Presentación

Memoria del
sueño vegetal

—16 de septiembre de 2021—

Portada del libro «Memoria del sueño vegetal» de Irina Henríquez

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Ver grabación del evento:

YouTube.com/CasaMuseoOtraparte

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Irina Henríquez (San Juan Nepomuceno, Bolívar, 1988) es poeta, productora de cine y tallerista de escritura creativa, licenciada en Humanidades-Lengua Castellana. Autora de los libros de poesía «A riesgo de caer» (Ediciones Corazón de Mango, 2012), «Memoria del sueño vegetal» (Colección «Un libro por centavos», Universidad Externado de Colombia, 2021) y «El sonido de los signos» (inédito). Sus poemas se han publicado en antologías y revistas de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y España, y han sido traducidos al portugués y el inglés. Actualmente coordina el Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté, Córdoba.

Presentación de la autora y
su obra por Yirama Castaño.

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Colección «Un libro por centavos» de la Universidad Externado de Colombia

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Memoria del sueño vegetal es una atmósfera, un ritmo, una textura que nos descubre las manos. Cada poema es conjuro, color, sonido, invitación a las grandes y transparentes regiones nocturnas en las que el mundo puede transformarse en un árbol, una semilla, o ser el silencio de los amantes. Irina Henríquez no está segura de lo que puede hallar, pero sí lo está de su búsqueda. Camina a tientas por entre las hojas, siguiendo el fluir del agua, por entre las piedras que son su verdad. En este libro que va de encuentros y sortilegios, que no para de preguntar ni de sentir desde la primera línea, podemos asomarnos a una sensibilidad —acaso— mucho más cercana a este tiempo, por prestar ojos y oídos al reino de la intimidad, por entender que este aquí y este ahora se tejen bajo la tierra, oscuramente, y se alimentan de una misma raíz.

Lucía Estrada

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Irina Henríquez

Irina Henríquez

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Tres poemas de
Irina Henríquez

Asedio a la infancia iv

El dolor te está prohibido,
no eres tú quien puede sentirlo.
No es tu cuerpo tan viejo
para esas cosas.
Págame este pan que te ofrezco
con el sudor de tu alma.
Pero nada de quejas ni rictus de dolor.
Estás muy niña para esas cosas.

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El dominio del agua

Anoche
por primera vez
dominé el agua del sueño.
Me sumergí en un fluido azul transparente
atravesé su humedad a nado
y no desperté a la mitad de mi hazaña.
Estampida de grandes animales el sonido de las
aguas desbocadas.
Así en la infancia, una casa cercana al arroyo
dejó en mí un miedo que despertó en la noche de mis años.
Temí en todos mis sueños la aparición del agua.
Su inabarcable dominio me lanzaba a la vigilia
con las manos húmedas y…
Anoche
por primera vez
fui una con el agua del sueño.
Quizá una niña en mí ya no tema a su lomo luminoso.

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Memoria del sueño

El sueño me toma de la mano y conduce
por senderos luminosos
a unas alas que nacen en el vuelo,
y, asombro vertical,
toco con la punta de las patas
las anheladas copas de los árboles.
Guardo la memoria de que
fui pájaro y piedra en el estanque,
caminé por escaleras que no avanzan
y desperté pronto
y también pronto ansié de nuevo
la continuación del sueño
en iluminados patios de la infancia.
Soñé la resurrección de mis muertos
las palabras que no dije tatuadas en la lengua
y la purificación del fuego
en esos cuerpos resucitados.
En la palma de mi mano revelo la memoria del sueño.
Celosa guardiana,
con el puño cerrado busco
la tierra de un jardín secreto
para enterrarlo.