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Obras sobre hombres que
conmovieron a los suyos

Por Agencia de Noticias Télam

“Fernando González, velada metafísica”, por el elenco colombiano Matacandelas, y “Errores, crímenes y calamidades”, por los santafesinos de Elenco Concertado, refirieron a las vidas reales de ese pensador caribeño poco conocido aquí y a la pasión militante de Rodolfo Walsh.

Dentro de un Festival Andino Internacional de Teatro - Al Pie del Aconcagua, que está llegando a su fin y se caracterizó por un repertorio menor en cantidad de obras al de los habituales encuentros escénicos que organiza en provincias el Instituto Nacional del Teatro, hubo sin duda lugar para la polémica e incluso la burla crítica.

Dirigida por Cristóbal Peláez, la obra colombiana recrea la existencia de alguien que como Pablo Neruda cultivó la poesía y fue diplomático en el extranjero, además de filósofo y abogado, al que sin embargo las mieles de la fama internacional le fueron esquivas.

Junto con su genio, apoyado en conocimientos exhaustivos sobre religión, metafísica y filosofía clásica, González era una contradicción viviente, un ser en perpetua lucha consigo mismo y con los otros, un desesperado sensual y cascarrabias que se mostraba como un iracundo sin freno.

Nacido y muerto (1895-1964) en Envigado, muy cerca de Medellín, era además un polígrafo que a la manera de Fernando Pessoa firmaba sus numerosos libros con nombres inventados, al tiempo que ante los demás parecía interpretar distintos personajes, todos sanguíneos, contestatarios, muchas veces de mensaje hiriente.

Al ver la obra no quedan dudas de que Gabriel García Márquez no exageró con su realismo mágico; parecería que tanto el protagonista como la gran mayoría de los colombianos del ámbito rural nacieran de esa raigambre y que entre ellos figuren tradicionales apellidos como Uribe y Santos.

Gran parte de la efectividad de la puesta, a la que el director Peláez impulsa aire de cantata en la que la música no está ausente, radica en la personificación que del filósofo hace Juan David Toro, un actor de gran energía, muy español, que se enfrenta al público y se lo mete en el bolsillo, como dieron cuenta los aplausos a telón abierto.

Casi sin escenografía ni utilería, los intérpretes se ven protegidos por focos de luz cenital mientras el resto queda en penumbras y revelan una formación íntegra que les permite moverse como corresponde, interpretar instrumentos y sobre todo lucirse en emisión de la voz y vocalización.

Quizá menos ambiciosa sea “Errores, crímenes y calamidades”, dirigida por Ramiro Lollo, que cuenta la elaboración de “Operación Masacre”, de Walsh, a través de dos actores —Vicky Olgado y Facundo Fernández— que a la manera de los antiguos juglares parecen representar su obra, de innegable tono didáctico, para un público no iniciado.

Para ello representan varios personajes, todos verídicos como Juan Livraga, Julio Troxler, Nicolás Carranza, Carlos Alberto Lizaso, Mario Brión y Vicente Damián Rodríguez, entre otros, víctimas (algunas fatales) de los fusilamientos de José León Suárez, en 1956, por la dictadura establecida tras el derrocamiento del general Perón.

La obra recuerda los pasajes del libro de Walsh, que al principio fue un rejunte de artículos periodísticos que nadie quería publicar —lo hizo finalmente Leónidas Barletta—, y los intérpretes utilizan un inteligente artefacto de madera que puede ser diversas puertas, una tina de lavar, una reja y otras cosas, como objeto con el que se puede contar algo en cualquier lado.

Es posible que algún crítico o espectador desdeñe por inverosímiles las intervenciones de Olgado cuando hace sus personajes masculinos —incluso con una barba postiza—, pero eso no descalifica un espectáculo que con calor y deseos de esclarecimiento habla de hechos del pasado argentino, máxime en momentos en los que es imprescindible no perder la memoria.

Fuente:

Agencia de Noticias Télam, Argentina, octubre 1 de 2012.

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