Lectura y Conversación

Camila Charry Noriega

—14 de octubre de 2021—

Camila Charry Noriega

Camila Charry Noriega

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Camila Charry Noriega (Bogotá) es poeta y editora, profesional en Estudios Literarios y maestra en Estética e Historia del Arte. Ha publicado los libros «Detrás de la bruma», «El día de hoy», «Otros ojos», «El sol y la carne», «Arde Babel», este último reeditado en Guatemala y México en 2018 y 2019, respectivamente, y «Materia iluminada», poesía escogida en edición bilingüe, español-francés, 2019. Es editora del fanzine «La trenza», que aborda la poesía y el ensayo de escritoras colombianas. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, rumano, polaco, portugués, árabe e italiano. Actualmente se desempeña como profesora de poesía latinoamericana y de escritura creativa.

Presentación de la autora
y su obra por Lucía Estrada.

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Como presintiendo el horizonte entre una grieta luminosa, la poesía de Camila Charry se ocupa de la vida entre sus quiebres y formas desgarradas. Cada poema de este libro es como un leño que se atrevió a azotarse contra el fuego, pera perder las formas accesorias y ser tan sólo fulgor que reverbera. Atada a las metáforas y los mandatos del fuego, esta escritura se realiza en su pregunta por el punto incandescente de las cosas. Privilegio es del lector descubrir de la mano de una voz poética singular que, de la vida, el cuerpo y el lenguaje, lo único que fluye es lo que arde.

Andrea Cote

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La poesía de Charry Noriega es una poesía meticulosa, a la que le gusta girar las piedras para ver lo que esconden bajo la impasibilidad de su cara rocosa. Poesía profunda, que aborda cuestionamientos filosóficos que los libros de poemas de moda hoy en día, a menudo demasiado descriptivos, muy narrativos y poco líricos, tienden a esquivar. Como si la destreza para manejar el lenguaje fuera suficiente para ser poeta. […] Charry Noriega sabe coser músculos y venas, deseo y herida, tumba y cuna, suavidad y aspereza. En sus poemas se construyen por completo tanto el hogar de acogida, como los fantasmas, a menudo magullados, que lo habitan.

Françoise Roy

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El sol y la carne habla de otros mutismos y otras tinieblas, la mayoría recientes y locales. Charry va con su existencia hacia el lenguaje, herida de realidad y atenta a la realidad. Cada poema recoge el desastre que flota en los ríos, que cuelga de los árboles, que jadea en los sueños de animales y que crece en la hierba del olvido. […]. La poeta explora cómo hablar de la violencia, se pregunta cómo darle forma al horror. En este sentido es un libro donde la ética y la estética entran en contacto; donde a la oscuridad, insustituible, no se la puede forzar a hablar y la luz, como escribe Charry, se ha vuelto carnívora. Es difícil escribir en este punto. Así las cosas, a «la boca abierta» no le queda sino «reclamar un gesto que remede el espíritu humano», mientras que el espíritu humano reclama el gesto de una boca abierta, de esta.

Tania Ganitsky

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Portadas de algunos libros de Camila Charry Noriega

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Tres poemas de
Camila Charry

Fuego de los días

De espera en espera
consumimos nuestra vida.

Epicuro

Por acá todo es casi fuego a diario,
el perro olfatea en la cocina
las cenizas de la luz;
eso es la desaparición
la ausencia de la lengua sobre el pan,
los ojos que desean lo que se hunde
en el misterio del mundo.

Yo no sé si es bueno nombrar,
yo no sé,
pero a veces
cuando amenaza el fuego lo más elemental,
uno se pregunta si de esa manera debe ser todo.

En la cocina
la tetera canta exasperada
y el olor a hierro quemado es el único vestigio
de un agua seca y reseca,
inexistente
entre el fondo negro de la olla.

Otro día es un cigarro que encuentra entre silbidos
el blanco corazón de la colilla que se ahoga,
allí el fuego es pasado,
certeza limpia.

Así también pasa con el cuerpo
y uno sigue preguntándose
qué lo quemará:
una enfermedad en los pulmones,
un carcinoma,
un balazo, una traición.

Quién sabe qué extraño fuego
acabe esta espera.

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Cuerpo adentro

El agua mece la casa.
La oscuridad
tren silencioso,
cruza y tantea los huesos.

Los habitantes observan desde los rincones
acostumbrados ya,
al vértigo que les produce
ser la estación de lo que fluye.

Las paredes son de piedra
también los objetos más elementales:
las sillas
la mesa
las camas
los cuchillos afilados por si vuelven las fieras,
también las lámparas que cuelgan de los techos,
manos abiertas,
se encienden cuando la luz las nombra.

Todo lo demás es de carne.

El agua llena todas las habitaciones,
se abre paso a través del cuerpo
y nadie teme,
han aprendido que cuando roce sus cuellos
flotarán
y chocarán los muslos, las cabezas, los pies inertes
     (pequeños pájaros que convulsionan en un pozo)
y siempre habrá carne que se afila
contra el borde de las piedras.

El agua mece la casa hasta el amanecer;
     luego vuelven las tareas cotidianas:
despertar a los ahogados
servir en los platos minúsculas algas
limpiar con las escobas la oscuridad de los rincones
       desprender de los ojos la humedad
las visiones:
carne sobre carne el aliento humano
carne lamida,
despeñada.

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Juicio final

Lasciate ogni speranza,
voi ch’intrate

Dante

En una obra de Giotto
el demonio devora a un hombre
mientras expulsa a otro por su cloaca.

El fresco es de una belleza espeluznante.

En él está contenido el mundo y su materia.
No representa Giotto a la bestia sino al hombre
descarnadamente hambriento.

El símbolo es sencillo y no requiere explicación:
lo ingerido se coagula, se hace carne y hueso,
se destituye
se engulle de nuevo
se expulsa
se endurece,
es el hombre separando la luz de la tiniebla,
el sueño del residuo.

El artista, desde la luz y el color,
nos obliga a penetrar
cuaja las sustancias,
asombra las retinas del observador
y le devuelve su reflejo
consumido.

Pero eso es solo lo primero;
la fascinación por los signos
más reales a veces que la misma realidad,
empujan en su trazo hacia la reconsideración:
¿qué divina sustancia
sobrevive a la idea de mundo?

El artista lima, hace que los bordes encajen,
limando extrae de ese ensueño que es el bien
la imagen,
la monstruosidad más verdadera.
El color y la simiente oscuridad sobre la que respira la luz
dictan las formas
y estas son a los ojos el señuelo,
el centro del demonio.

Lo otro,
el destello de maldad frente a algo que se reconoce
profundamente humano
es lo que se desprecia,
hipócrita.

El mundo su idea el verbo
son el intestino de ese demonio
que sonríe.

En el fresco, de apariencia inmóvil,
está contenida la historia de los hombres.

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