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En la diestra de Carrasquilla

Por El Tiempo

Cuando llega al infierno Peralta, personaje del cuento de Tomás Carrasquilla En la diestra de Dios Padre, lo recibe el Enemigo Malo “acostao en un colchón, dormido y como enfermoso y aburridón él” y le pregunta: “¿Qué venís hacer aquí, culichupao? Vos no sos di aquí; ¡rumbati al momento!”. Seguramente no en nuestro tiempo, pero en 1897, cuando el maestro antioqueño escribe su relato, estas páginas fueron fuente de escándalo y sorpresa. A imitación de su paisano Gregorio Gutiérrez González (1826 - 1872), Carrasquilla optó por no escribir en español sino en antioqueño; pero, a diferencia de él, no aspiraba a escribir sólo para Antioquia ni a plasmar en versos los procesos del agro. A Carrasquilla le interesaba penetrar en la sicología de los personajes sociales, contar sus costumbres, explorar sus emociones y, por supuesto, transmitir su lenguaje. Su intención, en síntesis, era escribir para cualquier lector y buscar la universalidad en los caracteres lugareños que poblaron su obra.

La verificación de que logró su propósito es que, 150 años después de su nacimiento en la aldea de Santo Domingo, sigue siendo una de las plumas más atractivas de nuestra literatura. De él dijo el crítico Hernando Téllez en 1952: “Narrador, descriptor incomparable, siempre con endiablada gracia... es, para mi gusto, el gran clásico de la prosa colombiana”. Y agregó, en cuanto a su catalogación como escritor de costumbres: “Es el único gigante del costumbrismo: los demás son pigmeos”.

Si existe, como algunos alegan, una narrativa paisa —a la que pertenecerían, entre otros, Efe Gómez, Fernando González, Manuel Mejía Vallejo, Gonzalo Arango, Fernando Vallejo, Héctor Abad y Tomás González—, su pilar es, sin duda, Tomás Carrasquilla. El hombre de la sonrisa sarcástica y los poblados bigotes vivió en Santo Domingo la mitad de sus 82 años (murió en 1940); allí fue sastre, secretario de juzgado y juez. Más tarde fue minero en Sonsón y funcionario en Bogotá y Medellín. Entre sus obras maestras figuran, además del cuento de Peralta, los de El ánima sola, San Antoñito y Simón el mago, y las novelas Frutos de mi tierra (1896), El zarco (1925) y La marquesa de Yolombó (1928).

Mañana, 17 de enero, se inicia en Santo Domingo un año de celebraciones del sesquicentenario del natalicio de Carrasquilla. Habrá a lo largo de 2008 numerosos actos para recordar al maestro antioqueño. Pero ninguno podría igualar el mejor homenaje que puede rendirse a un escritor: leerlo. O releerlo.

Fuente:

El Tiempo, miércoles 16 de enero de 2008, sección Editorial.

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