Corporación Otraparte

Presentación

Cómo debemos morir

La decisión no es fácil...

Febrero 28 de 2012

“Cómo debemos morir” de Blanca Irene Arbeláez

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Blanca Irene Arbeláez Ulloa (Alcalá, Valle, 1962) presentó su libro “El primer amor nunca se olvida” (segunda edición) en New York Book Fair (2010), Casa museo Otraparte (2010) y Feria del Libro de Bogotá (2011). Su labor en el campo de la asistencia y acompañamiento de enfermos terminales en los últimos años le han brindado oportunidad de escribir este segundo libro en torno a la experiencia de la muerte y la enfermedad, basada en sus propias observaciones y en la información médica disponible, una temática que a veces se relega al campo propiamente especializado en nuestra sociedad. Reside en Nueva York desde la década de 1980.

Presentación de la autora
por Pedro Arturo Estrada

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Blanca Irene Arbeláez

Blanca Irene Arbeláez

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Cuando las funciones biológicas terminan su ciclo, también acaba la vida de nuestro cuerpo. Al igual que de la educación sexual, hasta hace unos años era casi un tabú hablar sobre la muerte. Sin embargo, en nuestro tiempo, es cada vez más natural y práctico asumir el tema con todo lo que significa, sin eludir las realidades que tarde o temprano debemos afrontar. Es muy importante prepararnos para este último evento, al igual que arreglamos todos los detalles para el bautizo, la graduación o el matrimonio, viaje de vacaciones, etc.

Este libro recopila testimonios, informaciones, reflexiones y experiencias personales en torno a la manera en que asumimos la idea de la muerte pero también, la vida, los cuidados preventivos, el dolor, la pérdida y el derecho a morir dignamente.

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Cómo debemos morir

Fragmento

Hablamos mucho de la muerte, pero pocos saben su verdadero significado. Casi todas las escrituras sagradas, como el Apocalipsis, coinciden en definirla como un proceso meramente temporal en el que el alma inmortal se separa del cuerpo físico, mientras éste se corrompe hasta convertirse en polvo; temporal porque el día de la resurrección de los muertos, el alma retomará dicho cuerpo en un estado de permanente salud y goce. Pero para la filosofía moderna y aun para la ciencia, la muerte es sólo el fin definitivo del hombre como individuo. Hay quienes quisieran esconderse debajo de las piedras por temor a tener que enfrentarla algún día y no saben cómo será, la verdad es que no podemos escapar a esta realidad, tarde o temprano moriremos, no sabemos en qué lugar de la fila estamos, pero en ella nos encontramos. Algunos morimos después de unas horas o días de ser concebidos, otros al momento mismo de nacer, en la niñez, la adolescencia o lo mejor de la juventud... Pero aun así sólo empezamos a tomarla en serio en la adultez o incluso apenas en la vejez por fuerza de las circunstancias.

A la vida casi todos llegamos con el equipaje completo, pero la realidad nos demuestra que no siempre es así. Tal como millones, pudimos nacer con una perfecta salud, con todos los órganos y funciones normales, mientras otros miles desean en el fondo no haber nacido, porque tienen problemas de salud congénitos, y no cuentan en la mayoría de los casos con la disposición necesaria para cargar sin angustia, sin dolor o frustración con ellos. Al cabo, sin embargo, es en la muerte donde realmente todo vuelve a barajarse, donde el juego de la vida vuelve a redistribuir sus ases y sus palos. Si la muerte no es el fin absoluto del ser humano como propone la religión, sí es entonces la transformación radical de nuestros elementos constitutivos hacia otro estado de la energía y la materia que en sí continúa siendo la vida en sus distintas manifestaciones: agua, tierra, aire, fuego y por qué no, espíritu. La muerte, entonces, desde nuestra óptica personal es finalizar una situación y comenzar otra; la muerte no es flaca ni fea; está al lado de nosotros acechando por las cuatro esquinas. Cada día vivido debemos disfrutarlo y aprovecharlo al máximo, dice la sabiduría desde la antigüedad, porque no sabemos si estaremos para el siguiente amanecer. Siempre hay que vivir preparados para este momento, pero no obsesionados con el tema, ni siquiera pensar sino sentir esta realidad como lo más cercano y natural, como parte lógica del proceso biológico que nos contiene.

Cuando el progreso de una enfermedad lleva a un ser humano a un estado de desmejoramiento irreversible, se buscan estrategias médicas a fin de mantenerlo vivo, en una situación donde el afectado no es dueño de sus actos ni de su conciencia. El derecho de vivir no debe ser una obligación que decidan los demás, sólo uno mismo es quien debe elegir bajo qué condiciones y circunstancias puede dársele fin a un proceso vital doloroso del cual no se tiene otra salida.

Fuente:

Arbeláez Ulloa, Blanca Irene. Cómo debemos morir – La decisión no es fácil. Book Press NY, 2011, p.p.: 11 - 12).

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