
Casa Museo Otraparte
Vitral por Leandro Velasco
Querido y recordado Rodrigo:
Hemos recibido apenas dos cartas tuyas, la que tú nos anunciabas la muerte del Maestro no llegó; la noticia nos la dio un amigo de José Rafael, lo cual ha tenido muy triste deprimido, no solamente a José Rafael sino a todas las personas que lo quieren; yo en cambio pienso muy distinto en este caso, pues la muerte, que para unos es una verdadera tumba, para el Maestro es su más grande triunfo; es franquear la gran dificultosa puerta de la eternidad y el triunfo sobre los hombres y el tiempo. Ya nada perturbará al Maestro; ni los odios, ni las envidias, ni mucho menos lo más cruel: el olvido. Para seres como él, no hay muerte, hay una continuidad de vida, no importan las circunstancias, lo único que cuenta es el hombre que sabe vivir después de muerto su cuerpo. Es lo que yo también ambiciono y Dios quiera me dé fuerzas para hacerlo, yo siempre he pensado que hay que vivir la vida, para seguirla viviendo aunque nuestro cuerpo no esté presente; es tan bella y hay que amarla, como lo hizo el Maestro, para seguir en ella. Cuando se ama algo se desea que sea eterno, lo primero no cuenta para la hombría. No hay que hablar de amor, hay que eternizar el amor y eso hizo el Maestro; por eso no lo creo muerto, sino vivo, muy vivo; en el Maestro la muerte es su más grande señal de vida; para mí está tan vivo, como no lo estamos ni tú ni yo.
Leandro Velasco
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Leandro Miguel Velasco Pardo (1933‑2023) fue un artista colombiano autodidacta que combinó pintura, vitrales y mosaicos con un estilo lleno de color y humor. Nacido en Cali, se mudó a Nueva York el 23 de noviembre de 1963 —el mismo día del asesinato del presidente John F. Kennedy— buscando vivir de su arte; para sostenerse trabajó diseñando vitrales y mosaicos hasta dedicarse por completo a la creación. Su carrera lo llevó a exponer en Colombia, Estados Unidos, Francia, Italia y Japón, y su vitral del Buen Samaritano fue portada de la revista Time en diciembre de 1971. También diseñó mosaicos monumentales para templos como la catedral de Filadelfia y la Basílica de la Inmaculada Concepción en Washington. Desde un granero convertido en estudio en el norte del estado de Nueva York, donde vivía con su esposo John Herzog, produjo obras que reflejan su ingenio hasta su fallecimiento a los 90 años.
