Corporación Otraparte
Boletín n.º 171
27 de noviembre de 2019

Nuevas ediciones de
Libertad Bajo Palabra

Proyecto de Mincultura

Portadas de «Fugas de tinta 12» y «Guía para directores de talleres de escritura creativa en cárceles»

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En convenio con el Ministerio de Cultura, la Corporación Otraparte se une a la difusión de las diferentes actividades y logros de los programas Plan Nacional de Lectura y Escritura «Leer es mi Cuento» y «Libertad Bajo Palabra» con el fin de «contribuir al fortalecimiento de la escritura creativa, la promoción de la lectura y el acceso al libro en el territorio nacional». Dos nuevas publicaciones fortalecen el proyecto en 2019: «Fugas de tinta 12» y «Guía para directores de talleres de escritura creativa en cárceles».

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Logo de Relata - Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa

Mincultura presenta dos
nuevas publicaciones de
Libertad Bajo Palabra

La Dirección de Artes del Ministerio de Cultura, por intermedio del Grupo de Literatura y Libro y del programa Relata, apoya talleres de escritura creativa que se llevan a cabo en ciudades capitales y municipios de Colombia.

El objetivo de este programa es estimular la lectura crítica y mejorar la calidad de la producción literaria para impulsar la integración, circulación y divulgación de nuevos autores nacionales.

Igualmente, Relata apoya la realización de talleres de escritura creativa en centros penitenciarios por medio del programa Libertad Bajo Palabra, cuyo objetivo es ofrecer a la población carcelaria de Colombia la oportunidad de encontrar en la literatura una herramienta para la reinserción social. Los mejores textos producidos en estos talleres se compilan todos los años en la antología Fugas de tinta, que hoy alcanza la duodécima edición.

Libertad Bajo Palabra les brinda a mujeres y hombres que han perdido su libertad la oportunidad de escribir. El programa ha permitido darles la palabra como herramienta a quienes no la tenían. Muchas de las conductas humanas son respuesta, reacción a hechos trágicos, a injusticias de todo tipo, a miedos insoportables. Propusimos la palabra a cambio del acto para que reconstruya la propia historia, revele sus claves y permita comprenderla.

Entre 2008 y 2019, el programa ha contado con talleres de escritura creativa en 41 centros penitenciarios del país, con una participación de más de 3.600 personas privadas de la libertad.

En la Guía para directores de talleres de escritura creativa en cárceles se contemplan aspectos generales para la realización de los talleres y constituye una cartilla de ayuda y consulta para los coordinadores del programa.

En palabras de José Zuleta Ortiz, creador de Libertad Bajo Palabra, «este programa les brinda a mujeres y hombres que han perdido su libertad la oportunidad de escribir. Buscamos que, al querer contar, se conviertan en lectores. Ocurre con frecuencia en nuestros talleres que personas que nunca habían leído un libro terminan disfrutando de la lectura y adquiriendo el hábito. El deseo de ver cómo lo hacen otros escritores, se aprovecha para sugerir lecturas y para acompañar cada proyecto de escritura con una bibliografía que les dé luces sobre cómo pueden lograrlo».

Disfrute de todos los títulos de Leer es mi Cuento y Libertad Bajo Palabra aquí

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Descargar las nuevas
publicaciones en formato pdf:

Portada del libro «Fugas de tinta 12» del Ministerio de Cultura de ColombiaPortada del libro «Guía para directores de talleres de escritura creativa en cárceles» del Ministerio de Cultura de Colombia

Ver testimonios de los escritores
Lucía Estrada y Mauricio Quintero:

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¡Cultura, la esencia de un país que
se transforma desde los territorios!

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Título del libro «Fugas de tinta 12» del Ministerio de Cultura de Colombia

Es difícil no conmoverse con estos textos, pensados y escritos desde las cárceles del país. Cada palabra tiene el sello indeleble de lo verdadero, de lo fundamental. Esta antología de Fugas de tinta, como al igual que las once antologías que la preceden, está soportada por originales que harían llorar al más guapo, tanto por el tipo de historias que cuentan, como por las condiciones en las que fueron escritas. Resulta increíble la cantidad de vida que hay en estas páginas, la cantidad de humanidad existente.

Las escuelas literarias del país deberían indagar un poco sobre estos procesos creativos tan poderosos, porque son procesos sin engaños ni trucos ni egos ni artimañas ni poses. Solo historias contadas con honestidad. Eso es todo. Aunque trabajan con tantas limitaciones, esto no impide que el espíritu de la literatura esté en cada página del presente libro.

Libertad Bajo Palabra es un programa diseñado desde la dignidad, para que las personas privadas de la libertad, por los motivos que fueren, tengan un espacio mental y físico para vindicar la imaginación y la memoria. No son pocos los casos en que el solo hecho de poder escribir lo que pasó ha tenido un valor terapéutico: ha sanado heridas, ha servido para comprender mejor la realidad y para entender la forma de estar en el mundo. Y es porque la literatura, aparte de un divertimento, puede ser un mecanismo de conocimiento de uno mismo, del entorno y de los demás.

Vale la pena hacer un reconocimiento a José Zuleta Ortiz, porque fue la persona que inventó estos talleres y logró hacerlos extensivos a muchas instituciones carcelarias de Colombia. Obviamente, también vale la pena hacerle un reconocimiento al Ministerio de Cultura, porque este proyecto no sería posible sin su apoyo logístico y económico.

Cristian Valencia Hurtado
Editor

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Imagen de separación

Relato

El Club de los Olvidados

Por Amy (seudónimo)

Tengo que escribir los versos más tristes de mi historia; de toda mi vida, yo creería. Este hecho que narraré es el más triste, incluso más triste que cuando supe que perdía mi libertad.

Recuerdo que por esos días las cosas para todas se habían puesto duras. ¡Muy duras! Sin pines, sin comida, sin comodidades, todo era perturbador por esos días. En esa semana todo nos reventaba los oídos. Pero ese día no.

Siempre nos tropezábamos con Luna, mientras hacíamos fila para cualquier cosa. Nos aterraba ver sus heridas abiertas en los brazos. Se le veía casi el hueso porque ella misma se había hecho las curaciones. Parecía una colcha de retazos.

Surgía una pregunta colectiva: «¿Y esta mujer de dónde sacó tanta energía y cómo es que está viva?». «¡Qué china tan loca!», se exclamaba por todos los pasillos. Algunos la aplaudían, otras la desaprobaban. Se tejían varias historias alrededor, todas increíbles, todas salidas de contexto, pero ella, con su peculiar forma de pensar, decía: «Estamos para morirnos, pero es cuando Dios quiera, no cuando yo diga».

Me extrañaba todo lo que hacía porque era igual a mí. Las dos éramos extrañas, ambiguas y secretas, incomprendidas por el universo. También tenía el corazón roto. Su sufrimiento, como un viacrucis secreto, era su hermano. ¡Uuufff! Su causa, su dolor.

Su hermano había decidido ganarse las lucas honestamente, ayudando a un junkie, un caballo, y en una de esas salió pringado de VIH. Eso a Luna la rompió irreparablemente. Era su culpa, según ella, por ser tan caspa y meter a su hermano en casa. Qué china más caspa era Luna, qué china más jodida, Luna.

A El Buen Pastor llegó repuesta, pisando duro pero desesperada por el humo. Ya había dado palo por allá en Pedregal, de donde venía. Duro le había tocado. Había comido la real cana, y como pertenecía a la estirpe de las más hardcore de las ovejas negras, incluso con ácidos multicolores, era testaruda, llevada de su parecer, conflictiva y violenta. Total, una china de esas bien berracas de las que no quisiera ser yo porque el precio es muy alto. Casi pierde un ojo, casi pierde la vida, y aún cantaba Juan Gabriel y Ana Gabriel en la ducha, saludaba al sol en la mañana, saludaba la vida y nos saludaba a todas. Decía: «¡Hoy amanecí un poco mal, pero ninguna de ustedes tiene la culpa!». Ya había tenido tres mujeres aquí. A la última, creemos con ese corazón tipo Rosa de Guadalupe que tenemos todas, la amó hasta el último segundo, según dijeron unas cuantas y soñaron otras postsuceso.

¡Era igual que yo! Solo soñaba con su hija. Igual que yo, veía a su bebé en fotos a la distancia, con lágrimas en los ojos; su hija era todo para ella, como mi Jerónimo.

Ella, con ese espíritu de envolver hasta a la más jaiba y con ese don de vendedor de enciclopedias oculto, lograba ver constantemente fotos y fotos en los celulares, casi gratis. No entiendo a estas alturas, después de tener esa niña tan bella, igualita a ella, cómo pudo desequilibrar su mente.

Quería acabar su sufrimiento a costa de todo, se obsesionó con su esposa. Gritó, chilló, peleó, causó todos los estragos y exabruptos posibles, incluso a mí, que tengo la miel para los problemas graves.

La china se nos «friquió», se nos destornilló, perdió todo lo que para ella significaba algo. Cuando Luna decidió devolverle la vida al universo, no dijo nada, no hizo sus acostumbrados berrinches.

Como Juana de Arco, como sor Juana Inés y como Frida, calló su sufrimiento en silencio y se entregó a aquello que ella creía lo mejor. No fue un final, no fue una pérdida, fue el inicio y el descanso. Antes de irse, escribió en el muro del patio donde terminó durmiendo: «¡Bienvenidos al Club de los Olvidados!», y «Te amo, esposa».

Fue triste. Era una noche callada, fría, aterradora. Esa noche todas durmieron temprano, un sueño diseñado por el Averno y hasta por Dios.

Descansa en paz ahora, Luna. Esa noche, luego de cantar su última tonada y mientras dormíamos, Luna le regaló la vida al universo.

Llora el muro donde yació su cuerpo; también la pared sobre la imagen de la Virgen María y las pocas florecillas que se encuentran por ahí.

La humanidad nos recuerda la tristeza y el dolor.

Trató de regalarle lo mejor al mundo y el mundo le ganó.

Luna se despidió de mí, recogió los pasos. Cierta noche, mientras el frío y el cigarrillo llegaban a mi cama, escuché en mi oído: «Adiós, Amanda». Desde ahí recuerdo a Luna: alegre, bandida, triste, y cantando la misma música que ella me enseñó.

Que Dios permanezca en tu recuerdo siempre, que tu nombre sea pronunciado.

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