Corporación Otraparte

Presentación

La risa de
Demóstenes, rara, II

Abril 15 de 2010

“La risa de Demóstenes, rara, II” de Gabriel Jaime Caro (Gajaka)

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Gabriel Jaime Caro (Gajaka) (Medellín, 1949). Poeta, lector (Hunter College, N.Y.), crítico de cine, pintor e ilustrador. Actualmente reside en New York y Medellín: medio año en cada plaza. Corresponsal de varios diarios de América: Diario la Prensa, Tribuna Hispana, Colatino y San Salvador, entre otros. Tiene estudios de Derecho (Universidad de Medellín) y Periodismo (Universidad de Antioquia). Cofundador de varias revistas de poesía, entre ellas “Cine Debates” del Cine Club Universitario (1974) y “Siglótica” (1977), ambas en Medellín. Luego, en Nueva York, “Crucimes in Usa” (1982) y “Realidad Aparte” (revista ilustrada de poesía), de la cual fue director entre 1984 y 2000 (24 números). Prepara en Nueva York y Puerto Rico, lo mismo en Colombia y México (con la poeta Norma Wanless), talleres de poesía barroca y neobarroca. Ha publicado los siguientes libros de poesía: “21 poemas” (Editorial Crucimes, Nueva York, 1983”, “La risa de Demóstenes, rara” (Editorial Posada, México, 1986”, “El libro de los seres inútiles” (antología personal, Editorial Endimión, Medellín, 1989), “Orvahlo” (tríptico con Carlos Enrique Ortiz y Javier Naranjo, Editorial Ojo, Medellín, 1990), “El eco de este ardid” (Editorial El bolsillo roto del mecenas pobre, 1999), “Hasta el sol de hoy, poemas reunidos” (Editorial Palabra Vida, Medellín, 2003) y “La risa de Demóstenes, rara, II” (Editorial Palabra Vida, Medellín, 2009”. Ha sido publicado en diversas antologías de Colombia y América. Tiene dos obras de teatro (show musical y poético): “Marilyn Monroe, para los involucrados con ella”, y “Juana la Loca en el Castillo de Tordesillas”, que el autor mismo representa en monólogos a dos voces.

Con la participación de
Óscar González y Luis G. Sierra

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La poesía de Caro es en ella misma una suerte escasa, es lo contrario al gran número, al promedio, a la mayoría, a la masa, es la excepción absoluta, lo sui géneris mismo, lo otro. Por eso escapa al estado general de ruina y de miseria en que ha caído la literatura colombiana de hoy, convertida en proyecto personal de arribistas, en negocio familiar de tenderos y en farsa de todos aquellos que piensan que es mejor ser poeta a no ser nada. La poesía de Caro no sólo no se parece más que a sí misma, sino que no busca parecerse a nada de aquí o de allá. Acepta la condición de su ser único y de no poder ser referida a nada. Sin embargo hay que decir que Gabriel Jaime es, en sí mismo y como persona y poeta, totalmente filial de todos los poetas auténticos de la historia de la literatura universal, pues entiende y realiza la condición de poeta como una condición trágica de libertad.

Carlos Enrique Ortiz

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Poema Jaime 27

(Filosofía barroca, que no la hay,
contra fiebres de loterías moras)

A C.E. Ortiz por la magia de la música de Led Zeppelín, “Kashmir” (versiones maravillosas).

Jaimeee!, ¿Qué es el ascetismo? Jaime tome aire de fierecillo antes de contestarme.

Valiente entonación del antes que Uno. Creo es a medias Todo. Como decir meras caricias, meras sospechas que se copian y permanecen por largo tiempo sin definir. “Si el Todo es inmutable, podemos conocer el Todo”. Aristóteles, el macedonio y, Macedonio Fernández y su canto espiritual, de maestro escondido en La boca.

Jaimeee! vaya adrenalina de bosques húmedos. Yo le podría ayudar, el Otro, un hombre libre es afable y conexionista, pues prefiere el experimento científico al dogma judeocristiano, separados por un billete guardado en un banco suizo.

Yo vivo con dolor en el estómago cada que dejo el libro inédito, y me asomo al día de domingo, buscando libertades más saludables, y pasa la vejez sin premio a conmemorar la noche de San Bartolomé, y subsiguientes, con la risa de la sangre de los hugonotes derramada para Cristo.

Jaimeeeee! y su pipa de la paz metida por años en un pote de vitaminas C, cuidando su cerebro de tormentas refractarias. Baila como un ruso hasta clavarse en la estaca del límite purulento. Lo dice “chiempre” (por siempre).

Jaimeeee! La calle teñida de mosqueo, cocinada para madrigueras, justo al voltearla para no entender más allá de la lucha hereditaria.

Y el loco de Kalhid huyéndole al judío errante. Jaime, el oboe te señala el último impulso transgresor del día.

Y la guitarra eléctrica cuando le das un toquecito a tu lenguaje de Analectas, y no grabo porqué no quiero una novela. Pero sigue el rock de la guitarra eléctrica al gran invento de la imagen homosexual del concierto multimillonario en almas.

Cadmio, amigo, dame algo a esta falta de imaginación y, de humor.

Fuente:

Caro, Gabriel Jaime. La risa de Demóstenes, rara, II. Editorial Palabra Vida, Medellín, 2009.

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