Corporación Otraparte

Presentación

Toda la sangre
que nos queda

—Marzo 21 de 2019—

Portada del libro «Toda la sangre que nos queda» de Natalia Jaramillo

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Natalia Jaramillo (Envigado, 1977) ha publicado los libros «Poemas para matar a un hombre», primer puesto en el Festival de Arte Joven del municipio de Sabaneta, Antioquia (1999), «Poecitas» y «Golosinas para comer con las manos sucias». En su blog Ojodevino escribe crónicas, recetas, poemas y relatos para sus amigos y algunos lectores desprevenidos. Participa activamente en la Fundación Librosbarco, entidad promotora de lectura.

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Fallidos Editores

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Mis poemas llegan como pájaros traídos por el aire que respiro cualquier día, nada particular, a veces todo personal. Léelos, bébelos, compártelos, hazlos tuyos.

Natalia Jaramillo

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Natalia Jaramillo

Natalia Jaramillo

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Dos poemas de
Natalia Jaramillo

Disfonía

Con más de 40 años,
y no he sabido lo que es vivir sin miedo.
Nací en un país de calles oscuras,
de fusiles en mano,
de gobierno sin ley.
Cada quién con deseos de llevarse la mejor parte,
ahogados en su propia sangre.
Nos hemos pasado navegando sin rumbo
debajo de ceibas que tratan con ahínco
de cubrirnos del abrasador fuego de las balas,
a veces sí, mil veces no.
Respóndeme querida patria:
¿dónde está mi hijo?
¿mi hermano?
¿mi padre?
¿A qué oquedad sin fondo ni luz
llegaron sus almas?
¿En cuál de tantas quedó la mía?
Ya no hablas.
Tu disfonía es algo paradójico,
estás dejando de ser
y tus gritos se oyen a lo lejos.
Recuperarás tu aliento, tu voz
el día que volvamos a cantar un vallenato
sin agazaparnos,
tendidos bajo un guayabo,
descalzos,
sin miedo.

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Un refugiado

Soy un ido,
un refugiado,
un volado.
Tantas fronteras debajo de mis pies,
marcadas en mis rodillas.
Antes, tenía una bandera que era cobijo y arrullo para mis hijos.
Ahora, no tengo nada, ni rumbo, ni refugio,
esa bandera es de un nailon que no cobija, solo eso,
como el maldito escudo que no dice nada.
Perdí mi nombre entre el pantano.
La cabeza de mi hermano quedó enterrada
junto con la inocencia de mi pequeña
y todos mis dientes.
Ya ninguno llora,
nos hemos secado,
pero el frío nos mantiene húmedos como gusanos.
Eso somos para todos, para el mundo y sus banderas,
gusanos que comen sobrados,
que se visten con las hilachas que dejan,
perdimos todo derecho de ser.
Pertenecemos a las estadísticas del miedo,
las que tocan a los grandes
porque los hace sentir incómodos por comer caliente,
por dormir,
por pertenecer.
Soy un ido,
un refugiado,
un volado.
Hago parte de las noticias de las siete,
soy importante en los segundos que muestran nuestra miseria,
pertenecí en el instante de tu lamento.
Dejé de ser cuando
la bomba,
la bala,
la mina,
la amenaza
perforó el alma que me ataba a la humanidad.
Hace tiempo dejé de tener nombre
soy un colombiano más,
un sirio más,
un cubano más,
un palestino más,
un mexicano,
un africano,
un latino,

soy una cifra.
Un ido,
un refugiado,
un volado.

Fuente:

Jaramillo, Natalia. Toda la sangre que nos queda. Fallidos Editores, Medellín, 2019.

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