Corporación Otraparte
Boletín n.º 125
Abril 20 de 2015

Homenaje a
Fernando González
y Estanislao Zuleta
en los aniversarios
120 y 80 de su
nacimiento

Abril 23 de 2015

Homenaje a Fernando González y a Estanislao Zuleta en los aniversarios 120 y 80 de su nacimiento

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Contaremos con la participación de Sandra Jaramillo (Corporación Estanislao Zuleta) y Elkin Restrepo (Revista Universidad de Antioquia).

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El filosofar de Fernando González no es sólo original, propio y espontáneo como quizás no se encuentre otro en el historial del pensamiento filosófico. Se nos muestra, por ello mismo, asistemático, o sea, en ruptura con los cánones rígidos del pensar académico; y ello, no por prurito de aparecer revolucionario o anárquico, sino porque su espíritu no se ciñe a los cauces preestablecidos en el pensar y expresar la propia intimidad, la que es tan personal y única, que no tolera la reduplicación y por lo mismo no se deja encasillar en normas de la anónima generalidad. Cada uno debe expresar su personalidad. Y precisamente porque Fernando González fue una recia y riquísima personalidad, cada sentencia descubre, sin nunca agotar, los filones de su espíritu.

Jaime Vélez Correa S.J.

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Pensando en él me inclino a creer que la voz es el signo de nuestra inmortalidad. Una voz nunca se olvida. Envejecemos, nos aquietamos, pero lo que una vez escuchamos de veras no se pierde nunca, es como la caparazón de nuestro ser que nos aparta de la caducidad y la muerte.

Estanislao Zuleta fue un conversador infatigable. Parecía no agotarse nunca, su voz lo provocaba, el silencio era para él su casa. Entraba en el silencio que los otros le regalaban. Su paso no era allí victorioso o envanecido. Firme más bien pero a la vez vacilante. Sus reflexiones daban vueltas, se iban familiarizando con el silencio paciente. Y empezaba a brotar, como una sustancia desnuda, la originalidad, el aporte, el salto de la certeza a la duda.

[...]

Uno iba luego a los libros. Se juntaba con ellos en la paciencia infinita de las manos. Y uno viajaba solo. La voz de Estanislao Zuleta no se interponía, ella era también paciente y retraída. Estaba allí no para imponerse sino para acompañar, ofrecía de pronto un matiz, abría una puerta porque cada lectura viajaba sola. No creo que pensase en ser un maestro. Sabía que el valor de leer era el de descubrir la soledad y entrar en ella.

Carlos Vásquez

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Estanislao Zuleta

Estanislao Zuleta

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Sobre la guerra

Por Estanislao Zuleta

1. Pienso que lo más urgente cuando se trata de combatir la guerra es no hacerse ilusiones sobre el carácter y la posibilidad de ese combate. Sobre todo, no oponerle a la guerra, como han hecho hasta entonces todas las tendencias pacifistas, un reino del amor y la abundancia, de la igualdad y la homogeneidad, una entropía social. En realidad, la idealización del conjunto social, a nombre de Dios, de la razón o de cualquier cosa, conduce siempre al terror y, como decía Dostoievski, su fórmula completa es “Liberté, egalité, fraternité... de la mort”. Para combatir la guerra con una posibilidad remota pero real de éxito, es necesario comenzar por reconocer que el conflicto y la hostilidad son fenómenos tan constitutivos del vínculo social, como la interdependencia misma, y que la noción de una sociedad armónica es una contradicción en los términos. La erradicación de los conflictos y su disolución en una cálida convivencia no es una meta alcanzable, ni deseable; ni en la vida personal —en el amor y la amistad—, ni en la vida colectiva. Es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse, sin que la oposición al otro conduzca a la supresión del otro, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo.

2. Es verdad que, para ello, la superación de las “contradicciones antinómicas” entre las clases y de las relaciones de dominación entre las naciones, es un paso muy importante. Pero no es suficiente y es muy peligroso creer que es suficiente. Porque entonces se tratará inevitablemente de reducir todas las diferencias, las oposiciones y las confrontaciones a una sola diferencia, una sola oposición y una sola confrontación; es tratar de negar los conflictos internos y reducirlos a un conflicto externo; con el enemigo, con el otro absoluto: la otra clase, la otra religión, la otra nación; pero este es el mecanismo más íntimo de la guerra y el más eficaz, puesto que es el que genera la felicidad de la guerra.

3. Los diversos tipos de pacifismo hablan abundantemente de los dolores, las desgracias y las tragedias de la guerra —y eso está muy bien, aunque nadie lo ignora—; pero suelen callar sobre ese otro aspecto tan inconfesable y tan decisivo, que es la felicidad de la guerra. Porque si se quiere evitarle al hombre el destino de la guerra hay que empezar por confesar, serena y severamente, la verdad: la guerra es fiesta. Fiesta de la comunidad al fin unida con el más entrañable de los vínculos, del individuo al fin disuelto en ella y liberado de su soledad, de su particularidad y de sus intereses; capaz de darlo todo, hasta su vida. Fiesta de poderse aprobar sin sombras y sin dudas frente al perverso enemigo, de creer tontamente tener la razón y de creer más tontamente aún que podemos dar testimonio de la verdad con nuestra sangre. Si esto no se tiene en cuenta, la mayor parte de las guerras parecen extravagantemente irracionales, porque todo el mundo conoce de antemano la desproporción existente entre el valor de lo que se persigue y el valor de lo que se está dispuesto a sacrificar. Cuando Hamlet se reprocha su indecisión en una empresa aparentemente clara como la que tenía ante sí, comenta: “Mientras para vergüenza mía, veo la destrucción inmediata de veinte mil hombres que, por un capricho, por una estéril gloria van al sepulcro como a sus lechos, combatiendo por una causa que la multitud es incapaz de comprender, por un terreno que no es suficiente sepultura para tantos cadáveres”. ¿Quién ignora que este es frecuentemente el caso? Hay que decir que las grandes palabras solemnes: el honor, la patria, los principios, sirven casi siempre para racionalizar el deseo de entregarse a esa borrachera colectiva.

4. Los gobiernos saben esto, y, para negar la disensión y las dificultades internas, imponen a sus súbditos la unidad, mostrándoles, como decía Hegel, la figura del amo absoluto: la muerte. Los ponen a elegir entre solidaridad y derrota. Es triste, sin duda, la muerte de los muchachos argentinos y el dolor de sus deudos y la de los muchachos ingleses y el de los suyos; pero es tal vez más triste ver la alegría momentánea del pueblo argentino unido detrás de Galtieri y la del pueblo inglés unido detrás de Margaret Thatcher.

5. Si alguien me objetara que el reconocimiento previo de los conflictos y las diferencias, de su inevitabilidad y su conveniencia, arriesgaría a paralizar en nosotros la decisión y el entusiasmo en la lucha por una sociedad más justa, organizada y racional, yo le replicaría que para mí una sociedad mejor es una sociedad capaz de tener mejores conflictos. De reconocerlos y de contenerlos. De vivir, no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos. Que solo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz.

Fuente:

Revista Universidad de Antioquia, nº 319, enero - marzo de 2015, p.p.: 24 - 25.

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Homenaje a Fernando González y a Estanislao Zuleta en los aniversarios 120 y 80 de su nacimiento

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Anotaciones de las libretas
de Fernando González

1937

16 de febrero

¡Lo más ridículo es la verdad en las ideas! ¡Creer que la vida está comprendida en una cabecilla de un animal que apenas ayer se paró en dos patas!

Lo más agradable —recuerdo o imagen que debe recomendarse a los propensos al suicidio— que ha sucedido fue cuando el hombre sonrió por vez primera. Fue en un amanecer; salió el sol; él estaba apoyado en un tronco de árbol, parado en dos patas y sonrió. Fue el primer desdoblamiento; se vio a sí mismo; se vio admirable y digno de compasión; admirable como ser que deviene y digno de compasión por pretensioso. ¿Cómo se llamaría ese sonriente? En todo caso, no era Alfonso López.

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Todo lo perteneciente al animal bruto es muy serio, trabajoso y sudoroso, verbi gratia, el modo de gobernar los primitivos: se creen que están fabricando el mundo; el modo como trabaja un bruto: suda y gesticula; el amor bruto; las riñas, las disputas.

Aquí, esta de liberales y conservadores es una brega sudorosa: huelen a sobaquiña estos políticos pedantes.

Cuando el hombre llega a la inteligencia, sonríe y el pueblo asistente se admira de las cosas que hace y exclama: ¿Cómo fue eso? ¿Cómo sacó ese hombre un tigre de un sombrero de copa, así, sin sudar? ¿Cómo gobernó este hombre a su pueblo, así, sin dolor, inocentemente, sin gesticular? Por ejemplo, Sócrates... Sócrates metía al mar de la vida su anzuelillo, una pregunta, y halaba y se venía pegada y chapaleando una idea madre.

Conclusión: la contemplación de la inteligencia nos hace sonreír.

El cielo es una perpetua sonrisa. Allá no hay brega, no se suda, nada pesa; allá no vive Alfonso López. Es el país de la in-te-li-gen-cia.

17 de febrero

Bajo la sensación de envejecer. Los que aparecen en las revistas son ya menores que yo. Padezco, pero medito.

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Ayer, al leer las exageraciones presentistas de Lozano y Lozano respecto de la “huelga de choferes” y discursos de Gaitán-Echandía, sentí mucha tristeza de vivir aquí. Padezco, pero medito.

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Los estudios me han hecho inactual entre mi gente. Padezco, pero medito.

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De la sociedad colombiana sólo tengo y espero amarguras: no sirvo para nada de su mecanismo. Padezco, pero medito.

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La muerte me causa terror; aún no estoy apercibido. ¿Quién se juzga tal?

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Quien sobresale entre su gente por la meditación y la cultura, se diferencia y deja de hacer parte de partidos, banquetes, avalancha humana: padece, pero medita.

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¡Qué momentos tan amargos estos, cuando siento la soledad, cuando me abandona mi orgullo espiritual! Cuarenta horas al mes padezco atrozmente; después medito, y me alegro.

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Mi vida se reduce hoy a meditar, meditar continuamente y gozar. Pero apenas me agoto, apenas cesa el funcionamiento del espíritu, sufro a causa de que no tengo amigos ni compañeros. Por tres cosas sufro: la perspectiva de la muerte, envejecer y vivir sin amigos. El resto es goce: atómico. Padezco, pero medito.

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Apenas dejo de meditar me siento como herméticamente encerrado, aislado dentro del ambiente de mis pensamientos. Solo en el cosmos. Prisionero loco que se creía hijo de Dios y que grita: ¿Dónde está Él, el Padre, el Amigo? Si Él era un sueño ¿por qué no me vendí a los “conservadores” o “liberales” o a los venezolanos? ¿Por qué no escribí un libro que les gustara? Así pues, padezco pero medito.

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La Razón escogió entre mis escritos que les envío los que ayudan a su “interés”. Así es como El Tiempo ha pervertido a la juventud y ha impedido el aparecimiento de hombres. En casa me dijeron: “¿Qué importa si te pagan?”. Necesito esa paga para que mis hijos vayan al colegio y compren libros de texto y ropas... ¿Tendré que ser un hijo de puta como todos los colombianos? Hoy estoy resolviendo si me vendo... Padezco pero medito. De mi resolución de hoy dependerá que el día de mi entierro sepulten un cuerpo de teólogo o un cascarón de ramera.

1958

14 de enero

Vine ayer a El Retiro, a la finca de Álvaro, a vivir a san Ignacio. Estoy bregando por formar el ambiente, por prepararme para que venga y viva: arrojar toda la paja que hay en mí (formar el vacío, purificarme de todo lo que impide), y que nazca en mí.

[...]

Era hombre de acción; sus obras son él. Son suyas, netamente suyas. Su obra, no retrato, son los ejercicios. Las Constituciones también. Las cartas son sus medios

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¿Quién soy yo? Un anárquico, infiel. Pienso a veces escribir el libro con dos tintas: la una del diablo que vive en mí y la otra del místico. Pero no nace: no se hace el silencio. No agarro. No tengo firme la mente. Hay mucho ruido en mí. Soy muchos seres. Tengo muchas “mociones”, ya de los demonios, “del enemigo de natura humana”, ya del ángel y ya de Dios. Soy muy pequeño. Ese hombre no puede nacer en esta vasija tan pequeña, tan informe. Hay que hacer el ambiente o “la oración preparatoria”, o mejor: primera semana: vida purgativa; 2, 3 y 4 vida unitiva. He orado a ratos; lo llamo; pero todo es como el vacío. Todo está silencioso, solitario. Esto es un desierto y hay demasiados libros y hojarasca. Hay vanidad. Primero hay que barrer; limpiar, hacer el silencio para los nacimientos. Yo estoy en cinta, pero no estoy preparado para que nazca.

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Las 3 ½ del 2º día (a las 20 horas de llegado).

No encuentro el modo de crear este libro vivo. Muchos pensamientos, pero sin orden, y el libro, si ha de ser vivo, tendrá que ser dinámico, movido, en ascenso y de modo que cualquier hecho, carta de Íñigo se explique y sea como necesario, y que los hechos no acaecidos sino atribuidos, queden naturalmente excluidos. Como si tengo las vértebras y los fémures de un esqueleto, otro hueso que no esté condicionado por ellos se excluye de suyo. De esto parece ser que podría hacer un esqueleto Íñigo y luego rellenarlo: y ver cómo la Compañía tuvo que ser así, etc.

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No comenzaré en forma hasta que los seres superiores no me dicten el libro. No quiero libro de artesano, libro hechizo, sino parto natural. O escribo así o no escribo más. Por lo tanto, si este libro ha de ser, díctamelo, que yo estoy listo como instrumento obediente y humilde. Así fue como escribí Viaje a pie, Mi S. Bolívar, El H. D., D. Mirócletes, El Remord., Los Negroides y el M. de Escuela. O escribes tú, Señor que moras allá, o no habrá libro. ¡Intercede, oh Íñigo! ¡Ven, ángel de plumas ligeras! Ya estoy aquí solo, en espera, muy bruto, muy tieso, las manos rudas, la mente poblada de brujas feas, el corazón árido. O es libro digno de Íñigo, que sea pedagógico, ubre llena, estímulo de superación, como son los Ejercicios, o no me deshonraré dando a la imprenta mis habladurías diarias, hueras, sin grandeza. Él era grave, señor, mesurado, valiente, limpio, y todo lleno de soplo de lo alto que lo sostenía y... yo soy una nada, un envigadeño, un antioqueño, un suramericano, un occidental, un cagajón agua abajo. ¿Escribir yo? Por lo menos no soy tan impúdico y por lo menos sé que no se debe obrar sino cuando Él obra en uno. Su casta me diferencia de todos los escritores de libros, de esa casta, la mas despreciable, que llaman escritores profesionales. ¡No! Cuando no estoy grávido no puedo escribir, ni siquiera sé ortografía entonces.

8 de septiembre

No hay en la literatura una sola queja, un solo indicio de angustia por no haber sido; casi el 80% de ella es forma de angustia por “morir” o dejar de ser. A “la muerte” la han llamado musageta de la filosofía, del arte, etc. Un rey sajón, por allá en tiempos viejos, al ver entrar a un pajarraco por un balcón abierto y salir por otro, y como era en fiesta de noche muy oscura, comparó eso con el “vivir” del hombre.

Practiqué, por consiguiente, ejercicio de silenciamiento de mi alma y luego “miré” y vi que ese “infinito” que precedió a mi “conciencia” es de una plena satisfacción indeterminada, lo mejor de todo, lo mejor de lo mejor, pero no hay allí nada imaginable, ningún contraste, y por consiguiente pas d’idees, pas d’images, pas de doleurs, pas de plaisirs, mais parfaite beatitude. Y vi nítidamente en mí: nacer es volverse ñudo, individualizarse, conocer el bien y el mal... El Paraíso fue eso... Por eso, joven, a tu pregunta de si superviviremos, de si seguiremos “viviendo” después de morir, te contestaré que no, pues “vivir” es amar y odiar, imaginar, sentir, oler, gustar, oír... La vaca racional que somos se acaba. Pero el paraíso es... Por eso decían los antiguos hijos de Hermes Trismegisto, cuando alguien “moría”: “Dios lo recogió en sus pueblos”; “durmió con sus padres”, y luego, “fue al seno de Abraham”.

¿O es que tú quieres que sigas allá como accionista de Coltejer, papá de Inesita, marido de putica y liberal o conservador, lector de El Colombiano o El Tiempo? Tú eres aún, hijo, un egoísta.

¿Entonces qué somos y por qué somos “individuos” en el tiempo y el espacio, nudos de individualización conocedores o sometidos al Bien y al Mal, a lo feo y lo bello, a las necesidades?

¿No sabes, pues, que Dios creó el Universo y al crear diferenciación, implícitamente creó tiempo y espacio, bien y mal, orden y desorden, ideales, deberes, seres...?

Bejuco de agua. Es de la familia Vilacicae. Hay tres especies. Cissus sicyoides L.

Bejuco de agua. Bejuco […] o Bejuco Castro en Medellín. Tiene savia potable.

Vitis Tiliæfolia (Bejuco de Agua. Agraz, Fuente). En tierras calientes (Hojas altísimas, aserradas, acorazonadas y blanquecinas en el envés. Las flores en infloresc. opuestas a las hojas).

Vitis Vinifera. L - Europa y Asia Occi.

La vida, Dios...: eso es la promesa; de ella venimos y en ella habrá nuevamente beatitud.

No recordamos nada de antes de nacer porque la mente está unida al cuerpo humano y sólo sabe de éste y por éste... Recordar es mecanismo fisiológico, psicofisiológico.

El Mundo es precioso para padecerlo, meditarlo y entender... No se puede ver o vivir lo otro sino digiriendo esta vida. A los jóvenes hay que invitarlos a la inteligencia para que se desnuden y no a la desnudez: si renuncian al mundo sin que vivan en Espíritu, enloquecerán o serán mera vanidad. Los nadaístas: caso muy colombiano.

Uno llega a una hora en que vive que no hay enemigos sino amigos; que nadie le ha hecho mal; que uno se sucedió. Nacimos para sucedernos.

Fuente:

Revista Universidad de Antioquia, nº 318, octubre - diciembre de 2014, p.p.: 22 - 25.

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Homenaje a Fernando González y a Estanislao Zuleta en los aniversarios 120 y 80 de su nacimiento

Homenaje a Fernando González y a Estanislao Zuleta en los aniversarios 120 y 80 de su nacimiento

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