Presentación

Revista Asfódelo

Número 7

Mayo 8 de 2009

Portada Revista Asfódelo N° 7

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Desde el comienzo, hace ya cinco años, Asfódelo marcó una gran diferencia con las demás revistas de la ciudad. En primer término, por el cuidado en la edición, el gusto, el diseño sobrio y elegante al mismo tiempo, de sus páginas. En segundo lugar, por la orientación y la escogencia de su contenido más allá del prurito de la novedad y la moda literaria. Quiso ser desde el comienzo, una revista situada un poco al margen de los afanes circunstanciales y de la corriente de opinión que, al ritmo del ‘marketing’, tiraniza este tipo de publicaciones, cuando no intenta incluso, hacerlas desaparecer. Asfódelo, inspirada en una flor simbólica de la poesía, de la magia, del amor y el libre erotismo, alcanza a promediar ya un buen trayecto entre nosotros y cada vez, como puede constatarse en los 7 números editados hasta hoy, sus páginas nos invitan a recuperar desde otra óptica, desde la ‘intertextualidad’ que redefine las culturas y el nuevo pensamiento, temas, autores, ideas, textos que para viejos y nuevos lectores poseen siempre un poder de seducción inagotable: el erotismo, la magia, lo fantástico, la guerra, el misterio, la locura, la belleza, la poesía misma.

No en balde, Raúl Jaime Gaviria, poeta, editor apasionado y promotor de nuevas voces creadoras en nuestro medio, ha estado al frente, día por día, soñándola, haciéndola, buscándole espacios y asegurándose de encontrarle esos lectores verdaderos que realicen, a través de algunos de sus textos recuperados del fondo de la desmemoria colectiva, un reencuentro profundo con el goce y la experiencia estética. Desde su primer número, Asfódelo es una publicación tocada por el ángel de una palabra hechizada, abierta a lo indecible pero también, sustentada por la experiencia del texto como rigor y lucidez frente a la disolución, al enajenamiento, el conformismo mental y sensible. Una revista inscrita en la perspectiva de la complejidad que el presente exige y, desde la cual, se nos hace toda vez más urgente asumir una noción de totalidad donde las celosas fronteras de la originalidad y de lo inédito se diluyen a favor de una visión cada vez más abierta y universal. Asfódelo es una revista de aquí, de este tiempo, pero también de todos los tiempos.

Pedro Arturo Estrada Z.

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Magnolia soulangeana

Magnolia soulangeana

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La danza de la
magnolia y el escarabajo

Por Ana María Henao

El gesto erótico, ese que se engalana de aromáticas esencias, formas sutiles y radiantes colores, ha permitido con el paso del tiempo la generación de la vida y su magnificencia: la magnificencia de la eterna capacidad creadora. —Fue así como inició su relato el espíritu del árbol, con el que tropecé en uno de mis viajes al bosque. Y fue así como continuó—. Por años y años, desde la antigüedad, hasta recientes tiempos, plantas y animales han danzado con melodiosos ritmos de seducción, atrayentes, palpitantes, jugosos; que hicieron y hacen posible la continuidad de las especies. Pero voy a detenerme niña en la danza de las magnolias. Quiero contártela y que la cuentes para que persista en el aire, en el eco, en la palabra y en el corazón del hombre, como prueba ineludible del juego erótico en la concepción de la vida. En las vistosas y aromáticas flores de las magnolias se albergan dos duendes llamados Androceo y Gineceo, capaces de confluir y fundirse para dar paso al espíritu de la vida en otro ser. Androceo tiene el don de formar la esencia seminal portadora de la vida y Gineceo posee a su vez la capacidad de recibir esta esencia, acogerla, envolverla y enriquecerla para completar la unión vivificante. Ambos duendes crecen en la misma flor, comparten el sol y el agua y todo el alimento que les ofrecen sus hermanas las hojas. Pero ambos saben también, que su unión, que es la unión de dos hermanos, sería estéril y que el espíritu de la vida los castigaría con un hijo incapaz de recrear la grandeza y esplendor otorgados a la especie desde su aparición en el planeta. Es por eso que recurrieron a recrearse, crearse y amarse a través de la danza, en un ritual que dura dos días. La danza de la magnolia y el escarabajo. Los duendes se adornan con carnosos y perfumados pétalos blancos, preparan el néctar y esperan la llegada de su invitado, el escarabajo. La danza inicia cuando Gineceo en la puesta del sol se prolonga y se dilata, abre a la luz ferruginosa todo su esplendor, y, aún sabiendo que sus preciados óvulos no llegarán a ser tocados por el polen de su hermano Androceo —amado desde su nacimiento—, se prepara para recibir el de otro amante, duende extraño, desconocido, conocedor de otros paisajes. Para celebrar esta apertura, brota de toda la flor el líquido embriagante y dulce, el néctar delicioso, con el que es recibido el escarabajo voluptuoso, el portador del beso del duende extraño, que se derrama con su batir de alas en la boca de Gineceo; quien lo acoge, lo bendice y lo dirige hacia la gestación del nuevo ser. Desde abajo y con gran dolor, Androceo observa fascinado el encuentro engendrador y sólo espera que la nueva puesta del sol le permita también dilatarse, expandirse y a través del abrazo de su amigo el escarabajo, viajar y depositar su esencia seminal en un nuevo duende capaz de recrear la danza de su hermana, que al final es la danza de las magnolias, danza como recurso infalible en la preservación de la vida y su magia.

Fuente:

Revista Asfódelo N° 7, Erotismo, septiembre de 2008.

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