Corporación Otraparte

Presentación

Río arriba

—Mayo 23 de 2019—

Portada del libro «Río arriba» de Yadira Vidal

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Yadira Rosa Vidal Villadiego (Unguía, Chocó, 1986) es antropóloga, educadora, escritora y defensora de los derechos humanos y del patrimonio cultural e histórico. Desde hace diez años participa en el Taller de Escritores Urabá Escribe en Apartadó, Antioquia, ha escrito textos académicos sobre geografía y paisaje, y sus cuentos y poemas han sido publicados en las antologías «Policromías literarias» (2013), «Antología Relata» (2013) y «Las musas cantan» (2016), recopilación del V Encuentro de Poesía Las Musas Cantan «Grito de Primavera». «Río arriba» (2018) es su primera compilación poética personal.

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Yadira Rosa Vidal Villadiego barrunta desde una mirada antropológica ese panorama que reconstruye los recuerdos retoñales de cuando el patio era grande y los ojos no podían abarcar todo el paisaje que la imaginación procesaba. Algo iba quedando en su corazón de niña que hoy traduce en el lenguaje del poema, para una poética de la exuberancia y con toda la frescura del agua chapuceada en una quebrada por una muchacha a la vista de los pájaros.

Juan Mares

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Yadira Rosa Vidal Villadiego

Yadira Vidal Villadiego

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Dos poemas
de Yadira Vidal

Las cocineras

Son pájaros color berenjena
hacen su nido en tierras bajas, donde el sol
camina en un verano permanente.
Las cocineras tuestan sus alas en los matorrales,
ven pasar a los campesinos
que no les gusta escucharlas,
si oyen su canto más de tres veces
alguien cercano se irá antes que la rueca solar de otro giro,
ese anuncio es irrefutable, si el canto se escucha
y un relámpago ilumina el horizonte

Agachada entre matorrales escuchaba su fiesta
como si el arroz se cociera en el caldero,
su canto advertía la visita del aguacero,
como rosario, el tamiz del cielo se desgranaba y alguien decía:
una bruja se ha casado.
El arcoíris nacía el índice de un dios indio,
yo permanecía agazapada entre hojas de mafafa
viendo a las cocineras arropadas con su plumaje
en las ramas de los guayabos.

Algunos creen que son mariamulatas,
pero no, las cocineras
no en vano reciben este nombre
ellas no solo cantan,
también cocinan,
sazona su canto el paisaje que habitan.

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El pilón

Tallado del corazón de un almendro, el pilón de la casa era fuerte, semejante a almas que soportan el sufrimiento.

Temprano en la mañana pilaban el maíz de las gallinas y la mazamorra del almuerzo, la abuela aclaraba que así daba mejor el caldo. La natilla en épocas decembrinas tenía mérito solo cuando se pilaba.

En el pilón se trituraba plátano para hacer coladas y todo lo que se podía machacar cuando el molino se dañaba.

Como un bembé en noches chocoanas, brincaban las semillas del arroz al evitar que las manos del pilón, ufanaran su desnudez. El golpe seco de la madera retumbaba en los ranchos, eufonía ancestral que parecía golpeaba el alma.

El sonido que estallaba en el patio era la promesa de un plato servido, una danza cadenciosa que terminaba cuando las últimas cascarillas del arroz teñían el suelo de pajizo.

Recio pilón que dormitas en el patio, reflejas en lustroso cuenco la cara de la noche. Recoges en tu ombligo lágrimas de las tormentas y la oscuridad que hostiga al rayo.

Has abrigado en tu seno estrellas fugaces antes de convertirse en deseo.

Tosco pilón que serviste de carro al rodar por la platea de la infancia. Hoy, reposas en un rincón de la casa. Evocas la añoranza de otros días, cuando los hombres tenían tiempo para contemplar el ocaso.

Fuente:

Vidal Villadiego, Yadira Rosa. Río arriba. Editorial Manuel Arroyave, Medellín, 2018.

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