Cartas a Estanislao
—Cinco cartas—
París, 13 de junio de 1934
Querido Alfonso:
Por todas partes lleva uno su diente de oro. Por ejemplo, en la plaza de San Agustín, contemplando la erecta, pequeña y tensa estatua de Juana de Arco, muerta en 1431, a los 19 años, me sorprendí con los mismos sentimientos, con la misma muela de oro que he tenido siempre, la misma de cuando contemplaba a don Martín Arango el barbudo: Mucha ansia de fe, mucho deseo de virtud... y ¡pun! La misma caída, las mismas miradas miedosas a la vida y a la belleza que camina, la misma incapacidad para poseer.
Es muy triste que mis sombreros se tuercen siempre del mismo modo antipático; los vestidos adquieren las mismas deformaciones. ¡Qué hastío la forma invariable con que nacemos! Prisioneros somos del esqueleto y de las formaciones mentales y emotivas.
Y la muela de oro me la pusieron apenas hace un año en Marsella, pero yo sé que siempre la he tenido; siempre, desde el vientre materno, estaba destinado a tener muela de oro. Mi boca tiene el rictus y la forma propias para esa muela, nueva apenas en apariencia.
Se te aparece un hombre, y por su forma puedes saber qué dirá, de qué será capaz y de qué incapaz. No puede salir de sí mismo. Como el gusano, que tiene en su cuerpo, irremediable, la forma del capullo. Como el pájaro, que lleva fatalmente la forma de su nido y de su huevo y de su canto. Por consiguiente, no existe el tiempo: no es sino desenvolvimiento de la realidad, pero ésta está toda ya en potencia, determinada: Aparece al ojo, pero no es voluntaria. La voluntad consiste en el desenvolvimiento del ovillo. Pero, sáca de un carrete de hilo otra cosa que hilo: ¡Imposible!
La muela de oro me ha hecho desilusionar de la filosofía. Yo esperaba de ella el rehacerme y he comprendido que apenas puedo someterme impotente. Lo que hay en mí y nada más: Eso soy. Nada imprevisto. No puedo que mis ropas huelan a lo que no huelo, que mis calzones se arruguen por donde yo no puedo doblarme y del modo como yo no me doblo.
Juana de Arco me ha dicho muchas cosas. Que fatalmente seré el que camina así y que habla con voz cobarde. ¿Quién iba a poner en mí el heroísmo?
¡Sobre todo el sombrero! Ahora salgo en cabeza. El sombrero mío se tuerce de un modo que me mata el alma. Maldita forma detestable que brego por olvidar. Cada día cambio de vestido, para olvidarme un poco de mis limitaciones.
Cada día me hago más cobarde, porque cada día me trae una derrota. Desde la edad de ocho años busco el triunfo sobre mí mismo y desde tal edad no ha habido día que no haya una derrota. Por eso, ya casi ni puedo pasar las calles de París por los caminos claveteados: Cuando me decido, ya el automóvil viene encima; mientras pensaba si ya era tiempo de comenzar a pasar, el automóvil se acercó...
Hacía tres días que no bebía café. Como no mejoraba, bebí ahora. Otra derrota. Otra derrota la castidad, pues en un año de ella no pude ver a Dios y oír sus órdenes. Nadie, ni Dios, me quiere por soldado. Nadie quiere emplearme en obras: Soy un desocupado del espíritu, un chomeur de la inteligencia: voy ofreciendo a todos los ideales mi gran capacidad para desear ser bueno y héroe, y nadie me oye.
Juana de Arco fue aceptada y a los 19 años había coronado un rey y cumplido las voces. ¡Qué muchacha tan tremenda y qué bueno esa quemadura que fue su muerte!: Fue su primera noche de amor; fue la posesión de Dios. ¡Qué gusto tan incomparable sentiría cuando la besaban las llamas!; ¿qué marido ha besado así a qué novia? Unicamente Dios sabe besar. Me quité el sombrero, para reverenciarla a lo lejos, a los seiscientos años, y ví que no tenía sombrero, pero que alrededor de mi cabeza había un aura en forma de sombrero, con las mismas torceduras de mis sombreros, y sentí que mi muela de oro se mostraba en mi sonrisa cobarde. Tengo 39 años y todo han sido cobardías; nada hecho con gracia, con ese gas que no pesa y es el espíritu.
Por eso se ama tanto a quien vive lejos, porque no le vemos que es siempre el mismo, que huele a los mismo, que camina, ríe, come y habla únicamente lo suyo, siempre lo suyo, como un martilleo que nos taladra.
Así son las ciudades y los países: A los dos meses se acaba la novedad, el olor es monótono, las gentes monótonas, todo es hábitos. Cada ser tiene un modo y sólo uno. Por eso es por lo que hablo mal de todo lo que conozco y mi disculpa es que hablo mal de mí mismo también, porque ¿quién puede cansarnos más que nuestro esqueleto?
* * *
Junio 15 - No acabé esta carta porque estoy loco. Mi alma es una úlcera. Por instantes parece que la salud me volviera, pero las circunstancias de mi vida me hunden. Parezco un octogenario. El 27 salgo para allá, en el “Cordillera”, de la Hamburg American Line. Uno de mis deseos mayores —el mayor quizá— es verte. Tú eres un sér predilecto en mi corazón. Recibí tu boleta. La mía fue porque hace años que enloquezco, que me enloquecen con pequeñeces. Mi vida la frustraron. Farina hizo un verso inmortal:
“Soy un sér nulo y frustrado como el vientre de las vírgenes”.
Mi alma parecía un gran bulto, parecía una gran promesa y era hidrocefalia.
Hasta luego, pues. Los negocios no resultaron. Estamos locos todos y en este instante estoy ebrio de dos copitas de kalmidor... ¡Qué bella es la libertad! ¡Qué bella es la soledad! ¡Qué bello es lo que está lejos! Ténme tu amor allá en Colombia. Allá escribiré un librito para ti y lo editaré en dos ejemplares, uno para ti y otro para mí y quizás un tercero para vender por dos mil pesos, o lo que cueste la edición.
Fernando
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Envigado, agosto 12 de 1934
Querido Estanislao:
Ayer recibí tu carta del 11. Muchas gracias. Te diré que como paguen más pronto, así prefiero. ¡Pagarme sueldo en viaje, por venirme de las orillas del Mediterráneo! ¡Yo soy venal, Estanislao!
Sí, iré a Bogotá, a tu casa, a conocer a tu Margarita, apenas me pase una manía de ver fincas para comprarlas al fiado, haciéndome cargo de la hipoteca. ¿Comprendes que la serie de sueños, de hechos íntimos, de paladeos, que están encerrados en esas palabras subrayadas, son una reacción, una defensa instintiva? Moriría si no me transformara, si continuara siendo el hombre que tuvo que venirse de Marsella, dejando al HERMAFRODITA del Museo Nacional de Roma, a mademoiselle Tony, a la gatica “Salomé”, a Theanós, de Atenas, al mar múltiple, a todas las cosas, vírgenes aún...
¿Qué sucedió al llegar a Sabaneta, fracción de Envigado? Pues que los instintos son más rábulas que Jacinto Salazar; que mi instinto de tener finca raíz en este valle del Aburrá, creció, y habló y cubrió los gritos del remordimiento. ¡Qué bella y sutil la vida que en nosotros se manifiesta! ¡Qué sutil la voluntad de potencia, descubierta por Nietzsche! Si no fuera por ella, el remordimiento me mataría, el remordimiento de no haberme acostado con todas las cosas de Europa.
Todo el día me paso recorriendo a Envigado y hablando de comprar fincas. Toda la noche sueño con propiedades raíces, con los árboles, con los animales que voy a tener en las fincas.
Pero entiende bien: No me gustan mucho sino las que no venden, o las de precio imposible. ¿Qué significa esto? Penetremos hondo, Estanislao, pues nos hemos dedicado a la filosofía. Medita, medita bien, que respecto de las muchachas no me han gustado sino las que no se acuestan; que las atizo, las atizo, y apenas me dicen que sí, ya no me gustan. También me acuerdo que no me gustaban sino los juguetes que no podían comprarme, los imposibles. Entonces, ¿qué principio hay detrás de estos hechos?
Sencillamente que el placer lo causa la resistencia, la serie de resistencias que oponen los objetos a nuestra conquista, hasta llegar al sí. ¿Somos, entonces, unos guerreros?
¡Echame, pues, cosas duras, cosas que resistan, cosas difíciles, porque allí está la felicidad de los soldados!
Dime: ¿qué significa la paz, el amor a la paz, a la satisfacción? ¿Por qué pusieron en la puerta de la Universidad de Antioquia esa frase nauseabunda que dice: “El divino presente de la paz”?
En todo caso, insulté a Mussolini, porque lo amaba; amaba al Hermafrodita, porque era imposible traérmelo; ataqué a la muchacha, porque me resistía; huí, cuando dijo que sí; me hice echar de Marsella, porque ya estaba satisfecho; lloro por el Mediterráneo, porque ya me vine y ya me resiste, y ahora no me gustan sino las fincas que no venden.
¿Qué haríamos, si no resistieran? ¿Cómo creceríamos, si no se nos opusieran? ¿Por qué se pudren los dientes del civilizado, si no porque no muerden cosas duras? ¿Por qué mueren los hijos de los ricos, si no porque no luchan con frío, calor, hambre y sed? ¿Por qué escribimos bellos libros, si no porque somos castos?
En todo caso, apenas no tengo con quién hablar de comprar fincas, me enfermo. Cuando voy a una y me dice Pedro Uribe: “Esta no la venden; es de un rico”, siento la tensión del deseo pleno; me parece que es la única buena.
Soy técnico en hablar de “comprar fincas”, avalúos imaginarios de ellas e imaginarios embellecimientos. Sobre todo, en el asunto del baño y del acostadero al sol... De todo esto converso y converso con Jesusita, la hija de Luisito el telegrafista.
Hay un mundo de ciencias por explotar; ésta de ‘‘comprar fincas en Envigado’’ es la más deleitable, causadora de placeres sin cuento.
Medita en que esta experiencia que estoy haciendo refuta al comunismo. He comprobado que vivimos para apropiarnos las cosas; no precisamente para apropiárnoslas, sino para que digan sí, soy tuya; una vez que se nos entregan, es como si no existieran. Resulta que las cosas existen para que se nos opongan y las conquistemos, para que las venzamos.
El día en que penetre en la habituación del hombre el sentimiento de que no hay propiedad individual, la vida perderá su razón.
También hay otra ciencia y es “conversar de nombramientos” en Sabaneta. Allí está la clave para comprender a Colombia actual. Como no hay orden establecido, carrera administrativa, judicial, diplomática, y como no hay trabajadores especializados, agricultores, médicos, artistas, etc., la vida de los pueblos colombianos consiste en conjeturar los nombramientos. En ningún otro país existe este placer; es actividad nueva en la especie humana. Mira a esos hombres que están sentados en taburetes de vaqueta en la puerta del estanco de Aguadas, deleitados, gozando del sentimiento de vitalidad; ¿qué hacen, Estanislao? ¿Hablan, por ventura, de amores? ¿Conversan del cielo, del futuro, de agricultura o ganadería? Nó. Conversan de nombramientos, paladeada, sibaríticamente.
Y lo más difícil en esta ciencia, es conversar de nombramientos de alcaldes. Ciencia ésta que tiene muchos secretos, muchos matices, muchos modos y métodos. Prima en ella la intuición. ¿Crees tú que sea fácil tener en la mente el complejo de cualidades, de ruindades, y prostituciones y habilidades que debe poseer el futuro alcalde liberal de Medellín, tenerlo en la mente, repito, y aplicarlo, encarnarlo, o sea, soltar en el estanco de Envigado, pausadamente, sin ofender la memoria de Pacho Díaz, el gran personero municipal: “¡Fulano! ¡Ahí me tienen el alcalde para Medellín...”?
¡El asunto del ferrocarril! ¡Eso sí es lo más difícil! El asunto del Ferrocarril de Antioquia nos ha quitado a Jesusita, al Padre y a mí como siete horas.
Encontré a Colombia con muchos problemas nuevos: el de las leyes sociales, los cacorros de Bogotá, la industria naciente de las medias de seda, etc., pero ninguno como este del Ferrocarril de Antioquia, sobre todo desde que los liberales le quebraron a Manuel María Toro una clavícula en la Asamblea... Dime: ¿De qué modo convencer a Manuel María de que no le quebraron los liberales una clavícula?
Pues ahí está el secreto del problema del nombramiento de gobernador de Antioquia. Por mi parte, te diré que yo creo que el gobernador debe ser uno que sea amigo de Manuel María y amigo del Capitán. (El Capitán es un hijo que le nació al general Rafael Uribe); no puede ser don Juan, porque don Juan está preñado cuando no lo está su mujer, y no puede ser Libardo, porque Libardo lee un libro y no lo orina; tiene uremia de lo que lee. Es enfermedad bogotana.
Jesusita opina que el gobernador debe ser Berrío, porque la gente cree que su barriga es preñez de cosas buenas, y el cura dice que no ve al hombre...
Ambos están en el error, pues el hombre existe, Estanislao... Existe, y lo encontraremos en la puerta de la telegrafía de Sabaneta.
En todo caso, te mando un abrazo y lamento que no estés aquí para que compráramos finca en Sabaneta.
Fernando González
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Sabaneta, 20 ó 21 de agosto de 1934
Querido Estanislao:
No ha llegado la orden de pagarme el sueldo en viaje. Mira a ver si apuran.
No has contestado la carta en que te decía de mis actividades en Sabaneta. Ahora he progresado, pues ando de camisa blanca, ruana y alpargatas. La ruana es de las que se enroscan en las puntas, peludas, amigas de las campesinas. Sobre ellas fueron hechos los hijos ilegales. Hay otras, negras y lisas, que usan los mulatos impertinentes.
Para las alpargatas, me lavo los pies tres veces al día con naranja agria, siguiendo a don Octavio Ochoa, mi tío abuelo, que se distinguió por la blancura de los pies, por el amor a los caballos y por el celibato. Este mi tío abuelo amaba a los amigos mucho más que a los caballos, amaba piernas y brazos blancos, curvas disimuladas; amaba las raíces de los grandes árboles... Por ahí me he ido yendo para descubrir los orígenes de mi pasión por el Hermafrodita Dormido, así:
Las curvas disimuladas ocultan a Dios; son indicios. Dios es interesante porque es un secreto. Esencial a la belleza es que cada vez más, cada vez más..., como la aurora. ¿Comprendes ahora, Estanislao, por qué la mujer no es interesante en el reino de la belleza? La mujer no es estética porque sus formas no son discretas. A menos que se trate de mademoiselle Tony, de Marsella, que parecía un muchacho. Yo me estaba todo el día paseando por el consulado y repitiendo: “Esta Tony parece un muchacho, sobre todo cuando se pone el pijama rojo... ¡Esta Tony me está matando!...” Las formas de la mujer, cuando no es una garconne, como Tony, se dan inmediatamente a los sentidos, como la noche en los trópicos.
Entre Tony y mi tío Octavio, acompañado por el recuerdo de ambos, estoy escribiendo mi libro predilecto, llamado Mademoiselle Tony. [El Remordimiento — (Nota del Editor)]
Ningún vestido de ninguna época tiene la sencillez de la ruana. Vestido así, paso mis mañanas bajo las ceibas de Envigado. ¡Qué ceibas! Sus raíces son llenas para el tacto. Ninguna nalga de ninguna joven o novilla tiene la llenura de las raíces de las ceibas envigadeñas...: Hay una, creo que sembrada por el gran Rengifo, la que está cerca a la casa de Lino Uribe...: Tiene una raíz que brota del tronco a unos tres metros de altura, emerge del tronco y se curva como nalga. Pones tú ahí la mano y la mano queda SA-TIS-FE-CHA...
¿Por qué no existe aquí el espíritu? ¿Por qué no se manifiesta Dios en la humanidad colombiana? ¿Por qué, si hay estos árboles tan llenos de su poder como las zarzas egipcias? Ninguna manifestación política, literaria, mística... Ningún poder de sacrificio que deje satisfecha a la mano de nosotros los parteros... Yo he puesto la mano en todas partes, he releído todo lo nuestro: “Papel Periódico Ilustrado”, “Antioquia Literaria”, “El Alarma”, “El Montañés”, “Alpha”, etc.; he metido los dedos, y todas son gravideces tubulares, gravideces simuladas... ¡Nada como la raíz de la ceiba de la esquina en donde está situada la casa de Lino Uribe! Este Lino Uribe es uno que se parece al general Ospina en todo, menos en el vidrio.
Dicen que nombrarán a X. X. para gobernador... No satisface a mi mano; no me llena; no me excita. No es hombre para hacer famosos nuestros árboles y nuestros vestidos, nuestros modos y nuestras maneras. Permanecerán en la oscuridad el carbonero, el yarumo, el sietecueros, el comino, (ya ni hay cominales en el Aburrá). X. X. sembrará almendros, traerá árboles y leyes sociales...
¿Dónde hay maestros por aquí? Y maestros deben ser los gobernadores; deben tener un alma tan bañadora del cuerpo, que excite como nalga de novilla; que acaricie tanto como las antenas de las hormigas a los pulgones. Así, nuestros niños echarían la lechita del espíritu, que es la que deben echar... X. X. es vano como los hongos tirapedos. ¿Su espíritu? Sí Estanislao, reconozco que todos esos gacetilleros de “El Tiempo” y todos esos gobernadores de “El Tiempo” están grávidos, pero como la mujer de Sabaneta, que la abrieron y era un quiste...
¡Claro que López no tiene casi a quién nombrar! A menos que nombre a la raíz de la ceiba.
¿Qué falta en Colombia, Estanislao? Yo lo sé. Tengo en mi poder ese secreto desde hace un año, así como mi tía Lila tuvo al diablo prisionero en una jofaina durante nueve meses, el tiempo de la preñez de mi madre... ¿Cuál es? Que toda belleza, bondad y poder nos vienen de Dios. En Colombia nadie, ni los hombres de la llave, tienen amistades con Dios. Colombia es país tímido, humanidad apaleada. Muy inteligentes, pero tienen miedo. Por eso la esterilidad. Los gobernadores piensan al acaso, sobre el libro que leen, como si fueran gente sin ombligo.
Nacemos marcados. El fierro con que Dios marca a sus hijos es el ombligo, ese pequeño nudo tan difícil de lavar; ese remate de la obra, que no han podido imitar los que fabrican el sombrero de Aguadas. En la gente vana, o sea, barrigona, que no tiene egoencia, el ombligo hace un gesto y desaparece en la panza, hongo grande, tirapedo.
Por el ombligo sabemos que fuimos hechos por nuestros padres, hasta Adán, cuyo cordón pendía directamente de Jehová. ¡Qué bello pendía Adán! ¡ Pendía de la divinidad! Ninguno como aquel ombligo del paraíso. Por eso quise tanto a Tony: Su boca era para mí una imagen del ombligo paradisíaco. En Colombia no hay ombligos. La vanidad se los hundió, gesticulantes y mugrientos, entre las grasas de las barrigas.
De ahí que para meditar, la mejor posición es mirarse el ombligo. Así recibimos inspiración de nuestro Padre; aprendemos que venimos, que somos hechura e individuos. Medita, Estanislao, en que detrás del ombligo está el gran simpático, que rige la vida vegetativa y el superconsciente, y dime: ¿Podrán gobernar estos X. X. que tienen enterrados los ombligos entre las vanidades?
Nó, Estanislao, aquí carecen de las ideas madres; nadie sabe que lleva la marca de Dios; nadie respeta a sus antepasados; los niños carecen de alegría, no tienen para quién vestirse, no tienen nada a qué dar sus vidas...
Pero siento alegría al ver a López de Mesa en la educación nacional. Ese respeta mucho a Dios y ama las ideas como se las debe amar, como si fueran muchachas sonrientes, provocativas pero pudorosas. López de Mesa es un enamorado. Este gobierno está bueno porque nombró a López de Mesa para alegrar a los niños... Ya los veo...; por allá; por los campos, van los niños, inocentes, llevando los cinco sentidos que se van abriendo como cinco flores. Muy castos, inocentes, crecen, crecen los niños con gran capacidad de sacrificio. Y dentro de quince años tendremos gobernadores, no ladrones. A López de Mesa no le hace falta sino dejar un poco de sugestión europea, aumentar el orgullo. ORGULLO ES TENER EL OMBLIGO SALIENTE, COMO DIAMANTE MONTADO EN PLATINO.
Aquí me quedo, en Sabaneta, mirándome la marca, “MADE IN HEAVENS”, por la abertura de la ruana.
Fernando González
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Sabaneta, fracción de Envigado, 29 de agosto de 1934
Querido Estanislao:
Recibí la tuya de anteayer con la reflexión de que las fincas de Sabaneta carecen de “la estética de la personalidad”, porque allá bregan por pensar y sólo logran hacer gestos los siguientes abogados: Miguel Moreno, el difunto Palau, mi tío Eladio, Juan Evangelista, hombre virgen, y Clodomiro, ese Clodomiro de Abejorral, que huele tan bueno, a semilla... Se te olvidó aquel joven rábula a quien yo canté.
Joven rábula de pelo lustroso y de mirada tímida, ¿a dónde me convidas?
Es el sobrino de Miguel, casado ya con la hermana de Gonzalo, la hija de Nicanor, sobrina de Carlosé, prima de Margarita, y, por consiguiente, primo político mío... ¡Se me olvidó el nombre! No me acuerdo sino de sus raíces, que se han metido en todo lo que hay de vital en Antioquia; no me acuerdo sino de su cabello en la parte de la nuca; su cabello de hace cuatro años, cuando era virgen, que deleitaba, que incitaba mi amor a la juventud.
¡El cabello juvenil, Estanislao! ¡No me hables de nada ahora! Me ha poseído la idea de cabello, pelo de los jóvenes en la nuca y en el monte de Venus... ¡Pelillo lustroso de la nuca, cuando no se han motilado!... ¡Eso es juventud! ¡Eso es lo que me tumba ahora! ¡Eso es lo que me hace llorar de alegría, de ansia, de asco por tener que irme de esta tierra tan linda! ¿No ves que la tierra está joven, que parece novillona que tiembla a causa del poder vital?
Has de saber que me vine de Europa porque ya todos los que veía eran menores que yo: ¡Qué asco el que le tengo a la vejez! Soy un enamorado. Soy místico, porque para mí Dios es la juventud perfecta; Dios no se baña ni se corta el pelo: Es la juventud. Por Sabaneta busco a Dios y ya me hace guiños y mi corazón se encabrita y ya me tumba... Vine de Europa a cultivar mi juventud, a recibirla de los carboneros de troncos retorcidos y de ramajes somníferos; a llamarla en las misteriosas cañadas de los Andes. Vine a acostarme sobre la yerba de mamelones y de llanuras, para que la energía vital circule por mi columna vertebral y por mis nervios. Vine a recibir de mi madre la tierra el tesoro de la juventud. ¡Ya todos eran menores que yo! ¡Todos los que iban al Consulado eran menores que yo!
López de Mesa, ese a quien nombraron Ministro de Educación, parece que tenga el temblor de la mano. Cuando habla de juventud, me parece que le tiembla todo lo que es terminal: Signo de que es casto y poderoso. Antes, yo creía que era casto e impotente. ¡Quiera Dios que mi juicio de ahora sea verdad! Leí su proyecto acerca de educación y alegría aldeana y casi me tumba el corazón. ¿Estaré equivocado? Por ahora, dále, véte a darle un abrazo a ese hombre que comienza a tratar a las ideas con respeto que infunde pánico delicioso; trata a las ideas con el mismo respeto con que yo traté a la divina coja, aquélla que me enseñó el amor detrás de las tapias del cementerio de Envigado, cabe la tumba de Madre Dionisia, cerca a los restos de mis antepasados.
En el gobierno de ese bobo Alfonso López, la juventud es López de Mesa, o sea, todo, todo... Dime: ese Echandía, Ministro de Gobierno, ¿es el que hace frenos? ¿Quién es Aulí? ¿Quién puede ser el Soto del Corral? Los otros, ¿quiénes son y cuyos hijos son y qué han hecho? Parecen hijos de la nada.
Díle pues a López de Mesa que hasta hoy le han salido de la mente cosas sólidas que llenan el tacto. Díle que estoy estudiando todo lo que hace y que me brincan las entrañas. Que por hoy, le grito: Los niños esperan de tí que les des ideal para ofrecer la juventud, para no darle sus energías a la ensoñación. Esperan de ti sombreros y camisas símbolos, porque en la tierra todo quiere vestirse, representar; la tierra es teatro de la juventud guerrera.
Piensa, Estanislao: ¡qué pelo el que tendrán en la nuca y en los vientres los futuros jóvenes hijos de nosotros! Si López de Mesa no es soñador, como los caballos capados, ¡lástima no ser griego!... Pero nó, porque las muchachas tendrán unas caderas que diremos: ENCABRITAN EL TACTO Y NOS TUMBAN.
No existirá la sucia sensualidad que abunda en Suramérica, esa del correr desesperado, esa que ensucia al cuerpo humano; será sensualidad primaveral, de todo el ambiente; será el canto de la vida, zumbar como de colmenas.
Dile a López que traje cinco niños y que siempre lloro al pensar que puedan pervertirlos, como lo hizo conmigo el Mono de Marceliano, en la esquina de la casa de don Diego Uribe, a una cuadra de la plaza de Envigado, una mañana en que me enseñó el arte suramericano de poseer a distancia todas las cosas de la vida, a Fernanda, a María Lucía y una prima nalgona que fue mi tormento... Desde entonces mi tacto se pervirtió; aprendió a encontrar la resistencia, causa del placer, en los sueños y no en los frutos delimitados, turgentes, concretos de la tierra. Desde entonces fui proclive a ideas generales... ¡Dios le haya perdonado al Mono de Marceliano! Me da risa pensar que este Mono fue el maestro de todos los que han gobernado por aquí, menos de Bolívar, pues a éste lo crió aquel Simón Rodríguez que olía a semilla, a polen, a yaraguá cuando lo pisan las novillas.
Hoy, ya tengo esperanza, alguna esperanza de que mis hijos, que tánto he cuidado, podrán conservar el poder juvenil.
Si no hay desilusión, diremos: López de Mesa era un ENAMORADO. El único, porque YO soy apenas aficionado al cabello que nace en la nuca de todas las juventudes. La divina coja.., etc.
Pasemos a lo práctico, que es que no me pagaron sino el 75 por ciento del sueldo en viaje y debe ser el 100 por ciento, pues así reza el decretico de Olayita, a quien ya olvidé... No dejes de averiguar eso. Dile a Alfonso López que me pague, que no beba con mi plata. En todo caso, ya recibí $ 262.50, los cuales serán íntegramente para las muchachas campesinas, esas vírgenes que se parecen tanto a las ideas que encontramos por la mañana, en los remansos de las quebradas andinas, entre las ocho y las diez...
En Sabaneta, Estanislao, por entre las cañadas de la Doctora, bajo los carboneros somníferos, la carne mía, cuarentona, resurge. La carne me sonríe y se me confunde con el espíritu. No hay antinomia; existe, cuando estamos enfermos, viejos, pues entonces creamos un mundo nuevo, para engañarnos. La carne, Estanislao, es el espíritu; son los instintos los que luchan, bregan, vencen, mueren y renacen, y son ellos los que, pervertidos y flacos, crean las ideas generales, el mundo mejor que éste de la tierra en donde tiemblan las espigas del yaraguá.
Vine de Roma a atisbar a las muchachas americanas, con un sentido nuevo que me nació por haber tocado, por haber puesto mis manos abiertas, las yemas de mis diez dedos, sobre las formas de mármol que nos legaron los helenos. Y ya comienza a sonreírme el amor en las cañadas en donde las muchachas lavan. Ayer me senté a contemplar a dos, tan pletóricas, tan maliciosas, que tuve que decirle al Señor: “No me sonrías así, que me estás haciendo cosquillas; no te rebullas así, Señor, en sus caderas, que me estás dando comezón y estoy desfallecido...”
Nada igual a las muchachas de Envigado, en Sabaneta, lugar en donde mi pariente, el Capitán Juan Vélez de Rivero, sembró el primer cañamelar, y las cañas eran tan bellas, tan pecosas, que parecían verdades nuevas o muchachas púberas. Mordían el Capitán y sus hijas de esas cañas, y la miel chorreaba de sus labios.
¿Cómo fué que Dios hizo a las muchachas de catorce años y medio, que lavan en las cañadas y a quienes voy a dar mi sueldo en viaje? Fue en Envigado, que era el Paraíso, pues hay dos ríos, el Aburrá y la Ayurá. Allí, hace cincuenta y dos mil años, Jehová hizo a Eva de catorce años y medio, y le quedaron untadas las manos, y se las llevó a las narices, hizo un gesto raro de deleite y exclamó: “Huele no más que a bueno”. Ahí, en tal instante de tal frase, apareció la primera idea general: Lo bueno en sí. El blanco toro orejinegro asistió a la olida, y por eso él también huele, levanta el testuz y hace el divino gesto.
Desde entonces van unidos amor y olor; olemos todo lo que amamos, y díme: ¿Te palpitan aún las aletas de la nariz? Pues eres un joven enamorado...
Pero ¿cómo fue esta ocurrencia?: Paseaba Jehová por la finca de Pacho Pareja, la que domina todo el valle, aquella que tiene casita de paja con dos cipreses laterales; la finca que más me gusta para comprar al fiado. (Díle a Alfonso López que me regale veinte mil pesos que piden, haciéndome yo cargo de la hipoteca)... Paseaba por allí, descalzo, impertinente y lleno de vitalidad, Jehová. Atisbaba... y nada veía; faltaba qué atisbar; faltaba lo que hace aletear las narices. Comprendió Jehová que tal era la causa de que Adán viviera dormido, sin bríos, abobado... Y allí fue, bajo un aguacate que estaba en el punto en donde edificó su casa el judío Bedout, en donde le vino la noción de muchacha. E hizo a Eva, de catorce años y medio, amante y palpitante, con los deseos en su cúspide, lo cual expresó ella en las primeras palabras que dijo, al desperezarse, al estirar el cuerpo para que circulara por la columna vertebral el fluído nervioso, a saber: “Me estoy muriendo de dicha”.
Acabada la obra, Dios se llevó instintivamente las manos a las narices e hizo el gesto divino: OLlA A NALGA.
Adán estaba perdido; Adán viviría ya inquieto, atisbando, insomne, buscando, buscando la verdad y creyendo que Eva la tenía escondida en alguna parte. Jehová se retiró, descalzo, con andar impertinente, a un bosquecillo de pomos que había en donde hoy está el mango, para atisbar, y allí se estuvo como cuatro horas, sonriendo, hablando solo, feliz. Fué que Eva se desperezó, primero, y luego se le fue yendo a Adán y comenzó a despertarlo para contarle no sabía qué, pues todo sentimiento desea manifestarse, y se hizo por detrás y le colocó las manos en los ojos, tapándoselos, y le dijo: “¡Adivina quién soy...!” Siguieron molestándose inocentemente, porque sí, sin saber nada... Jehová estornudó cuando Adán la agarró por los pechos, con las manos abiertas en forma de vasija, y dijo: “¡MANZANAS!” De ahí viene la leyenda del árbol.
Por Envigado anda Dios con las manos untadas aún. En París, Bogotá y Medellín, ya Pilatos se lavó las manos y perdió la noción del amor.
Busquemos lo prieto, voluntad dura, ideas claras, almas firmes. Hay en Colombia un pueblo campesino capaz de manifestarse en nuevos mitos agradables como la granadilla y las guayabas.
Hay huelguitas de zapateros, hay Gaitanes, hay tres comunistas, jóvenes mancos, hay míster Rublis y hay un poeta que publicó ayer en “La Defensa” unos versos que dicen:
“Requerido el Musageta por la loa sin par para Lucía, rompió sus ánforas”.
¿Qué importa? En Colombia está Envigado... Los poetas bogotanos son a causa del anquilostoma y el alcohol. El Presidente es un espermatozoo paludoso. ¿No ves que es de Honda?
Me preguntas cómo me parece este Angel que nombraron para gobernador de Antioquia. No lo conozco. ¿Cuyo hijo es? Por aquí no me SA-TIS-FA-CEN sino las muchachas. Hombres no he visto. Este Angel no servirá. ¿Qué cosas buenas hemos tenido sino de Envigado o de Abejorral? Santo Domingo nos dio a Carrasquilla, pero también a los Olanos y Morenos. Me hubiera gustado para gobernador Uribe Echeverri o Echeverri Duque, que tienen el pecho como lleno de cosas. Por lo menos, cuando fueran a posesionarse, se sabría que eran ellos los que iban. Con Angel, con el peón éste, Manuel María no va a poder olvidar que fueron los liberales los que en la Asamblea le rompieron la clavícula.
Naturalmente que mi candidato de siempre eres tú.... ¡Si no te parecieras tanto a Santander, a ratos! Nadie que tenga tu capacidad de impertinencia y tu limpieza estética. Tienes la herencia aristocrática de aquel cabezón Ferrer, tu abuelo, que parecía una cabeza encabada, y tienes la inteligencia de Zuleta, el Notario. Siempre he sentido debilidad por los Zuletas, siempre impertinentes, siempre simuladamente grávidos, con el aspecto de quienes están en los secretos del Estado. ¡Mentiras!, pero son agradables... ¿Qué hay de tu tío, ese de Maracay, y que casi te iguala en capacidad para el bien y que hubiera sido consejero del Mayor Santander? Y de tu primo, aquél cuya oratoria me gustaba tanto, porque era como si hubiera sido el mozo de siempre de la verdad desnuda, ¿qué hubo?
Y sobre todo, Estanislao, tu abuelo Ferrer fue el que introdujo a Medellín y a la jurisprudencia, al gran Don Mirócletes, libertándolo del paludismo que se lo estaba comiendo en la trastienda de una cantina de “Sucre”. ¿Qué sería de los abogados de aquí sin aquel incomprendido Mirócletes, de cuya boca redonda salía la verdad judicial? ¡Ah puta que es la vida, haberse muerto don Mirócletes! Si él no hubiese existido, ¿de quién habría aprendido Miguel a gozar del liberalismo y del conservatismo, a coger dos hijuelas y el cielo por añadidura? ¡A fuerza de rábula se hizo santo!... ¡Si lo vieras cómo camina!: El pecho sacado, la mirada lejana, la trompa ofensiva... ¡Haberse muerto Mirócletes y quedarse vivo Monta, el que le escribe las boletas al general Berrío! A propósito, ¿sabes si Mirócletes tuvo casa de campo y en dónde, para ir y comprar una por allá, al fiado y no pagarla?
Te abraza,
Fernando
— o o o —
A LA JUVENTUD
Medellín, febrero 9 de 1935
“Per che m’hai tu diluso?”
(D’Annunzio a la muerte).
A las sociedades las conocemos por sus propósitos y por la organización que se han dado para lograrlos. Por ejemplo, Francia: todo en ella, individuos, sociedades y gobierno, se mueven para enriquecerse; son orgullosos en Francia, aman la belleza y las obras del espíritu. País cerrado y abierto al mismo tiempo. Inconfundible. Estados Unidos: Producir en grande; su destino parece que sea el perfeccionamiento de la organización para producir riqueza. ¿Colombia? Los colombianos tienen tan variadas intenciones, tan débiles y múltiples propósitos, que no puede afirmarse que Colombia tenga carácter propio; no se puede afirmar que aquí haya un porvenir. El gobierno ha carecido siempre de finalidad, a menos que se llame así al robar pronto, al enriquecerse de los funcionarios, a la venta paulatina de la tierra y sus riquezas.
No se percibe en Colombia que haya deseo de obras nacionales, caminos, marina, industrias: existe el deseo de contratar eso con extranjeros.
Prima en Colombia el concepto de que civilizarse es comprar vestidos, automóviles y aviones. Los colombianos no presienten siquiera que civilizarse es trabajar y manifestar en la naturaleza física las características de la personalidad.
A un pueblo se le da un territorio para que allí se manifieste. La naturaleza física es el teatro o laboratorio de nuestras almas. Manifestarse en la extensión territorial, por medio del trabajo, es civilizarse. Para eso nos arrojaron del Paraíso.
La superficie que ocupa un pueblo constituye el tesoro sagrado en donde debe vivir, o sea, dejar las huellas de su trabajo, perfeccionarse. Nunca debe permitir que su terreno sea abierto, cultivado, amoldado por otros. Deshonroso para el hombre es el gozar de obras ajenas.
¿Qué significado tiene un pueblo que llame a otros y les encomiende caminos, edificios, cultivos, aviones, etc? ¿Podrá llamarse a tales gentes una nación? ¿No se dirá que son perezosos, que viven de ajena disciplina, que son deshonra del género humano?
Recuérdese que en la historia se conocen las civilizaciones por las obras. Así, por ejemplo, tenemos que en las orillas del Mediterráneo, cuna de lo existente, se encuentran las civilizaciones superpuestas, según lo están las obras. En Francia, en España, en Italia y en Africa conocemos tantas civilizaciones superpuestas como ruinas hay superpuestas también: fenicia, griega, romana, bárbara, etc. Bien podían habitar en España los primitivos, pero griega o romana llamaremos a la civilización, si griegas o romanas son las obras que encontramos.
El hombre vale por la obra; por ella es calificado; ella le dignifica el alma.
¿Qué significa esto de contratar ferrocarriles con españoles? ¿Qué significa eso de oleoductos, aviones Scadta?
¡Pueblo que no ha dejado huella y que parece que no la dejará, esta pobre Colombia que vegeta sobre los tres ramales de la cordillera andina!
¿Qué es esto de capital extranjero con que nos están engañando, para robar? Muéstrenme el capital que tienen en el país los bancos extranjeros, los comerciantes extranjeros, etc.
Estas son las causas de la repugnancia que debemos sentir por los gobiernos colombianos: muy especialmente por los gobiernos de Olaya y de López. Llamo a la juventud, a todo lo que sienta algo de humanidad, a la oposición. Es preciso hacer una terrible oposición, porque hemos sido engañados. Vivimos cuarenta años de anhelos, luchando para que hubiera un cambio, peleando con los gobiernos conservadores, y hemos sido engañados.
Conste que ninguno esperó tanto como yo en Alfonso López. Me repetía: “Quizás su vida errante y sospechosa, sus deudas, etc., sean como las quiebras, rapiñas y azares de Julio César... También César estuvo en el quicio de la cárcel, y era porque su alma revolucionaria no encontraba sosiego...”.
¡Qué engañado fui, Dios mío! “PER CHE M’HAI TU DILUSO?”. No piensa sino en enriquecerse. Ha instigado al pueblo colombiano a dividirse en dos bandos fratricidas. Ha resucitado la barbarie del siglo pasado. Ha creado, no la bella inquietud sino la inquietud del azar. La industria está perseguida; el incipiente capital, amenazado y odiado; el aguardiente elevado, en una de sus bregas por el micrófono, a la categoría de artículo de primera necesidad. Viaja en avión con extranjeros, EN BUSCA DE FINCAS. Contrata ferrocarriles con españoles; da la orden de Boyacá a los jóvenes de anteojos que beben y bebían con él; nuestro nombre está confiado en Europa al nieto de un sirio. Principió a luchar con los prevaricadores de “El Tiempo” y ahora se entrega a ellos... Nó. Este Alfonso López tiene sebo y no glándulas.
Venga toda la juventud, toda la niñez, todo lo que es porvenir, a la oposición, porque nos han engañado y van a decir que no dejamos huellas en la bendita tierra que habitamos.
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Fuente:
Cartas a Estanislao. Medellín, Bedout, junio de 1972.
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