Presentación

El blanco rumor
de la nada

Y otras fábulas flotantes

—13 de junio de 2023—

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Víctor Raúl Jaramillo (Sonsón, 1966) es doctor en Filosofía, poeta, narrador, ensayista y músico. Ha publicado más de una veintena de libros de poemas, ensayos, aforismos y relatos. Algunos de sus escritos han sido incluidos además en antologías como «Poésie colombienne du XXI siècle», «PlexoAmérica», «Entra-Mar» y «Obra abierta», en la que aparece su libro antológico «Al borde del agua». Dirige el proyecto virtual Libre Acceso Ediciones, donde junto a otras publicaciones de diferentes autores se encuentran sus libros «Trozos de materia desnuda» y «Abecedario de la lectura». En 2021 Sakura Ediciones publicó «Catálogo de naves», su obra poética (1992-2020) reunida en un solo volumen, y un año más tarde el Fondo Editorial Ateneo Porfirio Barba Jacob publicó «Tatuajes de viento», edición conmemorativa de los treinta años de su primer libro. Algunos de sus textos han sido traducidos al inglés y al francés. El Concejo de Medellín le otorgó la distinción Juan del Corral —Grado Plata— por su carrera artística.

Presentación del autor y
su obra por Lucía Estrada.

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Un libro para jóvenes lectores urgidos de tomar un camino que, entre tantos —no siempre verdaderos—, componen la vida. Me imagino lo que a ellos puede significar esta suma de historias que, además del gusto y deleite que ofrecen, entreabren las puertas del cielo, ahondan en una mística visión de la existencia. Libro que, como recomendaba Fernando González —pariente de estas filosofías—, se pueda llevar en el bolsillo para tenerlo a mano cada que nos cojan las ganas de leerlo. Para los demás, nosotros los viejos —pues ya no es el caso—, queda el disfrute de estas fábulas, cuidadosas en su escritura y prestas siempre a la maravilla que guardan.

Elkin Restrepo

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Desde hace mucho tiempo la sabiduría oriental me ha generado un especial interés: sus frágiles andanzas, su manera de entretejer los contrarios, las inesperadas paradojas, sus lecciones inspiradas, la disciplina dirigida al «despertar», la sencillez de la vida ante la disolución y la nada, el abandono del ego, la amorosa comunión con la naturaleza.

Sé que este tipo de textos son mal recibidos por algunos académicos y especialistas, tildándolos de faltos de rigor o de alteraciones inescrupulosas. Instrucciones y parábolas estimadas dentro del patrimonio de la humanidad que combiné con otras de carácter propio, intentando una escritura legítima, cuya disposición es debida a mi particular interés de dar a conocer vivencias que le pueden ocurrir —dentro de lo genuino— a cualquier persona.

No es un compendio con intenciones doctrinarias ni buscan generar adhesión ni resaltar un carácter «religioso», pues, a mi parecer —y al de otros autores—, cuando este tipo de textos se idealizan sin fundamento o se institucionalizan hasta ser dogmatizados, se pervierten y caen mal, sujetan más que liberar. En su sensibilidad son una especie de ética que implica la armonía, la serenidad, el silencio y una correspondencia compasiva del individuo consigo mismo y con las comunidades que tienen otro tipo de parecer.

Mi interés es que los lectores de este pequeño libro deseen seguir leyendo sobre este tipo de legados, que se acerquen a los textos fundacionales y lleven consigo lo que consideren digno de conservar.

Víctor Raúl Jaramillo

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Víctor Raúl Jaramillo
Foto © Lina María Hidalgo

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Cinco textos de
Víctor Raúl Jaramillo

El blanco rumor de la nada

Bendecido por la devoción de sus discípulos y el delicado pulso de los cuencos de bronce, el maestro habló por última vez: «Suelen repetir las rocas que no se ha de temer cuando el desierto alarga la mano y toca el nacimiento del agua. Lo dicen los árboles y las cien encarnaciones del viento y la dulce voz de los venados. Cuando todo se apaga el espíritu sopla nuestras mortajas y hace que nos veamos entre nieblas y podamos acariciar los pájaros de la quietud. Así somos tejidos por el blanco rumor de la nada».

Después cerró los ojos, abrió las manos, y habitó el silencio.

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Buda o la paloma azul

En el sueño su madre vio un elefante blanco al que los sacerdotes concedieron la grandeza del hijo. El padre resguardó al príncipe en su palacio, pues lo prepararía para gobernar, o sea, para la guerra. Esto no impidió que el joven vagara entre la enfermedad, la vejez y la muerte. Pasado el tiempo, luego de varios intentos —bajo un árbol de higuera—, alcanzó la iluminación. El que ahora llaman Buda, se convirtió en la enseñanza viviente para aquellos que buscan romper el hilo de la ilusión. Dicen que una paloma azul vuela sobre sus cabezas con anillos ígneos en las alas.

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Koan de la mutilación

Luego de muchos intentos, el joven aprendiz se cortó el brazo para llamar la atención de su maestro, pidiéndole que le enseñara la verdad. El maestro lo recibió entonces, preguntando qué era lo que quería saber. «No encuentro acallar mi mente por más que lo intente», dijo el muchacho. A lo que respondió el monje: «Todo acto implica su contrario y ni tu mente ni la mía existen. Todo es ilusión…», y le dio un palazo en la espalda. El discípulo —que sangraba aún— ahora era un hombre despierto. Eso dice la leyenda.

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La cojera del bastón

El aprendiz —con la idea de ser un iluminado— puso su mano en el hombro del recién llegado y pidió que le ofreciera todo lo que tenía, pues, él, era el bastón del maestro. El monje observó lo sucedido. Se aproximó al antiguo discípulo y le dijo las siguientes palabras: «Ser quien se detiene frente a algo que será usado exclusivamente para un personal interés y para hacer de ello una forma de ostentación, se aleja del camino de la sabiduría». El discípulo —avergonzado— regresó los bienes al muchacho y se fue en silencio a disponer el té para darle la bienvenida. El día vibraba de hermosura.

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De fatigas vanas

Era de noche. La luna alta dejaba estelas de luz en cada rincón. Los arbustos que perfilaban el camino daban sombras que las manos no podrían. La joven aprendiz —luego de varias horas de andanza— se aproximó a la multitud que esperaba la lección del maestro. Uno de ellos vio que la joven llegaba jadeando y le ofreció un poco de agua fresca en un cuenco de madera. Ella agradeció y esperó las palabras del anciano, como los demás. Fue cuando el maestro, con los ojos entrecerrados y alisando lentamente su barba con los dedos sarmentosos, dijo con voz queda: «Si te sumerges en el agua de tu océano para ir tras el agua que alguien tiene en un estanque, ¿dónde está la sabiduría?». Entonces un gran brillo se encendió en las pupilas de la muchacha.

Fuente:

Jaramillo, Víctor Raúl. El blanco rumor de la nada y otras fábulas flotantes. Grupo Editorial Ibáñez / Sképsi, Bogotá, 2023, pp. 11-15.