Corporación Otraparte
Homenaje y Presentación
del libro “Testamentos”

Juan Manuel Roca

Ciudadano de la
poesía y de la noche

Junio 18 de 2009

Juan Manuel Roca / Foto por Jairo Ruiz Sanabria

Juan Manuel Roca
Foto por Jairo Ruiz Sanabria

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Homenaje al poeta, crítico de arte y periodista colombiano Juan Manuel Roca, quien ganó el 21 de mayo la IX edición del Premio Casa de América de Poesía Americana con su poemario “Biblia de pobres” (Biblia pauperum), que presenta, según el jurado, un “gran dominio formal, sólida estructura y variedad de registros”.

“Como las máscaras del teatro Noh, dignas de ir sobre las creadas por Dios, como esas máscaras que exploran y cubren más el alma que la cara, como las máscaras de las hadas del sake que ocultan su refinamiento y su dolor, así quisiera mi palabra” (Juan Manuel Roca).

Participarán en el homenaje los poetas Óscar Hernández, Santiago Mutis, Lucía Estrada y Santiago Espinosa. Intervención musical del Billy Trío Taller.

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Juan Manuel Roca

Poeta, narrador, ensayista, crítico de arte y periodista nacido en Medellín, Colombia, en 1946. Ha publicado los libros de poesía: Memoria del agua (1973); Luna de ciegos (Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, 1975); Los ladrones nocturnos (1977); Señal de cuervos (Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, 1979); Mester de caballería (1979); Fabulario real (1980); Cartas desde el sueño (1981); Antología poética (1983); País secreto (1987); Ciudadano de la noche (1989); Tríptico de Comala (1989); Pavana con el diablo (1990); Del lunario circense (1990); Prosa reunida (1993); Monólogos (1994); Cuaderno de mapas (1994); La farmacia del ángel (1995); Museo de encuentros (Ensayos, 1995); Las plagas secretas y otros cuentos (Premio Nacional de Cuento Universidad de Antioquia, 2000); Lugar de apariciones (Antología, 2000); Los cinco entierros de Pessoa (Antología - España, 2001); Teatro de sombras con César Vallejo (2002); Arenga del que sueña (Antología, 2002); Esa maldita costumbre de morir (Novela finalista en el Premio Rómulo Gallegos, Alfaguara, 2003); Cartógrafa memoria (Ensayos, 2003); Un violín para Chagall (2003); Las Hipótesis de Nadie (Premio Nacional de Poesía Ministerio de Cultura, 2004); Cantar de Lejanía (Antología, Fondo de Cultura Económica, 2005); Blues de los ausentes y otros poemas (2005); Cristal de Roca (Ensayos, crónicas, entrevistas, cuentos y poemas, 2006); El ángel sitiado y otros poemas (2006); Rocabulario (2006); Testamentos (2008).

Cofundador de la revista de poesía Clave de Sol y del periódico cultural La Sangrada Escritura. Dirigió durante diez años el Magazín Dominical del periódico El Espectador. En 1993 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, y en 1997 la Universidad del Valle le otorgó el doctorado Honoris Causa en Literatura. En 2007 recibió en Cuba el Premio de Poesía José Lezama Lima, otorgado por Casa de las Américas, y en el mismo año, en México, obtuvo el Premio Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval. En 2009 se hizo merecedor del Premio Casa de América de Poesía, de la Editorial Visor en España, con su libro Biblia de pobres. Desde 1986 dirige los Talleres de Creación en la Casa de Poesía Silva.

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"Testamentos" de Juan Manuel Roca

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Habré leído a tantos aprendices que no dicen nada, que no te alumbran ni te airean. No es el caso de Juan Manuel Roca, que sí sabe decir. Decir tierra, decir tiempo, decir mundo. Leo y releo estos papeles y oigo el abismo en ellos, el riesgo, ese Nadie que tanto lo estremece y tal vez lo encandila, porque si de alguien no cabe abusar desde La Odisea es de ese Nadie, desde Homero a Joyce y más acá. A caballo en su Nadie ahí va y viene Juan Manuel y oigo el relincho hasta las estrellas.

Ahora, hablando de las visiones, del visionario, todo está hilado en urdimbre prodigiosa: las cuerdas de la erótica en trama enigmática con las tanáticas, las sorpresivas, las balbuceantes, las gozosas, las crípticas. Y es que leer a éste será siempre un placer. Un placer, un frescor, una cruza casi animal de imaginación y coraje. Despojo, desaliño y nada con las naderías ni las modas de la invención. Ésas se arrugan al menor descuido. La poesía no es más que ellas y hay que tratar de merecerla cuando a uno se la dan.

Gonzalo Rojas

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Como los buenos poetas de siempre, Roca huye del lugar común como de una maldición y se abstiene de aludir a los hechos del presente con referencias históricas y periodísticas. Prefiere fabricar parábolas, eso sí, de una transparencia de cielo estival. El oscuro presente de nuestra patria vive en su poesía y a él asistimos en ella como se asiste a una crucifixión. Pero a una crucifixión que, como la lluvia de Borges, es como si ocurriese en el pasado, porque ha sido vertida en parábola pura, se mueve casi en la esfera de los arquetipos. En sus versos abundan, en cambio, como distintivo jovial, las referencias a cosas humildes, cotidianas. Vemos en ellos cómo inunda el alba una alcoba familiar o cómo los niños ciegos reemplazan el balón por una caja de lata o cómo “fantasmas olorosos a hierba llegan por geografías de miedos ancestrales”.

El poeta se ha forjado un universo que no es el hermético que nos propusieron las primeras vanguardias, sino algo que se nos transmite suavemente, que nos recala como un viento terso. Algo que, aunque nos satisface con esa plenitud que sólo logra el amor, también como el amor anhelamos que se extienda mucho más, porque Roca, lejos de velar su juventud entre los cirios y ver que un hombre anciano se asoma a su rostro, como parece lamentarlo en un poema, esplende aún de juventud, posee la primavera perpetua de todo gran creador, es —entre nuestros poetas actuales— el Poeta.

Germán Espinosa

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La poesía de Juan Manuel Roca viene de las puras cabeceras del hombre. De aquellas zonas manchadas por la primaria salpicadura de los instintos. Su palabra camina a tientas. No en vano ha encontrado en la invidencia uno de los símbolos de su peregrinaje. De los ciegos ama la tensa afinación de los sentidos, su destreza olfativa, su acechante disciplina para quedar en suspenso, oyendo y oyéndose, buscando rumbos entre los señuelos y susurros de su personal oscuridad. (...)

Cuando hablamos de un gran poeta —de cualquiera de esos escasos, alucinantes y desdichados testigos de la creación— hablamos de la poesía. Es el camino más corto, y la única oportunidad de que disponemos, para rozar, o siquiera husmear, el centro vivo de su misterio.

Héctor Rojas Herazo

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Juan Manuel Roca / Foto por Carlos Mario Lema

Juan Manuel Roca
Foto por Carlos Mario Lema

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Poemas de
Juan Manuel Roca

Testamento de Sherezada

Harum Al Rashid,
Comendador de los creyentes,
Mi Señor:
Os dejo el cofre
De las historias no narradas.
En él se guarda el cuento
De la mujer que salvó su cabeza
Con el hilo de plata
De la palabra.
Harum Al Rashid,
Comendador de los creyentes,
Mi Señor:
Imagina mejores historias
Una cabeza sin ser cortada.

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Testamento del pintor chino

Cuando el sobrio Emperador
Me conminó a borrar del cuadro una cascada,
—El chapoteo incesante espantaba su sueño—
Como buen cortesano obedecí
Y esfumé su torrente.
Sin embargo,
Oculté tras el dibujo de un cerezo
Una rana que croa
Y que el anciano Emperador confunde
Con su agitado corazón.
En un biombo de lino me pinté a mí mismo
Al momento de dibujar un caballo.
Una noche después
Espanté con el pincel al caballo,
Pues no soportaba sus relinchos.
Pronto borraré mi crepuscular figura del óleo,
—Emperador de mi cuerpo—
Y sabrán que es de la misma materia
La ausencia de un hombre o de un caballo.

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Testamento de Job

Hace milenios
Abandoné las ulceraciones de mi cuerpo,
Los días como llagas.
Mi luna salía tras el estercolario
Y las montañas del dolor.

La ausencia era el nombre de Dios.

Ahora,
Cada herida es el mapa del tesoro
Que lego a los que dudan,
A los amortajados por la inopia,
Por la falta de fe.

Fuente:

Roca, Juan Manuel. Testamentos. Grupo Editorial Norma, Bogotá, colección “La otra orilla”, septiembre de 2008.

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Lucía Estrada sobre
Juan Manuel Roca

La poesía es el lugar de todos los encuentros, apuntó en su día con luminosa certeza el poeta cubano Eliseo Diego. Y es así, pues en ella confluyen los seres y las cosas, las palabras y el silencio, la verdad y la belleza, la belleza y su verdad, el tiempo, la vida y la muerte. Pero también en la poesía confluye el amor, que es nuestra piedra de origen, el aire que nos sustenta.

Celebramos esta noche en Otraparte, en la casa de los afectos y la memoria íntima de Fernando González, la presencia de Juan Manuel Roca, el poeta, pero sobre todo, el amigo entrañable, el hombre que aún, más acá del merecido reconocimiento que de su obra han hecho tres generaciones, mantiene abiertas las puertas de su casa y de su corazón a la palabra, al gesto espontáneo, al abrazo, la risa, la necesidad y la confianza de quienes se acercan a él sin prevenciones ni cálculos.

A Juan Manuel Roca lo he leído con fervor en diferentes niveles e intensidades, y he seguido por mucho tiempo su camino, su derrotero ascendente, pero también sus combates con la realidad paradojal del país, combates en los que la poesía fue y sigue siendo su fuerza, su cuartel de invierno. Con él he aprendido lo que vale, lo que representa todavía, en una época des/historiada y falaz, el ser del poeta en su palabra como punto de quiebre y a la vez como fuente de resistencia, de lucidez, y por qué no, de esperanza cuando todo parece estar definitivamente perdido. Siempre supe que él estaba allí, despierto, ciudadano de la noche y la vigilia, acompañando nuestros pasos y alentando el fuego de la palabra verdadera.

Habrá un momento en que otros, seguramente, harán el balance de sus libros, desmontarán la sintaxis nocturna de sus imágenes, clasificarán sus fabularios, husmearán en las bitácoras de su silencio, tratarán de seguir en pleno día su caravana de sombras, el rumoroso espectro de la noche que habita en sus páginas, intentarán lavar el agua oscura de sus espejos, restaurar las ruinas de su tiempo romano y poner en cuarentena los anómalos seres que pueblan su escritura. Pero a nosotros, sus amigos y lectores, sólo nos corresponde hacernos cargo de los territorios compartidos en la extensión secreta del sueño.

Para Juan Manuel Roca es mi admiración, mi cariño y mi gratitud permanente, conmovida y sincera.

Que esta noche tu palabra y tu presencia en Otraparte sean el lugar de las apariciones, el corazón de todos los encuentros.

Mi mejor abrazo es para ti.

Lucía Estrada

Corporación Otraparte
© 2002
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