Corporación Otraparte

La poesía de Miguel
de Cervantes visitada
por siete biógrafos

Mayo 28 de 2015

Presentación del libro “La poesía de Miguel de Cervantes visitada por siete biógrafos” de Ricardo Cuéllar

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Ricardo Cuéllar Valencia (Calarcá, 1946) es sociólogo de la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín y doctor en Literatura de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid, España. Durante 43 años ha ejercido la cátedra universitaria en materias de Ciencias Sociales, Poética, Crítica Literaria, Metodología de la Investigación Literaria e Historia de la Literatura Hispanoamericana.

Su tesis doctoral, “La poesía de Miguel de Cervantes visitada por siete biógrafos”, fue calificada por el Tribunal Examinador como sobresaliente. Ha coordinado talleres de Creación Literaria en distintas universidades. Como periodista cultural ha sido editor de suplementos y revistas y columnista en diarios de Colombia y México. Ha ofrecido conferencias sobre literatura hispanoamericana y recitales de poesía en universidades y foros culturales en Centroamérica, España, México y Colombia. Es director y editor de la revista cultural “Boca de polen” de la Universidad Autónoma de Chiapas.

Algunos de sus libros de poesía son “Fatiga de los cereales” (1977), “Sereno secreto de morir” (1985), “Pasos del sueño y el insomnio” (1991), “De los mitos de Coyatoc” (1992), “Rosa del destino” (2000), “Los cielos de mi cuerpo” y “Ojos dorados del cuerpo” (2002). Entre sus publicaciones ensayísticas se encuentran, entre otras: “Simón Bolívar y las guerras de independencia en la Nueva Granada”, “Escritores chiapanecos del siglo XVII” y “Fray Matías de Córdoba o el pensamiento criollo en el siglo XVII en Guatemala”. Ha sido traducido al inglés, francés y libanés.

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Caza de Libros Editores

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La lectura de la poesía de Miguel de Cervantes ha sido limitada, escasa y malograda. Es el género más descuidado de la obra del Manco de Lepanto. Desde el principio se le desdeñó como poeta. Y lo peor: los comentaristas, casi todos, han hecho una falsa interpretación de versos suyos que vienen en el Viaje del Parnaso, donde, aparentemente, dice que no es poeta. Ha sido la envidia la que ha impedido el pleno y acertado reconocimiento a su trabajo como poeta en verso y prosa. El trabajo que presentamos, La poesía de Miguel de Cervantes visitada por siete biógrafos de Ricardo Cuéllar Valencia, es fruto de su tesis doctoral en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid, España. En él se propone, desde la crítica literaria, con amplia y aguda mirada en torno a la historia de la recepción de siete biógrafos (de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX), explicitar las distintas limitaciones que se les impusieron para entender la poesía como tal, y en el mejor de los casos, la redujeron a un llano documento, mal leído. Cuéllar Valencia desmonta esas desacertadas lecturas desde una sagaz posición, apoyado, principalmente en dos brillantes cervantistas actuales: Aurora Eguido y Pedro Ruiz Pérez. Su rescate crítico, por ejemplo, de los comentarios de Martín Fernández de Navarrete, Francisco Navarro Ledesma, Luis Astrana Marín y Ricardo Rojas son un aporte que debe ser consultado y valorado. El estudio que presentamos es una auténtica contribución al reconocimiento de Miguel de Cervantes como poeta en verso y prosa.

Los editores

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Ricardo Cuéllar Valencia

Ricardo Cuéllar Valencia

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La poesía de Miguel
de Cervantes visitada
por siete biógrafos

Fragmento

Cervantes y la poesía
según Pedro Ruiz Pérez

En el estudio más reciente que hemos conocido de Pedro Ruiz Pérez (2011), Cervantes y la poesía, editado en Guanajuato, México, expresa que todavía no se ha consolidado una lectura crítica que logre poner en el lugar que merece la obra poética de Cervantes, de amplia y no lejana extensión de otros poetas de la lírica áurea, además de un poeta que dedicó un libro escrito en tercetos en el que compone

... un friso, narrativo y satírico, pero también reflexivo y crítico, sobre el panorama de la poesía entre dos siglos, incorporando una lúcida, irónica y melancólica consideración sobre su propio lugar en ese parnaso de rasgos caricaturescos y algunas consideraciones, generalmente desatendidas o malinterpretadas, sobre su particular concepción de la poesía, como idea y como práctica, entre la estética, la crítica literaria y unos apuntes de sociología (Ruiz Pérez 2011: 1).

Como es sabido en los años de profusa actividad editorial, entre 1611 y 1617, Cervantes ofrece a la imprenta un libro muy distinto a los demás, Viaje del Parnaso, en el que propone un trabajo que busca la fusión entre narrativa y poesía...

ya que el Viaje no sólo es un relato en verso, sino una fábula en torno a la poesía, la idea cervantina acerca de este arte y el panorama de su cultivo en la España del momento, si no fuera mejor decir que pone en texto el conflicto entre el ideal cervantino de la poesía y un entorno en la que ya ésta tenía poco encaje (Ruiz Pérez 2011: 11).

Una observación de relevante consideración se propone Ruiz Pérez cuando indica que el largo poema Viaje del Parnaso aparece en un momento de “escaso, esporádico o disperso cultivo de la poesía” (Ibídem). Este planteamiento adquiere una significación muy particular si se tiene presente que en el texto aparentemente se puede construir una imagen de un poeta escasamente dotado para escribirla, asunto que, según una lectura literal, Cervantes asumiera sin ninguna reserva, de suerte que ha permitido, fuera de contexto, suponer que el escritor no valoraba su propia condición de poeta, o lo que es lo mismo, se consideraba un mal poeta. La lectura sesgada, más aún: prejuiciada, como venía ocurriendo desde sus primeros biógrafos como queda planteado en los capítulos que le hemos dedicado al asunto de la recepción de la poesía de Cervantes por parte de siete biógrafos.

9.11 El punto de vista de Cervantes ante la poesía

La marginalidad social y cultural en la cual se ve sumido Cervantes si bien la asume críticamente y con suma lucidez, la melancolía que percibe y describe surge, ineludiblemente, con ironía en la pintura compleja de la narración del poema, en la cual muestra a todas luces, con lujo de detalles, que no era ésta una realidad deseada por el poeta, sino fruto de las circunstancias que se le imponían inexorablemente lanzándolo a tal extremo.

Apolo, desde Viaje del Parnaso, consagra a los cuatro poetas que ya han alcanzado renombre de divino en la vida terrena misma: Garcilaso, Figueroa, Aldana y Herrera. A través del dios, “Cervantes fija un canon, y la autoridad conferida a los modelos es la que se traduce en imitación, incluida la extrapolación de algunos de sus versos, a modo de reconocimiento, homenaje y actualización de un dechado poético” (Ruiz Pérez 2011: 24).

Garcilaso fue el poeta citado, elogiado, reconocido con una devoción constante como ya lo hemos destacado; a Herrera Cervantes le dedica un hermoso y sabio poema en los días que fallece, en forma de epitafio y “síntesis de una apreciación cabal de un modelo de poesía que hubo de tener una especial resonancia en nuestro autor, y no sólo en forma de imitación, como en las dos acciones dedicadas a la Invencible” (Ibídem).

El canon cervantino —es preciso indicar y destacar— está constituido por los cuatro poetas divinizados, en tanto ordenan y dinamizan el desarrollo de la poesía en el siglo XVI y resalta a los escritores más distinguidos entre la poesía profana, sin reducirse al espacio más popular, en los límites del romancero. Deja claro en evidentes referencias su distanciamiento con el envidioso de Lope, con Quevedo mantiene distancia, aunque lo elogia por elemental consideración. De suerte que es posible señalar que

Cervantes completa el canon con el más relevante de los poetas en el momento en que aparece el poema (el Viaje del Parnaso), poco después de que lo haya hecho el Polifemo y la Soledad primera. Sin ensayar siquiera la imitación de su estilo, Góngora, la otra gran referencia cervantina, el poeta en el que supo ver algunas de las más brillantes manifestaciones de su propio ideal poético, llevado a un extremo que él nunca pudiera imaginar. En las alabanzas seriadas del Canto de Calíope y del Viaje el cordobés queda ampliamente singularizado, con una relevancia que destaca la rutinaria acumulación de tópicos laudatorios hacia el resto de los poetas (Ibídem).

P. Ruiz Pérez, estudioso de los Siglos de Oro, con un interés muy especial por Góngora, también andaluz, ha llegado a precisiones verdaderamente esclarecedoras cuando establece las relaciones entre los dos poetas, Cervantes y Góngora, y, sobre todo, cuando precisa la limitación literaria del poeta Cervantes:

De nuevo en tierra de nadie, la escritura cervantina no encontró la fórmula para abandonar del todo la herencia garcilasiana sin acabar de encontrar una senda homologable a la gongorina; es decir, a medio camino de la trayectoria que llevaba la gran poesía del XVI hacia las transformaciones propias de los inicios del siglo siguiente. Sin encontrar la vía para actualizar el sentido de belleza de la lírica renacentista, Cervantes tampoco pudo instalar su verso en los espacios de autonomía estética abiertos por el cordobés. Entre ambos modelos, tampoco le es posible asimilarse a algunos de los grupos formados en la polémica, es una razón más de su aislamiento y, en consecuencia, del escaso alcance del camino elegido para su poesía (Ibídem: 26,27).

El poeta Cervantes conoció muy bien su tradición, supo beber en buenos y finos jarros los elíxires garcilasianos, leer y loar a Herrera, reconocer a su amigo y compañero en Italia, Figueroa y algo a Aldana; entendió a Góngora, respetó a Quevedo; en la prosa y el verso frecuentó las citas intertextuales, supo de los artíficos manieristas. Por todo ello es posible, más allá de las denostaciones vanas y desdeñosas, sin asidero literario, entender que

Cervantes trabajó una poesía labrada con rigor, aunque en escasas ocasiones con brillantez; la obra, en definitiva, de quien asumió la vocación de ser poeta como un auténtico compromiso moral, con una dedicación constante y sostenida. Precisamente por ello, por el alto nivel de exigencia fruto de las aspiraciones de su ideal, fue una poesía muy restringida en sus realizaciones, siempre —o con muy escasas excepciones— encomendada a una enunciación de pie forzado, la de la circunstancia externa, la de la voluntad de inscripción en el campo literario o, con más frecuencia, la creada ficcionalmente para poner a los personajes en disposición de una expresividad ajena a la del autor, pues en Cervantes nunca se identifica la poesía con la transparente manifestación de la propia intimidad (Ibídem: 33).

Reconocer que la escritura poética de Cervantes fue elaborada desde el rigor que se impuso, no siempre con los logros de los radiantes versos, es fruto, ciertamente, de una vocación sostenida desde los inicios con el maestro López de Hoyos hasta el final de sus días. No debemos olvidar que Cervantes desdeñó el lujo verbal en la poesía, no por incapacidad, pensamos que fue una manera de entender su trabajo, más cercano a una postura moral, marcada por las necesidades de su realidad como escritor, comprometido con la defensa de la misma, atado, por supuesto, a ideas rastreadas, asumidas, de la tradición y sometido, especialmente, a urgencias que no podía eludir dadas sus verdaderos e insuperables tabiques en todos los órdenes sociales, políticos y estéticos. Por ello se lanza a escribir el Viaje del Parnaso, en la perspectiva de inscribirse en el espacio o campo literario con una voluntad crítica desconocida, ajena al momento que le tocó vivir. Aporte indudable.

No nos parece muy claro que en Cervantes nunca se identifique poesía con la transparente manifestación de la propia intimidad, si tenemos en cuenta que un poeta, por muy alejado que pretenda presentarse en su escritura del mundo subjetivo, de lo estrictamente personal, se distancie de tal manera que deje de signar, cifrar y revelar en clave su mundo interior por otros medios, desde algunos personajes, propios de la narrativa o los versos, si tenemos en cuenta que las transferencias, las metonimias y sublimaciones juegan un papel decisivo y determinante en la escritura literaria. Asunto que deberá estudiarse con detenimiento y, sin duda, nos llama profundamente la atención.

Fuente:

Cuéllar Valencia, Ricardo. La poesía de Miguel de Cervantes visitada por siete biógrafos. Caza de Libros, Ibagué, 2015.

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