Corporación Otraparte
Boletín n.º 71
Octubre 20 de 2008

Salomé
El remordimiento

(Nueva edición del
Fondo Editorial Eafit)

El remordimiento y Salomé de Fernando González - Fondo Editorial Universidad Eafit

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La Corporación Otraparte presenta la primera edición conjunta de “El remordimiento” y “Salomé”, libro publicado como segundo título de la colección “Biblioteca Fernando González” del Fondo Editorial Universidad Eafit. En el evento contaremos con la presencia del presbítero Daniel Restrepo González, autor de “San Fernando González, Doctor de la Iglesia”, y del estudiante de filosofía Juan Sebastián López, autor del ensayo “Fernando González: Itinerario de un viandante”. Jueves 23 de Octubre - 7:30 p.m. - Casa Museo Otraparte.

Fondo Editorial Universidad EafitBiblioteca Fernando González - Fondo Editorial Universidad Eafit

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Daniel Restrepo González (Envigado, 1932). Sacerdote de la Arquidiócesis de Medellín desde 1958, se ha desempeñado como docente en el Seminario Menor de Medellín, misionero en el Amazonas y párroco en diversos municipios antioqueños. Ha publicado “Mitología Uitota” (en compañía de Ángel Kuyoteca), “El doctor Francisco Restrepo Molina”, “Mis cuentos para muchachos”, “La historia chiquita del Seminario Menor de Medellín”, “Putumayo, caucho y sangre” (con texto de Roger Casement), “Sí muchacho. Tú”, “San Fernando González, Doctor de la Iglesia”, y las biografías “El padre Marianito”, “El padre Toñito” y “El padre Danielito”. Hijo del doctor Francisco Restrepo Molina y de doña Graciela, hermana de Fernando González Ochoa, ha llevado una vida evangélica, desprendida y sencilla. Actualmente es capellán del Refugio Bernarda Uribe de Restrepo en Envigado.

Juan Sebastián López Morales (Medellín, 1978). Músico del Instituto de Bellas Artes en Medellín, actualmente se desempeña como profesor particular de piano y está terminando sus estudios en el Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia, donde prepara un trabajo monográfico sobre el poeta colombiano Jorge Gaitán Durán. Durante el desarrollo de la carrera se ha interesado asimismo en autores como Fernando González, José Manuel Arango, Aurelio Arturo y Efe Gómez.

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Cuaderno de recortes de Fernando
González y Margarita Restrepo

Cuando llegaban gentes al Consulado y veía que casi todas eran menores que yo, me preguntaba: “¿Qué diablos voy a ofrecer al espíritu? ¿Qué primaveras puedo sacrificar?”. Por eso atizaba estos amoríos de mi carne madura, y cuando Tony me entregó un papelito que decía, “J.V.A.”, yo te amo, corrí a la iglesia de la calle Paraíso, me arrodillé y le dije al espíritu: “Vengo a ofrecerte este papelito...; en cambio, dame conocimiento...”.

Fernando González

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Prólogo

Por Daniel Restrepo González

Duermen las gónadas del niño. Por eso es remanso de inocencia y candor. Despiertan las glándulas del joven, con hormonas a torrentes, y éste se torna rijoso, pujante, explosivo, ignívomo como un volcán. Apremian el amor y los instintos en el hombre maduro, y lo llaman y lo acucian, y éste pugna por realizarse, por transmitir la vida. Y en el viejito no se apagan las urgencias. Podemos comprobarlo con el pordiosero nonagenario, Polito, que se confesó con el Padre Elías:

Yo..., cuando me duermo..., el alma se me va púai... a rocheliar con las muchachas... ¡Qué sueño tan pendejo, padre, el que tuvianochii!...: que estaba rocheliando con la Teresa, la viejita que se murió hace tantos años!...; y la Teresa estaba mismamente como la noche del casorio...; ¡je...je...je!... ¡Ave María, padre Elías!...: El alma no se muere ni se duerme... y se larga a rocheliar puai, por los rastrojos... ¡je... je... je!... (TI 113-114).

Al Padre Elías mismo, setentón ya, ¿no lo acuciaban los reclamos de la carne y las nepentes manos de Martina? Ahora me sorprendí en el confesonario diciéndole a un amancebado que la inteligencia, el señorío, etc. Y a poquito, a las tres y media, me cacé a mí mismo sentado aquí en el patio de la casa cural, haciendo imaginarias novelas carnales con la Perraflaquita, disfrazadas de “virtudes de sacristía”. (TI 64). ¡Qué vitalidad y amplitud la de esa mano! ¡Mano verídica, mano de la vida! ¡Mano salutífera! ¡Mano verdadera! (TI 25).

El cronograma del párrafo inicial nos dibuja los diversos climas psicológicos en que los autores pueden encontrarse al escribir sus libros. Fernando González, a sus cuarenta años, se hallaba en el tercer renglón cuando escribió a Salomé en 1934 y El remordimiento en 1935.

A Fernando le gustaban las mujeres, claro está. Todo un varón. Pero su anhelo fue siempre dominarse. Quiso siempre escalar las alturas. Por eso se adueñó de las estrellas. Su máxima conquista fue Dios. El ideal que buscó desde pequeño, y buscó siempre, fue conocerlo de vista (CR 120). ¿No leemos acaso: No he cambiado de objetivo: desde niño u óvulo atisbo a la juventud eterna y la busco y rebusco en caños, albañales, cuevas, muchachas y viejos. Desde niño me definí o conocí como el que atisba a Dios desde su letrina (CR 104)? Y dijo también:

¡Sólo Dios, sólo la idea de belleza! (Sal. 30).

Veo a Dios. ¡Cuán bello es el que está escondido, el que susurra bajo las formas de la vida! (C R 19).

¡Oh, Tú, nombre inefable, Presencia! Soy lo que tengo de tu anchísima presencia, de la realidad inagotable que hay en Ti partout, y que, ay, no viví durante mis años mozos (LVP 206).

Soy casa abandonada, pero que no quiere ser casa de marranos. Antes, fui casa de marranos (LVP 238).

La verdad, o sea, Dios, la coloco por encima de la patria y de todo (CE 14).

Por mi alma hay una gran cantidad de alas de gaviotas...; por allá vuelan, las patas bellísimas contra la cola ágil. Ya verás, ya verás... Y Dios me hace señales; ahora es cuando todo el universo se me ha convertido en señales divinas; es como un guiño de ojos. Creo que Dios me llama. Despierto a las cuatro, y siento la seguridad de que me llaman (CE 86).

Hace tres años que busco a Dios, como mi mamá buscaba las agujas, en Envigado (CE 87).

Dios me está llamando, sigue llamándome... Necesito sentir a Cristo en mí. Entra, Señor, entra y barre y embellece... ¡Qué hermoso eres! ¡Empuja, pues, y derrumba! ¡Llámame con voz más urgente! Yo no puedo ir a Ti, pues “venga a nos tu reino”. Empuja, urge, incita (ME 108-110).

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“Salomé” - Ilustración por Daniel Gómez Henao

“Salomé” - Ilustración por
Daniel Gómez Henao

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Fernando vivió la primavera en París. Se relata en Salomé. Eran la luz y el calor emergentes. Resurgía la naturaleza de la gélida muerte del hielo. Allí atisbó los amores de Salomé con sus amigos, los gatos; los amores de los canarios en sus jaulas; los amores de la Madame Rousseau con su marido y sus mozos; los amores de Tony.

Pero, a pesar de escarceos, Tony quedó virgen. Ante el altar de la Señora del Perpetuo Socorro, en la iglesia de la rue Paradis ofreció Fernando los calzoncitos de Tony, en calidad de exvoto por el triunfo, después de haberlos olido con inocencia y fruición en el almario de las maderas balsámicas.

Era el Fernando que había dejado vírgenes (como dejó intocada otrora el José bíblico a la mujer de Putifar, que le dijo: “acuéstate conmigo”) a Margarita, la dentrodera de la casa del cruel Ubaldo Ochoa, a la Teanós de Grecia y a la Tony de Alsacia. (CE 33, ER 29).

Era el Fernando que había sucumbido in turpia con la joven mulata, fortísima y virgen; y con la coja Matea (DM 178); y consignó en sus libretas: Si le dije a Tony “non serviam”, o sea, “no me acostaré”, fue porque ya me había acostado con otras. (ER 39).

Entonces, ¿Fernando fue un lúbrico? Algunos lo afirman. Son mojigatos o miopes, aquejados de aberraciones inconfesas. Pero él no fue vulgar. Fue un hombre contenido y austero que le cantó a la castidad (cf. VP 195). Y cuando erró, que humanum est errare, siempre lo acompañó el remordimiento, que le sirvió como acicate, como instrumento mágico o artilugio de ascenso en la superación y en la enmienda.

“El remordimiento es la inquietud o pesar interno que queda después de ejecutada una mala acción”, nos dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua.

Fernando lo definió así: Remordimiento es la intranquilidad que precede, acompaña o sigue a una acción. Por eso divide el remordimiento en precedente, concomitante y consiguiente (ER 116). Y lo explica.

Cuando Fernando escribió El Remordimiento, que es un tratado sui generis de teología moral, quiso mostrarnos que el remordimiento es la herramienta justa para perfeccionarse y escalar. Es ésta, doctrina suya “original”, y denota una gran clarividencia.

No fue Fernando, pues, un crapuloso. No fue un viejito verde. No fue pornográfico. A la juventud le inculcó respeto por su cuerpo, respeto por sus actos, respeto por el amor y la fecundidad, respeto por las funciones genitales y sexuales, respeto por la vida. Leamos al respecto: Paseo dominical, a pie, acompañado de mis hijos. ¡Qué bueno poder evitarles los vicios sexuales! Crecerían fuertes y firmes. No serían subhombres... (MSB 25).

La vida entera de Fernando fue un remordimiento tormentoso, colmado de dolor. Diría yo que de tragedia. Leamos lo que de un caso concreto expresó en el Libro de los Viajes o de las Presencias:

Recuerdo ahora con gran remordimiento a aquella muchacha vasca que fue a buscarme al anochecer, enamorada del dios que le habló por mí. Ese día encontró al dios que hay en mí. Y cuando fue en busca del cielo entrevisto, encontró la cobarde fealdad. El dios se había ido y mi cuerpo era instrumento del diablo más bizco y feo de todos. Ésta es una de mis vivencias más aterradoras: hundí en tristeza y escándalo a una buscadora de Dios. ¡A cuántos seres que querían volar conmigo les hice serpear y cuántas elaciones apagué! (LVP 172-174).

El Fondo Editorial Universidad EAFIT nos había regalado hace tiempos con las ediciones de Pensamientos de un viejo y de El Payaso Interior. Hoy nos sorprende, enhorabuena, con un nuevo volumen que contiene El Remordimiento y Salomé. Es EAFIT una institución benemérita que propende por nuestra cultura y progreso. A ella, muchas gracias.

Abreviaturas usadas en este prólogo para citar los libros de Fernando González:

CE - Cartas a Estanislao
CR - Las cartas de Ripol
DM - Don Mirócletes
ER - El remordimiento
LVP - Libro de los viajes o de las presencias
ME - El maestro de escuela
MSB - Mi Simón Bolívar
Sal - Salomé
TI - La tragicomedia del padre Elías y Martina la velera, tomo I

Fuente:

“Prólogo” en: González, Fernando. Salomé / El remordimiento. Fondo Editorial Universidad EAFIT - Corporación Otraparte, Medellín, agosto de 2008.

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Fernando González y familia en la iglesia Nuestra Señora de la Guarda en Marsella, Francia

Fernando González y doña Margarita con sus hijos Álvaro, Ramiro y Pilar. Iglesia Nuestra Señora de la Guarda, Marsella, diciembre 30 de 1932.

Este libro es para la juventud colombiana. Me incita a escribirlo el deseo de enseñar a mis conciudadanos el secreto de la grandeza. Mis enseñanzas irán cubiertas de la dura y amable carne de Tony... Cuando hice el sacrificio de que hablaré después, en la basílica de Nuestra Señora de la Guarda, fue para Colombia toda que dije: “En cambio de esto, danos belleza interior”.

Fernando González

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