Corporación Otraparte

Presentación

Llueven zapotes
a cántaros

Antología de cuento
latinoamericano

Editorial Flor del Fango
—Mayo 21 de 2019—

Portada de «Llueven zapotes a cántaros», primer libro de la Editorial Flor del Fango

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Habitantes de un entorno lleno de cadenas y desigualdades, surgió la necesidad de actuar para liberar. Las letras se nos presentaron entonces como camino y alimento para comprender otras formas de vivir, pensar y estar en armonía con nosotros mismos y el entorno. La editorial Flor del Fango surgió así con el propósito de difundir el pensamiento crítico latinoamericano por medio de textos con contenido libertario y también desde la perspectiva de género. Desde 2014 hemos publicado nueve libros de ensayo, cuento y poesía, y entre nuestros autores están Biófilo Panclasta, Élisée Reclus, Emma Goldman, Piotr Kropotkin y Rafael Barrett. También hemos coorganizado y participado durante cinco años en la Feria Anarquista del Libro y la Publicación de Medellín, en la cual se destacan proyectos independientes gráficos y literarios. La antología de cuento latinoamericano «Llueven zapotes a cántaros», compilada por Daniel Acevedo Villegas, es nuestra publicación más reciente.

Conversación con los editores
Daniel Acevedo Villegas
y María Camila Tejada.

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Editorial Flor del Fango

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Esta selección de cuentos, si bien centrada en Colombia, no tiene pretensiones chovinistas o patrioteras, nos lleva a territorios diversos como Paraguay, Uruguay, Perú, Chile, Ecuador, Argentina, Cuba e incluso más al norte. Todos atravesados por el valor intrínseco del Arte, como última trinchera o bastión del ensueño humano.

Llueven zapotes a cántaros es el nombre que lleva este libro haciendo alusión a la historia de cómo el ocioso de Newton pudo concretar sus teorías físicas sobre la gravedad a partir del golpe de una manzana; pues bien, algo un poco más cercano a nuestra realidad geográfica, sería que a una persona, sentada a la sombra de un árbol, […] le caiga un torrente de frutos con forma de seno y rara contextura color naranja. Aunque no gritemos un «Eureka» y no vayamos a formular ninguna teoría, tal vez podamos movernos del letargo y la sumisión; hacer frente a estos tiempos reaccionarios de neo-conservadores, fascistas, nacionalismos trasnochados, pastores evangélicos y toda clase de ovejas.

Los Editores

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Gallinas

Por Rafael Barrett

Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada.

La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llena para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.

Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas el intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.

¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí. Antes era un hombre. Ahora soy un propietario…

Fuente:

Acevedo Villegas, Daniel (compilador). Llueven zapotes a cántaros - Antología de cuento latinoamericano. Editorial Flor del Fango, Medellín, mayo de 2019. Cuento publicado originalmente en el periódico El Nacional de Uruguay el 5 de julio de 1910.

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