Corporación Otraparte

La princesa
Mononoke

La princesa Mononoke - Hayao Miyazaki

Dirigida por Hayao Miyazaki
Japón, 2000 - 136 minutos

Basada en la tradición japonesa, La princesa Mononoke es el relato animado de un conflicto bélico entre una civilización invasora y los dioses del bosque, una guerra que amenaza con destruir el equilibrio que reina en las fuerzas de la naturaleza. Dirigida por el famosísimo jefe de animación japonés Hayao Miyazaki, La princesa Mononoke es una de las únicas dos películas que han superado los 150 millones de dólares de recaudación en las taquillas japonesas, siendo la otra Titanic.

La princesa Mononoke se caracteriza por su argumento redondo, la amplitud de su alcance y un estilo de resonancias míticas. El argumento se sitúa en el Japón antiguo, en una época de rebeldía, guerreros samurais y pueblos separados por miles de kilómetros. Una guerra se desencadena en el campo. Los miembros del clan Tatara, fundidores de hierro, empiezan a arrasar los bosques. Entonces el Gran Dios del Bosque, una criatura mítica, concede a los dioses del bosque, que adoptan la forma de gigantescas bestias, el poder para proteger su tierra contra los humanos.

En un pueblo lejano de las montañas, muy al norte de Japón, Ashitaka, el último joven guerrero del clan Emishi, a punto de extinguirse, se ve obligado a matar un monstruo para proteger su pueblo. Al fin, aunque demasiado tarde, descubre que la criatura con forma de jabalí que acaba de matar es uno de los dioses protectores del bosque. Al matar al jabalí demoníaco, cae sobre Ashitaka una maldición, que adopta la forma de una cicatriz torcida en el brazo y que va extendiéndose poco a poco.

Ashitaka emprende un viaje hacia las tierras del clan Tatara, donde espera poder comprender el origen de la misteriosa maldición antes de que se cobre su vida. Allí conoce a Lady Eboshi, una gran mujer y una auténtica líder. En el camino, se ve involucrado en una agria lucha entre dos pueblos en desacuerdo y en una carrera de las divinidades del bosque.

En una de estas batallas, Ashitaka conoce a San, la princesa Mononoke, una joven criada por los lobos y dispuesta a morir para derrotar a los humanos. Contra su voluntad, Ashitaka se ve metido en la lucha entre el hombre y la naturaleza, e intenta convencer a las dos partes para que busquen una solución pacífica, que acabe con el círculo vicioso de matanzas inacabables. Lo que quiere encontrar es un terreno neutro, donde las criaturas del bosque y los humanos puedan convivir en un mundo pacífico.

Sobre la producción

Un relato épico sobre la caballerosidad y las fuerzas de la naturaleza, La princesa Mononoke arrasó en las taquillas japonesas en el verano de 1997. Pocas semanas después del estreno, la historia animada de esta antiquísima lucha por el futuro de la naturaleza batió el récord de la que era hasta entonces la película más taquillera, ni más ni menos que E.T., The Extra Terrestrial (E.T. El extraterrestre). Proporcionó más de 150 millones de dólares de beneficios en un país que tiene la mitad de habitantes que Estados Unidos y menos de una décima parte de las salas de cine que tiene Estados Unidos. También ganó el Premio a la Mejor Película de 1998, en la ceremonia japonesa equivalente a los Premios de la Academia.

Dirigida por Hayao Miyazaki, los asuntos que aborda La princesa Mononoke son universales y completamente adultos. Tratan de la lucha de los hombres y de las mujeres por vivir en armonía los unos con los otros, y en comunión con la Tierra. Miyazaki creó unas acuarelas de una belleza conmovedora y emocionante, y situó a los personajes en un entorno natural muy bien captado. La historia cobra vida en una forma que trasciende tanto los límites habituales de la animación como los de las películas de acción.

Miyazaki combina el realismo y la precisión con un dinámico relato épico de samurais japoneses; un reparto de personajes masculinos y femeninos, colocados en pie de igualdad, que luchan por sus convicciones; y un viaje por la mitología animista (un asunto rara vez abordado en el cine)... Todo un mundo original y complejo, plagado de dramas de adultos fraguados por una imaginación desbordante. Como dice el propio Miyazaki, La princesa Mononoke es una película hecha para “cualquier público a partir de siete años”. Sin embargo, pinta el mundo con una gran sinceridad, desvelando con todo detalle la brutalidad de la guerra y la intensidad del odio entre dos seres humanos.

Gran admirador de John Ford, Miyazaki rinde tributo a esta leyenda norteamericana con su creación de la ciudad fronteriza de Tatara Ba o Ciudad de Hierro, que podría situarse en cualquier frontera, ya sea americana o japonesa. Una ciudad parecida a las de las películas clásicas, como My darling Clementine (La pasión de los fuertes). También ha poblado la ciudad de personajes salidos de grupos marginados y minorías oprimidas, algo que rara vez aparece en las películas japonesas, y los ha convertido en seres ansiosos, ambiciosos y duros, seres que encarnan las cualidades más valoradas en la vida fronteriza, aunque resulten devastadoras para la naturaleza.

Inspirándose en las tradiciones japonesas y en su fértil imaginación, Miyazaki ha creado su propio olimpo de dioses y criaturas del bosque. Algunas, como el duende del bosque llamado Kodamas, se inspiran en los cuentos japoneses tradicionales. Otros salen directamente del mundo de la literatura, como es el caso de la princesa Mononoke, una joven criada por los lobos, de educación muy primitiva, cuyos antecedentes se remontan a fuentes occidentales, como la historia latina de Rómulo y Remo, Kim de Rudyard Kipling o L’enfant sauvage (El niño salvaje) de François Truffaut. La princesa Mononoke es un personaje único, con afinidades tanto con los humanos como con los animales. Su destino es convertirse en el vínculo que logrará unir a esos dos mundos cada vez más distintos y alejados.

En el cine, el mundo en estado natural ha tenido muy pocas veces la oportunidad de exponer su punto de vista. Pero en La princesa Mononoke, Miyazaki dota de una voz apasionada a los animales, y a la propia alma del bosque. La naturaleza no es sólo un objeto de la película, ni siquiera el decorado principal, sino sobre todo un mundo vivo que cobra una presencia portentosa vida en forma de enormes animales.

Miyazaki no se ha propuesto recrear un retrato excesivamente preciso del Japón medieval. Al contrario, quería describir los principios de un conflicto aparentemente insoluble entre el mundo natural y la civilización moderna e industrial, un conflicto que está muy lejos de haberse acabado en nuestro mundo. A lo largo de la película, Miyazaki resiste la tentación de crear los típicos villanos, o unos héroes perfectos. Para él, los malos —los hombres que contaminan el ambiente— no lo son nunca tanto, más bien intentan sobrevivir en un mundo que les ha empujado hasta el límite. San y los dioses del bosque tampoco son totalmente generosos y nobles, y su larga e infructuosa batalla contra los humanos ha acabado endureciendo sus corazones, agudizando su cólera y afectando la tradicional unión entre ellos. A pesar de todo, la interacción entre los dos mundos, conseguida con un tremendo esfuerzo, crea la sensación de que algo mágico ha ocurrido.

Filasiete.com

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La princesa Mononoke - Hayao Miyazaki

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