Corporación Otraparte

Presentación

Manuscritos que
aparecerán en
Versiones nº 5

Mayo 12 de 2006

Libreta manuscrita de Fernando González

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Santiago Arango, director de la revista “Versiones”, editada por estudiantes del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia, presentará los manuscritos inéditos de Fernando González que serán publicados en la edición número cinco de próxima aparición. La lectura de algunos fragmentos estará a cargo de Olga Lucía Echeverri Gómez, directora del programa radial “Hablemos de filosofía”, que se transmite los lunes a las ocho y treinta de la noche por la Emisora Cultural Universidad de Antioquia (1.410 AM - 101.9 FM). Esta presentación hace parte de un ciclo de conferencias programadas por la revista “Versiones” alrededor de la vida y obra del maestro.

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“La presencia de las libretas es fundamental para entender la génesis de los libros de Fernando González. Son las libretas las que se van preñando con un tema, con un personaje, con una trama novelada. En obras anteriores se ve claro que el autor toma esos apuntes y los organiza, los retoca, los ubica. Aquí, en el Libro de los viajes o de las presencias, las libretas son robadas y se publican en la redacción primera, vital, sin retoques, sin la vanidad de la publicidad. Por eso el texto es profundamente personal, íntimo, de una sinceridad sin atenuantes.

Cuando en un libro de Fernando González la narración se interrumpe para transcribir libretas, no se trata de un pretexto para dar salida a esos apuntes, sino que las libretas son parte del género narrativo que inventa el autor. Y, vale la pena repetir, son un testimonio de autenticidad, de verdad, de desnudez. Porque Fernando González nunca escribió una obra por el prurito de publicar un libro. En una de sus últimas entrevistas dijo: Yo no he escrito ningún libro adrede. No soy literato. Es mucho mejor vivir la vida que escribirla. Lo más que hago es quedarme algunas noches desvelado para hilvanar un libro. Y el día antes de morir, en la entrevista citada al principio de esta presentación, señalaba: Cuando he escrito libros, estos han sido mi tiempo-espacio, así como la respiración es uno mismo”.

Ernesto Ochoa Moreno
Presentación del “Libro de
los viajes o de las presencias”

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Libreta nº 10

La Muerte

La muerte se diferencia de la “la vida” o “nuestra vida” en lo siguiente:

Uno, vivo, ex-iste o co-existe, o sea se manifiesta o manifestamos; es pues el yo un muerto-vivo-muriendo-viviendo. Esta vida son las coordenadas de esta vida, las coordenadas en las cuales entendemos al Ser. Esas coordenadas, cuerpo, pasión-mente están en sucediendo; nunca dejan de sucederse; nunca las células corporales, las pasiones, los conceptos se detienen: se suceden y dan la ilusión de un yo, algo que es el paciente.

Pues bien, al morir, cesan las coordenadas, cesa el yo. Lo que se diga de qué sigue, lo dice un hombre, coordenadas humanas; es una imaginación o proyección de las coordenadas... Pero te digo esto: Antes de haber nacido mi yo, en ese infinito de antes... no hay dolor, ni placer, yo ni no-yo, y nadie se lamenta; quizá nadie cambia esa infinita ausencia de yo por su yo.

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La frase usada por la Biblia para referirse al que muere: “Dios lo recogió en sus pueblos” es de una veracidad y dulzura inefable.

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Oro así: “Señor: ¡Líbrame de mi yo! Líbrame de esta carga, pero que se haga tu voluntad y no la mía, o sea, líbrame de mi yo”.

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Adán quiso conocer el “bien y el mal” y así fue: apareció el yo.

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Es lo único que satisface eso beato e infinito que precedió a nuestro yo de hombres. El Hombre era en el Ser y quiso Ser en su mundo.

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Por eso hay que “morir” para vivir.

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De la muerte, como es el vivo el que la imagina al ver el cadáver y asistir a la descomposición, la imaginamos como nada. El concepto nada está implícito en la presencia. Nosotros, los hombres, tenemos cada uno su presencia, el Ser en nosotros, y como especie tenemos eso genérico que se llama presencia humana. Esa presencia no es el Ser sino el Ser en nosotros; cada ente, el caballo, la mimosa, el mineral, tiene su presencia, el Ser en ellos.

Y al ser así, es categoría del hombre la Nada; fuera del Ser que se va dando en él, hay la Nada, que es lo Ser en cuanto no le es dado. Así, en la muerte está la Nada —y de ahí el temor... Perdida la Presencia, ¿qué hay? La nada, puesto que al no ser la presencia nuestra, es nada.

Y como la presencia se le va dando, son categorías del ente la nada, el espacio y el tiempo, la realidad y la irrealidad, el bien y el mal, lo bello y lo feo. Hay entes que Sí desde sus coordenadas, presencias, se imaginaron llegar a ser hombres, vivieron imaginariamente, que se acabaron, se anonadaron, entraron en la Nada.

La muerte, dado que El Ser es y que somos los sucediéndonos, es un sucediéndonos en El Ser, y lo mismo el nacimiento.

Desde esta presencia que expongo, un moribundo y un óvulo femenino fecundándose son casos similares de sucediéndose; es un ir siendo en coordenadas.

Así, el que murió nació y el que nació murió... en coordenadas... Porque cada instante del vivir es un morir y nacer, pero en las coordenadas humanas, la defunción es un acabarse de coordenadas, lo cual ilustra en algo la metamorfosis de los insectos... Todo vivir es metamorfosis realmente. Realmente no hay muerte ni vida sino viaje en el Ser, historia infinita y que realmente no es temporal; es temporal porque nuestra categoría es temporal-espacial. El Ser no es grande ni pequeño, bueno ni malo, el Ser es Nada que se hace presencias al “realizarse”, así como para que haya figura la luz debe ser limitada y obstaculizada por lo que llamamos ente, el cual realmente es nada. Para nosotros, Nada es Dios y realidad es nada. Desde las coordenadas humanas indefectiblemente veremos que es nada lo que no es nuestra presencia.

Como al Ser nadie puede vivirlo sino en cuanto se le da, en cuanto a la idea del cuerpo actualmente existente en acto, aun el que más viva al Señor, al Ser, está rodeado de Nada.

Es falso esencialmente que pueda haber y haya habido hombre cuya alma sea la idea del Ser, o sea, que sea Dios. Cristo, que es el Sucediendo, el Hijo Único de Dios, al hacerse hombre padeció como tal y tenía la idea del Ser como la del Padre, y en la cruz vivió la nada y dijo: Padre, por qué me has abandonado. Y Cristo era Dios, el Ser, pero se hizo hombre, con las categorías humanas de presencia, tiempo, espacio, Ser y Nada, vida y muerte. Por eso hay Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esto es lo último, el Sancta Sanctorum de los mundos que el hombre puede entrever y gozar aquí.

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Dada la idea del Ser o la esencia del Ser, que es presencia como esencia, decir que el hombre se realiza o se identifica con Dios, como ciertos hindúes, es absurdo.

Al Ser y en El Ser vive la creatura en cuanto padece y piensa o entiende, o sea, viaje pasional, mental y espiritual o de conciliación de opuestos o ascenso en coordenadas o realidad en vida humana. Lo demás no es vida humana sino continuación de la soberbia, Ser Dios, que fue la perturbación paradisíaca.. Y es necesario que haya infinitos mundos o presencias del Ser en la creatura. En el Desombligado hay infinito número de entes u ombligados, en infinito número de presencias. “Muchas son las moradas en la casa de mi Padre” (Jesucristo).

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La Beatitud o Presencia-Esencia es infinita y por eso en ella hay infinito número de presencias o entes, o mundos, universos, etc.

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Y Cristo, el Hijo de Dios, es el Sucediendo; “Todo lo que el Padre tiene es del Hijo”.

Este mundo humano es la perturbación paradisíaca. Aquí estamos presos, viviendo lo que quisimos vivir.

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Y no terminará lo humano sino cuando todo se cumpla. “Estoy ansioso porque el mundo arda. Yo vine a traer guerra y no paz”.

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En este mundo se cumple la historia del “bien” y del “mal”. “Conoceréis el bien y el mal si coméis de la fruta del Árbol prohibido”. Y así fue. “Y la mujer quebrantará la cabeza del animal astutísimo”. Y así es y será.

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Pero ya estoy tratando de Otraparte con términos de cuantos de aquí.

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Tengo miedo de alejarme del Ser. Tengo loco deseo de ser verídico, clarísimo, exponer entendida mi existencia a cada instante. ¡Dame tu gracia, Señor! ¡Dame tu gracia!

Fernando González

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