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Lectura y Conversación

Piedad Bonnett

Octubre 18 de 2012

Piedad Bonnett / Foto Revista Fucsia

Piedad Bonnett
Foto Revista Fucsia

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Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquia, 1951) es licenciada en Filosofía y Letras de la Universidad de los Andes y profesora en la misma institución desde 1981. Tiene una maestría en Teoría del Arte, la Arquitectura y el Diseño en la Universidad Nacional de Colombia. Ha publicado los libros de poesía “De círculo y ceniza” (Ediciones Uniandes, 1989, reedición de 1995), “Nadie en casa” (Ediciones Simón y Lola Gubereck, 1994), “El hilo de los días” (Colcultura, 1995), “Ese animal triste” (Norma, 1996), “Todos los amantes son guerreros” (Norma, 1997), “Imaginación y oficio” (2003), “Tretas del débil” (Alfaguara, Punto de lectura, 2004), “Las herencias” (Visor, Palabra de Honor, 2008) y “Explicaciones no pedidas” (Visor, 2011).

Arango Editores publicó en marzo de 1998 una antología poética suya con el título “No es más que la vida”, y en junio del mismo año Editorial Pequeña Venecia de Caracas una selección poética. Su antología “Lo demás es silencio” fue publicada en España por Editorial Hiperión en 2003, siendo la segunda colombiana incluida en la prestigiosa colección. El primero fue José Asunción Silva. En 2008 apareció “Los privilegios del olvido”, antología del Fondo de Cultura económica prologada por José Watanabe. Con el primero de sus libros recibió mención de honor en el Concurso Hispanoamericano de Poesía Octavio Paz. Con “El hilo de los días” ganó en 1994 el Premio Nacional de Poesía, otorgado por el Instituto Colombiano de Cultura, Colcultura, y con “Explicaciones no pedidas” el Premio Casa de América 2011 (Madrid, España).

Es autora de cuatro novelas: “Después de todo” (2001), “Para otros es el cielo” (2004), “Siempre fue invierno” (2007) y “El prestigio de la belleza” (2010), las cuatro publicadas por Editorial Alfaguara; y de cuatro obras de teatro: “Gato por liebre”, “Que muerde el aire afuera”, “Sanseacabó” y “Se arrienda pieza”, montadas por el Teatro Libre bajo la dirección de Ricardo Camacho. Este grupo utilizó también su versión en verso de “Noche de epifanía” de Shakespeare para uno de sus montajes. Una traducción suya de la misma obra hace parte de la colección “Shakespeare por escritores” (Editorial Norma, 1999 -2000). Su traducción de “El cuervo” de Edgar Allan Poe fue publicada por El Ancora Editores en 1994.

En 1992 fue merecedora de la Beca Francisco de Paula Santander para un trabajo de dramaturgia, y en 1998 de una de las Becas de Investigación del Ministerio de Cultura con el proyecto “Cinco entrevistas a poetas colombianos”, que da origen a su libro “Imaginación y oficio” (Editorial Universidad de Antioquia, 2003). Cuentos y ensayos suyos han sido publicados en distintas revistas y periódicos del país y del extranjero. Ha representado a Colombia en numerosos encuentros de poesía en Granada (España), Córdoba (España), Morelia (México), Rosario (Argentina) y Medellín (Colombia), entre muchos otros, y en encuentros literarios como el Festival de Literatura de Berlín y el Hay Festival de Segovia. En 2008, durante la Feria del Libro de Bogotá, fue homenajeada por la Consejería para la Equidad de la Mujer de la Presidencia de la República.

El XIV Encuentro de Poetas del Mundo Latino, que tendrá lugar en Ciudad de México y Aguascalientes entre el 25 y el 31 de octubre de 2012, estará dedicado a Piedad Bonnett y a la poeta mexicana Elva Macías, a quienes se les otorgará el premio de poesía Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval.

Piedadbonnett.com

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"Después de todo" de Piedad Bonnett

En su poesía se produce un comercio casi secreto entre los extremos de la violencia colectiva y de íntima nocturnidad que han caracterizado la poesía, y, en muchos sentidos, toda la cultura de su país.

Miguel Gomes

Piedad Bonnett [...] encauza sus sentimientos en un lenguaje neutro, dolorosamente contenido, casi lacónico y que funciona con insinuaciones y elipsis, a la manera de un iceberg que esconde bajo el agua una masa terrible.

Carlos López Degregori

Hay acá una voz fuerte y sutil, que enlaza en su andadura natural bellas imágenes atrapadas al asunto cotidiano, reflexiones desde la vida y desde el libro, y una suerte de restos de amores náufragos, expresados con rigor en la palabra.

Juan Manuel Roca

Piedad Bonnett ha sido, sin lugar a dudas, una de las figuras más prolíficas e interesantes de este decenio, por la variada solidez de su propuesta.

Juan Gustavo Cobo Borda

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Y es que ella sabe que las palabras son las únicas que pueden darle una forma al misterio que somos, ese milagro en manos de la muerte. Ella sabe que la poesía nos exige concentrar nuestra atención en lo que una vez olvidamos: el claroscuro de todos los días, la llama de la infancia que arde en un algún lugar de la memoria, y esa sensación de estarnos yendo a cada paso, sin que nada ni nadie nos detenga.

En sus textos las palabras logran convertirse en noche que avanza detrás de las puertas y se instala como un huésped sombrío en el corazón, en las paredes, en los cuartos. Ella las ve ir y venir como una caravana inquietante que pregunta con todas sus voces por el amor y por el miedo, por la luz y las pequeñas muertes de las que todavía no regresamos.

Lucía Estrada

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Poemas de
Piedad Bonnett

Proceso digestivo

Ya he comido mi sopa de clavos, mi pan de munición,
pan con zarazas,
ya tragué mi ración de raíces y venenos
y mastiqué juiciosamente todo lo que pusiste en mi plato.
Mira qué buena soy. Ya me he comido todo.
Por mi garganta en sangre comienza ya a subir
un borbotón de palabras hinchadas.

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El reino de este mundo

Hablo
de la muchacha que tiene el rostro desfigurado por el fuego
y los senos erguidos y dulces como dos ventanas con luz,
del niño ciego al que su madre le describe un color inventando palabras,
del beso leporino jamás dado,
de las manos que no llegaron a saber
que la llovizna es tibia como el cuello de un pájaro,
del idiota que mira el ataúd donde será enterrado su padre.
Hablo de Dios, perfecto como un círculo,
y todopoderoso y justo y sabio.

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Madre e hijo

El poeta
bebe el agua del Tigres y del Éufrates,
se desvela y a veces tiene caspa,
y en los salones tiene reservado su puesto
y los zorros lamen su mano antes de huir espantados
por el bronco sonido de su verso.
De púas, de cuchillos, es la piel del poeta.
Con el despertar de la luz sangra la piel del poeta.
A veces, desalado, silencioso,
desierto de los pies a la cabeza,
anochece de bruces en su cama.
La envidia del poeta es amarilla,
su ilusión es azul como un cielo sin guardas.
A ratos a sí mismo se devora, se corta en pedacitos, se reparte,
se mira en el espejo, escupe, llora
sobre los baldosines de la infancia.
El poeta envejece, engorda, eructa,
y en ocasiones el poeta muere.
La poesía, que es inmortal, lo mira desde arriba,
ciega de luz y ajena como una estrella antigua.

Fuente:

Comunicación personal. De la serie El hilo de los días.

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