Corporación Otraparte

Presentación

A ritmo de caracol

—Junio 7 de 2018—

“A ritmo de caracol” de Diego Alejandro Restrepo Sánchez

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Diego Alejandro Restrepo Sánchez es comunicador social periodista de la Universidad de Antioquia y maestro de Lenguaje en un colegio rural. En 2014 ganó el Estímulo al Talento Creativo de la Gobernación de Antioquia con su libro de cuentos infantiles “A ritmo de caracol”, y en 2017 obtuvo el Premio Latinoamericano de Poesía Ciro Mendía con la obra “Manto de canela”. Se ha desempeñado como promotor de lectura y escritura creativa, cuentero, caricaturista, músico y profesor universitario.

Presentación del autor y su obra
por Farid Villegas Bohórquez

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Esta colección de doce cuentos de Diego Alejandro Restrepo tiene el poder que ya abandona a los adultos, una especie de regresión en el tiempo, una apuesta por los sueños, por la imaginación, por la necesidad de contar, por el hallazgo. El mundo del que no debimos alejarnos nunca. El mundo de la infancia perdida y hallada de nuevo en la literatura.

Marta Quiñónez

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Diego Alejandro Restrepo Sánchez

Diego Alejandro Restrepo S.

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El mero gigante

Por Diego Alejandro Restrepo S.

Es Semana Santa, en las orillas del Río Atrato las advertencias de las mamás hacen crujir todas las casas hechas de madera.

—No se lance de cabeza al río, se puede convertir en un mero gigante—; dicen todas las señoras a sus hijos por estos días.

Heiler, que es un niño travieso y arriesgado, sale desoyendo los consejos en busca de sus amiguitos para hacer lo que más le gusta en la vida, bañarse en el gran río. Es temprano todavía, los pescadores que van llegando a puerto tienen sus canoas repletas; los vecinos salen a comprar la mejor sarta y el sol espejea en los techos de zinc.

Heiler no encuentra los amigos del río, tal vez han decidido quedarse en casa o es demasiado pronto para un chapuzón. El chico se entretiene mirando todo lo que pasa río abajo y río arriba, enormes barcazas han llegado con plátanos y algunos cerdos; los indígenas arriban al pueblo para abastecerse y las pangas se desbocan con sus cientos de caballos de fuerza.

Al no llegar ninguno de sus amigos, Heiler elige piedras planchas para tirarlas al río en forma de sapitos o ranas, de modo que entren y salgan del agua como si estuvieran caminando o rebotando velozmente. Esta vez se propone superarse a sí mismo, piensa en cruzar el río de orilla a orilla con este divertido juego.

El Atrato es bastante ancho, tendrá que esforzarse demasiado para lograrlo. Sin embargo, esa mañana lo habita un ánimo especial, tiene una fuerza que antes desconocía, a pesar de estar solo, siente la sagrada compañía de la selva, escucha voces antiguas que conversan en el lecho del río. Un olorcillo de banano frito acompaña su hazaña.

Tira y tira, pero no llega ni a la mitad. Ha llovido a borbotones hasta la madrugada y hay mucha agua escurriendo por el río. Como si se tratara de la historia de David contra Goliat, Heiler empuña una piedra lisa y grisácea, la lanza con fe, después de cruzar la mitad del río, la piedra sale con ancas, con ojos, con colores, y antes de llegar a la orilla, da el último brinco, saliendo convertida en una rana amarilla. Heiler no se percató de la metamorfosis.

Entonces, tomó un puñado de piedras con rabia y las arrojó al río, las pequeñas rocas saltaron inmediatamente transformadas en ranas de hermosos colores y sapos que croaban como loras viejas. Heiler pensó que veía visiones, que tal vez, la corriente había arrastrado una cosecha de anfibios.

Una vez más, la piedra que se tiraba, salía con forma animal y cruzaba sin ningún problema la bravura del inmenso Atrato. De pronto, pensó en su madre, en lo que comentaban las comadres, que en Semana Santa ocurrían muchas cosas raras. Se llevó las manos a las sienes y se alegró porque siempre había deseado que le pasaran cosas extraordinarias.

El sol le ganó a una brisa diminuta que merodeaba el caserío. Las lavanderas y los niños se regaron por la playa para saludar al río, para cantarle al río, para vivir en el río, para jugar con el río. El caudaloso Atrato se enternece, apretujando a los niños como un padre cariñoso.

Eso sí, nadie se mete con brusquedad, es Semana Santa y cualquier cosa puede ocurrir. Ninguno quiere ser un mero gigante y todos caminan en puntitas como tratando de no asustar a una bestia. Heiler está tan tranquilo como esa culebra que baja por el río sobre un tronco de pichindé.

A pesar de la quietud, el misterio está por verse. Heiler trepa a un árbol robusto buscando una horqueta para sentarse, desde allí sigue contemplando la vida de su pueblo, sueña con ser motorista y navegar todos los ríos y mares de la tierra.

Convencido de su anhelo, buscó una rama fuerte que conducía al río y se paró en el extremo; cerró los ojos, tomó aire profundamente y se clavó sin vacilación. La gente temió lo peor, y más que Heiler no salía a la superficie, todos rezaban para que nada malo pasara.

El chico atravesó el Atrato a nado, como sus piedras, desde la ribera levantaba las manos y pelaba la blancura de sus dientes sanos. —Ha sido un buen clavado, mejor el nado, ni qué decir de la rapidez con la que crucé—. Se decía a sí mismo Heiler mientras se subía la pantaloneta floreada.

El calor lo chamuscaba todo, súbitamente, un ejército de nubes negras provocó una fuerte tormenta que los ahuyentó, incluso, a Heiler que aligeró las brazadas para pasar el río y llegar a casa. Con el mediodía llegó el almuerzo y con él la siesta.

Después de eso no escampó más, en la tarde. Un diluvio se apoderó del pueblo y la electricidad no llegó. El huracán silbaba, enormes ranas croaban por doquier; las familias se durmieron más temprano que de costumbre. Al día siguiente, Heiler no amaneció en casa. La pantaloneta estaba en la cama y nunca más se supo de él; algunos pescadores de los ríos Baudó y San Juan, aseguran haber visto a un niño con cuerpo de pez. Otros, cuentan que han visto un mero gigante jugando a las ranitas en las playas de los ríos Bochoromá y Pepé.

Este cuento está dedicado
al amable pueblo chocoano
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Fuente:

Restrepo Sánchez, Diego Alejandro. A ritmo de caracol. Estímulo al Talento Creativo de la Gobernación de Antioquia, 2014.

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