Mano a Mano: Sonetos

Hugo Álvarez
Daniel Torres

Marzo 25 de 2010

Miguel de Cervantes por Emil Kazaz

“Miguel de Cervantes”
por Emil Kazaz

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Hugo Álvarez Restrepo se inició en la poesía en Sonsón, Antioquia, su pueblo natal. Recibió de su abuelo paterno, Alejandro Álvarez Mejía, la herencia de versificador, pues fue don Alejandro una persona tan buena para fabricar preciosos muebles en comino crespo como para trovar al lado de personajes como Ñito Restrepo o hacer poemas de toda índole. Sus primeros versos fueron publicados en un periódico artesanal llamado RJL, el cual era dirigido por quien luego fuera destacado hombre público, su amigo Jorge Humberto Botero. Era el año 1960. A partir de entonces sus versos han recorrido toda serie de espacios entre revistas, ceremonias, folletos, programas de televisión, diversos eventos y periódicos como La Acción, primer diario regional de Colombia, El Mundo, donde tiene un espacio diario, El Espectador, El Heraldo y El Tiempo, el cual ha hecho conocer desde 1995 no sólo sus sonetos sino también sus décimas, tanto serias como de humor, con cerca de trescientas de ellas publicadas hasta hoy. Su vida ha girado en torno a la arquitectura (su profesión), la fotografía (ganador de varios premios nacionales), la música (como autor de varias canciones y coleccionista miembro de la Corporación Daniel Uribe), la madera (ex director de Cemade, Centro de la Madera), el ejército (oficial activo de la Reserva Especial y Cónsul en Medellín) y la poesía (su gran amor, en sus especialidades del soneto y la décima).

Daniel Torres Gómez (1980), estudiante de filosofía y letras en la Universidad Pontificia Bolivariana, músico, traductor (Shakespeare, Byron, Blake, etc.) y escritor. Poseedor de una excelente memoria, ha profundizado en el legado de los escritores y compositores clásicos y conoce bien la música colombiana y el tango. Cree que nadie puede enseñarle a componer buenos sonetos a nadie; cree que todos los buenos sonetistas nacieron con el soneterismo aprendido, pero que no se acordaban, y que fueron haciendo memoria, y que unos se acordaron más que otros, lo cual explica que haya Quevedos y Diegos, Mendías e Ineses de las Cruces; hasta Nerudas, que no alcanzaron a acordarse nunca. En lo que a su “estarse acordando” toca, le gusta creer que se ha acordado un tanto y está completamente seguro de ser el más importante sonetista de su cuadra, delirio que juzga evidenciado en las casi ocho centenas de sonetos que ha compuesto desde que empezó a acordarse, aunque de esos tantos sólo le gusta uno. A pesar de que no habla ni francés ni italiano ha traducido a Petrarca (un italiano que se alcanzó a acordar bastantico), también a Baudelaire y a de Nerval (unos franceses que nacieron “acordados”). Quisiera no escribir más que sonetos, celebra la armonía, el balance y la musicalidad en la obra poética y no reconoce poesía sin música; piensa que el soneto, pese a estar siendo manoseado desde hace más de ochocientos años, es una estructura que todavía tiene la mayoría de sus posibilidades inexploradas, y que siempre habrá sonetistas, siempre, “hasta que haya caído la última bomba”.

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Sonetos de
Hugo Álvarez Restrepo

Consejo al hijo

Escúchame hijo mío: Ya estoy viejo,
el final de mi vida está cercano;
mi lucha por formarte no fue en vano,
y eso me tranquiliza si me alejo.

Ven acá por favor, dame tu mano
para entregarte mi último consejo
pues bienes materiales no te dejo
al partir para siempre hacia el arcano.

Sé honrado, sé leal, justo y sincero,
recuerda que no todo es el dinero
ni desoigas la voz de la experiencia.

Pero más importante todavía
es que escuches por siempre, día a día,
a aquel supremo juez que es tu conciencia.

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Día de la madre

Allí está la mamá, la anciana buena
por cabello de plata coronada;
cumplida ya su terrenal faena
descansa en vieja silla recostada.

Su rostro, de expresión dulce y serena,
tiene la placidez de la alborada;
con mano temblorosa, de amor plena
la santa bendición me da pausada.

Terminó su misión la viejecita
y solo espera concertar la cita
con el Rey Celestial su alma piadosa.

Al contemplarla hoy calmé mi angustia
pues aunque adormilada y de faz mustia
la  he visto más despierta y más hermosa.

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Sonetos de
Daniel Torres Gómez

A cantarle a Gardel me voy ahora,
Sin abismo biliar, sin menoscabo,
A Gardel, sin apuro, sin demora,
Que no me tiemble el rabo.

Sin lisonja, sin pavo, sin querella,
A cantarle me voy sin un reproche,
A cantarle a Gardel me voy sin mella,
Me voy a medianoche.

Sin ton ni son, a ton sin son, intonso,
Sin gomina, sin abra, sin inquina,
Me voy de birretina.

Sin pudriendo en el acto algún responso,
Sin pudrir un lamento, sin maniera,
Aunque Gardel no quiera.

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Se hará a la mar el fuego que yo he sido,
Ceniciento, verdoso del arcano;
A la mar brotará, designio vano,
Sin zarpar, sin saberse, sin sentido.

A la mar partirá, ya se habrán ido
Anhelo, adiós y lágrima. Tu mano
Despedirá mi fuego con desgano,
Se irá mi fuego al verde, distraído.

No quemará tu flor el fuego mío,
Si se va sin zarpar, distante, inerte,
De las playas, al mar que temo-ansío.

No quemará tu flor mi desvarío
Que vibra y plañe, abrasador y fuerte.
Se hará a la mar mi sol, verde, sombrío.

Fuente:

Comunicación personal.