Corporación Otraparte

Presentación

Isóceles

Invenciones y Trayectos

(Entrevistas)
—Agosto 3 de 2017—

“Isóceles: Invenciones y Trayectos” - Entrevistas por Óscar Jairo González Hernández

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Óscar Jairo González Hernández es ensayista, poeta y conferenciante. Profesor de Comunicación y Lenguajes Audiovisuales en la Universidad de Medellín. Estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Santo Tomás. Diplomado en Problemas y Perspectivas en Filosofía en el Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia. Estudios de Maestría en Comunicación en la Universidad de Medellín. Colaboraciones: Revista Universidad de Antioquia, Revista Universidad de Medellín, El Mundo (“Palabra y Obra”), El Colombiano. Fundó y coordinó en la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia los proyectos radiales “La mecánica celeste” y “La trompeta de Mercurio”. Creó y coordinó el programa radial “Cabaret Voltaire” en Acústica, Universidad EAFIT. Cofundador del periódico cultural “Mecánica Celeste”. Coordina el programa “Los Anillos de Saturno” (Frecuencia U.) y el taller “Los Campos Magnéticos - Observar, leer y escribir” de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Medellín. Ha publicado “La ciudad soñada” —compilación de textos sobre la ciudad—, “Pincel de hierba” —a la manera del haiku—, “La trompeta de Mercurio” —sobre el libro y la lectura—, “En causa propia - Ernesto Volkening” —compilador—, “El libro del tratado de la melancolía”, y los libros de entrevistas “Conversación y silencio”, “Extimidad - Gravitaciones de la luz” e “Isóceles: Invenciones y Trayectos”.

Juan José Escobar López (Medellín) es editor, poeta y crítico literario. Miembro fundador del grupo “Poetas fallidos”. Adelantó el pregrado de Estudios literarios en la Universidad Pontificia Bolivariana y trabaja como editor independiente, rescatando del olvido antiguas revistas y autores colombianos. Tras publicar en 2016 “Cancionero antioqueño”, primera revista de Miguel Ángel Osorio B. (Porfirio Barba-Jacob), bajo el sello de Fallidos Editores, ahora presenta “Extimidad - Gravitaciones de la luz” e “Isóceles: Invenciones y Trayectos”.

Conversarán Óscar Jairo González Hernández y Juan José Escobar junto a Estefanía Herrera, Jennyfer Taborda, Juan Camilo Gil y Samir Meluk.

Fallidos Editores

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Mostrar la tensión de su inquietud, dimensionarla en una estética, hacerla en sí mismos desde el vacío del inconsciente. Vaciados de sí, tras la tarea realizada de la construcción de una realidad indicada de otra manera. Y de la que tenían la manera de probarlo ante sí mismos, pues el arte para ellos es una prueba iniciática, que está en la iniciación de lo que Rimbaud llamaba: Desorden de los sentidos.

Y desde esa misma turbulencia de los sentidos, darse una forma en la que se hiciera y realizara la intencionalidad de su tensión estética, en la misma estructura de la teoría y la realización de la teoría estética. Y sus intuiciones se hicieron otras, sus movimientos se dieron de otra manera, dado que hicieron la torsión de sus hélices y se movieron hacia otras visiones, para poseerlas, para hacerlas de cada uno en su yo. Y cada uno, se trata a sí mismo, incisivamente o no, drásticamente o no, pero se dicen, necesitaron o se llevaron a sí mismo, cómo y por medio de la provocación a decirse.

E hizo que pudieran hacer consideraciones críticas sobre ellos mismos, y otra más, se tuvieran ante sí mismos, así y hubiese sido por un momento, pero esto es lo que quedó de ese momento y aquí están ellos, diciéndose y diciéndonos desde lo que han hecho, diseminando su sentido, en la masa de consideraciones que hacen, pero también mostrando los intersticios que quedan entre lo que dicen, lo que han hecho y lo que harán y les hará. Es ese el carácter de su talento, que como dice el artista Alfred Kübin: “Personalmente, no comprendo en modo alguno que el arte intente procurarse en la actualidad unos ingresos asegurados, vivir al abrigo de sorpresas: el arte consiste y siempre ha consistido en un equilibrio de las incertidumbres y sólo puede desarrollarse teniendo en cuenta la totalidad de las experiencias. Procesos puramente interiores, psíquicos, engendran espontáneamente tal o cual forma, y así es como ocurre a cada instante eso que puede tomarse por suerte o talento [...]”.

Y es eso de lo que se trata, de lo que intenta tratar este libro. Nunca concebí hacerlo, no tenía deseo de hacerlo, pero el libro se hizo en mí, sin mí, como todo lo mío, quizá, es verdad; pero ellos, quienes están en este libro, que se instalaron en él por azar, no por decisión racional o interés otro, tendrán sí, que continuar haciendo este libro, donde estén, y donde estemos unos y otros. Y este deseo, que sea el comienzo de otros libros, no más libros, no interesa la cantidad, sino de un libro que devendrá, ante nosotros, otro más que se está haciendo sin nosotros, como lo que es, un Isósceles, de invenciones y trayectos.

Óscar Jairo González Hernández

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“Lo que no quise decir” de Estefanía Herrera

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Estefanía Herrera

“Uno no puede hablar de
otra cosa que no sea el yo”

Por Óscar Jairo González Hernández

¿En qué y desde dónde concebiste el tema de la novela “Lo que no quise decir” y cómo se dio su desarrollo?

Lo que no quise decir salió de las manos de mi bisabuela; de tocar sus arrugas y su piel frágil a punto de desprenderse. Sentirla e intentar saber quién era, cómo pensaba, qué sentía y qué quería, fue lo que me llevó a buscarla, años más tarde y desde mi memoria y la memoria que otros tienen de ella, para escribirla, según los hallazgos que me interesaran de esa búsqueda.

¿Qué estructura le diste y cómo se desarrolló esa estructura en lo que buscaba causar (teoría de la causalidad) en el lector, y en usted como lectora de sí misma?

Cuando escribo tengo que sentirme cómoda con la forma en que lo hago. Si hablo desde la voz de otro, la escritura no se me hace tan amable; siento que no me saluda. Cuando lo hago desde mí, desde la primera persona, me siento cómoda y el ejercicio se hace algo agradable, algo que se disfruta y no se padece. Por eso me gusta el género epistolar, porque todas las cartas se escriben desde uno.

Lo que se intenta causar es hacerle sentir al otro —como persona y personaje, porque al escribir soy las dos cosas— las cosas que me importan.

¿Por qué la tituló “Lo que no quise decir”, y cuál es la intención y la tensión de haberla titulado así y no de otra manera?

Porque cuando Lo que no quise decir se lee, se descubren secretos del personaje. En esa medida no podía ponerle “Lo que ya dije” o algo parecido. Además, en el ejercicio editorial y comercial, es importante que el lector sepa, concretamente, de qué va lo que va a leer. Todos, con el título, saben que van a leer cosas secretas.

¿Qué metódicas ha instalado en usted o qué estética ha concebido para realizar esta tarea de la construcción del sentido de la novela?

Mi metódica más importante es la obsesión. Desde muy pequeña tengo una mente obsesiva, y eso es un gran problema. Y en la vida todos buscamos deshacernos de los problemas, por eso aprovecho la escritura para eliminarlos. Escribir es algo que disfruto enormemente, y es algo que, además, permite crearlo todo y destruirlo todo. Yo aprovecho entonces eso que disfruto y mato dos pájaros de un solo tiro: vaciar los problemas y disfrutar.

¿En qué orden de su sensitiva la historia se concentra en el yo, o en qué medida busca ocultarlo u ocluirlo?

Uno no puede hablar de otra cosa que no sea el yo. Incluso hablando de otros estamos hablando de los otros según yo. Porque entendemos el mundo a través de los sentidos y nadie siente por uno, sino uno.

¿Cómo, desde dónde o en qué momentos se incrusta o instala la poesía en su novela y cómo interviene la novela o no?

La poesía es la cosa más difícil de escribir. Por eso no lo hago, porque eso me haría sufrir mucho. Hay gente que haciéndola, disfruta, entonces ahí saben que deben seguir haciéndola. Puede sonar mediocre, pero no me gusta el masoquismo.

Supongo, por otro lado, que en la prosa sí se deben tomar ciertas cosas que la poesía nos ha enseñado, y que son necesarias para hacer que un texto suene rico... Cosas como la musicalidad, la vida y la precisión.

¿En qué consiste y cómo se dio y por qué en usted, lo que llama “Escritura Atómica”, y qué naturaleza posee para el desarrollo de la novela?

Desde muy pequeña siempre me han gustado las cosas pequeñas. Creo que eso tiene que ver mucho con mi mente obsesiva; y sabemos que toda obsesión es siempre por algo específico, y lo específico siempre será una parte y tan solo una parte de algo mucho más grande. Por eso mi interés siempre ha estado en las partes; y a medida que la obsesión crece, se vuelve necesario dividir las partes en partes, y esas partes en otras. Por eso, incluso de manera tonta, digo que es “atómica”, porque es la descomposición de algo que, en definitiva, es lo que hace que el todo funcione. En el giro de un quark se define el giro del mundo.

¿Usted por qué, para qué y qué tentativa realiza o busca realizar cuando escribe? Barthes dice que escribir ha de “producir sentidos nuevos, es decir, fuerzas nuevas, apoderarse de las cosas de una manera nueva, socavar y cambiar la subyugación de los sentidos...”?

Cuando escribo no busco otra cosa que buscar. No sé qué, pero siempre que termino de escribir algo encuentro algo que no tenía pensado, que no conozco y que no pensé que existiera en mí.

¿Qué dice y qué busca asir en lo inasible de la sexualidad la mujer escritora que hay en usted y que se mueve en su mundo y lo vulnera y lo transforma?

Cuando es necesario hablar de lo sexual, se habla; asimismo, cuando es necesario hablar de un tomate se habla. Las cosas son importantes cuando se es necesario; el momento preciso. Creo que no hay nada peor que hablar de algo porque esté de moda hacerlo o porque los discursos políticos o sociales así lo quieran. Todas las cosas, en la literatura, son importantes.

¿De qué se trata en su novela con la gastronomía y por qué, qué hace y de qué manera incide en su relato?

Al igual que con la sexualidad, hay veces en las que es necesario hablar de lo que comemos. No es por darle un toque natural y cotidiano al relato, si termina siendo así, maravilloso; pero en realidad, lo que importa es que si estoy hablando de sexo o de comida es porque eso es lo que hace que todo en el texto tenga sentido; es decir, que el átomo esté completo.

¿Lo gestual, lo teatral, cómo hacen simbiosis y cómo se relacionan en su novela? ¿No hace el personaje mucho teatro cuando se instala en escenarios muy teatrales?

En literatura —incluso en la vida— todo es teatro. Siempre, siempre, siempre, los personajes van a hacer teatro, porque existen bajo unas condiciones dadas, que son las que yo, como autora, les doy. Les doy “el sí mágico”.

¿Quién es y cómo se fue estructurando para su novela el personaje de María Manuela, por qué lleva ese nombre y desde dónde hace de hilo imantado del relato?

María Manuela es mi bisabuela, así se llamaba, y es un personaje que se fue estructurando desde lo que logré conocer de ella (que fue muy poco, porque murió cuando yo tenía 7 años...) y de las cosas que averigüé de ella. Tengo su blusa, su tarjeta postal, su cédula, sus pinturas y muchas fotos. Tengo también los relatos de los que sí vivieron con ella muchos años. Con todo eso fui reconstruyéndola, ideando qué pensaba y qué sentía. Ella es un recuerdo muy bien inventado.

Al iniciar la novela se dice que “un libro de cartas tiene sentido cuando un extraño lo encuentra y lo lee”. ¿Por qué y en qué sentido lo dice y lo indica al lector?

Leerlo es lo que da sentido a un libro; esa última parte está resuelta. Ahora, eso de que el lector deba ser un extraño es determinante, porque lo que está leyendo son cartas, y en las cartas siempre se habla de intimidades. ¿Qué puede haber entonces más rico que leer las cartas/intimidades de otro, que llegaron a mí por error? También están las cartas burocráticas, pero esas son otro cuento.

¿Cuál, cómo y qué carácter tiene para usted la relación de la danza con la escritura y de la escritura con la danza, qué le dicen hacer y qué no?

Yo danzo, y uno danza con el cuerpo. Asimismo, cuando uno escribe, escribe con el cuerpo, desde que empuña un lápiz o presiona una tecla, hasta que escribe lo que el cuerpo ha sentido. La danza me hace moverme, sentir y emocionarme, y al fin y al cabo de movimiento/acción, sentidos y emociones es que escribo.

Fuente:

González Hernández, Óscar Jairo. Isóceles: Invenciones y Trayectos. Entrevistas a Alejandra Arcila, Andrea Álvarez, Andrés Aguilera Gálvez, Camilo Agudelo Gómez, Cristian Jaramillo, Daniel Jurado, Daniela Carvajal, David Mieles, Edwin Campano, Estefanía Herrera, Juan Camilo Gil Suárez, Juan José Escobar, Juan Pablo Areiza, Juan Pablo Suárez Arce, Laura Isabel Arango, Lesly Castro, Luis Fernando Rodríguez, María Camila Arboleda Hernández, Mateo Builes, Melisa Zapata Montoya, Natalia Gómez G., Nicolás Ortega Baquero, Paula Rendón, Sara Nanclares, Victoria Castaño Acevedo y Wilson Velásquez. Fallidos Editores, Medellín, 2017.

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