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Lectura y Conversación

Luis Arturo Restrepo

Febrero 9 de 2012

Luis Arturo Restrepo

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Luis Arturo Restrepo (Medellín, 1983) es licenciado en Filosofía y profesor de la Universidad de Antioquia. Obtuvo la mención de reconocimiento en el Premio Nacional de Poesía Porfirio Barba Jacob (III edición, 2006) con el libro “Vigía del hastío”. En 2009 ganó la VI Beca a la Creación Artística Ciudad de Medellín, modalidad Poesía. Poemas suyos han aparecido en diversas revistas nacionales y extranjeras y en 2010 Tragaluz Editores publicó “Apuesta de cenizas”, su primer libro. En 2011 participó en el XXI Festival Internacional de Poesía de Medellín como ganador del Primer Premio de Poesía Joven, organizado por dicho festival, con el libro “Réquiem por Tarkovski”.

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Apuesta de cenizas recobra una antigua mirada, una lucidez, una aguda atención al devenir del hombre entre las cosas y frente a la naturaleza, frente al amor, el deseo, la esperanza, el olvido y la muerte, en cuya cercanía sentimos ascender el ritmo sostenido de sus palabras. Experiencias que pueden adivinarse en la evocación de la piedra como símbolo de origen, en el presagio de una canción que llega desde la noche y nos recuerda “la imposibilidad del reposo”, en el mar que teje y desteje nuestra memoria, en el pájaro que corta el aire y reinventa para nosotros otro cielo.

Lejos de lo explícito, Luis Arturo Restrepo vuelve también la cabeza al llamado urgente de una realidad que nos acecha y nos lanza sus dardos a cada minuto. Pero no lo hace para unir su voz al reclamo inútil, para lamentar esa condición de ruina que se apodera de nuestro tiempo, sino porque sabe que no hay otro camino que comprender y comprendernos desde el riesgo ante el prodigioso y doloroso azar que implica estar vivos. Y ese riesgo, cada quien lo asume desde sus posibilidades, pero también desde sus imposibilidades. Unos lo harán desde la acción, otros, como en el caso de Luis Arturo, desde las palabras capaces de recrear un mundo, una realidad.

Lucía Estrada

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“Apuesta de cenizas” de Luis Arturo Restrepo G.

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Poemas de
Luis Arturo Restrepo

Cuando es el cielo el que persevera, hacia dónde entonces dirigir nuestra mirada. Sabemos que la nube se impone sobre el azul y la tardanza de la lluvia viene a demorar también la dureza de la voz.

Queda sólo la palabra que se anega en la garganta. No hay oración que valga cuando la súplica es sólo un suspiro. Llegado el momento la piel se reciente con las primeras gotas. Cantas entonces celebrando el prodigio, ya poco queda de aquel primer impulso, entonces prefieres callar. Sobre la hierba, la dulce lluvia lo dice todo por ti.

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Fue el desarraigo quien primero prometió otro trozo de tierra. Luego, las hojas de los robles iniciaron su huída siguiendo el trastabillar de mis pasos. El rastro de la sangre sobre la nieve fue su perdición. Otra vez fueron las aves, a pesar de la insistencia de los cazadores, buscaban la sombra propicia para el sosiego en las grietas de mi rostro.

Hoy vuelvo la mirada atrás. Todo es confusión y hastío. El trozo de tierra que soy, se pudre bajo las hojas que nunca tuve, y los pájaros que hicieron nido en mí, vuelan ahora agujereados por sus propias crías. Nunca antes conocieron el temor de ser padres. Quizás a ellos como a mí, las llagas les cubrirán los ojos, volarán en torno sacudiendo sus plumas y el errar será desde entonces su único destino.

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Tu vientre es una catedral donde los pájaros anidan. No hay ahora sobre ellos un cielo abierto que convoque sus alas. Sólo la piel soporta el canto en que se reinventan.

Ahora la luz le nace al día: revela en tu desolación el cobijo de sus plumas y el punto negro de tus ojos es el centro de las miradas que tiemblan cuando el viento arremete en las orillas.

Podrás entonces retener el canto cada vez que el cielo sucumba en sus temblores, pero una vez el milagro se realice, no habrá asidero posible sobre las tablas de la salvación ni sol ni nubes para soportar tu orfandad. La muerte es la única respuesta que llega tarde, no olvides de ella, más que las palabras que nos fueron dichas justo al momento de nacer.

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No digas noche, sólo porque la luna madura sus gajos bajo la mirada exangüe de cada estrella. No digas madre, sólo porque en la oscuridad ofrendada desaparece el vestigio de los animales que reclaman de ti tu negra leche.

Guarda cada palabra. Oculta cada vocablo tras tu lengua, no dejes que el cielo los descubra; si esto ocurre, huye a las aguas sedosas, siempre han esperado por ti. Prefiere siempre la lengua de las mariposas al ronco gemido de los enfermos. Recuerda que cada sílaba pone en evidencia al mundo. Sólo así será tuyo el silencio que todo lo nombra.

Fuente:

Comunicación personal.

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