Corporación Otraparte

El erotismo de la renuncia

Por Ernesto Ochoa Moreno

Luego de Pensamientos de un viejo, publicado el año pasado en la Biblioteca Fernando González —un proyecto del Fondo Editorial EAFIT y la Corporación Otraparte— acaba de aparecer la reedición conjunta de Salomé y El Remordimiento. Esta presentación de las dos obras en un mismo volumen es el primer acierto. Ambos libros guardan simultaneidad en el tiempo y en la vivencia que los originó y leídas así, a contraluz la una de la otra, las dos obras se enriquecen, se complementan y son pieza clave para rastrear el proceso literario, filosófico y espiritual del autor.

El Remordimiento fue publicado por primera vez en 1935, en Manizales, en la Casa Editorial y Talleres Gráficos de Arturo Zapata. El ejemplar costaba un peso y el tiraje fue de 3.000 ejemplares. En la solapa de esta edición príncipe se lee: “Este libro acerca de Tony y de fenómenos morales, lo escribo para la juventud de mi patria. El que sepa desnudar a la muchacha alsaciana, entenderá le lección. Fernando González”. El título completo es EL REMORDIMIENTO (Problemas de Teología moral) y está dedicado “a mis amigos franceses Auguste Breal y Alban Roubaud”.

Traigo a colación estos datos bibliográficos porque en esta nueva edición que nos ocupa, que sería la quinta, no aparece el subtítulo, Problemas de Teología Moral, ni la dedicatoria. No es un detalle sin importancia, porque la alusión a Teología Moral, un ámbito casi privativo de la Iglesia Católica y del clero en ese momento, dejaba entrever en Fernando González tanto un punto álgido de su búsqueda interior, como también un franca incursión en terrenos vedados. Como lo advierte Daniel Restrepo González en el prólogo a esta edición que comentamos, el libro “es un tratado sui generis de teología moral”. No se olvide que todavía estaban en el aire las condenas eclesiásticas a anteriores obras de González. Por lo demás, la dedicatoria a los dos intelectuales franceses con los que se codeó nuestro escritor en Francia y con quienes mantenía correspondencia, implica también, a mi juicio, un síntoma del aislamiento en que la opinión colombiana lo relegó por su producción literaria y por su pensamiento y sus denuncias.

La obra empieza con sendas cartas de Fernando y su hermano Alfonso (su agente literario) que, según advierte el editor, “explican a libreros y lectores de mi editorial por qué esta obra de Fernando González, anunciada para abril, en ‘La Cosecha’, entrega de marzo, se retardó un poco”. De hecho apareció el 10 de junio.

Estas dos cartas son un antojador preámbulo a El Remordimiento, libro básico no sólo en la producción literaria del escritor envigadeño, sino también y sobre todo en el proceso de su búsqueda filosófica, espiritual y mística. Pero aún más, en este cruce epistolar entre los dos hermanos quedan plasmados el escándalo y la incomprensión que rodearon el libro desde su aparición y que han llevado a muchos a malinterpretar su experiencia y la enseñanza de lucha y superación que nace de su concepción del remordimiento, cuyo símbolo son los “calzoncitos de Tony”, metáfora de la ascesis y el renunciamiento.

La cuarta parte de El Remordimiento lleva este título: “La semilla de donde salió El Remordimiento. Fragmentos de mis libretas”. Es la trascripción de algunos apartes —del 14 al 18 de marzo— del diario de la primavera de 1934, escrito por Fernando González en Marsella. Y al final de libro, esta nota del editor: “Este diario se publicará con el título Salomé, segundo volumen de El Remordimiento”. Fernando había llegado a Marsella como cónsul el año anterior, tras haber dejado el consulado de Génova, expulsado de Italia por orden de Mussolini.

Desechada, por lo visto, la idea de un segundo volumen de El Remordimiento, lo escrito en sus libretas entre ese 14 de marzo y el 11 de abril, aunque no en una trascripción completa, va a constituir el cuerpo de una novela que, con el título La primavera, publica Fernando por entregas en la revista Antioquia (No. 11, 12 y 13, de 1938). Como tal aparecerá en la edición hecha por la Editorial Universidad de Antioquia, en 1997.

En 1984, diez años después de la muerte del solitario de Otraparte, revisado y completado el texto por Miguel Escobar Calle y Fernando González, hijo, confrontando la libreta manuscrita del diario de Marsella, en la Colección de Autores Antioqueños se publica la novela con el título Salomé, nombre de la gatica cuyo primer celo ausculta González para sus reflexiones. “Se trata de una novela, del autor, de una gata, de la primavera y de unas señoritas: ninguna se casa ni se muere”, rezaba el pregón del número 11 de la citada revista al anunciar la primera entrega.

En 1994 se reedita Salomé y posteriormente, en 2007, en la colección Palabras Rodantes, Comfama y el Metro de Medellín, con base en la versión de la revista Antioquia, publicada por la Universidad de Antioquia, entregaron al público el pequeño volumen de Salomé, luego de una nueva y más exhaustiva revisión de los originales que permitió sacar a la luz fragmentos inéditos. Esta versión es la que El Fondo Editorial de EAFIT publica hoy junto con El Remordimiento.

En 1935 inicia Fernando González, tanto en su producción literaria como en sus vivencias personales, lo que podríamos llamar, para usar su método y su terminología, el “viaje mental”. Lo anterior fue “viaje pasional”. Mademoiselle Tony y Salomé son una metáfora de ese viaje por la vivencia apasionada, por la experiencia de los escozores que despierta la primavera, que hacen sentir bajo la piel el cosquilleo de la vida que renace y la sangre que hierve de deseos paganos, encendida sexualmente. El secreto es el remordimiento, el casto erotismo del renunciamiento. El premio será, a la postre, el viaje a la Intimidad. Era Dios el que lo perseguía en la primavera francesa, en la alsaciana de ojos verdes.

“Muy pocos aprovecharán mis enseñanzas; casi todos sólo verán en este libro los calzoncitos y la carne de Toní” (pág. 210).

Apostilla. ¿Tony o Toni? En El Remordimiento, Fernando González siempre escribió Tony, con i griega. En La primavera, y por ende en Salomé, escribió su nombre con i latina (Toní). En esta edición se optó por unificar según esta última versión. Hubiera sido más fiel haber respetado la escritura original. Pero éstas son minucias que para nada desdicen del bello regalo que nos hacen el Fondo Editorial y la Corporación Otraparte.

Fuente:

Revista El Eafitense, N° 97, noviembre 2008 - enero 2009, p.p.: 48 - 50.

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