Corporación Otraparte

Presentación

Novias de la niebla

Julio 25 de 2013

“Novias de la niebla” de Norha María Pérez Granada

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Norha María Pérez Granada estudió magisterio en Medellín y se dedicó a la enseñanza de español y literatura en la escuela secundaria. Cursó estudios de Literatura Comparada en la Universidad de Barcelona, España, donde participó activamente en diversos talleres de escritura. Fue ponente en el X Parlamento Nacional de Escritores de Colombia “Violencia en la literatura infantil” (Cartagena, 2012) e invitada al XI Parlamento con la ponencia “A Raúl Gómez Jattin, ¿nuestro poeta maldito?”. Actualmente es integrante de los talleres de narrativa Mascaluna y Pluma Encendida, en Envigado, Antioquia, donde reside desde 2008, así como del Salón Literario “Libro América” en San Juan de Puerto Rico. Su cuento “La hija de la pitonisa” fue publicado en la antología “Vigas contra el viento - Memoria literaria viva” (Envigado, 2011). “Apariencias” y otros relatos pertenecen a la antología “Soñadores de auroras - Albaneceres” (Envigado, 2012). “Dolor de lluvia” apareció en la revista Mascaluna y “Añares” en el boletín del taller Pluma Encendida. En 2013 la editorial Palibrío publicó el libro de relatos “Novias de la niebla”, en el que se aprecia una sutil mezcla de las culturas en las que estuvo inmersa durante su larga temporada en el extranjero.

Presentación de la autora
por César Herrera

Palibrío

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Un libro que narra treinta y cinco historias reales, llenas de aventura, desamores y esperanza, en cuyo relato se conjugan conflictos cotidianos de rabiosa actualidad con el arte de sus mujeres para salir airosas de la niebla en cada jornada. Dejando suelto el ayer, decididas a vivir un hoy coherente con sus sueños, en algunos de los relatos podemos apreciar una mezcla sutil de tintes culturales, recogidos por la autora durante su larga permanencia en el extranjero.

Los Editores

Dice que hace cuatro años me viene persiguiendo. Primero desde Barcelona, España, y luego desde Medellín, Colombia. Tiene una hija que vive en la isla, así que agarró sus bártulos y cayó acá. Sonríe mientras me lo cuenta, ancha, de pelo corto, voz dulce de esa gente que aprende a reírse en medio de cataclismos. Que sabe lo que es el dolor y por eso se ríe. Se ríe porque no tiene miedo a sentir a los demás. Es una gran conversadora y por eso escribe, quiere escribir. Sabe que debe hacerlo. Yo también lo sé.

Mayra Santos Febres

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Norha María Pérez

Norha María Pérez

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Novias de la niebla

Fragmento

A veces te miras y te ves

A veces te miras al espejo y no te conoces. Te has ido metiendo en la vida que llevas, poco a poco, despacito, con tanta naturalidad, que no adviertes el cambio. Y de pronto, te das cuenta que tu cara tiene la misma expresión que odias en la cara de la gente que no te gusta ni poquito. Entonces te detienes, muy impresionada. Te quedas mirando tu retorcido reflejo en el cristal, te cubres de autocompasión y le preguntas:

—¿Cómo he podido llegar hasta ti, sin saber que existías?

La respuesta la encuentras en el fondo de tus ojos. Te sumerges en ellos hasta alcanzar el primer día de hastío en tus recuerdos. De un solo trazo lo sacas de tu vida y añades de inmediato algo nuevo, a tu inventario de rutinas, algo diferente, algo que no has hecho por primera vez.

Si vives sola con el gato e internet, la televisión y el trabajo, sabes que el día libre es solo para llenar la nevera y organizar la semana. Siempre lo mismo. Lo mismo de siempre.

Entonces hoy te haces una propuesta diferente.

—¡Daré una fiesta! Invitaré amigos. ¡Cocinaré para ellos! Y te vas a la compra decidida a cambiar.

Cuando todos se han marchado, te sientes sola de nuevo. Sin ningún anticipo, un revoltillo en el estómago te sacude con fuerza, hasta hacerte doblar sobre la mesa.

La repetición de actos que no te acaban de gustar, se ha fermentado en tus tripas, en una ruta de dolor hacia el fondo de ti. Estás perdida. Te buscas. No te hallas. No hay un papel para ti, en el absurdo teatro de la vida.

Coges el teléfono, un pitillo y un café, té plantas en mitad del salón de tu apartamento. Dejas volar tus ilusiones al lomo de las espirales de humo que salen por el ventanal. Te retuerces de nuevo. Tomas una bocanada de aire que pasa por la ventana.

—¡Moriré lejos de aquí!— gritas, para que oiga la luna. Agarras tu dolor con ambas manos.

Recuerdas que Él está a punto de viajar de nuevo a Europa. La mueca que arde dentro de ti, desaparece de momento. Marcas su número.

—¿Diga? Respondió al instante.

—¿Quieres llevarme contigo en tu próximo viaje? —lo dices así, casi sin creértelo, de corrido, sin titubear, para no arrepentirte. Te quedas oronda. Has logrado romper la maldita “armonía” de tu vida.

—¿En serio, quieres venir conmigo? —responde pausado. Pero no olvides que me gusta saborear mi soledad sin compartirla.

—¡Lo recuerdo! Fue una de tus primeras advertencias. Aun así, ¿podrías hacer una excepción? Es muy en serio.

—¡Está bien! Entonces... Te voy a enseñar un camino en el mar: “Navegaremos hasta las islas Canarias y allí, te compraré su nombre, que es un trino diluido en el agua”. Dijo en plagio al poeta.

Corrí a mi diario y anoté:

10 de Enero de 1981:

¡Me llevará con él! Ha pasado un año desde que lo conocí.

Hojeé el diario hacia atrás, por pura curiosidad:

17 de Enero de1980:

—Tengo el estómago destrozado por una úlcera. Tengo que tomar leche. Ya anocheció. Está lloviendo. Acabo de regresar del médico. No tengo leche en la nevera. Hay una pastelería nueva en la esquina. Voy corriendo.

Me atiende un tipo asquerosamente antipático, que parecía tener mucha prisa.

—Qué desagradable es usted —le dije y lo miré de frente. Solo descubrí unos ojos de lobo marino que me echaron mano al instante. Una nariz recta, barba espesa y bien cuidada, pelo largo y ondulado. Un modelo 54, hermoso; pero con tan mala leche, que hizo doler más mi panza.

—Ahora no compro nada —le solté mirándole muy mal y salí rápido de allí.

Sé que voy a verlo de nuevo, una y otra vez, hasta que logre encontrarlo.

Cerré mi diario y le eché llave. Tiré el lápiz con una amplia sonrisa en los labios.

Hablé con mi gato muy despacio y le expliqué, que si fuera a cambiar de vida, tendría que hacerlo en un segundo, porque así marcha el corazón. Entonces, ahora mismo, tú te vas a vivir con mi madre y yo voy a hacer las maletas.

—¿Tú estás cuerda? —me preguntó el minino con su mirada de pupilas redondas. Sobeteó su cola entre mis piernas y desapareció de un salto.

Otro pitillo y un café más.

Fuente:

Pérez, Norha. Novias de la niebla. Palibrío, Medellín, 2013.

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