Corporación Otraparte

El viajero de La Ayurá

Por Elkin Obregón

Hace poco se conmemoraron los cuarenta años de la muerte de Fernando González. Sus exégetas se prodigaron en elogios, sin duda más que merecidos. Ellos, los exégetas, han hecho de la casa de Otraparte un museo, adornado de fotos, documentos, muebles, retratos al óleo y bustos no demasiado felices, donde se hacen charlas, eventos, simposios. A veces pasan incluso videos, y hasta —pero esto tal vez es falso, o así quiero creerlo— se ofician recitales poéticos. Han convertido en un dios a aquel hombre que ordeñaba la vaca Paturra, que transitaba con su bastón las colinas de Envigado, que leía en voz alta, con embeleso y pésima dicción italiana, poemas de Carducci y de Leopardi, que casi estuvo a punto de callar cuando la muerte de un hijo lo sumió en un profundo desespero, y que resurgió, gracias al consuelo del tiempo y a las urgencias de una obra que sabía, aún, inconclusa. En fin. Estos exégetas hablan siempre del pensador, del “filósofo aficionado” (¿de veras era filósofo? ¿No lo era, como dice Gutiérrez Girardot, sí lo era, como refutan con elocuencia Alberto Aguirre, Alberto Restrepo, Ernesto Ochoa?), de su tremenda aventura vital, en busca perenne y agónica de la verdad y la belleza, las dos caras gemelas de la sed que preside su obra. Pero suelen olvidar al escritor, para mí tal vez (con don Tomás) el mejor de los colombianos, dueño de una prosa desnuda y jocunda, clásica y paisa a la vez, bella como la carne de una muchacha, implacable, certera como un estilete, desprovista siempre de retóricas. Una prosa que bordea también, a cada rato y como sin proponérselo, la más genuina poesía. Díganlo, entre tantas otras, las páginas de Cartas a Estanislao donde Jehová crea a Eva, cabe orillas de la Ayurá, de catorce años y medio. O el arrobado y nunciador encuentro con la belleza (en El Hermafrodita dormido), en Roma, Museo Nacional, sala 18.

Un dato: Fernando González solía escribir sus libros, a mano, en sus famosas libretas de carnicero. Y casi nunca corregía lo escrito.

Fuente:

Obregón, Elkin. “El viajero de La Ayurá”. En: Crónicas. Fondo Editorial Universidad Eafit, Colección Bicentenario de Antioquia, Medellín, 2013, p.p.: 81-82. Artículo publicado originalmente en el periódico La Hoja de Medellín en 2004.

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