Tragicomedia del Padre Elías y Martina la Velera

Prólogo—

 DEDICATORIA
A
Fernando de Rojas de Montalbán
y a
Juan Pablo Sartre

Aquella mañana, Fabricio Sacristán, el idem y acompañante de toda la vida del Padre Elías, había ido a bañarse al Rincón, remanso que forma el río Cañafístol al recibir y ser empujado por la quebrada Circe, en el lugar en que el caminito de Entremontes desemboca también en la carretera que conduce a Medellín por un lado y a Cañafístol, por el otro.

En la tienda y fonda “La Fe y la Esperanza” le entregaron a Fabricio una carta muy vieja, venida de Salónica. Era de unos sabios judíos, sefarditas cristianos, entre los que vive hace tiempos Lucas de Ochoa, quien estuvo algún tiempo en Entremontes y conversó con Fabricio.

Entre otras cosas decía la carta:

“Se trata del certamen para premiar la mejor tragicomedia de LA VIDA. El premio será un viaje a vivir con los Padres Antiguos”. “Incitamos a vuestra merced a participar, movidos por lo que aconteció con V.M. a uno de nosotros que habitó en los Andes, en Entremontes, y nos informó de la escena vivida con vuestra merced el día en que lo llevara a la sacristía a mostrarle y enseñarle el Judas Iscariote tallado en guayacán por don Florín, teniendo por modelo al Juancho Palacio, prendero de Las Alfardas”. “El premio no lo conocerá vuestra merced, si lo obtuviere, sino en PRESENCIA, o sea, realmente. ¿Entiende? Por eso, el librito debe ser editado allá, y nosotros lo sabremos. El Lucas de Ochoa, (1) que mora entre nosotros, dícenos que cuando eso de la sacristía, sospechó que vuestra merced era el que daría la versión andina de la Tragicomedia de Calixto y Melibea de que hoy tiene necesidad la gente. En fin, ¿entiende vuestra merced? Si no entendiere, vuestra Merced no es el mismo que enantes vivió en Montalbán”.

Fabricio recordó instantáneamente que en la biblia del Padre Elías, escritas en las hojas en blanco que le hizo agregar al hacerla empastar de nuevo, y en las márgenes de ella, había muchas apostillas del Cura, breves las unas, prolijas las otras, en que se repetía mucho este nombre: LA NOVELA. Recordó o se le hizo patente también que esas apostillas eran su lectura y meditación constante y diligente y que estaba segurísimo de que el Padre Elías era el hombre que sabía más de LA NOVELA, tanto, que su gran anhelo era el acabar con las novelas, para que cada uno estuviese atento a LA NOVELA que en él se representa y vive, pero, ¡ay, con vida inconsciente y vergonzante!- Vio clarísimamente que su apego al Padre Elías y su asombro ante él acaban de centuplicarse al leer la carta de los sefarditas.

—Eso, si logro realizarlo, puede que, o es seguro que se gane el premio de ir a vivir con los Padres Antiguos...

Y siguió así: . . . . . . . . .

—Pero ésta es la tentación de vender al que es como mi verdadero padre; esto es como los treinta denarios de la tentación... Pero, nó; será regalo divino para todos, hará conocer en el mundo a este tesoro entremontesino... ¿No es deber cristiano el colocar la vela en el candelabro?... Además, en la Curia no ven con buenos ojos ese vivir patente del pobre Padre Elías, y no están a gusto con sus pláticas y, si a él pasare algo, yo soy el que lo sostendrá... y ¡eso de realizar mi traslado del nudo andino a la patria de Los Padres!

Así fue como nació este librito. Fabricio escogió de entre las anotaciones de la vieja bilbia, para darle comienzo al movido drama, precisamente las hechas el mismo día en que le escribieron desde Salónica, que son las que tratan del encuentro del Padre Elías con la muerte de su primo, el abogado de Entremontes, Palillo Elías, y el encuentro con las manos de Martina la Velera, momento propicio entre todos para el movimiento, como lo son esos viaductos parabólicos que tienen las carreteras, que despiertan en los automovilistas la conciencia del movimiento y evitan que se enerven.

—Así, decíase Fabricio, la novela se irá patentizando y no será yo el que la imagine. ¡Viva! Lo otro son novelas. Tengo fe en la novela que es el Padre Elías.

* * *

Diremos de Fabricio Sacristán que es entremontesino, nacido el mismo año que el Padre Elías, 1895, abril 24, mes y día en que nacieron Shakespeare y Cervantes, de cuyos horóscopos hubo indudablemente su amor a la novela, pues de la genialidad corresponde a los de Salónica el decidirlo. Entró al seminario de la Arquidiócesis de Medellín el mismo día que el Padre Elías y recibió las órdenes menores; pero el arzobispo Cayzedo y Cuero y el rector Ulpiano resolvieron que no continuara a mayores, porque era cojo de nacimiento, feo también, por la poliomielitis que tuvo su madre cuando estuvo gestándolo.

—No me gusta, Padre Ulpiano, el dar órdenes mayores a cojos... que de pronto vaya y se caigan en la Elevación... Ni a los mulatos gordos... ¡Oigalo bien!... pues son como marranitos satos, y en la Elevación quedan como formando con los brazos una O, por el gordo que tienen en las axilas... Quiero y mando, Padre Ulpiano, que el rito, en mi Arquidiócesis sea bizantino en las actitudes. Sacerdotes delgados y altos, góticos... Oiga, Padre Ulpiano, ¡nada de cojos ni chaparros!...

Fabricio no se amilanó por este incidente, pues el Padre Elías le dijo:

—Fabricio, esto te sucede porque tú serás y has sido mi alter-ego. Tú serás mi sacristán y mi inseparable aquí, allá y acullá; lo mío es tuyo y lo tuyo, mío; tu cruz es mi cruz y la mía es tu cruz, y uno solo seremos en la vida eterna: Fabricio-Elías; prosigue con tus presencias helénica, romana y de Montalbán. Lo último fue porque Fabricio, en el seminario, se esmeró apasionadamente por “aquellos dioses” y “sus moradas” (idiomas), y por ciertas reminiscencias del sefardita Fernando de Rojas... 

En Entremontes y en la clerecía le dan ese apellido de Sacristán que llegó a ser el suyo, al fin; de nacimiento fue Elías-Casavieja. El Padre Restrepón (Joel Restrepo) siempre lo nombra en latín, Fabritius, y así, él, al firmar, usa esa forma, por cierta nostalgia. Es un deleite oírle recitar a Ovidio desterrado, y, sobre todo, a Sapho. Pero hay pocos escuchas en Entremontes.

Es curioso, dirán, que sean como uno solo el Padre Elías y Fabricio: el uno, presencia pagana; el otro, presencia de la cruz. El Padre Elías explica así: Vías al mismo lugar; las presencias conducen siempre al Cristo. Praesentiae semper ad Christum.

En un poema a Lesbos, dice Fabricio:

Isla hermafrodita,
estrella reluciente entre las olas.

* * *

De Safo dice:

Sus olivos ojos y nepentes manos...

* * *

Y refiriéndose a su nacimiento en Entremontes:

La coja noche retorció mis pasos
y arrojó mi cuna
al circeo bosque de encumbrados Andes.

...¡Pero sufficit! Ya vendrá la edición heilderbergiana de Fabritii biographia operaque omnia.

Sólo diremos, para evitar murmuraciones, que el Padre Restrepón acalló las de Entremontes al decir: “Fabritius es la castidad de los dioses paganos conversos”.

Este Padre Joel Restrepo, coadjutor y sucesor del Padre Elías, no padece el complejo de inferioridad del resto del clero. Para él, los dioses son conversos; para el Padre Elías, vías conductoras a Cristo.

En la última visita pastoral a Entremontes, luego de oír los rumores de todo esto, muerto ya el Padre Elías, el arzobispo Marco Tulio dijo al Padre Restrepón, el nuevo cura:

—Usted está tan loco, Padre Joel, como lo estuvo el difunto; pero a usted no le quitaré la parroquia, como no debí suspenderlo a él, pues este poblado es el manicomio. ¿Por qué no le mudan el nombre?

—¡La locura de la Cruz, Excelencia! ¡La locura de la Cruz!

Y, para terminar, explicaré cómo hube estos manuscritos y personaje del drama: así como hay que atisbar en el silencio de las noches para ver las estrellas viajeras, yo me he dado a atisbar en soledad, y he recibido en casa la visita de misteriosos viajeros. No hay tal soledad; lo que así llaman es precisamente la compañía y viceversa.

Otraparte, octubre 23 de 1961.

Fernando González

Nota:

Este Lucas de Ochoa es una de las presencias o de las personas que suelen visitar al autor. Los libros Mi Simón Bolívar y el de Los Viajes o Presencias fueron redactados y publicados durante visitas suyas al autor, y puede decirse en tal sentido que él es el autor.

Apenas el Lucas de Ochoa partió para el cercano oriente, el autor fue visitado por el padre Elías y Fabricio, los cuales (apenas ahora principia a entreverlo) fueron enviados por aquél.

Por eso es por lo que se dicen esas cosas en el prólogo acerca de la compañía que nos llega cuando nos abrimos en soledad y ese enigma de que La Soledad es La Compañía y la compañía es la soledad.

No son uno solo el autor, Lucas de Ochoa, el padre Elías y Fabricio en el sentido de “una persona”, pero en el lenguaje del entendiendo se dice que los cuatro son representaciones de un inteligible; en “la ciencia” dicen “múltiple desdoblamiento o descomposición del yo”.

Todo lo anterior muestra que todos somos un inteligible, al que llaman los padres antiguos Adán.

Con esta nota se pretende dar desde ahora una idea aproximada de la finalidad de la Tragicomedia, que es revelar que “esta vida” es oportunidad única y trascendentalísima en que toda veracidad, vigilancia y atención es poca para desempeñarse en ella humanamente; que eso de considerar a los demás como “otros” es apenas el punto de partida de “esta vida”... ¿Hay varias vidas? No. Es unitotal, pero en sucediendo o siendo infinito.

El autor no espera que esto lo entiendan, pero sí que lo entenderán después, y ya hay muchos que lo entienden, pero no se ven. Cuando úno principia a entender esto, se hace invisible para “este mundo”, que es a lo que llaman “morir”.

Hay que advertir que hay descomposiciones del yo patológicas, que suceden por lesiones en la apariencia fisiológica.

“Prueba evidente”, como dicen en “la filosofía perenne” de que Fabritius, el padre Elías y Lucas de Ochoa no son el autor, es que éste quiso y quiso enviar la Tragicomedia a un concurso y aquéllos no se lo permitieron, convenciéndolo de que, si la enviaba, se perdería en el camino, o la perdería el jurado, o, en último caso dirían: “No se tiene en cuenta por imbécil”, y ya le parecería imbécil al autor, que es precisamente el castigo de no obedecer a los dioses: en presencia negativa, así como el premio es en presencia positiva. Pero ellos y yo somos uno solo, pues viven aquí y hablan por mí. El que no sepa esto, no sabe quién sea... Y yo no sé que hoy lo sepa alguien sino los que lo están siendo. Así, Martín Heidegger no sabe aún qué sea arte; va muy bien, por su camino, pero hasta que viva el misterio del segundo nacimiento nada sabrá; ¿Juan XXIII? Parece, pero lo tienen “encerrado en el Vaticano”. ¡Sartre está en... la nada! Bellísimos análisis, pero no ve la salida: No quiere ver La Puerta; la niega, que es el modo de cerrarla, porque no está en el mundo mental; el que pretende abrirla con llave que no es, la cierra del todo. La Puerta es úno mismo. Cristo es úno mismo vacío. Dioses somos. Volver

Fuente:

Tragicomedia del Padre Elías y Martina la Velera. Medellín, Bedout, 1974.