Corporación Otraparte

Presentación

Sicomoro•Oropéndola

Traducción de Rafael Patiño

Febrero 2 de 2012

“Sicomoro•Oropéndola” de Ken MacCullough

* * *

Ken McCullough (Estados Unidos, 1943) es poeta laureado de Winona (2009-2011), traductor, narrador y tallerista de escritura creativa. Obra poética: “Migrations” (1972), “Creosote” (1976), “Travelling Light” (1987), “Sycamore Oriole” (1991), “Obsidian Point” (2003), “Walking Backwards” (2005) y “Left Hand” (relatos, 2005). Ha recibido las siguientes distinciones: Premio Academy of American Poets, National Endowment for the Arts Fellowship, Pablo Neruda Award, Galway Kinnell Poetry Prize, Premio New Millennium Poetry, Premio Blue Light Book y Premio Capricorn Book. También ha recibido las becas The Witter Bynner Foundation para la Poesía, The Iowa Arts Council y The Jerome Foundation para traducir dos obras de U Sam Oeur: “Sacred Vows” (poemas, 1998) y “Crossing Three Wildernesses” (memorias del mismo poeta, 2005). McCullough vive en Winona (EE. UU.) con su esposa Lynn Nankivil y su hijo Orion. Trabaja en la Universidad Saint Mary de Minnesota en calidad de director asistente de consejería académica.

Lectura de poemas y
conversación con el traductor

Sílaba Editores

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McCullough construye un recinto iniciático hecho de palabras, encendiendo un fuego que purifica y resiste.

Diane Glancy

Ken McCullough asume el rol de chamán... y renombrando el mundo y las cosas las hace girar entre su esplendor esencialmente mágico, logrando que la experiencia del poema sea testimonio de lo iniciático que vincula al hombre con lo invisible.

Rafael Patiño Góez

Atento tanto al universo humano y no humano, y humorosamente humilde en su postura hacia ambos, el registro de Ken McCullough de ascenso y descenso es un buen antídoto correctivo a las numerosas “búsquedas visionarias” preempaquetadas que se amontonan en los estantes de las librerías de la Nueva Era.

Anselm Hollo

Sicomoro•Oropéndola concluye con una imponente serie de instrucciones en pentámetro lírico para el hijo de McCullough, produciendo el fruto de sus viajes. Ellas son direcciones hacia un lugar en donde no hay diques, un lugar en donde su hijo debe aferrar su propia tierra, en donde debe él aprender a “Respirar, hablar reciamente”. En este libro, Ken McCullough se enseña a sí mismo —y a aquellos que tienen la suficiente suerte de leerlo— la misma lección. En este viaje viajarás liviano y hacia la luz.

Ed Folsom

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Poema de
Ken McCullough

Instrucciones

Para Galway

Traza el espinazo hasta donde se esfuma.
Allí, unas gencianas chupan el color del firmamento.
Discernirás unos danzantes, apenas visibles,
tambaleando como borrachos a través del álamo temblón.
Cuando escuches el llamado de un cuervo alzarse como la avidez,
viajando al sur, voltea y siéntate. Un fino polen
se aposentará sobre tu cabello y tus hombros.
No lleves armas. Muchos osos se te cruzarán
incluso si un oso pardo se yergue y rasga el aire,
afíncate en tu suelo. Respira. Habla con firmeza.
Pasarán años antes que llegues aquí.
La primera vez, permanece solo. Si me necesitas
mira encima de tu hombro, cincuenta pasos atrás.
Llama y yo veré contigo a través de tus ojos.
Y en esta mañana, esta mañana primera,
habrás de sentir amor, la piel extendida para ti
para ponértela encima por el resto de tu vida. Ella
será azul —no del color de las montañas
mientras la luz del sol se desvanece o de aflicción,
sino del color de las plumas y de los ojos
y de los viejos que viven en medio de la nieve.
Escucharás los ritmos de un océano
y tu cuerpo se alzará en lentas espirales
arriba hasta el sitio encumbrado. Desde allí verás
el profundo rostro de obsidiana de tu pasado.
Resiste los terrores. Deja que el rápido relámpago
se retuerza a través de ti para echar raíz en el centro
de la tierra. Él habrá de hacer vapor de tu sangre.
Aspirarás, entonces, algo semejante a gardenias,
pero mucho más lejos de sus más salvajes ecos, tan
cristalino habrás de llorar lágrimas de turmalina.
Sabrás tú cuándo descender. Sigue la
vieja carretera, el dichoso hielo sobre el raudal de luz.
No hay diques aquí. La corteza encima de tus manos
será blanca, hijo mío, tus ojos lunas verdes.
Empieza corriendo delante del tiempo, dentro del tiempo,
no importa —ahora puedes dormir, por siempre.

Fuente:

McCullough, Ken. Sicomoro•Oropéndola. Traducción de Rafael Patiño, Sílaba Editores, Medellín, 2011.

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