Corporación Otraparte

Conferencia

Pensamiento y poesía en
José Manuel Arango

Notas sobre la relación
de Arango con el pensador
Fernando González

Octubre 6 de 2011

José Manuel Arango (1937 - 2002)

José Manuel Arango
(1937 - 2002)

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Luis Hernando Vargas Torres (Cajamarca, Tolima, 1953) es filósofo de la Universidad Nacional de Colombia (1993), doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca (España, 2010) y actualmente es investigador del Instituto Caro y Cuervo (proyecto “Indagaciones sobre el lenguaje en la poesía colombiana del siglo XX”). Entre sus últimas publicaciones se cuentan “Ramón Pérez Mantilla. Textos reunidos” (editores Lisímaco Parra París y Luis Hernando Vargas, Universidad Nacional de Colombia, 2011), “Problemas de una lectura filosófica de la poesía colombiana del siglo XX. Una aproximación a través de José Manuel Arango (1937−2002)” (tesis de doctorado, Universidad de Salamanca, 2010), “La poesía colombiana del siglo veinte desde José Manuel Arango (1937−2002)” (IV Encuentro Hispanocrítico, Universidad Nacional de Colombia, 2010), “Pensamiento y poesía en Martín Heidegger” (Coloquio Internacional de Filosofía y Literatura, Universidad Libre, 2010), “Las reflexiones de José Manuel Arango sobre la poesía” (Boletín cultural y bibliográfico, Vol. XLIII, N° 73, 2006 —publicado en 2008—, Banco de la República), “Aproximación a la poética de José Manuel Arango” (Congreso de Escritores Jalla —Jornadas andinas de literatura latinoamericana—, 2006, organizado por las universidades de los Andes, Nacional, Javeriana y el Instituto Pensar: el texto de esta ponencia apareció en las memorias del congreso y fue publicado por Escarabeo, Revista Literaria, N° 2, Bogotá, agosto-octubre de 2006, con el título “¿Una búsqueda de lo sagrado? Aproximación a la poética de José Manuel Arango”. Recopilación de Luis Hernando Vargas. Edición del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 2013).

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José Manuel Arango (Carmen de Viboral, Antioquia, Colombia, 1937 - Medellín, 2002). Fue profesor de Lógica Simbólica en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Antioquia durante casi tres décadas. Cofundador y codirector de las revistas “Acuarimántima”, “Poesía” y “Deshora” de Medellín. Recibió el Premio Nacional de Poesía por Reconocimiento Universidad de Antioquia (1988) y el Premio a las Artes y las Letras de la Gobernación de Antioquia. Es considerado uno de los poetas colombianos más importantes. Autor de “Este lugar de la noche” (1973), “Signos” (1978), “Cantiga” (1987), “Poemas escogidos” (1988), “Poemas” (1991), “Montañas” (1995), “Poemas reunidos” (1997) y “La tierra de nadie del sueño” (2002). Su poesía es rigurosa y elaborada. En sus primeros libros la temática se centró en el erotismo. “Es el precursor de una poesía erótica de alto aliento, no frecuentada en Colombia con tanta intensidad”, escribió Fernando Ayala Poveda, y agregó: “Su exploración metafísica no cae en la gratuidad: aproxima al hombre frente a los interrogantes de la noche: madre nodriza de la muerte, el recuerdo, lo nocturnal del alma humana. Se relaciona aquí con Novalis. Su lírica breve tiene un universo por construir con ahínco”. Casi toda su obra se compone de poemas cortos que recogen, de un lado, un enorme acervo cultural, y de otro, una sensibilidad que se expresa en monólogos y en alusiones herméticas. Sobre su obra, el escritor Luis Germán Sierra escribió: “La poesía de José Manuel Arango, como toda obra auténtica, nace de la pretensión casi inexistente de escribir una gran obra y tiene su asentamiento primordial en las pequeñas cosas que rodean una vida cualquiera en cualquier lugar del mundo. Ello le da, además de autenticidad, un valor universal a su arte, reservándonos la complejidad —además de manido tópico— de ese término, pero entendiendo sin complejos que esta obra ya va muy lejos de un alcance meramente local y sobrevuela con soltura aires de otros territorios, pluralísimas significaciones”. Tradujo a Walt Withman, Emily Dickinson y Han-Shan, entre otros. Murió en Medellín el 5 de abril de 2002.

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En la entrevista “José Manuel Arango: la humildad del jardinero”, de 1999, dice José Manuel:

Fernando González —creo yo— es el pensador más importante que hemos tenido entre nosotros en Colombia. Pero él trató de pensar esto, pensar esto que nos rodea, pensarnos a nosotros mismos y, sobre todo, que usó como el lenguaje, el dialecto —me gusta decir a mí—, el dialecto que hablamos para pensarnos a nosotros. [...] O sea, ha sido como un maestro...

Arango destaca con estas palabras un verso de “Pensamientos de un viejo”, un poema que “tumba”: “Usó para pensarnos el dialecto que hablamos”. Quizá se trata de una síntesis del magisterio de González, aunque hay que agregar que para Arango los libros del pensador de Otraparte “son palabra desnuda; es decir, poemas”, y que por ello “Fernando González es uno de nuestros poetas mayores”.

Vale la pena demorarnos en la indicación de José Manuel, y pensar el verso por él remarcado en el conjunto de su obra, tratando de acercarnos a su profundidad. Todos sabemos que este gran poeta antioqueño fue además profesor de la doctrina del pensar (lógica) y un arduo estudioso del lenguaje.

Luis Hernando Vargas Torres

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Escuchar concepto de José Manuel
Arango sobre Fernando González

Escuchar grabación del poema
“Pensamientos de un viejo”

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Problemas de una lectura
filosófica de la poesía
colombiana del siglo XX

Una aproximación a través de
José Manuel Arango (1937−2002)

Introducción (1)

Problemas de una lectura filosófica de la poesía colombiana del siglo XX. Una aproximación a través de José Manuel Arango (1937-2002) es un estudio de la manera de ver un poeta colombiano esta tradición. La tesis aquí sostenida es que la obra de José Manuel Arango permite plantear temas permanentes de la filosofía en general —primado de la experiencia o de la razón, relaciones con la poesía, concepción de realidad—; y que, además, lleva a temas específicos de la filosofía del arte o estética —concepción de la poesía, del artista, del receptor de la obra y la obra misma—. Todo esto referido a un periodo y a un espacio muy precisos: siglo XX en Colombia. Por otra parte, sostengo que una consideración filosófica es indispensable para dar cuenta no solo de la poesía de Arango sino de la poesía colombiana del siglo XX.

He llegado a plantear este trabajo a partir de una lectura muy demorada de este autor; y creo que es ella la que me ha llevado muy lentamente a su planteamiento. Por esa razón se funda en trabajos anteriores, de los cuales los más significativos son los siguientes. En 1991 escribí un breve texto llamado “La percepción en la poesía de José Manuel Arango”, el cual tenía como tema de reflexión la edición de sus poemas publicada por la Universidad de Antioquia como parte del premio que le otorgó en 1988. Creo que este texto era demasiado prematuro. Pasaron diez años para que intentara de nuevo dar cuenta de la peculiaridad de la poesía del autor. En 2001, con base en Poemas reunidos, escribí un breve ensayo titulado “Cosas a un tiempo familiares y ajenas”, el cual me permitió conocer al autor y entrevistarlo, hecho que produjo una afirmación del interés que me había llevado a su obra. La muerte del poeta dio a conocer nuevos trabajos sobre su obra, lo cual sirvió sin duda para que en 2006 escribiera un texto de 130 páginas (2), del cual no está publicado sino el capítulo central: “Las reflexiones de José Manuel Arango sobre la poesía”.

Las particularidades de ese libro inédito casi en totalidad lo hacen merecedor de consideración especial. El primero de los tres capítulos argumenta el método de seguir las orientaciones del poeta para estudiar las peculiaridades de su obra poética; el segundo examina una a una sus poéticas (unos 17 poemas) así como algunas afirmaciones contenidas en entrevistas y ensayos; el tercer capítulo pondera largamente el sentido de esta obra, alrededor de la exploración de un verso, que puede ser considerado una auto síntesis: “Cosas a un tiempo familiares y ajenas”.

Este paso en el estudio de la obra de Arango planteó problemas adicionales. Pese a ser un trabajo que tenía ya un método definido: dejar que guiará el poeta la consideración de su propia obra, hizo quizá indispensable que esta consideración fuera acompañada por una mirada filosófica que tuviera en cuenta la historia de la poesía en la cual se levanta esta producción. Y además dejó ver que Arango planteaba una versión sumamente atractiva de la poesía colombiana del siglo XX. Lo dicho creo deja clara la peculiaridad del presente trabajo, a la vez que indica de qué manera un trabajo como José Manuel Arango. Poética y poesía (2006) fue llevando a mirar la poesía del siglo XX en Colombia, con un enfoque muy filosófico.

Creo que estas aclaraciones permiten precisar las fortalezas y debilidades que puede tener el presente trabajo. Es sin duda una fortaleza el hecho de no partir de teorías sino de la exigencia de lo que quiere ser una escucha dócil de una obra (Para aclarar esto: sé que el filósofo Danilo Cruz Vélez propuso la constitución de una filosofía del lenguaje poético, propuesta de la que no puedo dar cuenta porque apenas la conozco. No parto entonces de propuestas de esta índole). Asimismo habla bien de este trabajo la lentitud de esta lectura. Sin embargo, este texto —no podía ser de otra forma— es solo un intento de consignar un momento de la indagación. Por ello no consideró que los diversos capítulos tengan las mismas condiciones de elaboración.

Consideré largamente el asunto del método a seguir (“Capítulo 1. Propuesta y método”), en la Universidad de Salamanca: dediqué a ello, bajo la dirección del profesor Domingo Hernández, mi trabajo de teoría estética en 2008. Y volví sobre el mismo tema en el año de investigación. El doctor José Luis Molinuevo dirigió mi trabajo “¿Por qué no preguntar a los poetas?”, título inspirado por él en una de las sesiones de su curso de docencia. Igualmente el tema de la relación entre poesía y razón (capítulo 2) ha tenido un largo desarrollo. Bajo la tutoría del doctor José Luis Fuertes Herreros, realicé el trabajo “Las reservas de José Manuel Arango ante la filosofía racionalista y el pensar poético de María Zambrano”. Lo que aquí ofrezco son versiones corregidas y aumentadas de esos dos trabajos.

Ya en 2005 había hecho un primer intento de estudiar la relación entre filosofía y poesía en José Manuel Arango. De manera breve indiqué algo sobre ello en mi libro José Manuel Arango. Poética y poesía. No obstante lo anterior, es la primera vez que me detengo por extenso en este tema. Contribuyó a ello una conferencia: en el Primer coloquio Internacional de Filosofía y Literatura, organizado por la Universidad Libre, de Bogotá, el 13 de mayo de 2010 leí el texto “Pensamiento y poesía en M. Heidegger”, un intento de diálogo sobre este tema entre Arango y el filósofo alemán. La verdad es que no había caído en cuenta de la envergadura que tiene la indagación de Arango sobre el lenguaje en general, y no solo sobre el lenguaje poético, como es fácilmente esperable en un poeta. Pero no hay nada extraño si se tienen en cuenta la formación, la investigación y la docencia de Arango.

Igualmente es nuevo el capítulo “poesía y realidad” como también lo es el consagrado a los problemas de la poesía, la obra, el poeta y su lector (“Capítulo 5. Problemas de la lírica”). Este último —y las preguntas que intento dejar abiertas en la sección “Preguntas finales”— requiere desarrollos adicionales. Pero es claro que la apertura del horizonte para la comprensión de un autor se va dando lentamente. Quizá, en ocasiones, haya que esperar a que las palabras se abran, y no forzarlas en demasía. Creo que he permitido que diversos problemas planteados por Arango se vayan desplegando y articulando. Pero no está terminada la labor.

Es claro que este autor permite ver de manera muy original la poesía colombiana del siglo XX. Frases suyas como “La poesía enseña a ser... mejor, a no ser”, que literalmente me ha sacudido, insinúan claramente esta originalidad. La mayor debilidad que tiene la versión de Arango sobre la poesía colombiana del siglo XX, radica en su fragmentariedad. Son sus observaciones lacónicos fuetazos verbales, que insisten en la memoria y obsesionan la comprensión. Por ello ha sido preciso buscar que esas frases sueltas tuvieran resonancia en obras cuidadosamente escogidas: no se puede aproximar a un autor pensamientos que le son extraños. Aun así creo que este trabajo debe de conservar mucho un carácter de esbozo o al menos de mirada brusca y perspectivística en la tradición. Una debilidad adicional estriba en el hecho que si bien de 2002 a la mitad de 2005 dirigí, en la Universidad de Bogotá “Jorge Tadeo Lozano”, un seminario llamado “Poesía colombiana del siglo XX”, desde entonces no he tenido sobre este tema el contacto siempre fructífero con estudiantes.

Un trabajo como este despierta sospechas. Creo que la manera habitual de considerar la relación entre filosofía y poesía entre nosotros no es en modo alguno la de Arango o Zambrano: se piensa en que son agua y aceite. Por otra parte, quien se consagra a la relación entre filosofía y poesía parece estar en un limbo. El profesor Rubén Sierra Mejía me decía que estos intentos no son del agrado ni de los filósofos ni de los poetas. Pero ya es hora de controvertir lo que llamaba Valéry “opiniones escolares” (“ocurrencias populares”, las llama Heidegger).

Repito aquí lo que puse al comienzo de mi libro sobre José Manuel. Como se puede apreciar, he hecho varias aproximaciones a la poesía de Arango. Aún no tengo respuesta a la pregunta de por qué me ha tocado tanto esta obra. Claro que a medida que se despliega la comprensión de ella salta a la luz una obra muy compleja y estructurada. Y de una riqueza tal que hace que se queden cortas las apreciaciones, incluso si son certeras, como las de Darío Jaramillo Agudelo, en una paginita escrita en 1995 con motivo de la publicación de Montañas y aparecida en el Boletín del Banco de la República. Allí hace Jaramillo Agudelo varias aseveraciones sobre Arango: “poeta insular, del mismo modo que lo fueron Aurelio Arturo, Mutis y Mario Rivero para sus respectivas generaciones”: claro que sí; la suya es “una de las más hermosas colecciones de poemas de la literatura colombiana”, es verdad; “Gran poeta”, seguro. “Traductor idóneo”.

Cualquiera de estas razones pudo haberme conmovido, pero me parece que me llevó a esta obra quizá la preocupación de Arango, que al principio no advertí claramente, por encontrar una poesía acorde con este tiempo. En otras palabras: la notable “conciencia” de poeta que en ella se oculta, su gran lucidez y la hondura de su búsqueda. Creo que muchos de los que han intentado escribir se han encontrado con que la escritura genera un montón de perplejidades: ¿para quién escribo? , ¿con qué lenguaje?, por ejemplo. Y estas preguntas conducen a veces sin saberlo a indagar por lo que es la poesía, incluso desde el punto de vista teórico y filosófico.

En este trabajo publico a manera de apéndice dos entrevistas: la hecha al poeta el 17 de noviembre de 2001, en Copacabana, población cercana a Medellín, y la sostenida con Elkin Restrepo el 17 de noviembre de 2004 en esta última ciudad. La versión publicada de esta contiene las revisiones hechas por Restrepo. En cuanto a la primera, quiero agradecer a Clara Leguizamón, la compañera de José Manuel, la autorización para publicarla.

Al final de un trabajo como este hay que agradecer a muchas personas. Nada hubiera podido hacer sin el apoyo de mi familia. Tengo la suerte de tener con sus miembros incluso la posibilidad envidiable de interlocuciones sobre mis temas, intercambios que me enseñan.

Por otra parte creo que fue una excelente decisión ir a Salamanca. Encontré un grupo de docentes que escucharon y animaron este trabajo. Agradezco la atención estimulante y amistosa de los doctores Domingo Hernández, Pablo García y Antonio Notario. En el doctor José Luis Molinuevo Martínez de Bujo encontré a un docente que me hizo advertencias fundamentales y que ha sido siempre aleccionador. Con mi director de tesis, quien ha sido también mi tutor, tengo una deuda impagable: apoyo permanente desde que me vinculé al doctorado, exigencia generosa y una manera de entender la filosofía que es todo un desafío. A él y a Elena Vicente Hernández mis más grandes muestras de gratitud.

Tengo asimismo una deuda con el Boletín del Banco de la República, en particular con Darío Jaramillo Agudelo, quien tras unos 20 años me abrió de nuevo las puertas de esta publicación importante. Juan Gustavo Cobo Borda ha sido un autor del que he aprendido mucho. No solo sobre la poesía colombiana. El encuentro con Cobo Borda siempre permite hacer asociaciones que iluminan. Por otra parte, con generosidad me concedió una entrevista sobre estos temas del siglo XX colombiano y sobre Arango. Agradezco además la escucha tranquilizadora sobre temas del lenguaje de la directora del Instituto Caro y Cuervo, Genoveva Iriarte Esguerra: mi profesora de lingüística en la Universidad Nacional de Colombia me recibió para conversar sobre las indagaciones de Arango en estos temas en los que ella es una especialista.

Finalmente, quiero agradecer al grupo de amigos que están atentos a mis indagaciones, con quienes compartimos desde hace años reflexiones sobre temas de filosofía y de poesía: Carlos Herminio y Eduardo Jaime Puentes, Guillermo Alfonso Sierra Jaime, Miguel Ángel Hernández, Luis Francisco Barrantes. A Catalina Llabrés Malondra y a José Miguel Hernández expreso el reconocimiento a quienes han estado “ahí” buena parte de mi vida. Finalmente, a quien “me metió en la grande”, Beatriz Helena Múnera, y a María Ángela Gualy quiero decirles que esos ratos pasados paladeando versos no tienen precio.

Bogotá, julio de 2010

Notas:

(1) Con base en Manuel Seco, no tildo el adverbio “solo” ni los pronombres “este, esta, ese, esa”. Respeto, en la transcripción de citas, sin embargo, la decisión de autores que sí lo hacen, como Arango o David Jiménez.
(2) De José Manuel Arango. Poética y poesía (2006), solo está publicado el capítulo central “Las reflexiones de José Manuel Arango sobre la poesía” (Boletín cultural y bibliográfico, Vol. XLIII, N° 73, 2006 —publicado en 2008—, Banco de la República, Bogotá, 2008, págs.17 - 52). Con base en este libro, en el congreso de escritores Jalla (Jornadas andinas de literatura latinoamericana), agosto de 2006, organizado por las Universidad de los Andes y las universidades Nacional y Javeriana y el Instituto Pensar, de Bogotá, leí la ponencia “Aproximación a la poética de José Manuel Arango” —el texto de esta ponencia apareció en las memorias del congreso y fue publicado por la revista Escarabeo (Bogotá, 2006)—.

Fuente:

http://gredos.usal.es/jspui/

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