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De Walden a Otraparte

Por Gustavo Restrepo Villa

“Es indudable que las ideas de Thoreau influyeron mucho sobre mi movimiento en India”, afirmó alguna vez el Mahatma Gandhi. Años después, en Estados Unidos, el reverendo Martin Luther King dijo algo similar en relación con su lucha a favor de los derechos civiles de las minorías, y durante la Segunda Guerra Mundial, en Ámsterdam, el nombre de Thoreau fue invocado por la resistencia que luchaba contra Hitler.

Henry David Thoreau (1817-1862), escritor, filósofo y naturalista estadounidense, es considerado hoy entre los grandes de su patria. Sus ideas sobre la libertad y el individualismo han inspirado a varias generaciones, y hoy el movimiento ecológico internacional ve en él a uno de sus precursores. Uno de sus más famosos trabajos, “Desobediencia Civil”, fue reeditado como folleto y difundido por Gandhi en 1907.

Sin embargo, cuando Thoreau murió en Concord, Massachusetts, el 6 de mayo de 1862, apenas había publicado dos libros que no disfrutaron de mayor éxito editorial: “Una semana a orillas de los ríos Concord y Merrimack” y “Walden; o, La vida en los bosques”. Walden era un pequeño lago situado cerca de Concord, su ciudad natal. A sus orillas vivió Thoreau entre el 4 de julio de 1845 y el 6 de septiembre de 1847. En 1945, durante la guerra mundial y cien años después de esta experiencia, más de mil personas viajaron hasta el lago para rendir un homenaje al escritor y su vida en el bosque.

Estos son apenas unos ejemplos que ilustran la reputación que tiene hoy el nombre de Thoreau. No obstante, según Edward Wagenknecht, uno de sus biógrafos (de quien se tomaron las referencias anteriores y posteriores), “en su propio país, Thoreau no ‘llegó’ a la Galería de la Fama hasta 1960, e incluso en ese año se dijeron tonterías suficientes para inducir a Brooks Atkinson a sugerir que el espectro inconformista de Thoreau seguramente estaba haciendo todo lo posible para impedir su propio ingreso. De todos modos, ahora Walden tiene casi doscientas ediciones diferentes, y se lo reimprime con mayor frecuencia que a cualquier otro libro norteamericano anterior a la Guerra Civil, y cuando Walter Harding visitó Tokio encontró allí en venta más ediciones que en Nueva York”. De esta manera, casi cien años después de su muerte —y luego de no pocas críticas— su obra obtuvo un merecido reconocimiento entre los suyos.

A principios del siglo XX, el gran escritor ruso Tolstói había advertido a los norteamericanos acerca de la riqueza oculta que tenían en los libros de Thoreau, refiriéndose a él como parte de “una brillante constelación” de escritores “que, según creo, influyeron especialmente sobre mí”. Les preguntaba además por qué no prestaban más atención a “estas voces”, en vez de a “los millonarios de la finanza y la industria o a los generales de éxito”. Por la misma época, en una revista literaria se habló de Thoreau como de un autor “que se hallaba en un compás de espera”. Durante su funeral, el escritor Ralph Waldo Emerson afirmó: “El país todavía no sabe, o sabe apenas, qué gran hijo ha perdido”.

Hoy existen numerosas entidades y publicaciones dedicadas al estudio y la difusión de su obra. Ejemplos de ellas son el “Thoreau Journal Quarterly” y el “Thoreau Society Bulletin”. Una sencilla búsqueda en Google de “Henry David Thoreau” produce aproximadamente 152.000 resultados.

En Colombia, una situación de similar marginación ha padecido la memoria de Fernando González Ochoa, el “Filósofo de Otraparte”. Cuarenta años después de su muerte, el país en general todavía no ha reconocido el valor de su legado espiritual y filosófico.

En 1966, a los dos años de su desaparición, el poeta Gonzalo Arango escribió lo siguiente a doña Margarita Restrepo, viuda del autor: “Usted, señora, no sufra por el silencio y el desprecio que ha sucedido a la muerte del maestro. Su obra está viva y tiene tiempo de esperar. Sus enemigos, en cambio, se están muriendo de ese cáncer del alma que es la mentira. Entonces sí la vida y la verdad volverán a ser fecundadas por su prodigioso espíritu, cuyo mensaje germina y está latente entre los mejores de nosotros que dialogan con él cada día en la intimidad de sus almas”.

Fuente:

Radiomunera.com, agosto 20 de 2004.

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