Arengas Políticas

—Capítulos IV, V y XV—

IV. Concordia Nacional

Odium nunquam potest esse bomun.
Spinoza. De Servitude Humana. Proposición XLV.

Nunca puede se bueno el odio. Porque procede de sentimiento de tristeza; incita a destruir lo que imaginamos causa de nuestra impotencia.

Y el odio nos empequeñece más; y este aumento del abismo acrecienta el odio, y así, hasta que se llega al infierno, “lugar en donde no se ama”.

Por eso dijimos que nuestra juventud colombiana cae verticalmente al abismo.

¡Pobre juventud, alimentada diariamente con emociones de envidia, irrisión, desprecio, ira, vindicta y demás familiares de la impotencia del ánimo!

Hace quince años que la mitad de la juventud colombiana está espernancada en los caminos patrios, escupiendo a todo el que diga que se puede hacer algo por Colombia.

Viene Turbay, y dice en las plazas a la gente angustiada que hay que afirmar, estudiar las dificultades: que los organismos políticos deben definirse y proponer sus creaciones, con amor a Colombia, y luchar franca y varonilmente, y lo escupen desde los caminos. Le piden que diga: “No. Esto no tiene remedio. Todos son ladrones. Todo se acabó. Matemos y suicidémonos”.

Aquí, en Colombia, no gustan del hombre sino en cuanto destruye. ¡Pobre juventud, lectora de esta prensa amarilla, llorona, contratada para llevar el cadáver de Colombia! ¡Juventud sacristana, ojiescaldada, mostradora de cosas feas!

Sí, jóvenes sacristanes: Es verdad que la otra mitad de la juventud está ahíta de contratas, viejecita arrugada: es verdad que hubo y hay negocios en que engordan animales. Pero el ochenta por ciento de todo este mal es vuestro. ¡Oh Partido Conservador! Porque estáis malsintiendo y malpensando y malnaciendo imágenes inmundas desde hace quince años. ¿No veis que la mitad de los animales engordados en tales negocios y contratas son conservadores? El odio, el robo y toda injusticia no tienen partido político: son cánceres que se están comiendo a Colombia.

* * *

V. El Pueblo

La reacción es posible cuando el pueblo es bueno y, a pesar de haber sido engañado, conserva la fe.

Hablamos ya de los rabadanes políticos. También acerca del amor, única fuente de las cosas buenas: los niños, las patrias, la próxima gran patria humana, en fin, todo lo que nace.

Dijimos acerca del odio y de ese animal patiabierto que no deja amar, porque está escupiendo: la prensa amarilla conservadora.

También maldijimos a la juventud del presupuesto, viejecita arrugada, contratista. (¡Qué palabra fea: contratista! Contratista y sacristán son los mojones del ideal político de nuestra juventud).

Pero no todo es aguardientes. El pueblo es bueno e inocente. Es el bachiller de esta cosa que blasfemamos al darle los nombres de escuela y universidad; es el mayoral político, que ahora tiene el monopolio de los caminos: es el traficante apoplético, que tiene el monopolio de las tablas sucias por donde ahora se pasan los ríos (el pueblo bueno paga por traer la comida a los mayorales), y son los muchachos boquisucios que sueñan con violencias, pero que simulan democracia, para que les vendan papel para su prensa amarilla: vendieron el alma por papel periódico... ¡Ellos son! No pueden ser candidatos.

El pueblo de los dos partidos políticos es bueno. Ningún pueblo mejor que el colombiano; vive esperando; sus virtudes son la fe y la esperanza: ama a cualquiera que se diga portador de algo bueno, y, engañado siete veces siete, sigue amando y esperando.

Por eso, en nombre de Dios, no le deis ahora, para este marzo crítico, listas de candidatos traficantes en odio, en juventud (ya se han quemado veinte juventudes), en escuelas (hay mil maestros peones electorales), en llantas, en comida, en caminos, en pavimentaciones y en indulgencias.

Clase directiva (?) ¡indigna de este pueblo sufrido!

¡Y aún hay jóvenes! Hay muchos, luces y energías que han sido puestas debajo del celemín.

Tenemos dos instituciones sentimentales, pero al fin dos instrumentos, liberalismo y conservatismo, para trabajar por la patria. ¡A trabajar! ¡A votar por hombres! Exigimos apenas que sean varones y honrados. Nada más. No nacimos para pararnos en el camino a criticar.

* * *

XV. El Canto del Maestro 

Colombia será escuela de trabajo.

Me daré todo a Ti, en ellos,
los niños, mañanas tibias de la Patria.

Los viejos serán niños porque Te verán;
sentados cabe dinteles y sombras de los árboles,
conversarán de los trabajos de los hombres
y darán consejos como frutos jugosos.
Sus bocas serán como panales.

Qué bellos los viejos, sentados
cabe dinteles y sombras de los árboles
¡aconsejando!

Qué bellos mis viejos
con sus bocas con todos los dientes
como granadas maduras,
o sin dientes,
pero sin vergüenza,
¡como Gandhi!

Yo no sé nada, pero Tú, Señor,
lo sabes todo y algo más.

Bendice, pues, este viejo tronco
¡en donde canta un cucarachero!

Acéptala, pues, la escuelita, ¡Señor!
Acéptala en mí, que Tú no temes ni esperas;
sentado estás en Ti mismo;
nadie te puede dar ni quitar
y tu goce son los jóvenes
que tienen pelusa en la nuca.

Yo me doy a Ti en ellos,
los niños, mañanas tibias de la Patria.

Fernando González

Fuente:

Arengas Políticas. Medellín, Universidad Pontificia Bolivariana, abril de 1997. Nueva Colección Rojo y Negro Vol. 2. Prólogo de Miguel Escobar Calle.

* * *

Nota: Es la primera edición en libro de 18 artículos publicados en el periódico El Correo de Medellín, durante febrero y marzo de 1945; reproducidos parcialmente en “Fernando González y León de Greiff: Selección de Escritos”, Separata de la revista U.N., N° 6, Bogotá, octubre de 1970.