
Fotografía por Guillermo Angulo - 1959
Pasada la aduana internacional de “Otraparte”, sentimos la presencia de un anacoreta exiliado que mira al mundo con ojos de niño, como si quisiera descubrirlo otra vez. En su mirada baila picardía de alguien que ha cometido una maldad y que la saborea. Su mano derecha está casi siempre sobre la oreja respectiva. Es que el pensador quiere escuchar. Fernando González creó un mundo simbólico. Entre los otros y él se levanta lo que pudiéramos llamar “el telón de asceta”. Para definir mejor esta distancia mental que existe entre él y los colombianos, a su finca —sembrada con veinticinco árboles y donde pasta una sola vaca— la bautizó con el nombre de “Otraparte”, o sea el lugar habitado por un “filósofo desnudo”.
Enrique Posada
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