Corporación Otraparte

Aniversario

150 años de
Francisco de
Paula Rendón

Noviembre 18 de 2005

Francisco de Paula Rendón

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En 1855 nació en Santo Domingo uno de los escritores más importantes de la corriente costumbrista que, junto con Tomás Carrasquilla, contribuyó en la evolución de la literatura nacional a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Se trata de don Francisco de Paula Rendón, cuentista, novelista, notario, diputado de la Asamblea de Antioquia y representante al Congreso en su momento. Este año, cuando se cumplen los 150 años de su natalicio, el municipio de Santo Domingo quiere rendir un homenaje al escritor dentro de las tradicionales Fiestas del Chalán y la Ganadería, que se celebran anualmente en el mes de noviembre. En ésta, la versión número V, se espera integrar la cultura en las festividades con una variada programación que incluye una exposición de sus publicaciones, una obra de teatro —adaptación del cuento “El palacio de la felicidad”, del autor, hecha por dominicanos—, un ciclo de cine y una exposición de Escaparates Antiguos, esta última en el marco de la campaña municipal de Valoración y Conservación de nuestro patrimonio material.

Se recordará la vida y obra del escritor en Otraparte, con la participación de Carlos Enrique Restrepo, Alcalde de Santo Domingo, Lía Jaramillo, sobrina nieta de Francisco de Paula Rendón, el profesor Jorge Alberto Naranjo y Jairo Morales Henao, coordinador de la Sala Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto, entre otros.

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"Inocencia" de Francisco de Paula Rendón

Villegaseditores.com

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En los 150 años
de un camastrón

Por Koleia Arvila

De don Francisco de Paula Rendón poco se habla, poco se lee y poco se recuerda; hecho lamentable teniendo en cuenta que se trata de uno de los escritores antioqueños más importantes y reconocidos de la corriente costumbrista. Su nombre no podría alejarse, por ello, del de su contertulio: Tomás Carrasquilla. Ambos nacieron, vivieron y escribieron en Santo Domingo, donde en 1893 fundaron la famosa biblioteca llamada “Del Tercer Piso”.

Les decían “los camastrones” y así mismo ellos se nombraban. Y han de imaginárseles a los dos caminar en los trajes más lustrosos por el empedrado de las calles de un Santo Domingo de hace más de cien años. Hoy siguen en pie sus casas: la de don Francisco en la esquina norte de la plaza, dándole la cara a la suntuosa iglesia de Santo Domingo de Guzmán; y la de don Tomás en el extremo sur, también en el marco de la plaza.

Francisco de Paula Rendón, a quien se le llama familiarmente “Pacho”, nació el 11 de mayo de 1855. Su madre, doña Matilde Trujillo Escobar, fue nodriza de Carrasquilla en sus primeros años, de ahí su hermandad desde siempre. Fueron amigos de esos que se dicen íntimos, monaguillos de la misma iglesia, rivales a la hora de arreglar los altares para el Corpus y Semana Santa. Juntos salieron del pueblo, cuando éste todavía no tenía luz y poquísimos habitantes usaban zapatos, y se matricularon en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia el 5 de enero de 1874, teniendo incluso el mismo acudiente.

Pero la guerra que vivió el país en 1876 los hizo regresar a su cuna —la que después sería la del costumbrismo— y allí, en la tranquilidad de sus calles y en la soledad de sus veras, enamorados inicialmente de la lectura, se dedicaron a escribir, convirtiéndose, como diría su coterránea Magda Moreno, en “los principales impulsores de la cultura de la región”.

Desde 1887 hasta su muerte en 1917, Pacho Rendón fue el Notario del Circuito, oficio que alternaba con el de administrador y socio de la Biblioteca del Tercer Piso, escenario cultural por excelencia. Desde finales del siglo XIX fueron invitados a participar en la famosa Tertulia Literaria de Medellín, a la que asistían los luego presidentes Pedro Nel Ospina y Carlos E. Restrepo. Dicha participación fue la que los llevó a publicar sus primeros trabajos: “Una carta”, de Rendón, y “Simón, el mago”, de Carrasquilla.

Magda Moreno, en su libro Dos novelistas, un pueblo, cuenta que Pacho Rendón “dotado por Dios del don del consejo, magnánimo y profundo conocedor de la naturaleza humana, amigo de blancos y negros, era el árbitro a quien se sometían todos. Pacho solucionaba los conflictos, dirigía los festejos de todo orden, intervenía en la decoración de las casas, el arreglo del monumento, el calvario y los pasos de Semana Santa”. Cuenta también que en su casa, algo así como una galería de arte, se ofrecían recepciones comparables con las elegantes y afrancesadas que se llevaban a cabo en Medellín y Bogotá.

Alterno a su trabajo en la notaría, y a la venta de la reconocida Sal de yarumito, Rendón fundó una especie de periódico cultural llamado La Hermana Hormiga, y colaboró en diversas revistas antioqueñas como Lectura y Arte, Alpha, El Oasis y la Miscelánea, así como en la argentina Caras y caretas, en 1915.

Sus cuentos y relatos, entre los cuales figuran Inocencia, Sol, Pecados y castigos, Cronicón del Corpus Christi, Yolombó y Necrología, fueron publicados además en varias ediciones nacionales (y más recientemente en 1992, dentro de la Colección Autores Antioqueños).

Valga decir que a pesar de que no defendía a ultranza ninguna posición política, llegó a desempeñarse como Diputado a la Asamblea de Antioquia y Representante al Congreso. Del país solamente salió una vez: a Panamá en 1915, pero no necesitó viajar puesto que a la Biblioteca llegaban ejemplares de las novedades literarias editadas en España, incluso primero que a las librerías de la capital.

A Don Francisco de Paula Rendón la muerte le dio aviso a fines de 1916, cuando sufrió un primer ataque cardiaco. Sabiéndola cerca, se empeñó en la que sería su última novela, El Redentor, obra en la que, según Magda Moreno, “relata una visita al Señor de los Milagros en Zaragoza, Antioquia”. Esta obra desapareció extrañamente con su muerte, acaecida en la acera de su propia casa el 28 de noviembre de 1917.

Este año, cuando se celebran 150 años de su nacimiento, el Municipio en el que nació, vivió, escribió y murió le rinde honores, pues es en su nombre, y en el de Tomás Carrasquilla, que este pueblo del nordeste antioqueño recibe el apelativo de Cuna del Costumbrismo.

Fuente:

Comunicación personal.

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