Corporación Otraparte

Presentación

La Aguadeñidad

Pluma y pincel
inspirados en mi tierra

Noviembre 6 de 2012

Presentación del libro “La Aguadeñidad - Pluma y pincel inspirados en mi tierra” de Carlos Alberto Osorio

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Carlos Alberto Osorio Monsalve (Aguadas, Caldas) es licenciado en artes plásticas de la Universidad de Antioquia, estudió técnicas de pintura en Bellas Artes de Medellín y asistió a cursos y seminarios de publicidad y mercadeo, llegando a ser director creativo de prestigiosas empresas de publicidad en Bogotá, Cali y Medellín. En cuanto a su producción pictórica, Osorio ha realizado exposiciones en Bogotá, Cali, Medellín y Cartagena. Su obra ha sido adquirida por museos y coleccionistas nacionales e internacionales en España, Italia y Estados Unidos. Es un creador polifacético: ilustrador, dibujante, retratista, escultor, muralista y artista del cómic. Complementa su inspiración con las letras, escribe cuentos, crónicas, ensayos y reportajes que publica en medios virtuales e impresos. “La Aguadeñidad” es un compendio de obras creadas en Aguadas y para Aguadas como un sentido homenaje y expresión de profundo amor por su tierra. En 2010 obtuvo la Mención de Honor Juan del Corral Categoría Oro, otorgada por la Asamblea Departamental de Antioquia por sus actividades artísticas y culturales.

Presentación del autor
por Jairo Duque Martínez

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El maestro Osorio es aguadeño sobresaliente por naturaleza. En él se puede entender, en forma directa, la aguadeñidad que puede ser celebrada y comprendida por los habitantes de cualquier lugar de Colombia y del mundo. Él no tiene temor a los contenidos locales, ni a los motivos cotidianos, porque es un verdadero artista. Si nosotros superamos esa vieja tendencia de los protagonismos regionales, podemos admirar con imparcialidad al maestro Osorio como uno de los pintores más importantes del arte en Colombia. Todos los modernismos son fugaces. Es inevitable el curso cíclico en el desarrollo de los movimientos artísticos, sociales y culturales. Y el propio ciclo espiritual y estético del maestro Osorio le ha indicado su regreso a la tierra, a la cual ama entrañablemente, para rendir testimonio entre los propios. Él es un hombre superior, que se destaca en varias dimensiones de su vida, más que retratista de sus acaeceres; hijo de su tierra, permanece allí después de haber realizado su diáspora en otras ciudades. Esa es la aguadeñidad a la que tanto exalta el maestro Javier Ocampo López y esa aguadeñidad es la forma más alta de ser un hijo de Colombia.

Carlos Arboleda González
Secretario de Cultura

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Carlos Alberto Osorio Monsalve

Carlos Alberto Osorio Monsalve

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Así es Osorio

Por Álvaro Idárraga Alzate

Una anciana puerta empotrada en viejo murallón de tapia con tierra batida, se hunde en el jardín. El jardín está en la casa y ésta se metió en él. La puerta es entrada y tiene ventanilla de confesionario que, entreabierta, deja ver armonías naturales, inspiraciones del allende. Si la puerta es entrada, la ventana es salida y la niña deja salir su mirada, también para ver el amor.

Un príncipe de ruana, carriel y machete ha recorrido el camino con tiple en mano, presto a traer su canción. Romancero aguadeño del pasillo. Las flores de su corazón se derraman, ante el femenino umbral, dejándose llevar por las notas de la canción con que como enamorado arpea, con cuitas de su pasión.

Una casa, esconde una chica hermosa. Entre colores vegetales, ella espera tras la cómplice ventana, la hora del amor.

Mal interpreto lo que Osorio bien pinta, pero he tenido el honor de poner en tinta fresca esta monición de entrada a la obra de mi gran “maese”, Carlos Osorio, de cuya obra tantos asombros me han sacudido y cada siempre me han sorprendido como si la intención artística estuviese al asecho de mis falencias frente a los colores que hacen surtidor de la paleta.

El portal es la entrada. Cualquier obra de Osorio es un portal porque recoge de los símbolos de un pueblo, la esencia sobre la cual abre preciosos caminos mentales y sensoriales de obligado tránsito.

Hablar sobre la obra de este maestro resulta un tanto disímil por la versatilidad de su trabajo. Apenas para decir que en este libro hay prosa, prosa poética en los escritos, pero hay más poesía en sus pinturas.

Su universo artístico va del color a la forma y de ésta al contenido; de manera inversa, el contenido de su pluma se carga de color sobre los lienzos. Conoce el gesto de la naturaleza cuando la pinta, así como del paisaje perceptible en el rostro de sus retratos.

Pero por encima de toda la magia de su producción artística se impone el estilo de persona humilde esculpida en la sencillez de la familia tradicional; no obstante, su sapiencia es bandeja para todos, su sentido de la vida va más allá del simple artista mercader, víctima de su pasión individualista, porque se entiende como un hombre de y en contexto, agobiado por las mismas dolencias sociales de la tierra del pionono, del sombrero; de la bruma consejera pero también agorera, del pueblo “del Putas”.

Ha universalizado a su tierra y se universalizó con ella viéndola, asistiéndola en el arte, desde adentro y desde afuera.

Hace años nos encontramos para conocernos en el arte ensoñador, después fueron las letras junto al buen parlar. Pronto fue la realidad de los caminos compartidos, los mismos que remojamos con inevitable sudoración, superando crestas de montañas bajo el sol estival, cuando no entre el fango del trajín rural y la lluvia pregonera de tiempos amenazantemente quietos. Pluma, pincel y caminos: divina trinidad para este artista empeñado en buscar la inasible perfección pintando con magia lo que la naturaleza celosa esconde al plasmarla sobre la superficie de otra textura.

No puedo dejar este libro en sus manos sin decir que si el gran poeta y crítico Luis Vidales hubiese abordado su obra desde el “Tratado de estética” dentro de la visión de ética, declararía que está cargada de una infatigable demanda por la libertad en la tan zaherida patria de todos los tiempos. Ese es su pregón desde la belleza natural esbozada en sus lienzos.

Y para que con menos ceremonia entréis hasta el sagrado altar de este buen artista de la plástica, he de decir que entre la pluma y el pincel como bien los ejerce, tienen sus escritos el lenguaje prosaico cuasi concreto; mas no en sus cuadros en los que texto y contexto se funden en el infinito imaginario del curioso observador.

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"El tejido de esperanza" - Óleo sobre lienzo - 50 x 70 cms - Pintura de Carlos Alberto Osorio Monsalve

“El tejido de esperanza”
Óleo sobre lienzo - 50 x 70 cms

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La Aguadeñidad

Capítulo

Aguadas es inspiración

Aguadas es inspirador. Basta con mirar al cielo y cómo las manos invisibles de los dioses van tendiendo sobre el pueblo desprevenido su espeso y opalino manto con gélidas intenciones. O presenciar desde la cúspide del Monserrate los cambiantes colores del atardecer que se encienden en rojos fluorescentes hasta teñir el paisaje en un candente crisol que pierde intensidad a medida que el astro rey se oculta trémulo tras las lejanas cordilleras, hasta convertir el paisaje en una pintura rafaelesca de cortantes colores claro oscuro.

Las mañanas son igualmente espectaculares, parece que el sol se asomara primero en Aguadas invitando a los moradores a madrugarle al día, las nubes somnolientas a lo lejos aún reposan en los valles, y el tibio sol las invita a ascender a las montañas. Desde Aguadas se ve, en el horizonte, el límite del universo. Montañas grises casi imperceptibles por el efecto translúcido de la calima que enmarca el lindero de los dominios del gran Maitamac.

Las paredes blancas con ventanales monocromáticos que reciben de pleno las luces del sol, reflejando su fulgor incandescente y el pueblo se convierte en luz reflejo que castiga las pupilas. Repiquetean apenas las seis de la mañana en el reloj encumbrado en las torres de la Inmaculada con un concierto de campanas que interpreta con maestría sinfónica el “Ave María”. Los cuerpos cubiertos con ruanas de lana invaden las calles en cotidiana procesión para la misa matutina. Suenan pasillos en los tendejones y el aire fresco trae entre sus partículas acuosas el aroma placentero de un auténtico café recién preparado. Mientras en otras cuadras es el “calao” de brevas que libera sus perfumancias evidenciando que se está preparando el manjar de las delicias, el inigualable pionono.

Filtrándose por los tejados ya renegridos por la pátina sempiterna del humo de los fogones de leña que traen aromas de la arepa de maíz, chocolate recién batido, carne ahumada y el “recalentao” de frijol sabanero.

Como bandadas de palomas mensajeras en intrincada romería pasan los estudiantes con sus morrales de sabiduría. Del parque parten las chivas tronando sus bocinas, cargadas de trabajadores, chapoleras y campesinos que hurgan en la tierra sus bendiciones. De pronto, el parque vuelve a la calma, sólo quedan algunos jubilados y pocos paisanos que pasan parsimoniosos sin los tormentos del tiempo.

Cómo no inspirarme en el pueblo de mis ancestros, en la inquietante historia aún oculta en oscuros rincones. En el rostro adusto del campesino que es sinónimo de pulcritud. En las leyendas míticas del tesoro del cacique Pipintá, en las arremetidas del invasor español por robar a los indígenas sus deidades milenarias.

En “El Putas de Aguadas” que inspiró a artistas, cuenteros, músicos, escritores y poetas, que es también identidad e idiosincrasia del aguadeño emprendedor, aventurero y progresista.

Cómo no inspirarme en sus mujeres de piel nacarada, ojos claros, mirada profunda y sincera, de cabellos de oro. Altivas y orgullosas. Ladronas de corazones sensibles. Reinas de la simpatía. Hermosa flora silvestre que fulgura en la espesura.

De los montes de verde fecundo contrastando con el compactado bosque y la tierra arada que muestra sus sepias entrañas. De casas campesinas, de paisajes armoniosos con el cielo cundido de nubes viajeras, de cafetales tan extensos que se convirtieron en piel del campo.

Cómo no buscar inspiración en mi tierra natal donde reposaron los cuerpos cansados de enérgicos arrieros, visionarios colonos con ilusiones de tierras nuevas, de fundar pueblos, comercio y progreso. Son mi inspiración las gruesas tapias de barro pisado, columnas de casas consumidas por el despiadado tiempo que se convirtieron en mudos testigos a la vera del viejo camino y ahora sirven de guía o abrigo al peregrino.

Cómo no inspirarme en mi Aguadas que es escancia y alma.

Fuente:

Osorio Monsalve, Carlos Alberto. La Aguadeñidad - Pluma y pincel inspirados en mi tierra. Gobernación de Caldas / Municipio de Aguadas, Colección Bicentenario, Manizales, noviembre de 2011.

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