Corporación Otraparte

El Pesebre de Otraparte

Por Ernesto Ochoa Moreno

Hace 20 años se publicó un texto, olvidado durante los treinta anteriores, que se tituló El Pesebre y que recogía una novena de Navidad que en 1963 emitió por radio en Medellín el monje benedictino catalán Andrés Ripol, gran amigo de Fernando González en sus años postreros. Rescatar ese texto, que Fernando González Restrepo recibió mecanografiado desde Miami, donde Ripol ejerció parte de su apostolado tras el retiro de su comunidad religiosa, era casi una obsesión del hijo del maestro. Y al fin lo logró, en una edición sencilla, humilde y sin pretensiones, que guarda un innegable encanto.

La Navidad de 1963 fue la última del filósofo de Envigado en vida y fue la última del padre Ripol en Colombia. Fernando González murió el 16 de febrero de 1964 y el monje benedictino se había despedido definitivamente de Medellín el día anterior. González le había dicho: “Usted que se va, padre Ripol, y yo que me muero”. Y así fue.

Fuera de sus allegados, nadie supo por ese entonces que el filósofo de Envigado había estado detrás de la novena de aguinaldos que el monje benedictino, reconocido en el ámbito religioso y clerical de Medellín, se había comprometido a realizar por radio para Coltejer. Se entusiasma González con la idea de apoyar a su amigo y sacerdote de cabecera, pues por lo visto este no sólo le comentó su compromiso, sino que lo invitó a acudir con ideas, planteamientos, iluminaciones, textos completos que el monje introduce literalmente o reelabora al momento de componer sus meditaciones navideñas para el programa radial.

En Las cartas de Ripol, libro editado en 1989, con la correspondencia dirigida por González al benedictino, se pueden rastrear fácilmente el influjo y los aportes de pensamiento y de lenguaje que aparecerían en la novena. Se aprecia una bella simbiosis entre el teólogo español, formado en universidades europeas, y el escritor antioqueño, que se autocalificaba de teologucho, entre el monje sacerdote y el pensador tachado de ateo vitando por sus contemporáneos.

Hay hondura espiritual en este librito (cfr. en Otraparte.org). Y hay amor. Y ternura. Y se descubre la intención de hacer vivir a sus oyentes, lectores hoy, un Pesebre bajo una luz distinta. Es el Pesebre contemplado en pleno Concilio Vaticano II desde la raíz latinoamericana y colombiana, desde la desnudez de la condición humana, sin quedarse en la facilidad de una vivencia folclórica, o lo que es peor, en la superficialidad dañina de un consumismo extranjerizante.

Fuente:

El Colombiano, sábado 21 de diciembre de 2013, columna de opinión Bajo las ceibas.

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