primo me tumbó del amor de una prima, en Envigado. Puede ser que el doctor Olaya vea eso de ad honorem, pues si le deja la cosa a aquel González de Ministerio de Relaciones Exteriores estoy embromado: ese no me puede ver ni pintado.

En fin estoy preocupado, pues sin saber cómo diablos pasaron las cosas, sospecha uno de todo mundo; he llegado hasta a pensar que sea parada para salir de mí, pues, ¿cómo diablos de dan tanta importancia? ¡Si fuera a Robledo!

Me deben trescientos pesos de sueldo en viaje, y a pesar de muchos cables y cartas, ese González dice que me espere. Como ya gasté cinco mil pesos que tenía al salir de Colombia, pues no quedaba sino mil y mil en bonos, voy a tener que pegarme de eso para el viaje y la llegada. ¿Será posible que usted me ayude a cobrare esa platica?

De los niños pierdo como trescientos ochenta pesos que están pagados anticipadamente, y unos cuatrocientos que di para colchones, cobijas, libros, ropa, ajuar, etc.

Viene, pues, la Cruz de Boyacá para este viejo italiano y yo me voy mochado. No pienso reaccionar, porque no me compone la situación.

Tengo una gana loca de insultar y de echar a esta gente, pero me la aguanto; es una gana que da gusto.

Yo nada sabía ni sospechaba. Se acabaron, pues, mis amores con doña Venus; ya no volveré a pasearme por la terraza de las golondrinas, ni volveré a ver a los niños balillas que marchan al compás del Unop, dui... unop, dui; unop, dui... Volveré a la patria amada como la niñera que nos arrulló en los negros brazos.

Me alegro que hayan paseado por Asís y por la Toscana; pero yo iré a Sabaneta, a pie, y los sauces y plátanos de aquel valle me consolarán y amortiguarán un poco la envidia. Mi resentimiento contra Sega. Raggionére, cavaliere, medaglia di Boyacá (61), se lo derramé como un tarrado de bilis al gran general Berrío (62).

Me iré triste por no conocer París... Es la única virginidad que me queda; ya Ángela no puede decirme al refregarme la espalda de olio di cocco: “É la prima que lei fa questo!?” (63).

Abrazos,

Fernando

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París, agosto 2 – sábado

Querido doctor Restrepo: ahora recibí su carta del 25, en que me cuenta del buen consulado de Marsella, y me habla del editor.

¡Francamente que yo le debo a usted mucho agradecimiento! Pero no quiero hablar de esto; también el doctor Olaya está muy cachaco. Piense que no volveré ver a Génova; me acuerdo de ella y me duele una muela. Con 275, dos, siete cinco (es como número de teléfono) viviremos bien; además, parece que el libro vaya a gustar, no el de las cartas, pues ese vendrá dentro de dos meses, sino otro de biografías de Abraham Uribe, Mirócletes, etc. Digo que parece que vaya a gustar porque estos señores de Le Livre Libre (64) están muy entusiasmados. Ya se comenzó la composición y se obligaron a entregarme 5.000 ejemplares en mes y medio; apenas me lleguen las cartas cuya copia no tenía, y que Alfonso me despachó ya por avión, se comenzará también la edición de ellas.

De López tengo muy buenos informes; él fue el que dirigió aquí a Vasconcelos en sus asuntos de libros; pero al recibir su carta, me aseguré más aún, y no le he querido soltar plata; le daré tres mil francos apenas estemos corrigiendo las pruebas; cinco mil cuando estén las buenas hojas que dicen aquí: nonnes feuilles, y el resto, al entregarme el número de 5.000. Muy bueno que me haya escrito, porque si no, entro en desconfianza hasta le hubiere dado ya seis mil francos que quería.

Siento en el alma su enfermedad de los ojos, que espero haya pasado, así como está pasando la mía; ahora es una muela que me duele, tan fastidioso como un niño llorando de hambre a las doce de la noche. ¿Recuerda que a mí también se me enfermaron los ojos en Roma? ¡Hay mucha luz! Las churrias mías como que eran del tabaco, pues anoche resolví no fumar y me siento ya bien; flaco pero bien.

En fin, ¡gracias a Dios que el RE y yo permanecemos en Europa para bien de nuestra pobre patria! Ni se sabe cuál sea más útil, el RE o yo. Pero lo único que lamento es no verlo a usted con frecuencia. Gocé tanto en su casa romana, en los paseos que hicimos, etc. Me parecía que yo era Nerón; hasta un castigo sería esa mochada, pues me volvía pagano por segundos.

París es plano; solo se percibe bien una sola elevacioncita, que es Montmartre. Es casi circular y desde la plataforma del arco del l´Etoile no pude ver los términos; se pierde la vista por allá en un horizonte de niebla oscura. Como de humo negruzco. El cielo es bajo y nunca está bello; todo lo construyen con una piedra oscura, que adhiere el color mugre grasoso. ¡Es raro! ¿Por qué nadie ha observado esto que es lo que más impresiona? Los monumentos y estatuas las fabrican con una piedra algo porosa, color blanco-sucio, casi amarillo. Aún no he visto mármol. Casi no conozco nada, por la enfermedad. El Encanto de París está en la gente, muy simpática, buena, alegre aun en la miseria; las noches... nunca puede uno soñar tanta luz de tantos colores y tantas formas; tanto café, cabaret, baile, cine, teatro; las calles en donde los jóvenes se besan y muerden en público, y nadie mira. Nada más bello que los escaparates de los almacenes. Cada uno es un museo. En fin: París –nuite; París –amour y cierta cosa que tienen, cierta tolerancia, cierta galantería que no le va entrando a uno sino lentamente. En una palabra, apenas comienzo a sentir esta ciudad.

Reciba todo el cariño que le tiene

Fernando González

* * *

Génova, agosto 2 de 1932

Doctor
Carlos E. Restrepo
Roma

Estimado doctor: desde que recibí su carta me siento enfermo; no sé si coincidencia o efecto; creo que se trate del cansancio de conjeturar, pues por irme, siento un deseo loco de irme, un deseo enfermizo, igual al que me atacó en Venezuela.

Pero el mal está en no saber la causa. Y es posible saberla conducto de Robledo: leo en el gran libro, superior al Quijote, llamado Manual diplomático y consular colombiano, por José M. Pérez Sarmiento.

“Retiro del exequatur... Los gobiernos pueden retirar el exequatur. Si por causa de guerra, el hecho es natural y aceptado universalmente. Si la medida se toma en épocas normales, el Gobierno está obligado a manifestar al cónsul las razones en que se ha fundado. Este procedimiento es muy raro, lo que se acostumbra [los tiempos verbales están usados así, en forma nueva] es que el Gobierno donde está el cónsul está acreditado pida al otro el traslado o remoción, según la gravedad de las faltas. De esta manera no hay retiro del exequatur. Medida extrema que no se usa sino en casos extremos”.

De modo que mis faltas son graves. Con eso de nombrarme cónsul ad honorem en Marsella, me hacen quedar mal en Colombia: allá no sabrán de qué se trata; verán únicamente que me degradaron de cónsul general a cónsul ad honorem. Mientras que si fue porque violaron mi correspondencia, única causa posible, sería para mí un honor en mi patria el retiro del tal exequatur. A mí siempre me preocupa mi porvenir, mis posibilidades en Colombia, y no quiero que me nombren en Marbella sin preguntarme; que me moche. El doctor Olaya lo hace de muy buena fe, creyendo servir en mi caso, pero es claro que me daña mi personalidad, pequeña, pero que con un trago de Montefiascone puede reventar y llegar hasta el miembro de la Asamblea de Antioquia, o por lo menos, presidente del Concejo de Envigado.

Pensando acerca de qué enemigos puedo tener, resulta:

1º. Al cónsul en Roma, esa pelota de Conde, que me contestó una carta irónica, porque le pedí el censo de los colombianos: me decía que tal decreto ordenaba enviar el censo al Ministerio de Relaciones y que le dijera qué nuevas leyes había al respecto, porque él no las conocía. Le contesté que mi juridicción era Italia y que el decreto me ordenaba mandar el censo de los colombianos de mi juridicción; que no tenía tiempo para ser maestro.

2º. A varios exportadores les he dicho que aplico las leyes colombianas y que no me importa lo que hagan en Venezuela, Francia o Italia.

Y por último, estos Sega, a quienes ya conoce, lo mismo que mis relaciones con ellos.

A mí nadie me conoce aquí. Por eso es más preciso bregar porque Robledo averigüe algo, pues pudo ser que alguno tomó el nombre de cónsul de Colombia para ejecutar hechos graves, dignos de retirar el exequatur.

Estoy esperando noticias con mucho deseo, pues yo no sé nada.

Muchos recuerdos para todos. Adicto.

Fernando González

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Génova, agosto 3 de 1932

Doctor
Carlos E. Restrepo
Roma

Querido doctor:

¡No le decía! Siquiera no hice nada contra esos señores Segas, pues ya me pasó la gana. Nada hay tan bueno como dominar las pasiones. Se gastó mi ira en insultarlos imaginariamente, en hacerles males imaginarios. Son buenas las pasiones, siempre que no obremos, pues ellas son el fuego que activa a la inteligencia... Y siguiendo con la pedantería, diré que el verdadero estado filosófico es CAPACIDAD PARA AGUANTARSE LA GANA.

Por ejemplo, en el Casino delle Rose me pareció una reina, el tuétano de la belleza, aquella Anita Tilotta de quien le conté en mi último día de Roma, o mejor, en mi último atardecer bajo la luz dorada; casi me muero por el esfuerzo que tuve para no irme con ella; la pasión me hacía ver como el sumo mal separarme de ella... y me fui a filosofar a su cuarto que tiene aura de serenidad; hoy, Anita me parece gorda y creo que sus lomos deben ser como los de don Benjamín Correa (65), plácido y lúcido ex jesuita del viaje a Manizales.

Pues bien, ya me parece que esos señores no me traicionaron, porque no tienen causa suficiente para ello. Veamos: no les conviene, porque juegan su empleo; conmigo ya están sistemados, como dicen aquí; un nuevo cónsul puede quitarlos; jugaban la medalla del baúl, o sea [la] de Boyacá.

Resulta, pues que mi acusación es por indicios muy leves, que no me autorizan a concluir. Debo suspender el ánimo. Ahora hasta los estoy queriendo, pues es mucho el maldecir que les debo. Nada saben ellos; nada les he dicho; no he querido ejecutar ningún acto, pues quiero seguir la política fascista: “Resolver realísticamente cada problema que se presente”.

¡Lo curioso del ánimo! A cada conjetura que hago, odio y reniego de la persona que figura en ella. Después de los Segas, conjeturé apertura de cartas por el sistema del vapor, método que usan donde mi compadre Gómez; luego conjeturé de exportadores, a quienes ha aplicado rígidamente los decretos de nuestro buen Gobierno, y anoche se me ocurrió que Alfonso pudo publicar algún extracto de mis cartas.

“Imposible –me decía a las doce de la noche –que sea tan bruto; si fue esto, me cubrió de vergüenza; no le hablaré ni saludaré... ¡en ocho días!”

Y hoy, quizá por ser la última hipótesis y ojalá sea por eso, me parece que esto es lo más probable... ¡Qué no lo sea por Dios!

Si eso fue, me iré a vivir el resto de mis días a la plaza de Sabaneta y llamaré desde mi taburete recostado a la puerta de la casa a todos los que pasen a caballo, para cortarle la crin a las mulas orejonas... Si eso fue, ahí, me tiene el destino que merezco: rascarme las niguas en el portón de la casa de Sabaneta. Recuerdo que el gordo Hoyos le publicó a usted una carta privada.

A Tulia le mando a decir, y perdone que no recibí sino dos postales; que falta la principal, la cabeza de Persa; que le envío adjunto a ésta doce liras en estampillas, que según dice costó el encargo. Mil gracias.

¿Doña Isabel recibió las cartas de pésame que le escribimos?

Todos estamos bien. Reciba el afecto de

Fernando González

* * *

París, agosto 12 ó 13 - domingo

Querido doctor Restrepo:

Muy enfermo aquí encerrado en un hotel, sin ver a nadie, yendo ocho veces diarias arreas al número. Pero no es grave, porque es bilis, no tengo fiebre ni nada. Son los disgustos que se me salen por donde es mejor, porque también han querido salir en cartas airadas, y he roto tres para OU LE RE, y muchas para muchos. Como yo no estoy enseñado a contenerme tanto... de ahí los cursos.

No he salido sino a la puerta del hotel; al llegar en auto vi que esto es mucha ciudad; Roma es como Sabaneta para Bogotá. Pero siempre quiero más a Roma. Suiza es belleza; allí es donde uno sabe qué es belleza, silencio, orden y caminantes a pié, con morral: llevan calzones cortos, bombachos en que caben cinco nalgas gordas y cinco flacas; van con las mujeres, fondillonas también, pero en las blusas apenas les caben eso que tienen tan grande las mujeres buenas y las vacas lecheras. Ya ve como le aprendí eso de UNIR LO PRECISO A LO IMPRECISO.

Le he escrito a usted como ocho cartas, pero las he roto. Hablaba de ese telegrama... ¡Siempre es muy grosero ese telegrama que pusieron de Bogotá! Siempre se han manejado muy mal allá y ese pobre Robledo, poeta sonsoneño, mediocre y agradable, como decía Queiroz (66) de un ministro parecido.

Lo que soy yo, estoy muy mal. No veo la luz. No veo sino irme el martes a ver si contrato la edición del libro; editarlo en uno o dos meses y meter carrera para Las Palmas.

A mí no me van a creer que no hice para que me mocharan. En cuanto a carrera diplomática y política, me tiraron, los unos por malos, y OU LE RE por bobo. Yo creía que los bobos eran inocuos, pero son unas fieras.

Hoy es domingo; ayer era sábado, y no trabajan; mañana es fiesta; el consulado lo abren de 10 a 12. Para ir tendré que esperar al martes. ¡Y yo que era tan carajo que recibía hasta los domingos!

¡No le digo que los bobos somos unos carajos!

Lo que más me ha gustado son los soldados franceses: bajitos, robustos, carones, jovencitos, con vestidos grises muy queridos (esta es la palabra para esos vestidos). Nada de plumas, sombreros, etc. Discretos, se confunden con la tierra melancólica de esa Francia llanura, con árboles los más tristes. Si yo fuera mujer, me juntaría a un soldadito francés... para ir a pasar los Alpes en su compañía. ¡Deben ser verracos! Pero como soy hombre me iré... ¡En la Cruz Roja!

En fin. Mi espíritu está triste. Conozca los excusados de París.

Dice: Priere de ne jeter dans les waters o jets tels que: tampons, Journaux etc. Laissez ce lieu comme vous desirez le trouver (67). Escribo de memoria. Las mujeres miran a los hombres sonreídas y viceversa, pero sin grosería, como diciendo: “¡No es para tanto! ¡Es si quieres! No hay mucho afán tampoco”. No irrespetan a las señoras, primero... porque no hay, y segundo porque no dan tiempo para irrespetarlas. Así es que todos son cultos. Están satisfechos. No hay necesidad de irrespetar. Ese es mi París visto desde un excusado.

Muchos abrazos a todos

Fernando González

* * *

París, agosto 16 de 1932

Doctor don
Carlos E. Restrepo
Roma

Mi querido doctor: a Margarita le acabo de escribir y le digo que estoy un poco mejor, pero en realidad tengo el alma muerta con el cuerpo. Me está envenenado algo que tengo en los intestinos. Me duelen los huesos, los ojos, y enflaquecido en tres días. Es el choque por la tradición esa de los Segas. Me parece que todos se ríen de mí en París, sin conocerme; ayer me fui enojado de ese hotel u no volví.

Pero en este momento me siento un poco mejor. Fui al consulado, puse cable a Alfonso, pidiéndole mis cartas para publicarlas (las que no están copiadas) y llamé a Le Livre para lo de edición, pero no contestan; todo está cerrado por dos semanas.

Publicaré dos libros. Resistiré a la enfermedad y a París; el recuerdo de mujer e hijos me salvará de todo y la amistad suya me salvará de la venganza que ruge en mi corazón por ese telegrama de mocha. No me vengaré de nadie y esto lo hago por el recuerdo de usted: por ejemplo, cuando pienso en ese telegrama, la ira me despedaza, pero me acuerdo de lo que hablé con usted y entonces me parece que no tengo razón, que en Bogotá no saben aún lo que pasó.

Me dice Margarita que entregaron La Soledad. Fue como si me hubieran dado la noticia de una muerte. Allá gozaba usted y allá viví con usted horas superiores a París. Lo he acompañado mucho, pero ya sé que usted no se apega a nada en absoluto: “Lo mejor que tenía Sócrates era que nadie gustaba como él de la belleza, y nadie se apartaba de ella con mayor facilidad”. Jenofonte.

En fin, nuestras vidas están en una bocacalle y en estos casos no hay sino dejarle las riendas a AQUEL que nos hizo. Yo siento que hay un conductor y por eso no me anonado. Quizá estas sean carajadas para nuestro bien. Por ejemplo, ¿qué más Soledad que la que usted tiene en su propia alma, que de la vejez no tiene sino la sabiduría?

Lo he acompañado mucho en estos días en que ha tenido que sufrir por todos nosotros, pues a usted caen las malas de toda la familia, que ahora se parece mucho a la de Job.

Con el libro creo ganaré algo; de suerte que la cosa está en apurar para ver cómo me va. Eso de consulados no sirve.

Reciba mi cariño para usted doña Isabel y la juventud menor

Fernando

* * *

París, agosto 20 de 1932

Querido doctor Restrepo: el cable dice: “Le Colombia. Sírvase avisar Fernando González suspendiós el cargo cónsul. Próximamente giránsele viáticos iguales ida. Dé aviso correspondiente ese Gobierno encargue provisionalmente Sega. Exteriores”. [sic]

Como usted sabrá nombraron para ese puesto a Vargas Nariño, el ex alcalde de Bogotá, el casado con hija de don Luis Toro. Eso me lo contó ayer Londoño. Lo que es la conducta del Gobierno conmigo; es indelicada, pues no ha girado los viáticos. De modo que si yo no lo hubiera tenido a usted y tenido algunos pesos, me habría muerto de hambre. He estudiado el asunto y resulta que debo reclamar los viáticos pronto, lo mismo que el sueldo en viaje que me deben hace seis meses. Los viáticos son poco en comparación de lo que señalan a otros, pues a gente soltera le dan esa suma.

Pero no quiero reclamar. Un cable me costaría cinco dólares; Robledo tiene obligación de ponerlo, pues para eso está y tiene franquicia, y el tal consulado está en su juridicción; además, como por conducto de él me mocharon... Yo escribí ahora una carta, a ver si se mueve.

Londoño es un tipo muy bueno y se ha manejado bien. El general, como llaman aquí a Vásquez Cobo, está por ahí en unas aguas, no sé dónde precisamente.

Aquí no hay ninguno conocido; hace un calor de horno. Yo sigo algo indispuesto; una especie de debilidad y de incapacidad para obrar y admirar.

El Metropolitano, tranvía subterráneo, es lo más bello de París y de todo lo que conozco en obras humanas. Es de una sencillez que da gusto; por ahí viaja uno por todo París, y puede conocerlo en cinco días. Eso es encantador. El resto... ¡hay que esperar a ver si le cojo gusto! ¡Ayer almorcé en Montparnasse y comí en Montmartre; pero no le cogido el gusto! El 99% es sexo; de ahí que lo admiren tanto los americanos que vienen en rijo y se van con la gana quitada para diez años. Toda la gracia consiste en que se besan en calles, tranvías, cafés, etc.

Pero no puedo juzgar porque estoy enfermo, porque hay que esperar a coger gusto, etc. Mañana le escribiré si logro contratar la impresión de un libro. Todo es muy caro aquí.

Un almuerzo cuesta un peso; una limonada seis francos. Es horrible. Quizá me vaya para Madrid, en donde es barato y hay libreros españoles.

Muchos recuerdos a todos

Fernando

* * *

París, agosto 25 de 1932

Doctor don
Carlos E. Restrepo
Roma

Querido doctor: una muela hinchada; churrias tenaces, cuerpo flaco, pero el alma alegre, serena, influenciada por la mesura francesa. Este pueblo es de sensibilidad exquisita; el insulto más grande es: Vous n´etes pas gentil! (68) El gran insulto de las mujeres, para lanzar el cual se ponen las manos en jarra es: “Ta gueule!” Creo que se escriba así; Es: ¡tu geta!

Me encontré unos restaurantes en donde se come por seis francos, ¡el colmo! Chez Sansonnet; ¡en casa de Sansoncito! Debe ser que los prepara con los huesos de la calavera de burro con que Sansón mató a los filisteos. Sansonnet tiene varias sucursales; también hay garcones (69) automáticos: echa usted un franco por una rajadura, y sale... un pollo, un vaso de cerveza etc.

Ayer recibí su telegrama en que me dice que no firme contrato hasta recibir carta suya; lo malo es que al recibirlo ya me había comprometido. Pero si es cosa grave, puedo pagar cualquier cosa por los perjuicios, por el trabajo hecho hasta hoy.

Son las siete de la noche y no he recibido su carta. Sé mucho francés, mucho más que el rey de Manizales.

Me cuenta Margarita, de los Santos y de su conducta en mi incidente diplomático, y estoy feliz, porque eso sí es bello; en Colombia siempre hay cosas grandes y almas nobles; no sabe que alegría me causó ese acto de santos al escribir a usted acerca de mí; el incidente diplomático ya me hace reír; ni me he vuelto a acordar; habiendo hombres como Gustavo y Eduardo Santos y como usted, ¿para qué detener la atención en Génova, patria de Cristóbal?

En la soledad en que estoy vengo pensando hace días así: “¡Yo siempre he cometido muchas carajadas!” Pero me consuela el recuerdo de un portugués a quien en la agonía le dijeron que cogiera un cirio encendido en cada mano, y él, con ellos y en los gorgoteos últimos decía: “Muriendo y aprendiendo”.

¡Francamente que eso de Eduardo Santos es muy noble! Hace mucho tiempo que no sabía yo de un acto en que se muestre tanta finura del alma. Me dio una lección; me acuerdo de Nietzche que dice acerca de la venganza que la mejor es hacerle el bien al que nos ofendió. ¿No ve que así hacen arrepentir a uno de su acto? Cuanto daría yo ahora por no haber escrito aquello. En fin, no tengo sino veinte años y aun tengo mucho por aprender. Pero en secreto le confieso que en estas churrias tengo ochenta años, pues las francesas me dejan frío.

Mañana comienzan a imprimir uno de los libros; trabajo de mes y medio para cada uno; después seguirán las cartas. Pueda ser que con esta literatura se viva. A mí me da vergüenza meterme a publicar; eso es tomarse un papel; para ser autor, o se es muy estúpido o muy grande, y yo voy a quedar entre aquellos; pero conste que lo hago obligado por Juan Vicente bis.

Mil abrazos para doña Isabel y para todos

Fernando González

PS: lo borrado es un cuento por lo del restaurante de las rajaduras puede adivinarlo

Fernando

* * *

París, agosto 31 de 1932

Doctor
Carlos E. Restrepo
Roma

Muy querido doctor: espero que las malas hayan pasado para todos así como pasaron para mí, incluso las churrias que me estaban dejando en el hueso. Ya ve cómo me resultó eso de Marsella, en donde no tendré otro oficio, según parece, que escribir la biografía del rey de Manizales. Y todo eso de lo debo a usted.

Ayer le telegrafié contándole que debo ir a posesionarme el diez, según cable del Gobierno, que me transmitió Vásquez Cobo. Escandón, actual cónsul, pasa a Havre y Vargas Nariño a Génova. Vásquez Cobo me llamó ayer por teléfono, muy amable y quedamos en que iría a verlo hoy a las once. Tiene voz llana, a lo MI COMPADRE GÓMEZ.

Pienso proceder por orden, despacio, meditando y pensando, para organizar mi vida en Génova de modo que la Familia sea lo más feliz que se pueda y que no quede la cosa montada sobre una rueda falsa, como pasó en Génova. Me acordaré ahora de su consejo cuando fui a Génova: no se comprometa.

Todavía no he pasado de los que vengo haciendo desde los ocho años: cada vez en que voy a hacer una cosa nueva, me digo: ¡Esta sí la hago de modo perfecto! ¡Pueda ser que ahora no sean cañas!

Me hacen mucha falta todos. El libro lo están trabajando activamente; tendré que volver de Marsella a los últimos trabajos y correcciones.

Muchos recuerdos a doña Isabel y a los cuñados.

Reciba el cariño de

Fernando

* * *

París, septiembre 1º. de 1932

Doctor
Carlos E. Restrepo
Roma

Muy querido doctor: recibí su carta última. Me alegro de que estén bien y de que Carlos sí haya llegado idem donde Hitler; puede ser que lo vea por aquí o en Marsella.

Remito dirigidas allá dos cartas para Eduardo y Gustavo Santos (70).

Son cartas que escribí con mucha alegría, pues lo que más me alegra es reconocer que obré mal, pues se me olvidó el hábito, como [sic] desde pequeño me arrepiento de todo lo que hago, me vicié a gozar con los remordimientos. Es que sólo Dios es bueno y sabio, y nosotros no hacemos sino ensayos desgraciados. ¡Cómo estoy de pedante! ¡Otro vicio! Todo me resulta en estilo del padre Ginebra, y a eso atribuyo el no haberle gustado a las francesas: a todos los persiguen y les dicen cosas muy dulces, como JE SUIS OBLIGEE DE T´AIMER! (71), etc. y a mí ni me han hecho una mala propuesta; parece que tengo cara de alemán dogmático, pues me hablan en ese dialecto en los cafés.

Lo bello de París es el METRO, el metró, porque hay que decir así en agudo para que suene bueno. Es la imagen de Francia: sencillo, difícilmente sencillo; tan bien organizado que ni Robledo se pierde ahí; y por él va uno a todas partes y en dos días se conoce París. EL METRO me tiene encantado; él es mi único amor de esta ciudad sensual. Porque París es sexo: el resplandor de sus luces en el cielo es de rojo oscuro y sucio, que según los espiritistas y teósofos es el color de la sensualidad.

Vásquez Cobo me contó hoy historias muy largas de su vida diplomática. Habla latinajos; se las echa de buen conservador, es suave pero largo y se ve que quiere ganarse a la gente. Tiene bondad atrayente; explicable que atraiga mariscales. Quedamos en que esperábamos a Alejandro López, que viene el tres, para ver cuándo me voy a Marsella. Me iré el siete, creo.

Aquí está Vargas Nariño, el que va para Génova, resuelto a echar a los segadores. Me dijo que el sueldo que le señalaron en el Havre es de trecientos y que Escandón gana en Marsella 275.

No fue pues que hubiera aumentado el sueldo para mí, sino que ya lo habían hecho para Escandón. Era que yo había visto un decreto anterior.

El libro sigue bien; no ha habido que aplicar fórceps ni llamar al otro doctor Robledo. Va saliendo de cabeza y chilla.

Reciba todo mi cariño para usted y para doña Isabel y los cuñados. De agradecimiento no hablaré nunca porque me voy a volver como el doctor Rincón, el homeópata: ¡RES NON VERBA! Qué bueno que esto fuera cierto, pero yo me quedo siempre en verba.

Mil abrazos y todo mi amor,

Fernando González

* * *

París, septiembre 5 de 1932

Doctor don
Carlos E. Restrepo

Muy querido doctor: ayer vino Alejandro López y a las tres y media nos juntamos, hasta las nueve, hora en que nos habíamos bebido tres tragos y me tuve que venir a dormir, como si hubiera bebido mucho. Hasta ese punto estoy débil; peso apenas 57 kilos. Pues me dejó como tres libros: es muy inteligente y sostiene y prueba que no es mulato sino mestizo y que todos los antioqueños lo somos. Yo estuve muy simpático, hasta le prometí la presidencia de la República, como si fuera propiedad mía; esto sucedió en el tercer trago. Cuando yo prometo la presidencia es señal de que me tengo que ir para la cama o para el vomitorio. Opté por la cama.

He resuelto hacerme a amigos; aquí en París al único que no le he prometido al presidencia es a Vásquez Cobo, porque él cree que es suya. Tengo pues muy ganados a Londoño, López de Mesa, que se fue anteayer, Alejandro López y otros generales que hay en el consulado.

Pero ya me voy cansando de bregar por verle a la gente la bondad; tiene uno que atisbar más que para verle las tetas a una pioja. Por ejemplo, Alejandro López me dijo que, según parecía, yo tenía en el Ministerio alguien que me estaba atajando mis asuntos. Me contó que puso un cable pidiendo la orden para pagarme el sueldo en viaje, que se lo pagan a todos, y que le contestaron que González no había enviado documentación. Me dijo que eso no era cierto, que no se necesita ninguna documentación en Bogotá sino en Londres, la que él tiene.

El cable que recibió Velásquez Cobo sobre mi nombramiento dice que Escandón y Vargas Nariño (72) tienen cien pesos para viáticos y a mí a pesar de las órdenes del doctor Olaya, no me dan casi nada.

Cada vez sospecho más de aquel tipo González Fernández. Ése es el que me está ojeando, y no sé la causa. López es mi opinión.

Ahora pienso ir donde Vásquez Cobo para ver si pone un cable preguntando por los viático para el viaje a Marsella, por el sueldo en viaje tan viejo ya y averiguando hasta qué día gané, o sea si durante este tiempo de París he devengado, pues López dice que sí, pero que no puede pagarme sin órdenes.

Eso de ser empleado y de convivir es muy difícil. Anoche, dormido a causa de los tres tragos, se me ocurrió que a uno lo debían echar al mundo con la renta suficiente para los años que iba a vivir, sin necesidad de poner cables, hablar con Vásquez Cobo, etc.

Me sucede pues, una cosa muy fastidiosa: un señor me convida a su casa al banquete, con toda su alma; pero resulta que el mozo que sirve me coge antipatía y se le olvida pasarme los platos. ¿Cómo ir a molestar al señor con quejas sobre criados? Eso es ridículo. ¿Y cómo evitar la malignidad del mozo? Me parece que esta parábola me quedó regular. Es mi situación con ese González que se parece tanto a Tejada, con sus labios delgados como papel, sus ojos dormidos... Ah, ¡yo tengo un olfato para estas cosas igual al que tenía Marañas para los corozos!

Estas cosas de la cuento porque me están dando vueltas en la cabeza y me obligaron a levantarme a las cinco. Si no las escribo, seguirán gritando. Espero que muy pronto, dentro de pocos días, podré llamar a la familia. Les tocó a ustedes aguantar tanto muchacho, después de haber criado los propios.

Reciba mi cariño para usted doña Isabel y los cuñados.

Fernando

* * *

Marsella, miércoles 13 de 1932

Doctor don
Carlos E. Restrepo
Roma

Querido doctor: yo le iba a telegrafiar en su cumpleaños, pero estoy mal, todo se me olvida. Ayer dejé en la mesa del escritorio del hotel el portamonedas con 150 francos y se me perdió. No sé que me pasará últimamente. No es que voluntariamente me deje dominar por los sucesos. Más bien es como que me ausento y no sé para dónde.

No me perdono el no haberle telegrafiado, pero se me olvida hasta cuándo es el cumpleaños de mi mamá, el mío y el de Margarita.

Eso es el libro que estoy publicando: un individuo que saqué de lo más hondo y enfermo de mi propio ser. Me nació en París y murió en mí hasta el punto de que me sustituyó. Yo creo que ese libro no gustará, no será amable, pero es obra viva; tiene valor como documento real, como vivo. Es un hombre venenoso. Yo lo que desearía sería un santo, un libro amable y que fuera buen amigo y buen ciudadano. Pero tenía más de malo y enfermo dentro de mí.

Ojalá que los Domingo, Antonio y papá Antoñito que viven también en mí, tome algún día el au-dessus (73). Como ve, ya comienzo a champurrear francés.

Ya me conformé con el desamor merecido que me tiene la gente de Bogotá. No reclamaré más viático ni sueldos. Alejandro López me dice que es evidente que yo estoy mal allá en Bogotá. No renuncio a esto, por la familia y porque, al fin y al cabo, esto no es de ninguno determinado sino de todos los colombianos.

Una vieja que habla largo me tiene detenido en el alquiler de una quinta muy buena. Debe avisarme el sábado. Siempre estoy viendo otras por si avisa que no: las mujeres en negocios son muy desagradables. Eso si no lo puede negar ni el más mujeriego. Para mí tengo que son únicas y esencialmente madres, así sí son como Dios.

Reciba para usted, doña Isabel y todos abrazos de

Fernando

* * *

Marsella, septiembre 17 de 1932

Doctor don
Carlos E. Restrepo
Roma

Querido doctor: deben haber gozado mucho con el viaje a Nápoles y otros lugares. A mí me gustó Pompeya; lo demás era demasiado luminoso, propio para la primera juventud. Además, el napolitano ofende con sus gustos y con el mal gusto. ¡Pero es bello! ¡Tanta luz!

Sigo buscando casa, pero es difícil. Aquí no hay la crisis de otras partes, por lo que parece. No se ve tanta affittasi (74); de vez en vez un á louer (75). La principal dificultad consiste en mi enfermedad, que no me permite hacer esfuerzos fructuosos. Tengo deseos de ir a Colombia, a Las Palmas, porque ese aire me hace mucha falta. Sólo a ratos me gusta Europa; veo que se trata de criterio de enfermo, porque durante los alivios, me gusta. Si dentro de un mes no me hubiere mejorado, me iré. No me gustaría continuar en esta situación.

Murió don Emilio Restrepo (Paila). Según me dice Alfonso. Ya se acabaron, pues los pleitos que fallé en 1ª. instancia. Esos pleitos y ese don Emilio me hacen acordar de un literato español que se pasó 83 años estudiando a Dante y al morir llamó a los hijos y les dijo en secreto: “No le digan a nadie, hijitos, pero... ¡me cago en Dante!” Así mismo, me c... en este consulado, en los libros carajos de publico, en Robledo y en el ministro de Relaciones Exteriores. Nada de lo que hacemos tiene sentido en la hora de la muerte.

No quisiera escribirle porque mi ánimo no es para comunicarlo, pero lo hago para que vea que lo recuerdo y le agradezco sus bondades.

Reciba para usted, doña Isabel y los cuñados abrazos.

Fernando

* * *

Marsella, septiembre 24 de 1932

Doctor don
Carlos E. Restrepo
Roma

Querido doctor Restrepo: ojalá se haya mejorado de los ojos; es porque allá hay mucha luz superficial; colores y colores. Es una fiesta para unos días, pues nada hay tan profundo y necesario como la noche oscura y allá carecen de profundidad, de tranquilidad. Por eso los italianos son todos ojivolados y sensuales, pero sin tranquila profundidad. Leyendo otra vez la correspondencia de Nietzche encontré bellas quejas de la luz italiana. ¡Y eso que era en Turín! Se quejaba del dolor en los ojos. Poco después compuso un poema a la noche.

Así, pues, pensando en usted y en la visita que nos hará con la familia, conseguí una bella, nueva y tranquila quinta a orillas del mar. Aquí lo espero con doña Isabel e hijos para que vamos a París. Les tengo a ustedes el cuarto: mira a un jardín y a una colina desnuda y solemne, se ve el mar multicolor; dan ganas de hacer versos a lo Berceo: “Pues en estos frutales las aves organan con un manso ruido... etc.” Tiene siete piezas; dos excusados; jardín; patio, garaje, dos pisos, vista para la mar y las montañas, etc. etc. Pagué $600 por vivir allí un año y de allí no me sacará ni la guerra con el Perú. Yo creo que matar peruanos es como matar a los primos y además creo que el amigo Hoover (76) no dejará casar esa riña.

Los peruanos son muy brutos, pero al fin y al cabo son iguales a nosotros creo que eso no es sino consecuencia de la riña que tuvo mi general Vásquez Cobo con Sánchez en París, que casi se agarran. A última hora he resuelto que si no pagan los sueldos me iré y me graduaré de coronel o de mayor Santander. Me da risa pensar cuando yo vaya a disparar por primera vez, pues soy virgen en disparos.

Muchos abrazos,

Fernando

P.S. Si OU LE RE va a la guerra, yo me pido ir con él para ver cuando le [ilegible] la trompa.

* * *

Marsella, octubre 5 de 1932

Querido doctor Restrepo: según parece la guerra la ganamos los envigadeños, o bien nos quedamos con las ganas de la pelea. El Perú está muy mal, mucho peor que nosotros, dos millones de negros y dos millones de políticos. Aquí me dicen que eso era para asegurarse Sánchez Cerro (77), quien está mal con Argentina, Chile y Bolivia. Además Hoover no nos deja pelear: exportan de Colombia ocho millones de dólares al mes, de los cuales seis son yankis. ¿Cómo dejará que peleemos? Económicamente estamos pegados a Estados Unidos.

Apenas Perú, Argentina y Chile exportan juntos a Estados Unidos lo que Colombia y a Europa no exportamos ni un comino. A Marsella no entra ni un plátano colombiano.

Así, pues, Colombia está segura en sus fronteras. Sería lo mismo que atacar a Estados Unidos. A mí me gusta esta situación de Colombia. Por eso no me parece bueno ni que tenga finalidad eso de buscar mercados europeos. La cuestión es aprovecharse de Estados Unidos sin perder la dignidad. Me parece muy claro que Colombia, la más septentrional en Suramérica, sea la que primero llegará a gran potencia. Así pues yo no creo en guerras y si las hay no dura tres días porque Estados Unidos nos ayudará. Con el Perú no tienen sino contrariedades.

Aquí estoy bien; mejor del recto y más pobre que don Paila en su bóveda. Alejandro López dice que no le han ordenado pagarme el sueldo siquiera. Ese doctor Urdaneta es sordo; pueda ser que le peguen un balazo en el rabo los del Perú. Ese Alejandro López es muy amigo mío, pero no piensa sino en dividir la tierra, y en teorías. Resultó más filósofo que yo; casi me jode en tres días que me agarró en París a rellenarme de economías políticas. ¡Quedé en cinta de mulato! Pero él sostiene que es mestizo; no le gusta ser negro. Es mi candidato para ver si al fin me pagan, ¡pero que presidente!

Abrazos

Fernando

* * *

Marsella, octubre 8 de 1932

Querido doctor Restrepo:

No he vuelto a saber cómo siguen sus ojos. A mí ya me pasó el ataque al recto y la pasión por Berceo y Nietzche. Ahora me comienza uno místico-político, para no desmentir a ese genio antioqueño de quien me hablaba usted alguna vez y que sostenía que el colombiano terminaba en la iglesia o en la tienda, o mejor dicho trastienda de Pacho Díaz.

¿Se acuerda de Pacho Díaz, de Envigado, el hermano de Javier? Era, o es, un soltero de nacimiento, lúcido, carón, ventrudo, joven siempre y que tenía una elegancia muy sabrosa para servir un trago. ¡Qué tragos de transparente y oloroso anisado en esa esquina de la plaza de mi pueblo, en donde el sol alumbra como si Pacho le hubiera servido aguardiente! ¡Allí es donde se ven los domingos unas ruanas nuevas y bien llevadas que dejan ver cuellos blanquísimos de camisas hechas a mano por las envigadeñas!

¡Oh puto, hideputo, y qué católico que es ese aguardiente de Envigado!, como decía el escudero del caballero de los Espejos refiriéndose al rejo de Sanchica: “¡Oh puta, hideputa, y qué buen rejo que debe tener!”.

Pero si usted no mejora de los ojos no podré escribirle más porque mis cartas no son para hacércelas leer. ¡Eso ni se demuestra!

No sé de la guerra amazónica sino lo que mi candidato López comunica semanalmente; ese genio de Vásquez Cobo no dice ni jota; apenas, que Olaya salvó al país. Es genio para conservar la chanfaina. A ratos tengo ganas de ir a hacerme matar por allá, en esos grandes y sucios ríos, pero me la aguanto. ¡Por fin aflojó Urdaneta! Y si no lo hace tan pronto, hasta lo demando. Ayer vi un peruano en la calle y sentí unas cosas tan raras que creí que yo era el general Marín.

Estoy feliz de empleado, sobre todo desde ayer. Nada hay tan reconfortante como esos cheques rayados que vienen de Londres. Son mejores que la Imitación de Cristo. El ideal socrático: que el Estado mantenga a los filósofos sucios en el Partenón. Pero la gente es generalmente muy ingrata con los filósofos.

Reciba mi cariño.

Fernando González

* * *

Octubre 11 de 1932

Doctor
Carlos E. Restrepo

Querido doctor:

Sin más novedad sino que usted se ha vuelto mal corresponsa