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Historia de Envigado

El médico y geógrafo
Manuel Uribe Ángel

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¿Dónde hay ahora gente buena moza como el doctor Manuel Uribe Ángel, don Cástor Ochoa, Tomás Quevedo?

Fernando González

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Poblamiento prehispánico antiguo

El poblamiento del territorio actual de Envigado empezó hace varios cientos de años, según las investigaciones arqueológicas realizadas. Dos hitos son importantes para tener en cuenta:

a) el descubrimiento de la tumba de cancel en el 2006 en la urbanización Alamos del Escobero. El estudio de los restos óseos encontrados arrojó como resultado un enterramiento de 1.650 años antes del presente AP, el cual contenía en su interior los restos óseos parcialmente conservados de una mujer de aproximadamente 45 años de edad; asociada a esta tumba fueron hallados dos metates (instrumento de piedra utilizado para moler maíz), a manera de ajuar funerario

Fue un hallazgo significativo porque fue la primera tumba de este tipo que se encuentra en el Valle de Aburrá y en Antioquia. Gracias a ella, según el investigador Gustavo Santos, es posible indicar una interacción hacia el siglo IV d. C. entre esta región y la del Cauca Medio, donde estas tumbas son comunes.

b) la identificación del sitio La Morena (2008) y la realización de varias excavaciones que dio por resultado elementos de piedra con más de diez mil años de antigüedad, un hallazgo sorprendente para la historia del poblamiento del Municipio y por ende del Departamento de Antioquia. Estos elementos pertenecieron a sociedades horticultoras tempranas, las cuales cultivaron las primeras clases de maíz y de fríjol encontradas para Antioquia y quizás para Suramérica, aspecto que se verificó en los análisis de fitolitos encontrados en los instrumentos de piedra.

Ocupación española

Las tierras del sur del valle de Aburrá estuvieron pobladas por aborígenes pertenecientes a la gran familia Nutabe. El caserío más poblado y centrado de los Aburraes estuvo ubicado en el llano entre la quebrada doña María (Itagüí) y el cerro el Volador (Aristizábal, P. 2014, pág. 20). Por los enteramientos y tumbas encontradas se denominada Cultura Ferrería, que desde hace 2.500 años poblaron gran parte de la cuenca del río Porce, incluido el valle de Aburrá (Castillo, Neila. 1996, pág. 48).

Al encuentro de estos pueblos aborígenes estuvieron los conquistadores al mando de Jorge Robledo y su capitán Jerónimo Luis Tejelo, quienes avistaron el valle por el pueblo de Murgia o de la sal (Heliconia) el 23 de agosto de 1541. Después del enfrentamiento inicial, los españoles encuentran que eran «indios pobres que tienen poco oro y son grandes labradores y tienen mucha ropa y mucho de comer» (Sardela, J. Crónica, 1993)

A raíz de lo poco atractivo, los españoles se centraron en los minerales del río Cauca y en Buriticá, y el poblamiento inicial en la ciudad de Santa Fe de Antioquia, además impulsaron las fundaciones de Remedios, Cáceres y Zaragoza.

Las tierras del valle de Aburrá se comenzaron a poblar a partir de 1574 cuando Gaspar de Rodas obtuvo del cabildo de Antioquia tres leguas para fundar hatos y estancias de comidas y en 1582 en calidad de gobernador y después de obtener capitulaciones de la corona, reparte encomiendas a sus hombres (Vélez E., N. 1999, pág.224).

El territorio de Envigado se incluyó en el Resguardo de San Lorenzo de Aburrá, formado en 1615 por el visitador Francisco Herrera Campuzano con los 80 indios útiles: aburraes, yamesíes, peques, ebéjicos, noriscos y maníes. Según el padre Javier Piedrahíta, sus límites fueron: «Desde la quebrada de Aná por el norte hasta aproximadamente la zona actual de Belén por el occidente; Guayabal y Envigado por el sur y los cerros orientales de Las Palmas y Santa Elena por el oriente» (Piedrahíta E., J. 1984, pág. 183).

Otras encomiendas se repartieron en el valle de Aburrá como fueron a Juan Jaramillo en el Hatillo, a doña María de Quesada en tierras de Itagüí y a don Fernando de Toro Zapata en las tierras del resguardo de San Lorenzo de Aburrá en 1639. Esta concesión ocurrió, según el cura doctrinero Juan Gómez de Ureña, porque eran tierras que sobraban y se les habían dejado a los naturales las indispensables para sus sementeras y ganado (Patiño Millán, B. Pág. 135).

De igual forma, fue la disminución de la población indígena del resguardo la que propició el avance de la ocupación por parte de nuevos pobladores de la élite de Santa Fe de Antioquia, al punto que en 1669 sólo quedaban cinco indígenas (Álvarez, V. Historia de Medellín, pág. 59).

Para el caso del territorio de Envigado, fue una tierra otorgada a los descendientes del conquistador y capitán Juan de Toro y, por ende, a sus hijos: Cristóbal, Manuela y Fernando. Don Fernando de Toro Zapata fue un rico minero, ganadero y explorador, líder en la ciudad de Antioquia. De su hija Ana María Toro Zapata se presenta el desarrollo de las tierras desde la zona de Aguacatala hasta la Yura, pues en Sabaneta fue su tía doña Manuela quien recibió de igual forma en su dote las tierras de Sabaneta al contraer matrimonio con don Juan Vélez de Rivero.

Para finales del siglo xvii aún no se le había dado nombre al territorio. En el desarrollo productivo de la primera mitad del siglo xviii con apertura de caminos, establecimiento de estancias, cultivos, cría de ganado y multiplicación de propietarios, el espacio tuvo mayor reconocimiento y cohesión social, y es posible que empezara a tener el nombre de Embigado (con m) en 1764. Vascos y asturianos, por un lado, criollos con poder económico, y ganas de limpieza de sangre, por otro, formaron familias reconocibles por sus apellidos: los Zapata Gómez de Múnera, los Isazas, los Restrepos, los Ochoas, los Calle, los Vélez de Rivero.

Las cabezas principales de estas familias residían por estatus, cargos en el cabildo, negocios y explotación minera en la villa de Medellín, y utilizaban las tierras de Envigado y Sabaneta como garantías a sus créditos, capellanías y transacciones comerciales como se desprende de los registros notariales (Restrepo, E. 2026).

En la estancia de campo de don Francisco Ángel de la Calle fue donde se estableció la primera viceparroquia en 1750, consagrada a la Virgen de los Dolores. Sus actividades políticas y económicas le permitieron ejercer influencia social en la villa y consolidar su descendencia, de tal forma que impulsó a sus hijos Alberto y Gerónimo de la Calle para que se ordenaran como sacerdotes y determinaran el desarrollo religioso de la provincia (Centro de Historia de Envigado, 1977).

El crecimiento de la población llevó a que se erigiera parroquia en 1775 y se dedicara el templo a la santa alemana Santa Gertrudis La Magna, por la difusión de su culto en América debido al ejemplo de su vida mística y devoción por Cristo. Su primer sacerdote fue don Cristobal de Restrepo Vélez, hijo de una de las dos principales familias pudientes de la región. Al año siguiente, el 16 de abril de 1776, se estableció el curato con la creación del centro urbano por parte del gobernador Francisco Silvestre. Ante autoridades del cabildo de la Villa de Medellín, las familias influyentes mencionadas y comunidad general se dio la semilla de la futura ciudad. Ese día se definió lo esencial: la plaza principal, el templo y la casa cural, gracias a la entrega de tierras por parte de la familia de José Antonio Isaza y Atuesta. Su hijo, Joseph Antonio Isaza Pérez, sería clave en la venta de los primeros terrenos en 1786.

De la vocación económica del nuevo centro urbano queda el testimonio del visitador Antonio Mon y Velarde, que decía en 1788: «… [es un territorio] más cultivado que ninguna otra parte de la provincia, sobrando gente y faltando tierras para trabajar» (Robledo, E. 1954, pág. 46)

Ya para 1808, el poblado de Envigado tenía vida local: 40 casas de tapia y teja y 16 de paja. Un pueblo administrado por un alcalde pedáneo designado por el cabildo de Medellín y bajo su jurisdicción hasta la mitad del siglo xix, cuando se volverá distrito.

Ese día de abril no fue fundación en el sentido estricto del término, solo se estableció un templo en un casco urbano para cohesionar una comunidad, ejercer control social e integrar el territorio al poder de la corona.

Desarrollo

El siglo xix es el Siglo de Oro de la Historia de Envigado por su protagonismo intelectual, ético y moral.

Es en el siglo xix cuando la inteligencia, el conocimiento y el talento envigadeño, que ya venía ocupando lugares de comando en el escenario de la Provincia de Antioquia, salta al ámbito nacional e internacional, y con toda sabiduría y suficiencia se convierte en uno de los principales protagonistas y arquitectos de la construcción de Colombia.

No brillan sus armas en los campos de batalla, porque Envigado no produce guerreros; brillan su inteligencia y conocimientos en las constituyentes, en los congresos, en los foros nacionales y extranjeros en los que resuelve el destino de la nación, en la sabiduría y justicia de las leyes que emite, en la entronización del sentimiento democrático y del sometimiento a las leyes, en contraposición a la anterior forma monárquica de gobierno.

Industria

La modernidad de Envigado entra de la mano con la producción de la fábrica textil Rosellón en 1912; con 100 telares y facilidades para montar 50 más, no tuvo hilandería hasta 1917 y, sin embargo, su producción alcanzó entre 2.000 a 2.500 yardas diarias (Restrepo, E. 2017, pág. 21). Este hito fue el punto de arranque de la era industrial en la ciudad, pues se instalan otras como talleres mecánicos y de fundición, la Chocolatería, Fábrica de Chocolates Santa Gertrudis, Calzado La Bota del día y Calzado Rey Sol.

Este proceso introdujo transformaciones importantes a nivel social y económico, a partir de dos principales elementos: las fábricas y los obreros. Las primeras con sus jornadas laborales, el reconocimiento de salarios, el reglamento, la subordinación y las exigencias de producción, la presión sobre autoridades locales, el desarrollo de barrios, y el paternalismo empresarial. Los segundos con sus reivindicaciones, reclamación de derechos, su amparo en una legislación laboral y social, la dependencia económica, la solidaridad de otros sectores sociales y políticos, un pensamiento de lucha, una economía y sociedad dinamizada por estos nuevos protagonistas (Restrepo, E. 2026, pág. 78).

Los medios de transporte
modernos: el tren y el tranvía

La construcción de la vía ferroviaria hacia el sur del valle de Aburrá es parte de la empresa del ferrocarril de Amagá, con la participación de varios importantes empresarios capitalistas de la época como Alejandro López, Camilo C. Restrepo, Alejandro Ángel y Enrique Echavarría. Estos poderosos inversionistas se habían destacado como empresarios, industriales, terratenientes, comerciantes y banqueros, y tenían intereses no sólo en la economía sino en la política, lo que les permitió aprovechar la oportunidad para obtener la concesión.

La estación del ferrocarril en Envigado se inauguró el 15 de abril de 1911 y en Sabaneta el 20 de julio. El concejo municipal solicitó y obtuvo que la Sociedad del Ferrocarril de Amagá la bautizara con el nombre de Manuel Uribe Ángel, al igual que la de Sabaneta con el nombre de José Félix de Restrepo. Ambos nombres son de personajes importantes y destacados en el ámbito de la cultura, la política y la educación del departamento.

La influencia del ferrocarril para la población se manifestó en varios sentidos: creación de un nuevo barrio, «La Estación», con dinámicas sociales y culturales como bares, comercio y vivienda; una vía que comunicara la estación con el centro del poblado, llamada Víctor Escobar Lalinde; un apoyo logístico para industrias en sus inmediaciones como Calzado Rey Sol, Grulla, Peldar y Coltejer en Itagüí; y movilidad con tiquetes favorables para los pasajeros (Restrepo, E. 2026, pág. 65).

El escritor Tomás Carrasquilla, en su columna «Dominicales», publicada principalmente en el periódico El Espectador, abordó en más de una oportunidad los paseos favoritos de los medellinenses de entonces, en especial los domingos. Uno de ellos fue venir a Envigado, a través del tranvía por la ruta de El Poblado o en el tren por la actual avenida Las Vegas.

En cuanto al tranvía, la Sociedad de Mejoras Públicas, creada en 1925, tomó como una de sus preocupaciones su construcción como una obra de fomento y progreso para la población. De igual forma, en enero de 1927 el Concejo municipal de Envigado había declarado de necesidad y conveniencia publica la construcción del tranvía municipal que «partiendo del centro de la población vaya a empalmar con el distrito de Medellín por el camino carretero que en la capital conduce a Envigado».

El Concejo de Medellín produjo el Acuerdo n.º 232 y el Acuerdo n.º 2 47 de 1928, en los que oficializaba las obras necesarias para prolongar la vía del tranvía del barrio El Poblado al municipio de Envigado. La obra se realizó completamente por el municipio de Medellín, quien administró y explotó su uso, y le dio a Envigado «el 10% del producto neto de la línea», es decir, el total de lo que pagarían los pasajeros de esa línea, menos los gastos de explotación y servicio de capital. Para 1929 llegaba el tranvía a la población, marcando un hito de modernidad y progreso.

Década de los 40

La vivienda obrera y por ende los sectores y barrios obreros se inician en la ciudad con el barrio Mesa en 1923 y luego con el barrio Obrero o Jesús María Mejía en 1942. Fue un desarrollo urbano de la empresa Coltejer, en un lote que adquirió por traspaso que le hizo la compañía de tejidos de Rosellón S. A. Efectivamente, Rosellón había comprado el 13 de agosto de 1941 un lote mediante escritura 2076 de la notaría segunda de Medellín a la Sociedad comercial Félix de Bedout e hijos. Fueron 12 manzanas.

Rosellón fue absorbida por Coltejer en 1942, mediante escritura n.º 23.686 del 21 de diciembre de 1942 de la notaría segunda de Medellín. Desde 1918, Rosellón había comenzado el beneficio social a sus trabajadores con la construcción del barrio José María Mesa Jaramillo, y, posteriormente, el barrio de los empleados «La Escuadra» (Centro de Historia de Envigado, recuperado página web, 2026).

El diseño de las casas seguía un estilo neocolonial, construidas con materiales de la región, como el ladrillo cocido y la teja de barro. Sus calles amplias y bien trazadas estaban vigorosamente arborizadas por especies autóctonas conocidos como «mionas» a causa de sus flores anaranjadas. Casi todo ese hermoso arbolado desapareció después y, cuando mejoró el ingreso económico de sus moradores, reformaron las casas, por lo que del antejardín del alegre y pintoresco barrio no quedó casi nada.

Hacia el oriente, Envigado había crecido con el barrio Mesa, que abarcaba las ocho manzanas que bordean el parque principal, y constituye el Envigado tradicional. Por lo demás, a lado y lado de la carretera que unía la zona urbana con la Fábrica de Rosellón fueron apareciendo, como era de esperarse, casitas saltonas, la mayoría de ellas habitadas por trabajadores de esta factoría.

La carretera que trepaba para las lomas del Chinguí y el Atravesado, o la loma del Chocho, también tenía a su vera casitas y todo el sector estaba salpicado de parcelas agrícolas y unidades campestres, que han sido paulatinamente transformadas en unidades cerradas de torres de apartamentos.

La plaza o parque principal fue nombrado Parque de los Historiadores en honor de José María Mesa Jaramillo, José Manuel Restrepo Vélez y Manuel Uribe Ángel. Luego, en los años setenta, fue rebautizado como «Plaza de Santa Gertrudis» y, finalmente, como «Parque Marceliano Vélez», nombre que conserva desde el siglo xx.

El aspecto de la plaza en 1940, con las robustas ceibas que ordenara sembrar el general Rengifo en todo su esplendor, estaba bordeada por amplias casonas coloniales, la mayoría de ellas de construcción en madera y con dos pisos. En el centro de la plaza, convertida en el parque principal (Botero M., E. 2022), estaba la pila de bronce que entonaba su sinfonía de agua y la Puerta del Sol, cuyo prestigio empezaba a trascender el parroquial ámbito local, atrayendo visitantes de Medellín y otros lugares con el pretexto invencible de sus serenateros adobados con morcilla.

En la plaza, y para uso de los escasos parroquianos que por entonces alcanzaban la cifra de veintitrés mil, había tres o cuatros taxis, más que suficientes para atender la menguada demanda. Este era todo el servicio de transporte público, cuando por misteriosas y no explicadas razones se suspendió la ruta que este romántico transporte cumplía entre la Plaza de Envigado y la ciudad de Medellín.

En el panorama de Envigado del año 1940 fue construida la casa del maestro Fernando González Ochoa, que en un principio se llamó «La huerta del alemán» y en 1959 sería bautizada de nuevo como «Otraparte».

Década de los 50

El desorden administrativo, la anormalidad jurídica y la crisis fiscal y económicas ocasionadas por los hechos que precipitaron la nación al más profundo caos de sus instituciones, tuvieron su directa repercusión en la vida municipal con menoscabo de sus planes de desarrollo y sus incipientes programas sociales y de bienestar colectivo en el campo de la educación, de la salud, y necesidades que empezaban a reclamar la atención y mejor cubrimiento por aquellas calendas.

Obras públicas

En materia de obras públicas, era realmente muy poca la actividad que se hacía sentir distinta a esporádicos trabajos de mantenimiento del incipiente acueducto y del alumbrado público, además de los rutinarios oficios de la barrida de la plaza y de las pocas calles asfaltadas, al igual que el corte del rastrojo que crecía a las orillas de los caminos veredales.

Pese a que ya estaba en plena vigencia el estatuto de valorización, era muy poco lo que se aprovechaba esta valiosa herramienta para el desarrollo urbanístico de la ciudad. Con el proyecto de pavimentación de la vía a Sabaneta hasta Pan de Azúcar, cuyos estudios y derrame le dieron vida a esta importante dependencia del Municipio.

Obras como el Hospital Uribe Ángel, simbólicamente inaugurado a finales de 1950, pues carecía de todo tipo de dotación.

Otro de los proyectos bandera era la plaza de mercado construida por la Cooperativa de Municipalidades mediante el desarrollo parcial de la obra.

El acueducto municipal

La historia del acueducto está íntimamente ligada a la legendaria quebrada de La Ayurá. Desde tiempos inmemoriales hasta bien avanzada la segunda mitad del siglo XX, este riachuelo fue la única fuente de abastecimiento del acueducto municipal, con un caudal lo escasamente necesario para abastecer el consumo local con alguna regularidad hasta la década de los años 40.

A medida que avanzaba la década mencionada, empieza a sentirse la escasez del líquido y por tanto la desmejora en el servicio que se venía prestando a la población en condiciones no muy satisfactorias.

La creciente demanda de más y mejores servicios de acueducto y de alcantarillado, que siguieron siendo atendidos por el Municipio hasta los primeros años de la década del 60, continuó siendo uno de los mayores problemas de la Administración, no sólo por el acelerado crecimiento demográfico sino además por la demanda de los urbanizadores cuyos proyectos de vivienda colectiva esperaban la aprobación por el escaso abastecimiento de este importante servicio, situación que se prolongó hasta la afiliación a la empresa Acuantioquia en 1963.

Más tarde y ya en la década de los 70 fueron las Empresas Públicas de Medellín las que asumieron la prestación del servicio.

El servicio telefónico

Hacia la década del 50 aún existía la vieja planta telefónica tomada en arrendamiento con el Municipio de Medellín. Era un servicio deficiente del cual sólo podían hacer uso directo 152 suscriptores en residencias, oficinas o establecimientos comerciales.

Ya para el año 1956, el Consejo Administrativo que hacía las veces de los concejos municipales clausurados por ese entonces, aprobó en todas sus partes el contrato de prestación del servicio telefónico automático con Empresas Públicas de Medellín.

El servicio de energía eléctrica

Hasta muy avanzada la década de los años 49, el servicio de energía era atendido directamente por el Municipio con una planta generadora en el Ancón Sur, puesta al servicio en 1912 con 30 bombillas para el alumbrado de la plaza mayor y algunas calles aledañas.

Sólo en 1947 empieza a intervenir Empresas Públicas de Medellín en la prestación del servicio de energía para el alumbrado, calefacción y fuerza motriz en Envigado.

La educación en la década de los años 50

Si bien es cierto que la infraestructura de los locales escolares, especialmente los del sector rural, no ofrecían las mejores condiciones para el aprendizaje, justo es reconocer el interés de la Administración Distrital por mejorar las instalaciones locativas, hasta tal punto que al llegar a la época de oro de la educación en el decenio de los 60, ya todos los locales escolares urbanos y rurales eran propiedad del Municipio y contaban con una buena dotación y acondicionamiento.

Bachillerato

Las necesidades básicas de educación secundaria para varones continuaban siendo atendidas en condiciones poco satisfactorias hasta los primeros años del decenio de los 50.

Para la década siguiente empezaron a surgir nuevos planteles de educación secundaria para completar el cubrimiento de la acelerada demanda de cupos, tanto de varones como de señoritas, que terminaban el ciclo de primaria en los establecimientos existentes. Se reactivó el Liceo Manuel Uribe Ángel, se fundaron el bachillerato nocturno para trabajadores adultos, el Colegio San Marcos de origen parroquial y el Liceo Comercial, entre otros.

La cultura en el decenio del 50

La Sociedad de Mejoras Públicas realizó la primera Fiesta del Carriel en el año de 1951, promovida económicamente con el propósito de fundar una biblioteca pública, necesidad de las más sentidas por la juventud estudiosa y la gente letrada de la época.

Se inician entonces las jornadas encaminadas a sacar adelante este maravilloso proyecto organizado y promovido con el sentido de poder ofrecer al pueblo regocijo, esparcimiento y sana diversión tratando de recuperar los valores folclóricos, artísticos y culturales que exornan lo mejor del talante envigadeño.

Para garantizar un buen rendimiento económico se acordó promover un torneo de la simpatía como atractivo central en el marco de los festejos.

Fueron las damas Virginia Mejía y Fabiola Aristizábal las candidatas escogidas para emular en la contienda. Con sus respectivos equipos de simpatizantes se inició el torneo que tuvo como epicentro el Parque Principal, donde se levantaron los ranchos rústicos de madera redonda y techo de paja para servir de centro de operación proselitista y de agitación de cada una de las aspirantes a la corona del reinado.

Biblioteca Pública «José Félix de Restrepo»

Fue realmente un acierto de la Sociedad de Mejoras Públicas acoger la idea de fundar y mantener con sus propios recursos un servicio de Biblioteca Pública, cuando se acordó promover este proyecto cultural con los rendimientos económicos de las Fiestas del Carriel.

El Club Rotario

Para proponer la fundación del Club Rotario de Envigado, su homólogo de Medellín delegó en algunos de sus socios la misión de exponer los objetivos y propósitos de esta organización a un grupo de ciudadanos interesados en conocer la manera de fomentar el ideal de servicio como base de cualquier empresa digna. El 10 de julio de 1957 se explicó la carta constitutiva entregada el 23 de agosto siguiente a los 20 envigadeños fundadores del club. Sólo en junio de 1961 aparece el Hogar Infantil, su obra bandera.

Los años 60

La década del 60 constituyó en todo el mundo un período de tiempo renovador, la época más progresista de todo el siglo XX. Fueron los años de la gran revolución cultural, social, política y aun religiosa de toda la centuria. Y toda esa creciente renovadora que sopló desde Europa, corrió libre y fecunda por tierras de Envigado porque aquí encontró una juventud letrada, instruida, estudiosa, inquieta, leída e inconforme, que muy rápido asimiló el torrente que llegaba, adaptándolo a nuestra propia circunstancia.

Aparecieron entonces con celeridad nuevos y muy buenos establecimientos de educación para hombres y mujeres; proliferó la población universitaria para todo tipo de carreras profesionales, llegando a niveles y porcentajes insólitos para comunidades latinoamericanas; se avanzó de manera radical contra el analfabetismo; aumentó el número de profesionales; se multiplicó el número de lectores, hasta el punto de que los vendedores de libros consideraron a Envigado su paraíso.

Años 80 y 90

La explosión del progreso material de Envigado tiene lugar en estas décadas. Por su cercanía en el tiempo y la profunda huella que sin duda ha dejado en la vida de la comunidad.

Nuevos desarrollos urbanos; una manera casi febril de construir; encarecimiento de la tierra; el ensanche de las vías céntricas; abundancia del medio circulante; gran poder adquisitivo que permitió el surgimiento de verdaderas oleadas de comercios de toda índole; ola de bonanza exhibida en los medios de comunicación que calificaron a Envigado como el Mónaco colombiano. Todo esto unido a novedosas políticas sociales en vivienda y subsidios, terminaron por precipitar una nueva corriente migratoria.

El crecimiento de Envigado en estos últimos 20 años ha sido realmente sorprendente.

Referencias

Aristizábal E., Pablo. Los aburráes: tras los rastros de nuestros ancestros. Alcaldía de Medellín, Secretaría de Cultura Ciudadana, 2014.

Botero Montoya, Erika. La identidad social urbana como criterio de análisis de las transformaciones físicas del parque Marceliano Vélez Barreneche de Envigado. Trabajo de grado, Universidad Santo Tomás, 2022.

Centro de Historia de Envigado. Semblanzas de los vicarios superintendentes José Jerónimo, Alberto María y José Miguel de la Calle. Envigado, 1977, p. 13.

Henao Salazar, Ignacio. De Embigado a Envigado. Revista Reune, n.º 1, 2016.

Patiño Millán, B. «Medellín en el siglo xviii». En: Historia de Medellín, tomo i.

Piedrahíta E., J. Documentos y estudios para la historia de Medellín. Medellín, Colina, 1984.

Restrepo Gómez, Edgar. «Cómo la élite envigadeña ejercía el poder político en el siglo xviii». El Envigadeño, periódico digital, 20 de enero de 2026.

Restrepo Gómez, Edgar. Historia de Rosellón (1912-1943): en el yunque del trabajo, Envigado se agiganta. Envigado, 2017.

Restrepo Gómez, Edgar; Ricaurte, John A. Historia y Patrimonio Cultural de Envigado. Envigado, 2026.

Robledo, Emilio. Bosquejo biográfico del señor oidor Juan Antonio Mon y Velarde: visitador de Antioquia, 1785-1788. Banco de la República, 1954.

Sardela, Juan Bautista. Relación de lo que sucedió al magnífico señor capitán Jorge Robledo en el descubrimiento que hizo de las provincias de Antioquia. Colcultura, Instituto de Cultura Hispánica, Bogotá D. C., 1993.

Vélez Escobar, Norberto. «El Pueblo aburrá de Guayabal en 1541». En: Boletín de Antropología, vol. 13, n.º 30, Universidad de Antioquia, 1999.

Fuente:

Texto obtenido de Envigado.gov.co en 2005 y revisado y editado en 2026, hasta la sección «Década de los 50», por el historiador Edgar Restrepo Gómez, quien se basó a su vez en las referencias citadas.

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