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Por Óscar Domínguez Giraldo

Si usted tiene espíritu cambalachero ya tiene donde programarse el próximo sábado. El parche es en la sede de la Corporación Otraparte, donde vivió el brujo Fernando González. La vieja casona queda entrando a Envigado, a mano derecha, algunas cuadras arriba de la célebre y prolífica quebrada La Ayurá.

 “Trueque en Otraparte” es el nombre del plan. O sea que si tiene algo que cambiar, no lo piense dos veces. Allí lo recibiran los anfitriones Gustavo Restrepo, director de la Corporación, y Sergio Restrepo, un envigadeño que no le niega un silencio a nadie. Los dos son camelladores natos, insignes, insomnes. Han convertido en maná espiritual el pensamiento de González. Casi se saben de memoria la obra del maestro. Todos los viernes, vía internet, Gustavo envía a sus suscriptores capítulos semanales de los libros del filósofo. Actualmente, el turno es para Don Mirócletes. La obra se va leyendo como quien no quiere la cosa. Y se llena uno de motivos vitales.

Una idita a Otraparte siquiera al mes debería ser obligatorio para todo católico, ateo, advenista, mormón, comunista. Para todos hay. La velada del Trueque en Otraparte es entre dos de la tarde y siete de la noche.

Antes, el “trueque” se realizaba en la sede del centro cultural Stultifera Navis (o la “Nave de los Locos”). Pero como dejaron apagar esta llama cultural, el trueque fue a dar a buen puerto: Otraparte.

Los asistentes pueden cambiar un libro por otro, una sonrisa por una malacara, una nostalgia por un sofá. Puede llevar música, libros, electrodomésticos todavía en servicio activo, ropa, fotos, recuerdos, flores. Lo que sea, llévelo que allí se lo cambian por algo.

La idea se remonta a muchos años atrás, en tiempos de guerras. Los vecinos que no tenían plata se reunían para intercambiar cosas. No hay que llevar plata. Y si no cambia nada, tampoco importa. La pasará bien porque en Otraparte, como por ósmosis, a la gente se le va entrando algo del Brujo González.

No se preocupe por una leyenda en latín que hay a la entrada: Cave canem seu domus dominum. En cristiano: “Cuidado con el perro, o sea, con el señor de la casa”. Léala y siga de largo.

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Fuente:

Informe informal, Emisora Ondas de la Montaña, Octubre 27 de 2006.

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