Corporación Otraparte

Lectura y Conversación

Lucía Estrada

Septiembre 1 de 2005

Lucía Estrada

Lucía Estrada

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Con la participación de Lucía Estrada (Medellín, 1980). Ha publicado los libros de poesía “Fuegos Nocturnos” (Medellín, 1997), “Noche Líquida” (Colección del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, San José de Costa Rica, 2000) y “Maiastra” ( Ed. El Tambor Arlequín, Medellín, 2004). Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía en 2002. Actualmente es miembro de la planta de creación de la revista “Punto Seguido” en la ciudad de Medellín.

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Poemas de Lucía Estrada

Yocasta

Si preguntaras
                        a la Piedra
respondería con tu nombre:
el propio corazón
                      es el oráculo.

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Djuna

Pregunto por el sueño
           y en respuesta
lentos animales de la noche
           rodean mi casa.

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Luisa Ackermann

Dibuja sobre mí un pez
cúbrelo de agua hasta que desaparezca

                 siembra en mi lugar un fresno
                 derríbalo con tu hacha

instituye bajo mi lengua
un alfabeto sagrado

que en él se reconozcan los hijos del mar
                                             y del aire

ordénales después el olvido

nunca fui la mano que se abre
y muestra las líneas de su destino

               mi alma es el puño cerrado
               la aldea desierta
               el paraíso tras la caída de todos los ángeles

Escribo para merecerlo.

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XLI

Escucho música lejana, como de palabras que van a decirse, las últimas de una lengua en extinción. El aire trae sus capillas, recintos aislados, semillas de luz en el espacio negro. Dentro de sus cristales, robustas plantas tejen un canto silencioso: habla de dioses perdidos, de aves fabulosas, seres vegetales, edénicos, a la búsqueda de un tiempo semejante al vacío. Van a decirse, van a fluir en ausencia de bocas, todas las palabras, las del principio, las de la muerte; van a recorrer lo inmóvil, lo consumado, abrirán la tierra, separarán las aguas, río contra río, el fuego será rodeado, barrerán nuestros huesos que ocultan el primer jardín, derribarán los sarcófagos del oído y la lengua, y todavía ese viaje sería el inicio.

Reinas de sí mismas, las palabras, somos apenas su tránsito misterioso, no la región que las espera.

Fuente:

Comunicación personal.

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