Corporación Otraparte

Presentación

A un día del amor

Relatos breves

Agosto 2 de 2012

“A un día del amor” de Elkin Restrepo

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Elkin Restrepo (Medellín, 1942) es poeta, narrador y editor. En 1968 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Vanguardia - El Siglo con su libro “Bla, bla, bla”. Ha sido cofundador y codirector de las revistas Acuarimántima, Poesía, Deshora y Odradek, el cuento. Es director de la Revista Universidad de Antioquia, entidad donde fue Profesor Titular. Ha publicado los libros de poesía “La palabra sin reino” (1982), “Retrato de artistas” (1983), “Absorto escuchando el cercano canto de sirenas” (1985), “La dádiva” (1991), “Lo que trae el día” (2000), “La visita que no pasó del jardín” (2002), “Luna blanca” (antología) (2005), “Amores cumplidos” (antología) (2007), “Como en tierra salvaje, un vaso griego” (2009/2012) y “Poeta de provincia” (antología) (2010). En narrativa (fábulas y cuentos) es autor de “Fábulas” (1991), “Sueños” (1993), “El falso inquilino” (2000), “Del amor, lo pasajero” (2007), “La bondad de las almas muertas” (2009), “La orfandad de Telémaco” (2011) y “A un día del amor” (2012). En 2002 hizo su primera exposición de dibujos y grabados en la Sala Comfenalco de Medellín.

Presentación del autor
por Esther Fleisacher

Fondo Editorial Eafit

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A un día del amor crea una sucesión de atmósferas y escenarios donde el adentro y el afuera se cruzan como sólo sucede en la niñez, cuando la realidad y la imaginación entran la una en la otra y la otra en la una sin pedir permiso. Situaciones y eventos que Elkin Restrepo narra valiéndose de asuntos como un sombrero amarillo, un poliedro, un ópalo, una bola de cristal, una serpentina, zorros, gallos, la mentira, la culpa, la ternura, la ilusión, la curiosidad...

Esther Fleisacher

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Elkin Restrepo - Fotografía por Regina Sepúlveda

Elkin Restrepo
Fotografía por Regina Sepúlveda

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Descripción de un objeto

Por Elkin Restrepo

Aunque no es propiamente un juguete, la inestable armazón de hierro cambia de forma con sólo manipularla un poco. A veces es un cubo, otras un polígono, un exaedro, un octaedro... en fin, lo que tú quieras. Son los párvulos los que sacan mayor provecho de su condición inclasificable, pues las definiciones no les interesan y que un objeto actúe de un modo u otro, les produce más bien risa. Para ellos, que el hierro convenga en ser materia mudable, no es un problema, como tampoco es un problema que su peso desafíe toda consideración lógica. ¿Para qué hundirse en estas reflexiones si su levedad permite además soplarla y sostenerla en el aire como a una pluma? Los distrae, y esto es lo que más importa. Además, cada vez están más interesados en descubrir nuevas propiedades y aspectos a un objeto, que nadie llamaría en esencia un pasatiempo, pero que tampoco disuena en la repisa o el cajón donde se guardan los juguetes. Con la ventaja de que los cuidados apenas son necesarios, pues se necesita mucho tiempo para que el mismo tiempo lo afecte. Aún no se conoce el caso, por ejemplo, de uno que haya sufrido serios daños por el uso y el abuso: a su modo son indestructibles. Indestructibles, no eternos, porque esto último es atributo solo de Dios, y sería una estupidez colocar a ambos en el mismo nivel divino.

La armazón, por lo común, pasa de una generación a otra, de ahí también que su valor e importancia varíe. De una generación de niños a otra, el mundo ensaya nuevas razones y es normal que el papel y significación de la vertebrada entidad cambie y, a veces, suceda lo que sucede: que se pierda u olvide entre las urgencias de una mudanza o los deshechos de un cuarto de rebrujo. El problema sería menos serio si los ejemplares abundaran, pero el número de estos es muy pequeño, y no hay quien se apersone de su vigilancia y protección.

Sin embargo, consideran algunos, si han existido siempre, ¿por qué preocuparse de ellos?, tarde o temprano el ejemplar perdido aparecerá en manos de algún infante y el problema queda así resuelto.

Que a dicha maravilla se la trate como un juguete, ha sido un error constante, y no existe manera de cambiar este concepto. Lejos, por lo que se advierte, está el día en que una cuidadosa observación de su condición le reconozca el lugar que le corresponde en la jerarquía de sucesos, hechos y realidades que acompañan el acontecer humano. Pero éste es un asunto o drama que, al parecer, a nadie angustia.

Fuente:

Restrepo, Elkin. A un día del amor - Relatos breves. Fondo Editorial Eafit, Medellín, 2012.

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