Presentación

El cuerno de Gabriel

—4 de marzo de 2021—

Portada del libro «El cuerno de Gabriel» de Ricardo Sanín Restrepo

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Ver grabación del evento:

YouTube.com/CasaMuseoOtraparte

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Ricardo Sanín Restrepo (Medellín, 1968) es abogado y escritor. Ha sido profesor de doctorado en la Universidad Pontifica Javeriana, en diversos programas de maestría en Derecho de reconocidas universidades colombianas y desde hace casi diez años enseña en universidades mexicanas como ITAM y UNAM, así como en otras universidades en Latinoamérica. Es un referente del pensamiento jurídico crítico en Colombia, colaborador habitual del portal Critical Legal Thinking y autor de múltiples artículos y libros sobre Constitucionalismo, Justicia Constitucional e Ideas Políticas. Desde 2016 publica su obra de filosofía política con Rowman & Littlefield International, editorial con sede en Londres desde donde expone los pilares de la «teoría de la encriptación del poder». Entre otros libros, ha publicado «Historia de la Teoría Política Moderna» (2002), «Libertad y Justicia Constitucional» (2004), «Teoría Crítica Constitucional: rescatando la democracia del liberalismo» (2009), «Teoría Crítica Constitucional: del existencialismo popular a la verdad de la democracia» (2012), «Teoría Crítica Constitucional (2013), «Teoría Crítica Constitucional: la democracia a la Enésima Potencia» (2014), «Decolonizing Democracy: Power in a Solid State» (2016) y «Being and Contingency: Decrypting Heidegger’s Terminology» (2021). «El cuerno de Gabriel» es su primera novela.

Conversación de Ricardo Sanín Restrepo con los escritores José María Baldoví («Alcánzame las gafas») y Julián Bernal Ospina (blog «Escritura a secas»).

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Uniediciones

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Cuando a Gregorio le preguntaban si era antioqueño contestaba que sí, pero solo como Fernando González, Rodrigo Arenas y Tomás Carrasquilla (con el tiempo añadió a Débora y Gonzalo Arango), sí, antioqueño como todos aquellos que nacieron en el corazón de la raza, pero pronto se tuvieron que criar como maleza y respirar al margen de una sociedad enferma de poder que asfixia y destroza la diferencia.

El Autor

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Se dice que Evangelista Torricelli, en la Italia del siglo xvii, ideó un extraño objeto que entrañaba una paradoja. Lo infinito y lo finito se unían en su composición. Recréese en la mente un cuerno o una trompeta que se alarga hasta el infinito. No habría pintura suficiente para cubrir su superficie, pero, si se quisiera llenar, bastaría una cantidad concreta para hacerlo. Esta figura es propicia para comprender la novela El cuerno de Gabriel, de Ricardo Sanín Restrepo. Este cuerno rebosa con una sola gota de tinta. El autor se pregunta: «¿Cuántas vidas caben en una gota de tinta?». La respuesta es: todas.

Julián Bernal Ospina

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De Ricardo Sanín Restrepo sabíamos que es un notable autor de textos penetrantes y heterodoxos sobre teoría crítica constitucional. Es una autoridad, incómoda, desde luego, y expatriada, como es de rigor entre nosotros. De hecho, desde hace años, se ha dado a la tarea de sentar los pilares filosóficos de una corriente que empieza a tomar fuerza por cuenta de sus vigorosos y justicieros textos académicos. Esa corriente es la referida a la desencriptación de los «pactos sociales» que orientan a nuestras escuálidas, excluyentes y colonizadas democracias de este costado aporreado del globo terráqueo. No es demagogia. Es la constatación, o mejor, lúcida y conceptual revelación, por medio de instrumentos epistemológicos heideggerianos, cuánticos y postconstitucionales, de un orden político demoliberal que proclama aquello que más teme, y odia: la libertad. Digo que Sanín Restrepo es un autor académico y heterodoxo. Académico, porque su discurso se inscribe dentro de los cánones de la exigencia propia del terreno de su especialidad: el Derecho Constitucional, y heterodoxo, porque recurre a la literatura y al cine, es decir, a la metáfora plástica, para desvelar el lado oculto de la modernidad: la colonialidad. Qué sería de su parlamentaria Majestad Británica —tradición y modernidad— sin el espectáculo del buen salvaje, que como el mono del organillero, baila mientras piensa que quien le da cuerda al organillo no podría vivir privado de sus aspavientos de mico bufón. Claro que mientras baila, la correa le impide ir muy lejos, pero él piensa que esa es su voluntad: bailar para el organillero es su manifiesto destino vital.

José María Baldoví

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Ver «Ricardo Sanín Restrepo, el arte
de convertir el petróleo en tinta»
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Ricardo Sanín Restrepo

Ricardo Sanín Restrepo

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El cuerno de Gabriel

~ Prólogo ~

Este no es un Bildungsroman, una novela de formación, pues aquí no se funda ni se forma ninguna memoria, sino que se destruye toda posibilidad que ella tome las riendas del tiempo. Escribir es construir tabiques de distribución y muros de contención a la memoria, repelerla para que vaya a morir sola y despoblada, impedir que vuelva sobre la vida para embrujarla con la monstruosidad de su deseo de muerte, el recuerdo. Se trata de escribir para no dejarle a la memoria más que un caparazón de huesos secos.

¿Cuántas vidas caben en una gota de tinta? Para Proust la memoria no existe por fuera de la creatividad, es más, solo cuando el ingenio suple los recuerdos pálidos y caprichosos puede la memoria existir de verdad y llenar los pulmones del tiempo. Para Bergson y su temporalidad anti cartesiana, lo único que existe realmente es la memoria como intensidad, heterogeneidad y multiplicidad que extiende infinitos ramales subterráneos de todo devenir y la reproduce en una infinitud virtual. Por cada mundo infinito hay una memoria, que es una incisión en el tiempo, que lo mantiene vivo.

Aquí no hay memoria, aquí todo es presente y todo presente está oculto en un tiempo que nunca llegó a ser.

De la multiplicidad es el tiempo.

El tiempo es una estructura sin forma. El tiempo se extingue en la cabeza de un fósforo. El tiempo se desgaja en las moléculas heladas del mármol. El tiempo nos mira desde el pozo negro del ojo de un insecto rojo. El tiempo se petrifica en el viento. El tiempo se derrite en los huesos amarillos del universo y su simplicidad química.

El tiempo es un objeto sin sombra.

El tiempo se esconde en los cuartos vacíos.

Todo, excepto el tiempo, es una metáfora del tiempo. Del tiempo solo un nombre tenemos.

Fuente:

Sanín Restrepo, Ricardo. El cuerno de Gabriel. Uniediciones, colección Biblioteca Efímera, Bogotá, 2020.