Corporación Otraparte

Conferencia

La violencia en la
literatura colombiana

Junio 22 de 2010

Conferencia "La violencia en la literatura colombiana" por Jaime Orrego

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Jaime A. Orrego es profesor de español y literatura latinoamericana en Saint Anselm College en Manchester (New Hampshire, Estados Unidos). Es ingeniero industrial de la Pontificia Universidad Javeriana y recibió el título de Ph.D. en literatura de la Universidad de Iowa. Es autor de varios cuentos, dos de ellos publicados, y varias entrevistas, entre ellas al escritor Héctor Abad Faciolince y al poeta chileno Óscar Hahn. En la actualidad se encuentra terminando una colección de cuentos que publicará a finales de este año.

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El día señalado de
Manuel Mejía Vallejo

Por Jaime A. Orrego

La novela, publicada por la editorial Destino en 1964, recibió el premio Eugenio Nadal un año antes, convirtiendo a Mejía Vallejo en el primer latinoamericano en recibirlo, y representando, además, el mayor reconocimiento al autor antioqueño hasta ese entonces. Parte de la crítica ha argumentado que ésta, junto con La casa de las dos palmas (1988), constituyen las dos obras mejor logradas del escritor originario de Jericó. El día señalado toma lugar en el pueblo ficticio de Tambo, azotado por la violencia, el cual se convierte en una alegórica representación de Colombia; representando el espacio donde los personajes se enfrentan violentamente no sólo entre ellos, sino también con su propio interior.

Esta novela sobresale dentro del gran corpus de las novelas del período de “La Violencia” (comprendida entre 1946 y 1953), dado que en ésta Mejía Vallejo deja de lado una guerra partidista —característica principal de las novelas de la época— y se adentra en el pueblo de Tambo y de sus habitantes. La novela cuenta con dos narradores: un forastero que llega al pueblo, relata lo que piensa y lo que ve; y un narrador en tercera persona que se centra en la vida del padre Barrios, nuevo párroco de Tambo, desde el momento mismo de su llegada. Fueron esta temática y estilo narrativo las que le valieron a El día señalado el ser considerada como uno de los tres pilares de la novela de “La Violencia” al lado de El Cristo de espaldas (1952) de Eduardo Caballero Calderón y La mala hora (1962) de Gabriel García Márquez.

Uno de los grandes éxitos de esta novela se encuentra en los dos ejes narrativos, gracias a los cuales los lectores podemos ver la violencia representada y vivida en los personajes de una manera tanto individual como colectiva. Las narraciones en primera persona nos dan una mirada individual del conflicto, mientras que la narración en tercera persona nos presenta una perspectiva colectiva más amplia. Gracias a este estilo narrativo, como lo afirmara Luis Marino Troncoso, gran crítico de la obra de Mejía Vallejo, permite que los lectores mantengamos un equilibro porque recibimos una opinión individual y colectiva de la problemática surgida durante “La Violencia”, dejando de lado la característica amarillista y la dualidad de buenos y malos, conservadores y liberales.

La narración en primera persona es hecha por el forastero que llega a Tambo a participar en una pelea de gallos. Este hombre, al igual que Juan Preciado en Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo, viene a buscar a su padre y a vengar el abandono al que éste lo sometió toda su vida. La narración del forastero nos presenta una violencia individual y psicológica que es complementada por la narración en tercera persona, que la amplía a un nivel colectivo, y facilita el entendimiento de una violencia individual, representada en el hijo abandonado, que reacciona ante una colectiva representada por Tambo y sus habitantes.

Manuel Mejía Vallejo

Manuel Mejía Vallejo
Revista Cronopio

Podemos afirmar entonces que la violencia se origina primero individualmente a través de diferentes factores, para luego llegar a una colectiva conformada por temores o búsqueda de objetivos similares. Es así como en El día señalado los personajes violentos se desarrollan por factores externos, es decir, se siembra en ellos esa semilla violenta que proviene, en gran parte, de un sistema social excluyente, como es señalado por Ariel Dorfman en su libro Imaginación y violencia en América (1970) cuando afirma que “el 90% de sus habitantes [de América] no sabe siquiera si vivirá más allá de mañana, se nutre además de la tonificadora inseguridad de un continente que busca su ser, y que asume pautas contradictorias con las cuales se vive y se actúa... Mato, luego existo”. De esta manera notamos que para los habitantes de Tambo no hay otra salida que vivir dentro de la violencia, pues, como lo afirma el padre Barrios, “¿Qué otra cosa sino la violencia podría crecer en pueblos al estilo de Tambo?”.

Partiendo de este hecho, podemos observar que, desde el nombre mismo del pueblo, cercano a tumba, se siente un ambiente de muerte reinante. Pero otro factor que influye es la situación geográfica, ya que Tambo se encuentra rodeado de montañas y es amenazado por un volcán activo. Es así como la presencia del volcán y el calor permanente contribuyen a crear una atmósfera de muerte y desolación, donde los habitantes se sienten amenazados no sólo por ellos mismos, sino por una inminente erupción. Los habitantes no tienen esperanza alguna: “Es malo el calor en este pueblo... Todo es malo: la tierra, las personas”.

En El día señalado, Mejía Vallejo nos presenta un espacio que subyuga a sus habitantes, y no les deja otro camino que la violencia. Este sometimiento se logra involucrando a los personajes directamente con la violencia, como es el caso del gamonal, la policía, y los guerrilleros que viven en la montaña; o excluyéndolos como es el caso de la gran mayoría de los habitantes que siguen lo dictado colectivamente por temor a la violencia.

En la actualidad, la crítica norteamericana Susan Carvalho analiza cómo los espacios son usados como una forma de manipular a los personajes que habitan en ellos, y de este modo lograr mantener el orden dentro del espacio. En su libro Contemporary Spanish American Novels by Women: Mapping the Narrative (2007), Carvalho hace un análisis de la novela contemporánea en América Latina y destaca cómo las protagonistas de los textos analizados se rebelan contra ese espacio opresor. Posteriormente, la crítica afirma que al imponer su ley, el espacio puede separar o unir a sus habitantes, por lo cual, aquellos que aceptan y respetan las normas del espacio se sentirán cómodos en él, pero aquellos que no lo hacen serán expulsados. Así entonces, cuando llegan el forastero y el padre Barrios a Tambo, se enfrentan con estos dos bandos. El forastero, con su sed de venganza, se une inicialmente a aquellos que respetan las normas y actúan violentamente, pero el padre Barrios decide no unirse a bando alguno y se rebela contra el espacio, Tambo, e intenta transformarlo.

De este modo, Mejía Vallejo nos propone rebelarnos contra el espacio que nos subyuga: en El día señalado, el padre Barrios al llegar a Tambo, cambia el sacramento de la confesión. El antiguo párroco usaba este sacramento como una forma de reprender a sus feligreses, y de esta manera, exteriorizar su poder e imponer su propio orden. En cambio las confesiones con el padre Barrios ofrecían un diálogo, y en lugar de reprender, el sacerdote sirve como consuelo. De igual manera, el padre Barrios cambia las penitencias acostumbradas. En lugar de pedir a sus feligreses oraciones por sus pecados, él les pide que participen de la reforestación de Tambo como proyecto redentor no sólo para la tierra desértica del pueblo, sino también para el alma de los habitantes. De este modo, el sacerdote no sólo estaría sacando al pueblo de Tambo del ocio, que según él mantiene la violencia en el pueblo, sino que también lo integraría en una comunidad.

Qué tan lejos está El día señalado de la Colombia de hoy, donde la solución para la violencia es la respuesta armada y la perpetua polarización en dos bandos que se caracterizan por una continua intolerancia a la diferencia.

A través de El día señalado y la gran mayoría de sus obras, Mejía Vallejo nos propone una novela regional en la que sus personajes, además de revelarnos una región olvidada, también nos revela un interior en lo que se encuentra lo más puro de ellos, que en el caso específico de sus novelas es un pasado campesino regido por la sencillez de la vida rural. Tal como el padre Barrios, el autor nos muestra su intención de integrar a todos los habitantes de Tambo, alegoría de Colombia, en el proyecto redentor: la siembra de árboles.

¿Quién podría presentarnos el proyecto redentor para la Colombia de hoy? Quizá la respuesta este también en los libros... A varios de nosotros nos vendría bien leer el Manual de tolerancia (1988) de Héctor Abad Gómez.

Fuente:

Revistacronopio.com/?p=1470

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